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Fábrica de loros (Felipe Romano)

Desde mi experiencia como docente del nivel medio (y de mi paso por la docencia universitaria) he podido comprobar fehacientemente que la enseñanza de humanidades y ciencias sociales es una gran fábrica de loros. En realidad, para ser más exactos, diríamos que el colegio secundario es un pasaje de cotorra a loro. Esto no se hace de un día para otro, la Escuela General Básica ha colaborado también en esta noble tarea.En el estudio de las humanidades y de las ciencias sociales se privilegia el enciclopedismo (me hubiera gustado decir encicloalpedismo) memorístico, las meras descripciones y los relatos de hechos tantos pretéritos como actuales. Los profesorados de estas áreas del conocimiento están poblados por una enorme cantidad de aspirantes que han elegido su destino profesional más que nada por una gran confianza en la memoria y por el correspondiente bajo nivel de complejidad de las carreras. Dejando de lado una noble y verdadera vocación.Cuando los profesorados en humanidades y ciencias sociales comiencen a otorgar más importancia a otras instancias pedagógicas como el análisis, la relación, la interpretación, la síntesis y la aplicación, tal vez, dejarán de ser meros instructores de loros[1] (papagayos, principales responsables de este problema) lo cual haría un gran aporte a la humanidad al evitar la pandemia de la gripe aviar. 


[1] Frase acuñada por una docente amiga: Laura Cutrera
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