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La ciudad en cuestión (Libro)

AGRADECIMIENTOS

 

 

 

Agradezco muy especialmente al Dr. Gustavo Buzai y a la Lic. Claudia Baxendale por haberme guiado y acompañado en el camino intelectual que me ha posibilitado la producción de esta obra. Asimismo, quiero reconocer la lectura y comentario de la obra por parte de Omar Genovese durante el proceso de preedición. Por último, hago extensivo el agradecimiento a todos los que de alguna manera colaboraron en mi formación profesional y docente: profesores, directivos, colegas, auxiliares de la educación, alumnos, amigos y familiares. Todos ellos implícita o explícitamente están citados en los párrafos que siguen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRESENTACIÓN

 

 

 

El libro consta de dos ensayos. El primero La ciudad en cuestión, que por su mayor peso específico en cuanto al estudio del Aglomerado Gran Buenos Aires[1], es el que le imprime el título a la obra. En segundo El tango y la cumbia villera como expresiones del suburbio, podría considerarse un desprendimiento y ampliación de las temáticas culturales del primero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA CIUDAD EN CUESTIÓN

 

 

 

1. Introducción

 

 

 

El trabajo que se presenta en este ensayo en torno a la problemática urbana del Aglomerado Gran Buenos Aires, se aborda desde planteamientos que consideran a la región como soporte de lo global (Santos, 2000), combinando diferentes escalas espaciales y las relaciones existentes en el ámbito de lo glocal[2].

El interés del tema presentado se fundamenta en la importancia de las repercusiones de la globalización en una región urbana como la del Aglomerado Gran Buenos Aires, que se consolida como un nodo periférico (Sassen, 1999) en el sistema mundial de ciudades, lo cual se puede verificar en las recientes transformaciones socioespaciales.

Ante este contexto, la mayor parte de los flujos de capital tienden a concentrarse en el Aglomerado Gran Buenos Aires, y dentro de la misma, en ciertas áreas en particular, desencadenando fenómenos de fragmentación y polarización socioterritoriales.

El gran desarrollo inmobiliario ocurrido desde la década de 1990 se aglutina preferentemente en algunas zonas del área central (Palermo, Puerto Madero, Abasto, Retiro, Recoleta, Belgrano) y alrededor de las principales vías de comunicación en la periferia. En el área central se desarrollaron nuevos emprendimientos residenciales (torres de lujo y viviendas recicladas), de gestión empresarial (torres inteligentes), comerciales (shoppings) y hoteleros. En la periferia de Buenos Aires tuvo lugar el proceso de expansión de las urbanizaciones cerradas y la proliferación de grandes centros comerciales (hipermercados y shoppings). Las principales inversiones inmobiliarias estuvieron dirigidas a un público de poder adquisitivo medio-alto y alto. En consecuencia, tanto en el área central como en la periferia de Buenos Aires, se profundizó el contraste entre los sectores distintos sectores sociales.

La vitalidad del espacio público está retrocediendo frente al progresivo aislamiento de la residencia y de las actividades comerciales. La ciudad pública, construida sobre la base de un espacio de mezcla e integración, se halla peligrosamente amenazada por un prototipo de ciudad privada, que tiende hacia la fragmentación y la homogenización de las relaciones sociales.

A través del análisis de la problemática abordada se persiguen los siguientes objetivos:

1. Mostrar de que manera las nuevas formas de producción y articulación del espacio geográfico constituyen a la vez un rasgo distintivo y uno de los factores explicativos de las recientes formas de metropolización. Pues, se está pasando de un espacio metropolitano más compacto en forma de “mancha de aceite”, con una morfología, bordes o tentáculos bastante definidos, a un crecimiento metropolitano más reticulado, con la aparición de subcentralidades; conformando una ciudad de bordes más difusos y dando lugar en algunos casos a verdaderos archipiélagos urbanos.

2. Reflejar a través de una descripción crítica como los cambios que acompañan a la globalización, transforman funcional, socialmente y desde el punto de vista del paisaje los diferentes ámbitos del Aglomerado Gran Buenos Aires.

3. Brindar elementos para la comprensión de la ciudad como un sistema complejo, es decir, como una totalidad organizada por múltiples procesos interrelacionados. No afirmamos que de este modo uno pueda llegar a dar cuenta acabada de ese Aleph que es la ciudad (Gorelik, 2004), decimos simplemente que para llegar a pensarla es necesario ejercitarse en las tan diferentes dimensiones que componen su materialidad y su cultura multiformes a lo largo del tiempo.

Cuando hablamos de la ciudad, de lo urbano, aludimos a una serie de problemáticas socionaturales. Aunque algunas de las cuestiones puedan ser objeto de la investigación específica de sociólogos, antropólogos, historiadores, filósofos, psicólogos, arquitectos, politólogos, economistas, juristas, biólogos, ambientalistas, etc.; lo “especifico” del geógrafo será, por el contrario, su visión integradora. Porque, por ejemplo, mientras el antropólogo realiza sus investigaciones a pie y el sociólogo las ejecuta en auto por la autopista principal (Canclini, 2001), el geógrafo las realiza un poco a pie, otro tanto en auto, otro poco en avión y el resto vía satélite.

La Geografía, en su sentido tradicional y fundamental, tiene por objeto de estudio las relaciones entre la sociedad y el espacio en un sistema de afectaciones mutuas. Esta hermenéutica socioespacial se lleva a la práctica a través de un método sintético, yendo de las dimensiones sociales, políticas, económicas, ambientales a la espacial y viceversa. Queda claro, entonces, que el aporte primordial del geógrafo será la de contribuir a realizar esta síntesis, y que la misma definición de lo urbano será para él una definición de índole geográfica. Buzai (1998) asevera:

 

La complejidad del mundo actual indudablemente demanda visiones integradoras y no logradas a través de la parcialidad que se obtiene al encasillarse en una única perspectiva. Ningún geógrafo considerado “cuantitativo” en la actualidad pensará que la aplicación de la geometría fractal brindará una respuesta completa a las distribuciones espaciales de las entidades de existencia real, de la misma manera que ningún geógrafo considerado “marxista” pensará que la base económica logrará las mejores aproximaciones a cualquiera de las múltiples escalas que propone la realidad. En síntesis, ambas posturas pueden complementarse y resulta realmente miope pensar que la verdadera generación de conocimiento se pueda dar de forma compartimentada. El mundo actual demanda de una verdadera amplitud mental de los científicos a fin de poder evaluar conceptualmente todos los aspectos filosóficos y metodológicos desarrollados por las ciencias en general y la Geografía en particular, lo cual podrá brindarnos aproximaciones en diferentes órdenes de profundidad. La habilidad del geógrafo actual será la de poder combinar aspectos específicos de cualquier postura (sin entrar en contradicciones) a fin de generar conocimientos cada vez más profundos e intentar verificar el avance de la cultura posmoderna y de la sociedad posindustrial como promotoras de nuevas de nuevas condiciones geoeconómicas. Si por el contrario, ponemos límites ficticios alrededor de un enfoque, vemos al resto de las posturas como competidoras, pensamos que la última perspectiva es superadora a las anteriores y el resultado más acabado en la evolución del conocimiento, y si consideramos que puede existir una ciencia ideológicamente neutral, tendremos como resultado una visión anacrónica (Buzai, 1996) de la evolución del pensamiento geográfico y con ello limitaremos notablemente nuestro campo de acción (Buzai, 1998:7).

 

 

Si partimos de la base de considerar a la realidad como un “sistema complejo”, diferentes teorías pueden ser utilizadas para explicar aspectos espaciales en distintos niveles de resolución. Por lo tanto, nuestro ensayo apunta a rescatar una visión multiparadigmática que nos permita contar con una mayor amplitud de criterios interpretativos y así avanzar, como dice Buzai (1998:7), hacia el desafío de una “Geografía Global”. Asimismo, Harvey (2007) expresa:

 

Ante las presiones externas y el desorden interno, la geografía ha tendido a fragmentarse en años recientes y a buscar la salvación en una profesionalización mucho más rígida de sus partes. Pero cuanto más éxito ha tenido en este sentido, más a caído su método en un positivismo monolítico y dogmático y más fácilmente podían las partes ser absorbidas por una disciplina analítica afín (los geógrafos físicos por la geología, los teóricos de la localización por la economía, los teóricos de la elección espacial por la psicología, etcétera). De esa manera los geógrafos perdieron su razón de ser como sintetizadores del conocimiento en el aspecto espacial (Harvey, 2007:128).

 

Sin embargo nuestra visión es optimista, pues la ciencia geográfica, por su carácter esencial de ciencia integradora, corre con ventaja con respecto a las otras disciplinas académicas; siempre y cuando focalice su horizonte en la síntesis y no claudique ante la tentación hacia la fragmentación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2. La ciudad del prejuicio

 

 

 

2.1. Entre ellos y nosotros: la realidad mediatizada

 

 

 

Antes de enfocarnos en el poder actual que ostentan los medios masivos de comunicación, consideramos de suma importancia realizar una breve introducción de índole filosófica para intentar dilucidar el trasfondo del tema en cuestión. Feinmann (2011a) será nuestro guía:

 

[…] Sartre ya se delineaba como lo opuesto al segundo Heidegger: el de la aniquilación del humanismo, del sujeto, de la historia, del hombre y de otras cosas que jamás contempló aunque, de pasada, se encargó de desdeñar: la praxis, por ejemplo, ¿A dónde llevaba Heidegger? Al estructuralismo […] Para Heidegger, el hombre vive en falta ante el ser. El ser se ha retirado a causa de su olvido, como si esa desmemoria lo hubiera ofendido gravemente. Y ahora el hombre debe hacer todo tipo de actos de despojo para llegar al claro del bosque, para abrirse la ser, para dedicarle su pathos de la escucha, para, en el mejor de los casos, llegar a ser su pastor […] Tenemos que continuar en el camino áspero –y para nosotros amargo, triste y odioso- de la destrucción del sujeto y de los humanismos en los estructuralistas y los post […] solo para mostrar la instauración del sujeto bélico comunicacional sobre la derrota del sujeto-hombre, del sujeto-praxis, del sujeto inmerso en la Historia, que es el único que puede oponerse la poder […] Escribe Eduardo Grüner (1997:118, 121 y 122):“la insistencia extrema en la desaparición del Sujeto […] puede fácilmente hacer que sea precisamente el Poder quien quede liberado en su omnipotencia: en condiciones de desigualdad e injusticia sustantiva […] ‘Ellos’ no se han hecho cargo, en todo caso, del desvanecimiento de su propia subjetividad, mientras que ‘nosotros’ nos apresuramos a liquidar la nuestra […]” (Feinmann, 2011a:2 y 3). 

 

 

La tesis central y original que nos presentan Feinmann es el paso del humanismo al antihumanismo, de la modernidad a la posmodernidad, a través del remplazo del sujeto cartesiano por el Sujeto del Poder Comunicacional. Es decir, el paso de un Sujeto con bastante conciencia crítica y presencia histórica a un Super Sujeto Mediático que crea y coloniza las subjetividades de los nuevos sujetos disminuidos. El sujeto cartesiano debilitado desde el ámbito teórico (por las estructuralistas y los posmodernos) ahora sufre la dominación de la praxis del Poder Comunicacional y asociados. Sobre la creación de la realidad por parte de los medios masivos de comunicación, Feinmann (2011b) comenta:

 

Escribe Benjamin (1994:57): “La humanidad, que antaño, en Homero, era un objeto de espectáculo para los dioses olímpicos, se ha transformado ahora en espectáculo de sí misma”. Es, sobre todo en la Ilíada, donde Homero exhibe a los dioses en tanto seres de marcada insensibilidad. Se entretienen o se divierten y hasta se ríen jugando con los destinos de los hombres […] Los hombres son juguetes con que los dioses, como los niños, alegran su tiempo, se entretienen. Siempre nos apenó este espectáculo que los poemas homéricos ofrecen de los sufrientes protagonistas. Sus destinos, lejos de estar en sus manos, son arbitrios, jugarretas, travesuras de los dioses. Esto nos lleva al mundo actual. Creemos que se trata de un juego similar. Los dioses ya no son los dioses homéricos, pero son más despiadados y más caprichosos (Feinmann, 2011b:3).

 

 

Los dioses de la actualidad (los grupos mediáticos) realizan un juego mucho más perverso que las divinidades del Olimpo. La manipulación introducida por los dioses mediáticos roza la perfección: pues lograr controlar las subjetividades de las masas sin que ellas se den por enteradas. El poder de seducción, persuasión y  alucinación que alcanzan infundir permite que la colonización de las conciencias se convierta hasta en algo (falsamente) placentero. Continuamos con Feinmann (2011c):

 

Surge, así, el sujeto de la supramodernidad, de la modernidad capitalista del siglo XXI, el sujeto-Otro. O sea, el sujeto construido por el sujeto comunicacional. Así como el sujeto constituyente kantiano constituía al objeto, el sujeto constituyente comunicacional constituye al sujeto-Otro. Todo está organizado para que el sujeto no sea sujeto. No piense con autonomía, con libertad. Sea pensado. El sujeto –todo sujeto- es constituido en exterioridad por el gran sujeto absoluto mediático actual: el Grupo Comunicacional. O los oligopolios que esos grupos –al unirse- forman. Los posestructuralistas intentaron humillar al sujeto. Lo hicieron desaparecer de la trama histórica. En esa trama el papel comunicacional era casi inexistente. Le entregaron al Poder un sujeto débil. Era justamente el que el Poder requería. Porque no ignoraba –contrariamente a estructuralistas, posestructuralistas y posmodernos- que lo fundamental que hay que quitarle al hombre para someterlo es la conciencia […] No hay contrapoder sin conciencia crítica. Si el sujeto es tan irrelevante, ¿Por qué el Poder ha levantado su más poderoso imperio para sojuzgarlo? Los grandes pensadores europeos desde Las palabras y las cosas (1966) de Foucault hasta fines del siglo XX –que necesitaron negar al sujeto para entrar en Heidegger y Nietzsche y huir de Marx y del sartrismo- no lo vieron porque no lo podían ver y acaso tampoco querían. Y eso que no vieron tuvo resultados nefastos y hasta patéticos: en tanto ellos deconstruían al sujeto, el Imperio se consagraba a constituirlo. A construir el más poderoso sujeto de la historia humana: el sujeto mediático, capaz de constituir a todos los otros (Feinmann, 2011c:4).

La transformación del sujeto kantiano que intervenía y “dominaba” la realidad histórica en sujeto-Otro, donde es intervenido y dominado (sin comillas) por el Sujeto Bélico Comunicacional, ha posibilitado grandes cambios en todos los aspectos de la existencia. Es muy interesante lo que Tocqueville decía hacia mediados del siglo XIX:

 

La especie de opresión que amenaza a los pueblos democráticos no se parecerá a nada que la haya precedido […] Quiero imaginar con qué nuevos rasgos podría producirse el despotismo en el mundo: veo una multitud incontable de hombres similares e iguales girando constantemente sobre sí mismos para procurarse pequeños y vulgares placeres, con los que llenan su alma. Cada uno de ellos, aislado, es como extraño al destino de todos los otros: sus hijos y sus amigos particulares conforman para él toda la especie humana; en cuanto al resto de sus conciudadanos, se encuentran a su lado, pero no los ve; los toca y no los siente; solo existe en sí mismo y para sí mismo y, si bien aún le queda una familia, al menos podemos decir que ya no tiene patria. Por encima de éstos se eleva un poder inmenso y tutelar; que se encarga solo de garantizar su placer y de velar por su suerte. Es absoluto, detallado, regular, provisor y suave. Se parecería al poder paterno si, como él, tuviera por objeto preparar a los hombres para la vida viril; pero, por el contrario, solo quiere fijarlos irrevocablemente en la infancia; quiere que los ciudadanos gocen, mientras que solo piensen en gozar (Tocqueville, 1957:836).

 

 

La visión o el pronóstico que nos brinda Tocqueville sobre la amenaza que acecha a los ideales modernos promovidos por la Revolución francesa: libertad, igualdad y fraternidad, se acerca bastante al Sujeto Bélico Comunicacional enunciado por Feinmann (2008). Este Sujeto que participa amistosamente como facilitador de la vida cotidiana “solo” pide a cambio que sigamos siendo como niños para no revelarnos contra los poderes que representa: las corporaciones del capitalismo tardío. O’ Donnell (2012), continúa en el mismo orden:

 

¿Cuál es el mecanismo íntimo, inconsciente, de este moderno vasallaje? El saqueo del deseo, el instinto primario que nos relaciona con el exterior […] El poder se adueña de nuestro deseo, lo codifica, le da una representación ajena al sí mismo para que se haga consciente y promueva sentimientos, ideas y acciones. De manera tal que el deseo, lo inconsciente, se haga manejable, previsible e ineficaz para darse cuenta y proponerse cambios […] Por eso, hoy no solo debe hablarse de colonialismo cultural sino también de colonialismo psicológico […] En cuanto a las comunicaciones masivas, la televisión es hoy la confirmación de la terrible profecía que George Orwell vaticinó en su libro 1984 cuyo “Gran Hermano” fue banalizado por el título del conocido programa. Ese aparato sustentado por la nada eléctrica de los rayos catódicos es el superego colectivo, que no domina por medio del castigo sino por medio de la seducción. A cambio de renunciar a ser nosotros mismos, a ser, nos compensa con la posibilidad de tener (O’ Donnell, 2012:19-20, 23).

 

 

Nosotros nos enfocaremos, en este apartado, en algunas consecuencias que produjo dicho Sujeto en el ámbito urbano.

Por ejemplo, la propagación (esencialmente mediática) del pánico por la ciudad, no es para nada objetiva ni inocente. Por tales motivos, Zaffaroni (2011) nos alerta de su intencionalidad política:

 

En los Estados Unidos y en los países centrales en general, la coincidencia de la concentración empresarial mediática con los intereses de las grandes corporaciones financieras hace de [la] criminología mediática un instrumento de extrema utilidad para desbaratar los Estados de bienestar -los wekfare states- y promover los Estados-gendarmes, caracterizados por limitar su función a mantener a raya a la población excluida de un sistema que incluye solo a un cierto porcentaje poblacional (Zaffaroni, 2011:5).

 

Dichas circunstancias también se repiten en los países periféricos, donde el carácter monopólico de los principales medios de comunicación (esto igualmente ocurre en mayor o en menor medida en los países centrales) los transforman en portavoces del discurso único del poder: “mano dura, tolerancia cero contra los forajidos (sin la traducción mediática sería marginales, excluidos) que desafían el orden y la paz social”. El discurso hegemónico de los medios habla en defensa del orden neoliberal. Del fin de la historia alcanzada luego de la caída del Muro de Berlín. A partir de ese entonces se acabarían teóricamente las negatividades (contradicciones) del proceso dialéctico de la historia. No hay superación dialéctica que esperar, por lo tanto, hay que sostener (de la manera que sea) al Nuevo Orden Mundial hasta el final de los tiempos terrenales. Zaffaroni (2011) agrega:

 

Esta barrera entre ellos (clases subalternas) y nosotros (clases dominantes) se levanta mediante el pánico moral […] El pánico moral es el resultado del bombardeo continuo de noticias rojas, de la reproducción criminal provocada por esas mismas noticias, de la permanente instigación a la venganza, de la creación de una realidad en la que los únicos males y daños provienen de ellos, que con sus delitos no nos permiten estar tranquilos en ningún lado, disfrutar de nada, vivir en paz, tener abiertas las puertas y ventanas en nuestras casas […] Este ellos se construye por semejanzas, para lo cual la televisión es el medio ideal. El ellos no se compone de delincuentes, no se trata del conjunto relativamente pequeño de criminales violentos, sino del mundo más amplio de estereotipados que no cometieron ningún delito y que nunca lo han de cometer […] El mensaje es que un adolecente de un barrio precario que fuma marihuana o toma cerveza en una esquina mañana hará lo mismo que el parecido que mató a una anciana a la salida de un banco y, por ende, hay que separar de la sociedad a todos ellos (Zaffaroni, 2011:278 y 370).

 

 

Mayormente, la publicidad delictiva se dirige a una clase media venida a menos, que por tal bombardeo mediático pierde el norte de sus desgracias: que no provienen principalmente de la delincuencia común o del “terrorismo internacional” sino del desalojo del Estado de bienestar por parte de la mano política del capital concentrado, especulativo y devastador. Empero, el pánico que producen los medios de comunicación, hacen “pensar” (o no pensar) a las personas sobre el privilegio imaginario de conservar la vida en perjuicio de perder las condiciones de vida proporcionadas por el Estado benefactor (Zaffaroni, 2011). Al respecto, Díaz (2010) comenta:

 

Cuantos más desempleados existan, más se puede explotar a quienes buscan trabajo, y cuando más subpobreza se genere, más presión se produce sobre el precario sistema de ocupación. Obviamente que uno de los precios de este accionar perverso es el aumento de la inseguridad (Díaz, 2010:38).

 

 

Sosteniendo la misma tesis que Díaz (2010), Zaffaroni (2011:326) expresa: “en la medida en que se mantiene y acrecienta la pobreza, en que aumenta el desempleo, en que más personas se ven forzadas a buscar formas de supervivencia, es mayor la disponibilidad de mano de obra barata para la empresa criminal”.

Después del derrumbe de las Torres Gemelas, Estados Unidos y los demás países centrales aprovecharon la ocasión para impulsar en distintas naciones leyes relacionadas con la lucha antiterrorista, que más allá de intentar combatir el terrorismo y su financiamiento, proponen disminuir las libertades democráticas y ocultar la falta de regulación de los Estados nacionales frente al accionar inhumano de los grupos financieros internacionales. En el caso de Argentina, la última legislación al respecto fue promulgada el 22 de diciembre de 2011. El Poder Ejecutivo envió el proyecto (que reforma el Código Penal) al parlamento bajo amenaza de sanciones del  Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), un foro intergubernamental que reclama normas de persecución al lavado de activos y al financiamiento del terrorismo. La modificación del artículo 41 del Código Penal fue el punto central del debate: "cuando alguno de los delitos previstos en este Código hubiere sido cometido con la finalidad de aterrorizar a la población u obligar a las autoridades públicas nacionales o gobiernos extranjeros o agentes de una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo, la escala (de la pena) se incrementará en el doble del mínimo y el máximo”. En respuesta a las críticas, que indicaban la ambigüedad de la reforma, pues podría ser utilizada discrecionalmente en distintas situaciones conflictivas, se añadió otro párrafo indicando que "las agravantes previstas no se aplicarán cuando el o los hechos tuvieren lugar en ocasión del ejercicio de derechos humanos y/o sociales o de cualquier otro derecho constitucional". 

Asimismo, la construcción de un ellos justifica la idea de aislarlos para evitar los encuentros con los indeseables. El espacio urbano ha tomado el “mandato social” de aislamiento ofreciendo múltiples dispositivos y artefactos de exclusión: barrios cerrados, shoppings, barrios ennoblecidos, autopistas con peajes, remises, combis, etc.  Zaffaroni (2011) advierte:

 

Simon previene muy especialmente sobre la amenaza a la democracia que puede implicar la víctima-héroe: la democracia americana está amenazada por el surgimiento de la víctima del delito como modelo dominante del ciudadano, como representante de la gente del común, cuyas necesidades y capacidades definen la misión del gobierno representativo (Zaffaroni, 2011:321).

 

 

La degradación de la democracia estadounidense se propaga (por todos los medios pensados y no imaginados) por todos los confines del planeta. El nuevo modelo hace que la víctima sea dos veces víctima. Por un lado, porque es manipulada (generalmente) por los medios masivos de comunicación para aumentar el lacrimógeno rating de los programas. Y por otro, porque desvía la atención de las verdaderas causas de los problemas que sufre la población (incluida la víctima coyuntural). Zaffaroni (2011) indica:

 

Hoy la política asume en la región formas que muchas veces difieren de los populismos del siglo pasado, pero lo cierto es que cada vez que en alguno de nuestros países surgen movimientos o partidos que postulan seriamente la ampliación de la ciudadanía real mediante la incorporación de nuevas capas sociales, sea que amenacen con llegar al gobierno y más si ejercen el poder político, la criminología mediática aumenta su espacio y estridencia (Zaffaroni, 2011:399).

 

 

La crispación de los principales medios masivos de comunicación frente a los gobiernos regionales que intentan mejorar la situación socioeconómica de los sectores populares, en sociedad con las burguesías políticas y económicas, y en ocasión asociados con las fuerzas del orden institucionales o parainstitucionales, no solo han ejercido una campaña sistemática en contra de éstos gobiernos, sino que también han llegado al extremo de acompañar golpes de Estado (Venezuela y Honduras), climas políticos destituyentes (Argentina), tentativas de secesión de regiones (Bolivia),  intentos de desestabilización del orden constitucional (Ecuador) y “juicios políticos” sumarísimos (Paraguay).

Por último, a modo de cierre del apartado, vamos a transcribir el magnífico poema Esperando a los bárbaros escrito en 1906 por el gran literato Konstantino Kavafis:

 

¿Qué esperamos reunidos en el foro?

Es a los bárbaros que hoy llegan.

 

¿Por qué esta inacción en el Senado?

¿Por qué están ahí sentados sin legislar los senadores?

Porque hoy llegan los bárbaros.

¿Qué leyes van a hacer los senadores?

Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.

 

¿Por qué nuestro emperador madrugó tanto

y en su trono, a la puerta mayor de la ciudad,

está sentado, solemne y ciñendo su corona?

Porque hoy llegan los bárbaros.

Y el emperador espera para dar

a su jefe la acogida. Incluso preparó,

para entregárselo, un pergamino. En él

muchos títulos y dignidad hay escritos.

 

¿Por qué nuestros dos cónsules y pretores salieron

hoy con rojas togas bordadas;

por qué llevan brazaletes con tantas amatistas

y anillos engastados y esmeraldas rutilantes;

por qué empuñan hoy preciosos báculos

en plata y oro magníficamente cincelados?

Porque hoy llegan los bárbaros;

y espectáculos así deslumbran a los bárbaros.

 

¿Por qué no acuden, como siempre, los ilustres oradores

a echar sus discursos y decir sus cosas?

Porque hoy llegan los bárbaros y

les fastidian la elocuencia y los discursos.

 

¿Por qué empieza de pronto este desconcierto

y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)

¿Por qué las calles y las plazas a prisa se vacían

y todos vuelven a casa compungidos?

Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.

Algunos han venido de la frontera

y contado que los bárbaros no existen.

 

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin los bárbaros?

Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.

 

 

Si los bárbaros no existen habrá que inventarlos de alguna manera. En la actualidad vemos perfeccionadas las operaciones de prensa que crean a los enemigos de acuerdo con la imagen y la semejanza de los grupos estigmatizados por el poder: latinos[3], musulmanes, inmigrantes ilegales, luchadores sociales, adolescentes de clases sociales subordinadas, etc. De esta forma, los verdaderos bárbaros del Nuevo Orden Mundial (corporaciones del capitalismo concentrado y sus operadores políticos) seguirán invisibilizados a la luz mediatizada del ciudadano común.

 

 

 

2.2. La expansión del miedo

 

 

 

Exacerbada por el sensacionalismo de los medios masivos de comunicación[4], la inseguridad se ha convertido en obsesión de los habitantes de las ciudades posmodernas. Rio Caldeira (2007) se refiera a dicho fenómeno de la siguiente manera:

 

El habla del crimen (o sea, todos los tipos de conversaciones, comentarios, narraciones, bromas, debates y chistes que tienen al crimen y al miedo como tema) es contagiosa. Cuando se cuenta un caso, muy probablemente le sigan varios otros, y es raro que un comentario se quede sin respuesta […] El miedo y el habla del crimen no solo producen ciertos tipos de interpretaciones y explicaciones habitualmente simplistas y estereotipadas, sino que también organizan el paisaje urbano y el espacio público, moldeando el escenario para las interacciones sociales que adquieren nuevo sentido en una ciudad que progresivamente se va cercando con muros (Rio Caldeira, 2007:33).

 

 

La ciudad del miedo va construyendo su propio paisaje por medio del uso de rejas en puertas y ventanas (Figura 1), de cámaras de circuito cerrado, de focos que se encienden al paso del peatón, de alarmas, de blindajes, de electrificaciones y de vigilancia privada. Una variada gama de dispositivos que engrosa el creciente negocio de las empresas de seguridad privada.

 

 

 

Figura 1: Casa enrejada (Banfield) (Fotografía: Romano, 2008).

 

 

La ciudad va adquiriendo una actitud cada vez más defensiva, de cuidado extremo frente a la potencial peligrosidad de la alteridad: de ellos. El despliegue de mecanismos de abstracción del mundo exterior, aumentan los obsesiones que restringen la natural expansión del espacio público. Rio Caldeira (2007), apunta una serie de voces y hechos que retumban en tal sentido:

La elaboración del prejuicio del habla del crimen, […] el apoyo a la violencia policial y a las medidas privadas e ilegales de lidiar con el crimen, la construcción de muros en la ciudad, el enclaustramiento y el desplazamiento de los ricos, la creación de los enclaves fortificados y las transformaciones en el espacio público rumbo a patrones más explícitamente separados y no democráticos, la falta de respeto por los derechos humanos y su identificación con “privilegios de delincuentes” y la defensa de la pena de muerte y de las ejecuciones sumarias, son todos elementos que van en la dirección opuesta y muchas veces rechazan la democratización y la expansión de derechos (Rio Caldeira, 2007: 451).

 

 

Durante la década de 1990 el miedo pasó a ser un fenómeno transocial: la clase baja no tenía suficientes ingresos para subsistir y temía por la violencia constante de sus barrios, la clase media perdió el empleo, no podía salir de noche, le costaba sostener los estudios de sus hijos y temía por la delincuencia; y, por último, la clase alta temía a ser víctimas de los robos y/o secuestros. Empero, el mayor pavor que atravesaba a todas las clases sociales era la inseguridad sobre el futuro. El porvenir como esperanza de ascenso social y/o de tranquilidad, de estabilidad, de paz, estaba en crisis para toda la sociedad. Como muy bien afirma Caparrós (2003:3), “el futuro dejó de ser una variable del tiempo para empezar a ser una variable del espacio”. El tiempo utópico argentino pasó a estar en el espacio cercano (suburbanizaciones privadas) o lejano (Europa o Estados Unidos) de los incluidos por la globalización. Muy acertadamente, Feinmann (1994) utiliza la imagen de dos hoteles para ejemplificar el cambio de época:

 

[…] el hotel de Inmigrantes [inaugurado en 1911] surge en buena medida como un intento por encuadrar la figura del inmigrante. La Argentina se abría generosamente a los hombres y mujeres que desearan poblarla […] Años después, muchos años después, en el mismo país, Argentina, y durante la administración del presidente Menem, se inaugura otro hotel: el Park Hyatt Buenos Aires Hotel. Llegan a él los inmigrantes de la Argentina de fin de siglo. No vienen como indigentes, vienen como príncipes del éxito. No van a dormir en el suelo sino en faraónicos espacios […] que cuestan, por dar un ejemplo, 1100 dólares diarios […] Estos nuevos inmigrantes lo son en un único sentido: llegan al país. No llegan como los otros, para quedarse, No: llegan para hacer negocios. Ya nadie (casi nadie) llega a este país para quedarse. El país orgulloso de la aluvional inmigración se ha convertido en un país de emigración. De indigentes que se van. Que saben que aquí, nunca, habrán de convertirse en príncipes del éxito (Feinmann, 1994:41, 43 y 44).  

 

 

La Buenos Aires de principios del siglo XX que recibía a todos los perdedores de la sociedad europea que quisieran habitarla, en la década de 1990 solo les da una afectuosa bienvenida a los ganadores del proceso de globalización[5]. El modelo económico del capitalismo tardío propone indefectiblemente la fragmentación de la sociedad mundial, que expulsa a los excluidos del sistema y celebra con grandes derroches a los vencedores de la economía de “casino” (especulativa) del neoliberalismo. 

La recuperación de la economía argentina desde el año 2004 y la crisis financiera desatada en los países centrales en el 2009, empezó a modificar el esquema socioeconómico de los años noventa. Por lo pronto, las máximas de Caparrós y de Feinmann han empezado a revertirse: hay cierta esperanza sobre el tiempo futuro (más inmediato que mediato) y la gente ha dejado de hacer fila en los consulados para irse del país. Incluso muchos argentinos que se habían ido a España en el 2001 han regresado, y desde el 2009 están llegando inmigrantes europeos para radicarse en nuestra nación.

 La expansión (social, política, económica y urbana) de la ciudad moderna pudo modificar la “mala vida” de sus habitantes marginales e incorporarlos (a la gran mayoría) al progreso general de la sociedad. El gran desafío para la ciudad actual será instituir los mecanismos necesarios para hacer partícipe a los excluidos de los beneficios que genera el crecimiento económico del país. La clave está en transformar el crecimiento en progreso, en poder expandir y distribuir la riqueza para hacer de los marginados ciudadanos con plenos derechos.

Existen en Occidente dos tradiciones fundamentales en cuanto al tema de la seguridad y el rol que debiera ocupar el Estado y los ciudadanos. Al respecto, Svampa (2001) nos expone:

 

[…] Como señala Amendola (2000a), una de las explicaciones más extendidas en Estados Unidos hace hincapié en la pérdida del control del territorio por parte del grupo de pertenencia, al tiempo que afirma el derecho del ciudadano a la recuperación y autodefensa, incluso armada. En Europa, en cambio, donde tradicionalmente la protección del ciudadano ha estado en manos del Estado, la autodefensa constituye un hecho excepcional y el problema es vivido, ante todo, como una crisis global del Estado o, en el caso extremo, como la crisis de un modelo de ciudadanía. En términos políticos, los tipos presentados remiten a dos modelos diferentes de sociedad: el primero ilustra el desdibujamiento de los límites entre lo privado y lo público y afirma, en última instancia, un modelo de ciudadanía privada basado en la “autorregulación”, en la autotutela individual; mientras que el segundo afirma la separación entre lo público y lo privado a través de un modelo universal de ciudadanía que encuentra su correlato en el reconocimiento de la autoridad del Estado y su poder de regulación (Svampa, 2001:11 y 12).

 

 

Teniendo en cuenta los dos modelos precedentes es fácil percibir que nuestro país, y más precisamente el Aglomerado Gran Buenos Aires, ha pasado (desde la última dictadura militar) de un modelo de ciudadanía a la europea a un modelo de ciudadanía al estilo norteamericano. En consecuencia, la respuesta frente al delito ya no fue encarada totalmente como un problema de Estado, con propuestas y soluciones globales (sociales, políticas, económicas). Solo fueron combatidos sus efectos (con un incremento de la participación de agentes privados) sin tener en cuenta sus causas estructurales. Todas  las intervenciones en contra de la inseguridad urbana sin un acompañamiento de políticas de inclusión han tenido un alcance restringido y han acentuado la polarización social. Como ya mencionamos más arriba, desde la llegada al poder de Kirchner existe un cambio de tendencia que pretende sustituir el paradigma liberal (Estado gendarme) y reinstalar un Estado de bienestar. No obstante, todavía estamos lejos de alcanzar  una  distribución de la renta 50-50, es decir, 50% de los ingresos para los trabajadores y 50% para los empresarios, lograda por última vez en el primer gobierno de Perón. 

 

 

 

3. La ciudad de la globalización

 

 

 

En las últimas décadas, el aumento de la violencia real sumada a la hipérbole de los medios masivos de comunicación han generado un clima propicio para la segregación socioespacial a nivel mundial. Los nuevos patrones de autoexclusión protagonizados por los grupos sociales más acomodados de las ciudades latinoamericanas, sudafricanas, estadounidenses y de Europa del Este, buscando un refugio ante la vulnerabilidad del espacio público construyendo enclaves fortificados para la residencia, el trabajo, la educación, el ocio y el consumo; constituyen una muestra sumamente representativa de un proceso que se ha globalizado (Rio Caldeira, 2007). Continuando con la línea de pensamiento de Rio Caldeira (2007), nos encontramos con la siguiente aseveración:

 

El hecho de que este tipo de organización del espacio público se esparza por el mundo entero en el momento en que muchas sociedades que lo adoptan atraviesan por transformaciones tales como la democratización política, el fin de regímenes racistas y la creciente heterogeneización resultante de flujos migratorios, indica la complejidad de la ligazón de formas urbanas y formas políticas (Rio Caldeira, 2007:15).

 

 

La incongruencia entre los cambios políticos y el deterioro de la ciudad pública que enuncia la autora, poseen una explicación: la expansión de la globalización neoliberal. Las mejoras alcanzadas por los procesos de democratización y el fin del sistema racista sudafricano, se topan con la difusión a escala planetaria, de un modelo capitalista de mercado que intenta (con bastante éxito) la eliminación de la intervención del Estado (poder político) en políticas económicas. No nos debemos sorprender, entonces, que la pérdida de la soberanía económica determine nuevos patrones socioespaciales basados en la discriminación, la desigualdad y la falta de libertad.

Aunque el eufemismo globalización “sugiere comunicación universal, relaciones fraternales, ruptura de fronteras, desaparición de Estados” (Dri, 2009:92); esta palabra fetiche esconde el abrumador avance del capital sobre el trabajo, que da lugar a una brutal transferencia y concentración de recursos económicos.

Asociado a la lógica del proceso de globalización descubrimos la creación de otro término muy ameno: “la flexibilización laboral”. “Aplicada a las relaciones entre el patrón y el obrero, ¿quién puede oponerse a que las relaciones sean flexibles y armoniosas?” (Dri, 2009: 92 y 93). Sin embargo, en la práctica significó nada más ni nada menos que la precarización de las condiciones de empleo.

Dentro del paquete de la flexibilización laboral, “la terciarización empresarial”, es la otra palabrita mágica para la salvación de las empresas. La posibilidad de reducir costos para que las compañías sean más competitivas en los mercados locales y extranjeros, surgió como una solución a aquellas empresas que poseían muchas áreas de actividad y no se podían especializar en cada una de ellas. Esta opción ayudaría a las mismas a que personas externas a su organización, pero con especialización en un área determinada, se hagan cargo de una o varias de las dependencias de la misma, convirtiéndola en una empresa más eficiente y con mayores  niveles de calidad. No obstante, el sentido primordial del mecanismo fue la informalización del trabajo. Las grandes empresas de bienes y servicios (mucha de ellas privatizadas) subcontratan a terceros (empresas pequeñas, personal autónomo) las actividades que requieren mano de obra intensiva imponiendo, de esta manera, la reducción de costos vía la pauperización del empleo.

La presunta inocencia del uso del lenguaje por parte del poder dominante, es el primer paso fundamental para ganar la batalla ideológica-cultural, tan necesaria en estos tiempos que corren al ritmo del “sujeto bélico del imperio comunicacional” (Feinmann, 2008:784), y así allanar el camino para que los cambios antipopulares sean aceptados sin mayores inconvenientes.

Los enclaves fortificados son la expresión socioespacial más genuina del proceso de globalización. Recrean espacios y sociedades basados en intereses mercantiles, que no dudan en desintegrar y destruir el tejido social existente, construido solidariamente durante los años del Estado de bienestar. Al respecto, Dri (2009) nos indica:

 

[…] nunca el universo humano, político, social, se ha fraccionado tanto y ha entrado en un proceso de descomposición tan vasto y profundo. La violencia que ejerce el capital globalizado desde arriba se prolonga en una violencia horizontal incontenible, de pueblo contra pueblo, nación contra nación, etnia contra etnia, pobre contra pobre (Dri, 2009:108).

 

 

El neoliberalismo, fase superior del capitalismo devenido en monopólico y oligopólico, no reconoce el sentido fundamental de la política: el trabajo para el Otro, para el desconocido que forma parte de nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra nación, nuestro mundo. Su base de sustentación es el individualismo extremo (muchas veces camuflado bajo el reclamo de mayores libertades personales nunca sociales) que demanda la eliminación de todo tipo de regulaciones gubernamentales. Es preciso despejar el camino de controles que impidan desarrollar la ferocidad del más fuerte, del más conquistador, del más astuto. De tal forma, todo puede ser convertido en un territorio para la dominación: las ciudades, el campo, los recursos naturales, los medios masivos de comunicación social, la ciencia, las leyes, la cultura y hasta la vida misma de los que se oponen. En tal sentido, Feinmann, 2011), nos aclara:

 

[…] Nadie como Nietzsche expresó el alma profunda del capitalismo. El monopolio no cesa de devorarse el mercado porque lo anima su voluntad de poder. Esta, a su vez, tiene una ley: el que meramente quiera conservar su poder, lo perderá. Conservar el poder significa propagarlo, expandirlo, multiplicarlo. Solo se conserva lo que no cesa de crecer. ¿Cómo va a aceptar el monopolio que le quiten una sola de sus empresas? Si se la quitan, no solo no se conserva, retrocede. Si su conservación requería de su incesante crecimiento, su retroceso es la caída al abismo, la muerte. También lo es la mera conservación. Pero la mera conservación es la agonía. El retroceso, el fin (Feinmann, 2011:4).

 

 

La globalización neoliberal nos impone (por todos los medios posibles) un sistema que opone y polariza a ganadores y perdedores, que enriquece a una ínfima parte de la población al mismo tiempo que excluye a millones de personas y que, en definitiva, no puede sostenerse bajo ningún principio ético. El mundo que nos intentó instalar el pensamiento único del consenso de Washington es esencialmente desigual e inmoral. Si no comprendemos esta premisa básica no podríamos analizar complemente las consecuencias que dicho modelo va derramado (todo menos riqueza) a medida que avanza. En palabras de Dri (2009): 

 

[…] El entramado de relaciones intersubjetivas que constituyen la eticidad fue destrozado. Ello significa la muerte del hábitat humano, el ethos, de la casa espiritual en la que es posible la vida humana […] Una de las consecuencias es la “inseguridad”, flagelo que habita en toda sociedad donde el sistema neoliberal se ha impuesto. Dentro de la misma lógica neoliberal se lo quiere eliminar mediante la denominada “mano dura” o “tolerancia cero”, que no solo no remedia el mal sino que lo incrementan al provocar la airada reacción de quienes se sienten doblemente castigados (Dri, 2009:192 y 193).

 

Volvemos, entonces, a uno de los primordiales motivos de la razón de ser de los enclaves fortificados: la inseguridad. Los nuevos artefactos urbanos fomentados y financiados por los capitales de la globalización, son a su vez, causa y consecuencia de este sistema que los sustenta. Si lo traducimos a un lenguaje más matemático, nos revelaría la siguiente fórmula: a mayor globalización, más exclusión y más pobreza, lo que es igual, a menor seguridad y a mayor segregación socioespacial. Por lo tanto, si no logramos salir del paradigma que establecen las corporaciones de las finanzas mundializadas, será harto difícil eludir la lógica nefasta que propicia la fórmula neoliberal.

La disolución del bloque socialista, luego de la caída del Muro del Berlín, produjo la finalización de la Guerra Fría y el derrumbe de la Cortina de Hierro que dividía a Europa y al mundo en dos ideologías enfrentadas. Empero, la emergencia triunfante del capitalismo, en su versión neoliberal y globalizada, no tardó mucho tiempo en levantar nuevos muros a partir del derrumbe de las Torres Gemelas en el 2001. Zaffaroni (2011:305) expresa:

 

El World Trade Center, a diferencia del Empire State –que es un alarde imperial-, era la máxima representación del mundo funcional y utilitarista de la globalización. […] la importancia del 11 de setiembre de 2001 no proviene del número de las víctimas de ese crimen, sino de que el espacio civilizado fue invadido por el incivilizado. Esta irrupción de lo incivilizado tuvo lugar en el corazón de la mayor nación del globo –el único superpoder-, el Leviatán contemporáneo, donde imágenes de miedo y riesgos desconocidos reemplazaron a las del moderno espacio civilizado (Zaffaroni, 2011:304 y 305).

 

La “tolerancia” de los discursos posmodernos iniciados con la caída del Muro de Berlín, finalizaron con el derrumbe de las Torres Gemelas. En la lucha preventiva librada contra el “terrorismo”, el Poder aprovechó las circunstancias y comenzó a levantar los peores muros. Grüner (2011) los enumera:

 

[…] entre EE.UU. y México, en la franja de Gaza […] una infinidad de muros invisibles se erigen en Occidente como altares para “honrar” al racismo, la xenofobia, la intolerancia, la impropia propiedad de la tierra, desmintiendo los cantos de sirena de la ‘globalización’ (Grüner, 2011:12).    

 

La construcción de murallas visibles e invisibles que dividen a los incluidos de los excluidos, a los “competentes” de los “ineficientes”, a los ganadores de los perdedores, a los ciudadanos de los inmigrantes y a los “pacifistas” de los “terroristas”; centran el foco de la discriminación y el prejuicio hacia el Otro cercano y lejano, hacia el diferente, hacia el desconocido. Es un signo más que evidente de la emergencia de la pospolítica: el retroceso de la militancia y del compromiso por ideales colectivos, la transformación del bien común en bienestar personal, el fin de las utopías emancipadoras y el travestismo político e ideológico.

La actual polarización interna de las grandes ciudades, entre los ganaderos y los perdedores del modelo económico posfordista, no se comprende plenamente si no consideramos su germen en los años setenta. La crisis económica del año 1973, producida por el fuerte aumento del petróleo, el espiral inflacionario de las economías de los países industrializados, la merma de la demanda y el fin del sistema monetario ideado en Bretton Woods, ocasionó la decadencia de la edad de oro del capitalismo que había comenzado luego de la Segunda Guerra Mundial. Ante esta situación de crisis, las empresas (que sufrieron una pérdida sustancial de sus utilidades) vieron la oportunidad de terminar con el Estado de bienestar de basamento keynesiano. La principal salida económica de los países centrales fue a través del debilitamiento del poder de la clase trabajadora. Para poder lograr el disciplinamiento del proletariado abrieron los mercados nacionales a la competencia internacional, especialmente a los productos que provenían de los países del sudeste asiático, elaborados con mano de obra mucho más barata y menos sindicalizada. El resultado no tardó en llegar: pérdida significativa de empleos y rebaja de salarios. Ante la disminución del poder adquisitivo de la clase trabajadora, el sistema financiero (desregulado luego de la caída de acuerdo de Bretton Wodds) extendió el crédito para suplir la faltante de dinero y mantener niveles aceptables de consumo. El sostenimiento del sistema económico por medio del crédito en sociedades con empeoramiento de la participación del ingreso estalló en el año 2009 con la crisis de la hipotecas subprime (Harvey, 2011). 

La salida a la última crisis del sistema capitalismo lo tiene al Estado como protagonista. Los países desarrollados (con Estados Unidos a la cabeza) han inyectado desde sus bancas centrales grandes cantidades de dinero para salvar al deteriorado sistema financiero. Estados Unidos ha prestado miles de millones de dólares a los bancos en problemas, que a su vez, están invirtiendo en mercados especulativos (commodities) apreciando las monedas de los países periféricos e incrementado el precio de las materias primas. Al elegir salvar a los acreedores (bancos) sobre los deudores (consumidores), el gobierno estadounidense está fomentado la creación de una nueva burbuja especulativa que profundizará la creciente dualización entre ricos y pobres, ganadores y perdedores. Como muy bien expresa Dri (2009):

 

El problema es que si solo se recurre al Estado como instrumento de recuperación económica, sin restaurar el denominado “tejido social”, o sea, la intersubjetividad o lo ético, la enfermedad no se cura sino que solo se le pone un calmante para que vuelva con más fuerza que antes (Dri, 2009:229).

 

 

Está todo más que claro: los especuladores financieros del sector privado (bajo la complicidad de la desregulación y la falta de controles de los organismos gubernamentales correspondientes) causantes de la crisis, que lograron socializar las pérdidas con el auxilio del Estado (en actitud de sospechosa connivencia), no tardarán demasiado tiempo (si el Estado los sigue encubriendo) en provocar una nueva maniobra fraudulenta en perjuicio de la clase trabajadora. Asimismo, la nueva crisis y la nueva solución a la misma (sin un New Deal a la vista: el capitalismo ya no tiene el fantasma del socialismo asechándolo), demuestra con hechos fehacientes la supremacía del poder económico-financiero de las corporaciones sobre el poder político-administrativo de los Estados. En la economía de “casino” como en las salas de juego siempre ganan los mismos: los bancos (las bancas), los especuladores. Todos juegan el juego que le conviene al casino. No hay azar sino la plena certeza del resultado: ganan los de “arriba” y sufren las consecuencias los de “abajo”.

Como resultado de la crisis, emergen las protestas sobre el corazón de las ciudades europeas. Por ejemplo, en Atenas y en Madrid “las carpas en las plazas recuerdan campamentos nómades que instalan metáforas desérticas en el centro mismo de una ciudad obsoleta (difícil no recordar a Roberto Arlt: El desierto entra a la ciudad)” (Grüner, 2011:12). La represión a los manifestantes (acusados de promiscuos, vagos y violentos) fue la respuesta civilizatoria de las ciudades invadidas por las hordas bárbaras. Las democracias liberales (plutocracias) toleran las libertades públicas e individuales hasta el umbral de los cimientos burgueses.

 

 

 

4. La ciudad de los flujos

 

 

 

La globalización ha originado “nuevos procesos de acumulación del capital, de organización de la producción, de integración de los mercados, de comunicación de los mensajes y de ejercicio del poder planetario” (Borja y Castells, 2000:67), que dan lugar al surgimiento de ciudades dominadas por flujos que van conformando redes locales y globales de información, ideas, mercancías, capitales y personas. Las ciudades, nodos estratégicos del circuito de flujos, están cambiando drásticamente sus características sociales y materiales. Las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones, la construcción de autovías que unen a las zonas periféricas con el área central de la ciudad, y los nuevos instrumentos financieros que atrajeron corrientes de capitales especulativos, están creando un modelo urbano basado en la lógica del mercado que apunta a la segregación social y la dispersión espacial y funcional.

Conforme a Soja (2001), la ciudad de Los Ángeles representa el paradigma de la ciudad difusa: la ciudad sin centro, multipolar, diseminada, conectada por autovías y en la que los espacios públicos de encuentro y convivencia son sustituidos por recintos privados, donde las funciones cotidianas y el ambiente construido están subordinados a la lógica del consumo. Los Ángeles constituye “un ámbito que se libera de las grandes narrativas y de las ideologías supraordenadoras del modernismo, a través de un collage móvil de malls, autopistas y extensión (sub)urbana” (Silverstone, 1996:282).

La precedente descripción de la ciudad de Los Ángeles tranquilamente podría coincidir con la imagen de Pentesilea realizada por Calvino (1998) en su famosa obra literaria Las ciudades invisibles. En ella expresa:

 

Si escondida en un algún pliegue o bolsa de este resquebrajado distrito existe una Pentesilea reconocible y recordable para quien haya estado en ella, o si Pentesilea es solo periferia de sí misma y tiene su centro en cualquier lugar, he renunciado a entenderlo. La pregunta que ahora comienza a rondar en tu cabeza es más angustiosa: fuera de Pentesilea, ¿existe un fuera? ¿O por más que te alejes de la ciudad no haces sino pasar de un limbo a otro y no consigues salir de ella? (Calvino, 1998:240 y 241).

 

 

La combinación de enclaves especializados y áreas abiertas degradadas, destruyen los antiguos lazos comunicantes que caracterizaban a la ciudad compacta y heterogénea, cuya imagen totalizadora podía ser reconstruida en su centro. En la actualidad, existe un prototipo de ciudad que crece hacia adentro y hacia afuera (implota y explota a través de enclaves fortificados dispersos) siguiendo el ritmo y la lógica fragmentaria del interés privado. Rio Caldeira (2007), nos aporta más características de estos nuevos emprendimientos:

 

Son flexibles: debido a su tamaño, las nuevas tecnologías de comunicación, organización del trabajo y a los sistemas de seguridad, son espacios autónomos, independientes de su entorno, que pueden ser situados prácticamente en cualquier lugar. En otras palabras, en contraste con formas anteriores de emprendimientos comerciales y residenciales, pertenecen no a sus alrededores inmediatos, sino a redes invisibles (Cenzatti y Crawford, 1998). En consecuencia, aunque tiendan a ser espacios para las clases altas, pueden situarse en áreas rurales o en la periferia, al lado de favelas o casas autoconstruidas (Rio Caldeira, 2007:313).

 

 

 Las personas que viven en un barrio cerrado se identifican poco y nada con el lugar donde se localizan. Pues, la referencia principal de una subururbanización privada no es espacial[6] sino cultural: las personas que practican el “estilo de vida country” están hermanadas a todos los desarrollos urbanos de la especie, más allá de la ubicación geográfica. Estos contenedores urbanos son como una especie de burbuja extraterritorial que se identifican, fundamentalmente, con el nombre del emprendimiento y con toda la carga simbólica que deriva del mismo. Por otro lado, se evidencia un importante esfuerzo relacionado con la creación de lazos deportivos, sociales y culturales dentro y entre las suburbanizaciones cerradas, que logran afirmar una identidad propia (“un entre nos”) en un espacio carente de algún tipo de historia común.     

Durante el Buenos Aires moderno, las parroquias (San Nicolás, ...), los próceres (Villa Urquiza, ...), los edificios emblemáticos (Abasto, …), las estaciones de ferrocarril (Belgrano R, ...), los parques (Parque Centenario, ...), los dueños de fincas (Villa Devoto, ...), los inmigrantes célebres (Villa Soldati, ...) y las plazas (Primera Junta, ...) identificaban a lo que la mayoría denominaba barrio, aunque no figuren en la nomenclatura catastral. En la actualidad, en cambio, los nuevos “barrios” de la Ciudad de Buenos Aires poseen apelativos que solo se identifican con el deseo, los sueños y el marketing (Palermo Hollywood, ...). El imaginario colectivo construido a través de años de cultura e identidad nacional (religiosa, política, comunitaria y pública), está siendo reemplazado por un imaginario cultural globalizado, dominado por el consumo y la fluidez de la moda. Lo mismo ocurre, por cierto, con los nombres de los nuevos “barrios” cerrados (Malibú, ...) del conurbano bonaerense.

Los enclaves fortificados articulados por la geometría variable del circuito de flujos “descentran la ciudad en su centro y en su periferia, e incrementan el desempleo, la marginalidad y la inseguridad, porque se pierde la vitalidad de las calles en otro tiempo pobladas de comercios” (Roca, 1997:233).

La ciudad posmoderna está programada para delimitar, deglutir y encerrar la otrora vitalidad de la calle, del espacio público. Los grandes centros comerciales y de entretenimientos sumados a los barrios y mega barrios privados, debilitan la microeconomía y la vida social de los centros y subcentros de los espacios urbanos abiertos. La merma de actividad y circulación socioeconómica de la ciudad pública conlleva al aumento de la inseguridad (real y también virtual: pues, aumenta la sensación de desamparo) y a la pérdida de puestos de trabajo por la disminución de la importancia relativa de los comercios minoristas.

Según Janoschka (2002), el denominador común de los procesos de estructuración espacial de las últimas décadas puede incluirse bajo el concepto de privatización, lo cual ha generado una serie de “islas” en el interior metropolitano: “islas residenciales de riqueza”, “islas de consumo”, “islas productivas” e “islas de decadencia”, que han conformado un nuevo modelo urbano que ha transformado la lógica de la ciudad compacta (Figura 2).

 

 

 

 Figura 2: Modelo de Ciudad Fragmentada en “Islas” (Elaboración propia en base a Janoschka, 2002).

 

Si el Estado prescinde de sus funciones de crear y expandir derechos ciudadanos, el espacio vacante lo va a ocupar el mercado. Lo ciudad entendida como negocio privilegia los intereses y la especulación de los agentes privados. El derecho a la ciudad de todos los ciudadanos se reduce, entonces, al minúsculo grupo social que puede acceder con sus propios medios a los bienes y servicios (de óptima calidad) indispensables para la vida urbana. Para el resto de los habitantes (los indeseados) la ciudad se convierte en un ambiente hostil que margina y expulsa. El imaginario colectivo que impulsaba los sueños de los provincianos de expandir sus derechos ciudadanos al acceder a la ciudad, fue reemplazado por una realidad que privilegia el derecho a la ciudad solo para las elites locales y extranjeras (turistas).

Mongin (2006) plantea los desafíos fundamentales de la ciudad actual:

 

[…] una política de la ciudad efectiva debe someterse al imperativo de la movilidad, y la experiencia utópica, por su parte, recuerda que la construcción de un lugar es de naturaleza colectiva. De modo que lugar, movilidad y movilización colectiva deben ser coincidentes. La cuestión urbana desemboca, pues, en este triple imperativo: la constitución de un lugar, la exigencia de movilidad a fin de escapar a la clausura de un territorio y la acción colectiva que remite a la participación de los habitantes. Esta triple exigencia […] contrasta con la dinámica contemporánea de lo urbano, que superpone una hipermovilidad (la dinámica de los flujos) y un repliegue en un lugar o un sitio (el “entre sí” obligado e inseguro y el “entre nosotros” selectivo y con servicios de seguridad privada) (Mongin, 2006:348).

 

 

Si el espacio urbano no ofrece movilidad es imposible que pueda ocurrir la acción colectiva. La movilidad supone superar la dialéctica contemporánea hipermovilidad (flujos reales y virtuales conectados a los nodos globales)/inmovilidad (repliegue en los guetos de riqueza y pobreza) a través de movimientos que sean capaces de unir e integrar los diferentes territorios locales entre sí y con la metrópoli que les da cobijo. La ciudad tiene que volver a reunir los fragmentos dispersos (hipermovilizados e inmovilizados) para dar lugar a la verdadera movilización: la utopía colectica y totalizadora.

 

 

 

5. La ciudad del espectáculo y de la simulación

 

 

 

La recuperación de ciertos sectores de los centros urbanos y suburbanos (rehabilitación de viviendas; reciclado de espacios industriales, ferroviarios y portuarios en desuso; revalorización de espacios públicos) a partir de la puesta en valor de la ubicación geográfica estratégica y/o el pasado cultural de los mismos, es mundialmente conocida como gentrificación.

El excelente negocio inmobiliario de comprar a bajo costo (espacios intersticiales de la ciudad que han perdido su esplendor o que nunca lo han tenido) para luego levantar su reputación por medio de la construcción (de primera categoría) de viviendas, hoteles, bares, restaurantes, centros comerciales y de entretenimientos, es acompañada y apuntalada por las inversiones del sector público (peatonalización de calles, cambios del código urbanístico, acondicionamiento y creación de espacios verdes, ventas de terrenos fiscales).

El ennoblecimiento de los territorios recuperados produce, en general, un desplazamiento y desalojo (por el aumento del costo de vida) de los antiguos moradores de baja renta. La dinámica es la propia de los fenómenos de invasión-sucesión social a los que aludían los ecólogos de la Escuela Urbana de Chicago en los años veinte.

La rehabilitación residencial es solo una faceta de un proceso más amplio, ligado con la profunda transformación del capitalismo avanzado: el giro hacia la mundialización y terciarización de la economía y la privatización de la provisión de los servicios públicos. La retirada del Estado en temas relacionados con la generación de empleo, de viviendas populares, de infraestructura pública, que promovía el bienestar generalizado de la población, es el mismo que actúa (paradójicamente) de benefactor y facilitador de la creación de ciudad como negocio.

Mientras que las áreas industriales tienden a declinar, las grandes sumas de capitales que se liberan de la producción se invierten en proyectos de carácter inmobiliario. Pero, como una de las características sobresalientes del capitalismo posfordista es la desvinculación del sistema financiero de la economía real, en los últimos tiempos se fue conformando una enorme burbuja inmobiliaria-financiera que finalmente estalló en los Estados Unidos hacia el 2009. La lógica de la ciudad como negocio del capital globalizado, invade nuevos territorios o recicla los ya existentes sin tener en cuenta el tejido social que destruye. Avanza sin ningún tipo de regulación estatal, es más, en muchas oportunidades, el Estado actúa como vanguardia de los negocios privados: es el caso de la modificación de la ley de uso del suelo española en la década de 1990, que permitió el loteo y la construcción indiscriminada en tierras fiscales que finalizó con la crisis de la hipotecas subprime

Para continuar comprendiendo los fenómenos de gentrificación deberíamos, también, prestar atención al cambio ideológico y cultural originado con el advenimiento de la posmodernidad. Ciccolella y Mignaqui (1999) indican:

 

[…] la expansión del sector social de altos ingresos, permite elevados y sofisticados niveles y pautas de consumo, explicando al menos parcialmente los procesos de gentrificación urbana que a su vez van a requerir de un conjunto de servicios banales y personalizados (como el cuidado personal, boutiques de indumentaria y objetos de design, gastronomía sofisticada y variada, servicios delivery, servicios de lavandería a domicilio, correo privado, etc.), lo que también incrementa la oferta de empleos precarios y de bajos salarios (Ciccolella y Mignaqui, 1999:13).

 

 

Los nuevos sectores medios altos y altos de cultura cosmopolita, ostentan un estilo de vida asociado al placer, el divertimento y al consumo de lujo, liberado de culpas y responsabilidades sociales. Muy lejos en el imaginario (pero no tan lejos en el tiempo) quedaron los deberes de la cultura económica moderna (practicados por los tradicionales estratos medios de mediados del siglo XX) asociada al ahorro y al estilo de vida sin ostentaciones. Los nuevos protagonistas del espacio urbano posmoderno (muy bien interpretados por los flamantes desarrolladores urbanos -anteriormente llamados planificadores-) consumen fascinados la puesta en escena de la renovación urbana. Los lofts del Soho en Nueva York, Battersea en Londres y Puerto Madero en Buenos Aires, constituyen algunos de los fetiches que profundizan la dualización urbana. Las luces de la ciudad-isla opulenta no permiten ver más allá de sí misma, haciendo desaparecer de la vida cotidiana a los pobres y marginados del resto de la ciudad. En palabras de Amendola (2000a):

 

En los intersticios y encima de los despojos de la vieja ciudad, administradores municipales y agentes inmobiliarios crean la ciudad posmoderna de la imagen, de la diferenciación social y del espectáculo. Una ciudad nueva con una población también nueva […] No se recuperan solo las casas individualmente; son áreas enteras el objeto de las intervenciones de recuperación y de puesta en valor [...] Para la nueva población que afluye se construye a medida un trozo de ciudad, hasta una ciudad en miniatura completa y confortable, con una atmósfera particular sacada del pasado o de modelos ideales. Lo importante es que esté de moda [...] y que sobre todo tenga la capacidad de conferir status a sus habitantes (Amendola, 2000a:29 y 30).

 

 

A medida que las ciudades se desindustrializan se convierten “en centros de consumo, juego y entretenimiento, saturados de signos e imágenes al punto de que todo puede representarse, tematizarse y convertirse en objeto de interés, en objeto de la ‘mirada de turista’”  (Featherstone, 1991:170). El encantamiento y el uso espectacular de áreas tradicionalmente consideradas solo funcionales como aeropuertos, estaciones de trenes, estaciones de servicios, zonas residenciales, hoteles, museos, edificios de oficinas, etc., guiadas por la seducción del consumo de bienes, servicios y experiencias, transforman a la ciudad global en un gran escenario de evasión, fantasía y fruición.  Esto es consecuencia de la progresiva espectacularización y mediatización de la realidad, en la que habitantes y visitantes se convierten al mismo tiempo en actores y espectadores de una atmósfera (cultural, urbana) que invita a  la exhibición, la fantasía y el simulacro.

La ciudad global tiende a propagar la lógica de los mundos soñados de los parques temáticos y de los shopping malls. A decir de Amendola (2000a):

 

Los viejos barrios gentrificados y renovados se convierten en Gentryland; la universidad en Learningland; los grandes almacenes en Shopland; los comercios y restaurantes de moda en Yuppieland; el centro de los negocios en Businessland; las zonas abandonadas recuperadas y convertidas en zonas turísticas “típicas” en Adventureland; los mercados abiertos en Festivalland; la lista continúa y toma cuerpo la imagen de la ciudad nueva contemporánea constituida como un sistema de mundos manipulados y prefabricados cuya veracidad está en asemejarse a un mundo ideal (Amendola, 2000a:215).

 

 

Si continuamos la lista, como nos invita Amendola (2000a), podríamos agregar (aunque parezca disparatado) a los barrios marginales (villas de emergencia, vecindades consideradas peligrosas) visitados por turistas con ansias de adrenalina. Estos territorios  apoderados por el miedo y la incertidumbre (pero edulcorados para los turistas), siguiendo el lenguaje del autor, perfectamente podrían ser denominados Excitingland.

La ciudad moderna de principios del siglo XX, donde prevalecían los valores racionalistas y funcionales, debía ser eficiente; hoy la ciudad global donde predominan los valores relacionados con la imagen y la comunicación, debe ser soñada. Por tal motivo, necesita producirse, embellecerse, ella misma debe convertirse en mercancía apetecible para poder seducir y encantar a sus visitantes-consumidores (Amendola, 2000a). El fetiche de la ciudad-mercancía esconde la cara de los marginados pero no evita la tensión que está latente en cada paso, en cada lugar. Por lo tanto, en la construcción de la ciudad global no solo participan los deseos de sus habitantes, sino también sus miedos. “Es el temor de que la ilusión sea asaltada, que los excluidos, los dropouts irrumpan en la fantasmagoría de los deseos y en los oasis de seguridad y atenten contra la seguridad del sueño” (Amendola, 2000a:64).         

 

 

5.1. Recuperación y exclusión (Puerto Madero y Abasto)

 

 

 

La recuperación de barrios o zonas urbanas que ostentan algún valor simbólico y/o estratégico para el mercado inmobiliario (ubicación privilegiada, aspectos históricos y culturales apreciables, potenciales cambios de usos del suelo, factibilidad de negocios, etc.), está acompañada de la ferviente “necesidad” del desalojo de los intrusos que espantan o dificultan el ennoblecimiento de la zona en cuestión. En el caso de Puerto Madero, Carman (2011) relata:

 

La opulencia y el brillo de los residentes de Puerto Madero no hacen sino redoblar el “gris” o la aparente impureza de los habitantes de la villa (sobre tierras de la Reserva Ecológica, autodenominada Rodrigo Bueno). El uso tolerado de estas tierras –cuando no eran más que un centenar de metros ganados al río- pasó a ser, años después, un uso intolerable. Cuando avanza la opulencia, debe disminuir la obscenidad del pobre: las distintas clases sociales deben tocarse lo menos posible en el espacio público. Una cosa es cuando las clases opulentas se desplazan a la villa para realizar beneficencia, o emitir su voto en la (exótica) urna de una humilde escuela. Otra cosa muy distinta es que los pobres ya estén habitando en las proximidades de los nuevos barrios destinados a las clases acomodadas, en el contexto de una ciudad en expansión (Carman, 2011:98).

 

 

Es importante destacar las diferencias entre los distintos dispositivos de separación y exclusión que ocurren durante la avanzada de las clases acomodadas (sobre áreas de antigua residencia), conforme si éstos suceden en la periferia o en el centro de los territorios urbanos. Los nuevos enclaves de opulencia de la periferia (desarrollados con auge en la década de 1990) no fueron concebidos en espacios deshabitados, como fue el caso de la suburbanización de las elites de las ciudades norteamericanas en las décadas de 1920 y 1930, sino que se implantan sobre territorios que limitan con los procesos previos de suburbanización, protagonizados por los sectores populares: los loteos económicos y los enclaves “fuera del mercado” (las villas de emergencia) (Torres, 1998). En este caso, no es necesario un proceso de desalojo de las clases carenciadas, pues el cercamiento de los nuevos barrios permite que no existan espacios públicos a compartir. Pero en las áreas centrales de la ciudad, en las zonas recuperadas, las elites no pueden encerrarse y separase (geográficamente) de los habitantes “indeseados” como ocurre en la periferia, por lo tanto, para no compartir el inevitable espacio público, optan por la expulsión de los pobres a través de la vía judicial (para aquellos que habitaban en viviendas sin una posesión legal) o por medio de las leyes de la economía de mercado (el aumento del valor del uso del suelo y del costo de vida en general -debido a los fenómenos de gentrificación- terminan por desplazar a los antiguos residentes de baja renta).

Por la peculiar geografía de Puerto Madero, el flamante barrio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, podríamos ubicarlo dentro de una situación intermedia de las descriptas anteriormente. A pesar de estar ubicado en el área central de la ciudad, siempre estuvo apartado de la misma: la Reserva Ecológica, el Río de la Plata, los diques y las vías del ferrocarril, forman parte del aislamiento socionatural de la ex zona portuaria (que no estaba habilitada para el uso residencial). Por consiguiente, la mixtura resultante nos proporcionaría la nueva categoría de “semi-barrio cerrado recuperado”. Díaz (2010), añade:

 

Unas palabras aparte merece la seguridad –hasta ahora aparentemente inexpugnable- de las torres de […] Puerto Madero. En primer lugar, por la ausencia de paneles con llamadores en la entrada de cada domicilio. Ningún ladrón, ni predicador, ni vendedor ambulante perturbará la paz de esos recintos. Si alguien ajeno quisiera acceder (una urgencia, una entrega de mercadería, una visita), deberá comunicarse telefónicamente con el dueño de casa, el cuidador también se comunicará y –en caso de obtener autorización del propietario- acompañará al “extraterritorial” hasta la entrada misma de la unidad habitacional. En Puerto madero no existe alambrado perimetral, pera la presencia de la fuerza de seguridad oficial, además de la privada, es más impenetrable que los vallados del conurbano (Díaz, 2010:38).

 

 

Las torres de lujo, también denominadas country -por estar blindadas de los indeseados-, sumado a la elevada densidad de las fuerzas del orden, al alto costo de vida del barrio y al aislamiento geográfico, transforman a Puerto Madero en una isla de opulencia desvinculada del continente promiscuo y decadente. Por otra parte, Carman (2011) manifiesta:

 

La materialidad de la villa (Rodrigo Bueno) desarma la utopía de un Puerto Madero infranqueable, al que solo se accedería –como garantía de seguridad- por los cuatro puentes que lo unen a Buenos Aires. La villa ya está allí y obstaculiza el sueño de acondicionar para las clases dominantes un reino separado (Grignon y Passeron, 1991:113). Cabe señalar la paradoja de que, si lo que se aduce es que la villa afecta el uso de lo público, el Gobierno de la Ciudad objeta tímidamente que a escasos metros de la reserva se planea erigir la fastuosa urbanización Solares de Santa María con espacios ribereños de accesos restringidos al público, y por cuyo impacto ambiental algunos ecologistas han puesto el grito en el cielo (Carman, 2011:99 y 100).  

 

 

El proyecto Solares Santa María, que propone la construcción de un complejo naútico-turístico-hotelero en los terrenos de la ex Ciudad Deportiva del Club Boca Juniors (que el gobierno macrista en su fuero íntimo apoya fervientemente) al igual que los barrios cerrados y countries de la periferia, no son apreciados por los sectores dominantes como un atentado al espacio público de la ciudad. Pareciera ser que “algunos” (ciudadanos de primera) tienen derechos “per se” para gozar de los territorios públicos de la ciudad, mientras que “otros” (Kelpers) deben justificar el acceso a los mismos. El proyecto Solares Santa María, que pretende privatizar un sector del Río de la Plata, violando abiertamente el Código Civil que afirma el carácter público de todas las costas y aguas comunicadas con el Río de la Plata, es tan ilegal como la toma de tierras de la Reserva Ecológica para la construcción de la villa Rodrigo Bueno. Empero, hay dos tipos de ilegalidades, una más invisible: de “guantes blancos”, y otra más explícita e indecorosa: de “baja estofa”.

Por otra parte, el ennoblecimiento del Abasto basado en la valorización cultural en torno, principalmente, al tango y la figura de Carlos Gardel, hizo visibles a los residentes ilegales que resultan incompatibles con el nuevo proyecto “residencial-comercial-turístico-cultural” (advertimos que lo mismo sucedió con el reciclaje de Puerto Madero y los habitantes de la villa Rodrigo Bueno). Una vez más, el mercado “recupera” un territorio hasta el momento “vacío”, “desértico”, donde la gente ¿si existía?, porque nadie la había visto antes, era (por lo menos) invisible. Carman (2006) agrega:

 

[…] los ocupantes ilegales e inquilinos eran los únicos que tenían acceso físico a varios […] bienes patrimoniales que constituían el “valor sagrado” del ex Mercado de Abasto: […] cantina Chantacuatro, la esquina O’Rondemán, el hotel Mare D’Argento, etc. […] Desde el punto de vista de los vecinos de clase media, los ocupantes –al “vulnerar” dichos bienes patrimoniales- estaban perpetrando una doble usurpación: la del inmueble en sí mismo, más la carga simbólica que a esos inmuebles se les adicionaba por tratarse de un elemento con su propio peso dentro del folclore vernáculo. E incluso podría señalarse una triple usurpación, ya desde el imaginario social los “intrusos” que se apropiaban de los bienes del patrimonio ni siquiera eran argentinos, sino extranjeros ilegales (Carman, 2006:160).

 

 

De las tres usurpaciones tan bien enunciadas por Carman, consideramos que la que conlleva un mayor nivel de indignación por parte de un sector privilegiado de la clase media, corresponde a la que posee el valor intangible del patrimonio cultural. Pues, este valor está asociado al privilegio “natural” de los sectores sociales más acomodados, ya sean estos residentes nacionales o extranjeros. Carman (2006) completa:

 

Para estos sectores (la mayoría de los vecinos de clase media entrevistados), el patrimonio del Abasto de ningún modo incluía a los habitantes precarios, ya fuesen inquilinos de hoteles-pensión, de conventillos u ocupantes de casas tomadas. Entre otras razones, porque éstos no representaban ningún tipo de continuidad con los anteriores sectores populares del Abasto: los changarines del mercado, que sí eran “pobres honrados” y “gente de buena cuna” (Carman, 2006:148).

 

 

Los residentes precarios no forman parte de la memoria idealizada impuesta por el proceso de ennoblecimiento. Una memoria recortada, fosilizada, sin conflictos y tensiones, preparada con edulcorante para ser consumida sin sobresaltos en los folletos para los turistas. De ella seguramente se deduce que los “pobres honrados” y “gente de buena cuna” (legítimos pobladores populares del Abasto) no eran inmigrantes limítrofes e ilegales, no cortaban calles, no cobraban planes sociales “sin trabajar”, no fumaban “paco”, no se emborrachaban, ni usurpaban casas.

La reinauguración del antiguo mercado, devenido a shopping en 1998, fue promocionada por los grandes medios de comunicación como la salvación y la recuperación del barrio. Carman (2006) expresa:

 

Con el shopping […] llegaba el turno del repoblamiento del barrio “vacío”, o si se prefiere, de la segunda fundación del Abasto. Así como un siglo atrás se materializaba el nacimiento del barrio a partir de la instauración del Mercado, alrededor del cual se instalaron los inmigrantes pobres, ahora se destacaba que […] 600 viviendas habían sido vendidas en pocas semanas, con lo que habían de ingresar “casi 3.000 nuevos vecinos antes del 2000” (Clarín, 31/5/1998) (Carman, 2006:169).

 

 

La “salvación” al barrio de la decadencia infringida por los habitantes precarios se iniciaba con la edificación del shopping. El artefacto mimado de las ciudades globalizadas, venía paradójicamente a “rencontrar” al barrio con la historia sacralizada y con sus habitantes legítimos. De ahí en más, las nuevas inversiones (torres de lujo, un hipermercado, un hotel cuatro estrellas) continuaron la noble obra comenzada por el centro comercial. Una vez que los capitales urbanos especulativos hayan terminado la tarea de “reconversión” del barrio (la mayoría de las veces realizado con mano de obra proveniente de inmigrantes ilegales, y aquí reside lo que Marx ([1867] 1986:37) en El capital. Crítica de la economía política denominaba “el fetichismo de la mercancía”: donde la luz del capital invisibiliza la oscuridad de la ignominia), y el desalojo (negociado o compulsivo) de los indeseables haya finalizado, los nuevos vecinos podrán repoblar el barrio gentrificado.

A pesar de que el Abasto es una zona de la Ciudad de Buenos Aires dentro del barrio de Balvanera y parte de Almagro, “una cantidad de mapas y folletos turísticos han ido incorporando al Abasto como una zona autónoma de la ciudad, no solo por la presencia del shopping sino de sus múltiples salas teatrales” (Carman, 2006:212 y 213). La zona del Abasto comienza a adquirir identidad propia a medida que se va convirtiendo en una especie de “isla cultural y de consumo” separada de los barrios que la contienen. Algo bastante similar sucede con los countries del conurbano bonaerense, pues los residentes prefieren utilizar como referencia geográfica (y sobretodo sociocultural) a los nombres de los mismos y no al de los barrios o partidos a los cuales pertenecen. La nueva identidad que contiene a los propios (turistas, artistas, grupos sociales con alta capacidad de consumo) y separa a los extraños (inmigrantes ilegales, inquilinos de baja renta, “usurpadores”), confiere a los habitantes del “flamante barrio” un nuevo status urbano acorde con el actual rol que les toca cumplir dentro del contexto de la Ciudad.

El Abasto es presentado por las autoridades de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y por las instituciones culturales del barrio como un área de la ciudad donde las distintas identidades culturales pueden coexistir de manera pacífica y enriquecedora. Sin embargo, en la práctica “la misma población peruana o boliviana del barrio […] puede ser, alternativamente, una amenaza o una vía para legitimar el barrio, según qué aspecto se recorte: si las comidas típicas o su supuesta condición de ocupante ilegal, por ejemplo” (Carman, 2006:236). Se propone, entonces, el multiculturalismo impuesto por el poder. Las identidades resultantes no son producto de negociaciones realizadas en igualdad de condiciones. Las identidades de los sectores subalternos están conquistadas y mediatizadas por los intereses de los grupos dominantes. El relato que los identifica no sale de sus propios discursos, sino de las cabezas y de las bocas de los conquistadores.

La preservación del patrimonio cultural y/o del medio ambiente son utilizados como argumentos incuestionables para justificar la “recuperación” del espacio público. Al respecto, Carman (2006) especifica:

 

En efecto, durante 2002 se “recuperaron” dos terrenos de la zona de Abasto […] con el objeto de convertirlos en espacios verdes, recreativos, e incluso para gestionar un espacio de alimentación y contención de niños pequeños. La “recuperación” incluyó la “reubicación de familias” que vivían en el lugar a través de subsidios habitacionales; subsidios que […] se dilapidan en un hotel-pensión, por lo que a los pocos meses la familia queda en la calle otra vez. De esta manera, dichos subsidios operan como un desalojo liberado de violencia; aunque no por inadvertida, la violencia de la expulsión cesa de funcionar. Hoy en día, un gran número de políticas vinculadas al mejoramiento ambiental o cultural del barrio precisan, como punta de partida, desplazar a los habitantes “indeseables” […] En todos los casos, lo ambiental resulta un argumento “neutral” para echar “intrusos”, pues se los desaloja “por su propio bien”, “por su propia seguridad”, o para defender el espacio público. Por esa aparente ausencia de carga ideológica, el embellecimiento ambiental o cultural de un área degradada gana un consenso rápido entre actores diversos, por contraposición a la problemática de los ilegales o los sin techo, que es objeto de múltiples disputas (Carman, 2006:222).

 

 

Pensemos que sucedería si la necesidad de “recuperación” del espacio público proviene, no ya de los sectores sociales acomodados sino de los pobladores precarizados ¿Por qué ellos no podrían solicitar la apertura de un country para poder disfrutar de los espacios verdes y recreativos? ¿Por qué no podrían pedir la apertura de una calle interna de un club de campo para poder tener acceso de forma directa, sin rodeos, a los transportes públicos de pasajeros? La respuesta, aunque de fácil resolución, podrá ser verificada más adelante cuando tratemos el conflicto del barrio cerrado CUBA en Villa de Mayo. En este caso, no hubo defensa del espacio público sino que se favoreció “la seguridad” de los infractores. El espacio público no está en peligro cuando es apropiado por los habitantes que tienen el derecho (natural) del usufructo.

Los proyectos de rehabilitación de las ciudades están todos enmarcados dentro del contexto de la “planificación estratégica”. Baxendale (2000) explica con claridad dicha forma de proyectar las ciudades:

 

[…] las características de heterogeneidad, superficialidad o apariencia, […] flexibilidad, horizontalidad y discontinuidad propias del posmodernismo se manifiestan también en el urbanismo y la planificación urbana y regional yendo entonces de lo global a lo sectorial, pasando de los “planes” a los proyectos de intervención puntual, planteando estrategias de planificación a corto plazo relacionadas fundamentalmente con proyectos de renovación urbana dirigidos a dar respuesta a los sectores de mayores ingresos de la sociedad, cuestionando la planificación que podríamos definir como “verticalista” y debilitando cada vez más los lazos entre el urbanismo académico y la política urbanística (Baxendale, 2000:13).

 

 

Buzai adiciona:

 

[…] este tipo de planificación muchas veces se aboca al marketing de la ciudad al buscar un protagonismo frente a otros centros urbanos competitivos en la búsqueda de atraer inversiones privadas, por lo cual […] se estaría afianzando el retroceso del papel planificador del Estado con las crecientes desigualdades socioespaciales que genera naturalmente el sistema capitalista sin demasiado control (Buzai, 2003:60).

 

 

El Estado promueve y convalida esta nueva forma de “hacer ciudad” que beneficia a los capitales especulativos y a los sectores sociales de mayor renta. En tal sentido, el Estado no cumple con la función de preservar el patrimonio material y/o humano de las áreas “recuperadas”. Tanto en el caso de la rehabilitación de Puerto Madero como en la del Abasto, fueron eliminadas edificaciones (silos y casas chorizo, respectivamente) que eran fieles representantes de la identidad urbana de cada lugar. También, en el caso del Abasto, los desalojos no tienen la finalidad de preservar el patrimonio de los habitantes precarios. Lo mismo puede ocurrir en Puerto Madero si se decide erradicar la villa Rodrigo Bueno.

 

 

 

6. La ciudad negadora del medio natural

 

 

 

A medida que Argentina se insertaba en la economía mundial a partir del modelo económico agroexportador, con la llamada Generación del 80, la ciudad de Buenos Aires recibía una gran cantidad de inversiones públicas y privadas vinculadas con el espíritu fundacional y modernizador de la época. Este afán de progreso y desarrollo urbano produjo, en muchas ocasiones, un descuido del medio natural de la urbe. La aspiración de dominación de la naturaleza para incorporarla al tren de la prosperidad, hizo desaparecer al ambiente natural de la ciudad. Por ejemplo, hasta mediados del siglo XIX, todos los planos (Figura 3) de la ciudad de Buenos Aires incorporaban las formas del relieve que delimitaban las tierras bajas e inundables (aptas para el uso público recreativo o para actividades agrarias) de las tierras altas (aptas para la residencia). En la actualidad, ningún plano de nuestra Capital contiene la topografía del suelo, pues la geografía física podría dejar al descubierto planicies de inundación y humedales (que podrían llegar a inundarse periódicamente), que han sido negligentemente privatizados para el uso residencial (Brailovsky, 2010).

 

 

 

 Figura 3: Plano de la ciudad de Buenos Aires (Bermúdez, 1713).

 

Si observamos el Código de Aguas de la Provincia de Buenos Aires, estaríamos en condiciones de constatar que no utiliza las recomendaciones científicas de la UNESCO para considerar si un área ofrece peligro de inundaciones o no. La UNESCO recomienda verificar la estadística de precipitaciones de los últimos 100 años como mínimo. En cambio, el Código de Aguas de la Provincia de Buenos Aires (Ley 12257/98) dice: “[…] se considerará crecida media ordinaria a aquella que surja de promediar los máximos registrados en cada año durante los últimos cinco años”. No creemos que los funcionarios de la Provincia no conozcan tal información, pero si utilizaran el criterio académico recomendado por la UNESCO, la mayoría de los lujosos barrios privados del conurbano bonaerense (construidos sobre llanuras de inundación) no hubieran podido ser habilitados (Brailovsky, 2010).

De acuerdo con Amorrortu (2010), los countries Los Sauces, Barrio La Lomada de Pilar, Los Lagartos, Campo Chico, Nordelta, Santa Bárbara, Náutico Escobar y Sol de Matheu se encuentran en áreas fuertemente inundables.  Brailovsky (2010) apunta:

 

La paradoja es que la víctima termina encubriendo a quien la sumergió. Si denuncia que su casa está en una zona inundable, el valor de la propiedad baja, y baja mucho más si la denuncia es escandalosa. Solo le quedan discretas gestiones para tratar de que los municipios hagan obras de dudosa eficacia, que hubieran sido innecesarias de no haberse ocupado los bajos (Brailovsky, 2010:185).

 

 

La especulación inmobiliaria no discrimina ni pobres ni a ricos. Durante los años cuarenta, con el auge de los loteos económicos (sin demasiados controles) de la periferia de la Ciudad de Buenos Aires, fueron vendidas tierras inundables a varios compradores provenientes de los sectores populares. Más acá en el tiempo, en los años noventa, la historia se repite con el loteo de grandes proporciones de tierras en el conurbano bonaerense (gran parte de ellas anegadizas) para la construcción de lujosos barrios privados. Ahora los engañados fueron los grupos sociales más acomodados. En ambos casos, los criterios económicos, los negocios, primaron sobre las consideraciones científicas y académicas que fueron totalmente desestimadas.

Por otro lado, la Ciudad de Buenos Aires no está ajena a la especulación que comprobamos en la Provincia de Buenos Aires. Brailovsky (2010) indica:

 

La Ciudad de Buenos Aires aprobó en 1999 una ley de Evaluación de Impacto Ambiental […] Como esa ley entraba en colisión con los grandes emprendimientos inmobiliarios (especialmente los realizados en Puerto Madero) se modificó al año siguiente para que no se exigiese esa evaluación de impacto a las grandes torres que se iban a construir. Y, para completar las cosas, también se quitó lo que tenía que ver con el cubrimiento de terreno absorbente […] Nadie se preocupó por saber en qué medida los cimientos obstaculizan la descarga de las napas subterráneas al Río de la Plata y, por consiguiente, contribuyen a la inundación que viene de abajo […] La normativa inicial decía que estaban sometidas a evaluación de impacto ambiental “las obras que demanden la deforestación de terrenos públicos o privados de más de 5.000 m², como así también cuando en terrenos de la extensión antes mencionada se proyecte la disminución en más del 50% del terreno absorbente” (Decreto 1252/99). La norma que la reemplazó (Decreto 1120/01) pasaba las superficies de 5.000 m² a 10.000. Y ya no era obligatoria la evaluación de impacto ambiental sino que estaba sujeta a consideración de las autoridades. Se hizo algo parecido con la ocupación de terreno absorbente por parte de grandes edificios y con la modificación de la topografía del terreno (Brailovsky, 2010:181).

 

 

Los negocios que parecen negociados si no fuera que la ley los avala, colaboran fuertemente en la construcción de ciudades poco sustentables. La visión cortoplacista de los especuladores urbanos provoca indefectiblemente el empeoramiento de las condiciones socionaturales de la ciudad. En definitiva, si el poder político no considera a los temas ambientales como parte prioritaria de la agenda pública, todos los habitantes de la ciudad, en mayor o en menor medida, se verán afectados (en un futuro no muy lejano) de las medidas negligentes u omisiones que siguen llevando a cabo.

 

 

 

7. La ciudad íntima 

 

 

 

7.1. La erosión de la sociabilidad 

 

 

 

Los shoppings, las multisalas de cines y más recientemente las falsas bibliotecas (librerías-café) (Figura 4) son los nuevos lugares de paseo y de reunión que compiten y desplazan a los espacios públicos clásicos. Sin embargo, pese a la ilusión de equivalencia, la norma de los nuevos territorios “semipúblicos” no reside en el principio de la accesibilidad universalizada (el propietario se reserva el derecho de admisión) sino en la lógica de la seguridad generalizada. De la misma manera, que el propósito primordial, no es el encuentro, el diálogo, el intercambio de experiencias y significados, la creación de identidades compartidas, sino el consumo alienante (Remedi, 2001).

 

 

 

Figura 4: Librería-café (Microcentro de la Ciudad de Buenos Aires

 (Fotografía: Romano, 2008).

 

Los espacios públicos tradicionales conforman un tejido de relación, la base sobre la que se sustenta la ciudad y la vida urbana. En cambio, los actuales pseudoespacios públicos tienden a constituir áreas aisladas en los nodos de la red urbana. Desaparece la trama (física y/o social) o queda reducida a un frágil y excluyente tejido de vías rápidas de comunicación y de líneas intangibles de tecnologías de la información y de las comunicaciones. De acuerdo con Muxí (2004), la ciudad global estructurada a partir de nodos y líneas de flujos se halla predeterminada por el establecimiento de fragmentos urbanos con únicas alternativas de conexión, creando recorridos cada vez más individualistas y preestablecidos. “La deriva, por lo tanto, ya no es posible en una ciudad de redes: la red tiene nodos por los que invariablemente se ha de pasar, fluir y transitar, y agujeros negros que se deben evitar” (Muxí, 2004:43 y 44).

Solo los cortes de tránsito en las vías principales de circulación (cada vez más frecuentes en el Gran Buenos Aires), producen la salida transitoria de los flujos urbanos del diagrama predeterminado. El malestar y el pánico de los conductores particulares y de los pasajeros del transporte público por circular por una trama desconocida, muestra la debilidad y la vulnerabilidad del sistema urbano reticular. Para el imaginario (principalmente de la clase media o alta), más allá de los circuitos preestablecidos está el vacío, la nada, “el Desierto” (paradójicamente) lleno de irregulares al acecho de los ciudadanos desprotegidos. La otra ciudad invisibilizada se hace carne a la hora de inmovilizarse alguna de las conexiones entre un fragmento y otro de la ciudad normalizada. Los cortes, los “piquetes”, las protestas, irrumpen y obstaculizan el derecho la libre circulación de productos, capitales y personas. Los que quedaron al margen del sistema afloran a la superficie reclamando (en la mayoría de los casos) derechos básicos de subsistencia. La puja, la tensión entre los dos derechos (el de circulación y el de subsistencia) muestra las contradicciones subyacentes de la globalización neoliberal. En las ciudades latinoamericanas, donde los sectores medios han sido devastados por las políticas de ajuste, la proximidad física entre lo global y local, lo regular y lo irregular, el rico y el pobre, provoca que esta contradicción sea más fehaciente y escandalosa.  

Por otro lado, no solo los cortes de calles o avenidas son producto de reclamos, sino que también en ocasiones festivas, como en las celebraciones de carnaval (a partir del año 2011 se recuperaron dos días feriados), las calles se cortan para permitir el paso de las murgas y comparsas. La posición de algunos medios masivos de comunicación y de ciertos personajes del ámbito televisivo, en ocasión de la celebración popular, fue bastante sugestiva. En vez de informar sobre los festejos en sí (lo mismo ocurrió con las celebraciones del Bicentenario), se preocuparon más por resaltar las complicaciones que los mismos produjeron en el tránsito automotor. Por tal motivo, fueron muy prolijos en presentar el mapa de los cortes, para que los automovilistas puedan desviar y no “meterse en las calles” de los festejos. Pareciera ser que la fiesta popular (que tuvo mucho éxito en cantidad de público y participantes) les resulta ajena: es la fiesta de ellos. En la Buenos Aires moderna el barrio estaba mucho más integrado desde todo punto de vista (en lo espacial, lo social, lo cultural, lo económico), lo cual se verifica en las fiestas populares, que eran la fiesta de todos.

Siguiendo con la ciudad dispersa, se comprueba en ella una tendencia hacia la especialización y homogeneización de las funciones urbanas. Los distintos usos de la ciudad (vinculados con la educación, la salud, la industria, el comercio, la residencia, la oficina, el ocio, el culto, etc.) se separan físicamente, disminuyendo la complejidad y diversidad del espacio urbano. El territorio se fragmenta, se particulariza, y las oportunidades de contactos y comunicaciones ocasionales entre personas de actividades y extracciones sociales diferentes (que posibilitaba y facilitaba la ciudad compacta) se van empobreciendo a favor de las relaciones y los intercambios predeterminados entre grupos de personas de intereses semejantes. Además, los lugares con una función predominante quedan vacíos y sin vida durante períodos de tiempos determinados (por ejemplo, las áreas de oficinas permanecen deshabitadas durante la noche, los fines de semana, los feriados, en vacaciones), aumentando, de esta manera, la decadencia de los contactos sociales.

En la urbe difusa, el barrio se transforma a menudo en una zona exclusivamente residencial. A causa de la separación física de las funciones de la ciudad, “el barrio deja de ser un lugar social para convertirse simplemente en un lugar de exclusión (de otros usos, de gente con renta diferente, etc.)” (Rueda, 1998:105). Por otra parte, el tiempo empleado para circular por los distintos usos urbanos reduce el disponible para habitar el propio espacio. La casa, el auto, los medios masivos de comunicación social y las tecnologías de la información y de las comunicaciones se vuelven el centro de la vida suburbana. De esta forma, “el contacto, el intercambio y la comunicación son patrimonio, sobre todo, de las redes, que le quitan a la calle el sentido que hasta ahora tenía como espacio público” (Rueda, 1998:106). Las redes con sus nodos encapsulados condicionan la libertad de desplazamiento y contactos de los distintos sectores sociales. El entorno urbano y tecnológico está dispuesto para acelerar la circulación, promover lo efímero, el tránsito y la comunicación a distancia, lo que dificulta la utilización de la ciudad como territorio natural para la sociabilidad de las personas. “El espacio [...] se ha convertido en un derivado del movimiento [...], los paisajes limpiados por la velocidad, pierden, de esta forma, su consistencia o indicio de realidad” (Virilio, 1977:159). La virtualidad del paisaje encerrado en la velocidad del movimiento diluye la materialidad histórica y colectiva de sus componentes naturales y humanos. El paisaje atravesado se esfuma en el constante devenir del fluido de las redes y resurge en la certidumbre de sus nodos. Rinesi (2004), agrega:

 

Al abrir la ciudad, o al construir las vías que, bajo tierra o sobre ella, nos permiten esquivarla, salvarla, evitar la materialidad y las fricciones del contacto físico y cultural con los otros -con sus cuerpos, con sus casas y sus barrios, con sus lenguajes y sus modos de vivir-, la ciudad gana en eficacia y funcionalidad, pero pierde urbanidad, socialidad y vida (Rinesi, 2004:54 y 55).

 

 

 Se pierde vida urbana, que supone diferencias, negociaciones, reconocimientos recíprocos y coexistencia. Por otro lado, los motores de la expansión urbana moderna que pertenecían al ámbito público (iglesias, escuelas, avenidas, etc.), fueron reemplazados por artefactos pertenecientes al sector privado (autopistas, hipermercados, grandes centros comerciales y de entretenimientos, etc.). La urbanidad originada y centrada en los espacios públicos ha dado paso a la nueva “urbanidad” producida y focalizada en los espacios de exclusión. Pero también en la ciudad abierta, el “‘no hables con extraños’-que antes era una advertencia de los padres a sus hijos indefensos- se ha convertido ahora en un precepto estratégico de la normalidad adulta” (Bauman, 2002a:118). La ciudad se “aniña” al compás de la regresión ciudadana. ¿Será que los barrios cerrados y los circuitos de garitas de vigilancia en los vecindarios abiertos forman parte de los dispositivos que hacen retornar a los ciudadanos a la protección arcaica del vientre materno? Al fin y al cabo, la ciudad y la civilidad (que son inseparables) están en franco retroceso. Sennett (2011), nos aclara dichos conceptos hermanados:

 

“Ciudad” y “civilidad” tienen una raíz etimológica común. Civilidad significa tratar a los demás como si fueran extraños y forjar un vínculo social sobre dicha distancia social[7]. La ciudad es aquel establecimiento humano en el cual es más probable el encuentro entre extraños. La geografía pública de una ciudad es la civilidad institucionalizada (Sennett, 2011:325).

 

 

La prudente distancia social (máscaras) permite concretar una sociabilidad más democrática e igualitaria. Pues, la búsqueda de una relación intimista, más cercana, más segura, más confiable, conlleva inevitablemente a la pérdida de contactos con personas desconocidas, y por lo tanto, se elimina la civilidad de las ciudades. La incivilidad “es la perversión de la fraternidad en la experiencia comunal moderna (contemporánea)” (Sennett, 2011:327). Continúa (Sennett, 2011):

 

La fraternidad se ha transformado en empatía para un grupo selecto de personas aliado con el rechazo de aquellos que no se hallan dentro del círculo local. Este rechazo crea exigencias de autonomía con respecto al mundo exterior [...] La celebración de la comunidad territorial contra los males del urbanismo impersonal y capitalista se adapta con suma comodidad dentro del vasto sistema porque conduce a una lógica de defensa local contra el mundo exterior más que a un desafío de los manejos de dicho mundo. Cuando una comunidad “se enfrenta” al Ayuntamiento en esos términos, lucha para que se la deje sola, para verse liberada o protegida del proceso político, más que para cambiar el proceso político mismo, Y ésta es la razón por lo que la lógica emocional de la comunidad, comenzando como una forma de resistencia frente a los males del capitalismo moderno, termina en una especie extravagante de retirada despolitizada: el sistema permanece intacto, pero tal vez consigamos que deje sin tocar nuestro trozo de césped (Sennett, 2011:327 y 363).

 

 

Las comunidades territoriales (barrios cerrados) más que estar enfrentadas con el capitalismo, son el subproducto “ganador” de aquél. Son los que pueden separarse y “protegerse” de los excluidos que deja el sistema. No están dispuestos a cambiar las condiciones estructurales del régimen, lo único que desean es no compartir el espacio con los pobres y desplazados que el sistema reproduce. No hay resistencia al capitalismo, sino “a los males” o “daños colaterales” que el capitalismo genera: lúmpenes por doquier. El refugio en la comunidad íntima es la renuncia a la política ciudadana. Es la exigencia de protección del usufructo de la propiedad y la comunidad privada, de los bienes personales, que a lo sumo se extiende al grupo de pertenencia. La política solidaria, comprometida, universal devino en egoísmo vecinal. Los barrios-refugio parecieran representar la máxima utopía de las elites: el ideal de una sociedad protegida de los extraños.

Tanto la casa-mundo (conectada a la ciudad y al planeta a través de los medios masivos y las tecnologías de la información y de las comunicaciones), como el barrio-mundo (urbanización privada), así como sus complementos: el shopping, la autopista y el automóvil, tienden a reducir la civilidad y a exaltar el ámbito privado (Remedi, 2001). Continúa Remedi (2001):

 

La mayor cantidad de artefactos y espacios tendientes a satisfacer una serie de necesidades que antes solían satisfacerse en la ciudad: la televisión y la video casetera en lugar del cine, el teatro o el concierto; la computadora y el teléfono en lugar de la visita o la reunión con amigos; el jardín o el “terreno parquizado” en sustitución del parque o la plaza; el paseo en auto en vez del clásico paseo a pie; la piscina en vez de la playa (Remedi, 2001:12).

 

 

Agregamos la compra por teléfono o Internet en vez de ir al mercado; la compra de dispositivos para el “hágalo usted mismo” (trabajos de decoración, arreglos hogareños, confección de prendas y adornos, cortes de cabello, ejercicios físicos, etc.) en lugar de solicitar el servicio de terceros; la utilización de las instalaciones sociales, comerciales y deportivas de la urbanización cerrada en lugar del uso de los establecimientos equivalentes de la ciudad abierta; el paseo por las calles del shopping en vez de la caminata por las calles de la ciudad, son solo algunos ejemplos que demuestran la condensación de la vida pública en la casa-mundo, el barrio-mundo, el shopping y el automóvil.

La casa-mundo está cambiando el vínculo social basado en el diálogo cara a cara, por la relación social basada en la comunicación a distancia. Al mismo tiempo, el barrio-mundo que invita a transitar los mismos espacios y frecuentar a las mismas personas está anquilosando y empobreciendo la experiencia cotidiana. La variedad de los encuentros de la ciudad pública está siendo sustituida por la diversidad hiperreal que ofrecen los medios masivos de comunicación. En la actualidad, gran parte del tiempo utilizado para comprar, distraerse, conversar, pasear, etc., se desarrolla dentro de la asepsia de los entornos virtuales, sin hacer pie en la “contaminación” socionatural del espacio público de las ciudades. Vivimos como afirma Rinesi (1994):

 

[en] Casas-trinchera, entonces; casas-catacumba donde aislarse de la locura del movimiento urbano y desde donde reconstruir, a través de la tecnología de los medios electrónicos de comunicación, formas diferentes de sociabilidad ente las personas y los grupos. Neo-individualismo defensivo y hedonista, pues, más neo-comunitarismo electrónico (Rinesi, 1994:67).

 

 

Es elocuente la importancia que han adquirido los medios masivos de comunicación en el hogar, en especial el aparato televisivo. Mientras la mayoría de los electrodomésticos tienden a disminuir su tamaño, en busca de una forma compacta, la pantalla del televisor es cada vez más grande y delgada, para mimetizarse con las paredes de las habitaciones hogareñas. La televisión, con su apariencia cristalina, pasó sigilosamente a ser el objeto de diseño protagonista de la casa. La transparencia del aparato sumada a la tecnología de alta definición puede ser tranquilamente asociada con la sensación de limpidez que buscan reproducir los programas televisivos (especialmente los noticiosos). La oscuridad de los intereses políticos, económicos y culturales, se esconden con bastante éxito en medio de la “naturalidad”, la “transparencia” y la “imparcialidad” de las imágenes y hechos relatados. La realidad solapada, manipulada, reacondicionada, ingresa así, travestida en la intimidad de los hogares.

Asistimos al debilitamiento de las memorias compartidas, al socavamiento de las identidades barriales y locales, a la erosión de la ciudad como sitio de interacciones políticas y culturales o como lugar de reunión y de socialización. Además, la creciente “peligrosidad” del espacio público nos invita a replegarnos sobre el reconfortante, seguro y custodiado espacio hogareño o barrio cerrado.

En la novela Las viudas de los jueves Piñeiro (2005) describe con claridad el aislamiento y el olvido de la ciudad pública que sienten los habitantes de los barrios privados:

 

El ingreso a La Cascada (el country protagonista de la ficción) produce cierto mágico olvido del pasado. El pasado que queda es la semana pasada, el mes pasado, el año pasado “cuando jugamos el intercountry y lo ganamos”. Se van borrando los amigos de toda la vida, los lugares que antes parecían imprescindibles, algunos parientes, los recuerdos, los errores. Como si fuera posible, a cierta edad, arrancar hojas de un diario y empezar a escribir uno nuevo (Piñeiro (2005:30)

 

 

Por otro lado, Jorge Luis Borges (1952) en su relato La muralla y los Libros hace referencia a la combinación de dos temas: el encierro y el pasado, vitales también para la vida country. En esta magnífica narración, el escritor manifiesta que el emperador chino Shih Huang Ti, ordenó la construcción de la casi infinita muralla y, al mismo tiempo, decretó la destrucción de todos los libros anteriores a su reinado. La idea de suprimir la amenaza del mundo externo asociada con la intención de purificar el tiempo presente de los conflictos y el peso semántico del pasado, es fundamental para poder comprender la supervivencia material y espiritual de los enclaves de opulencia.

En conclusión, la ciudad pública, herencia de la ciudad clásica mediterránea, cuyo elemento principal era el ágora, se está convirtiendo en una ciudad más doméstica al estilo anglosajón. La civitas latina o la polis griega tenían su razón de ser en la plaza. El ágora era el sitio donde se desarrollaban las conversaciones, en el cual se originaban las disputas, y en el que se hacía política. La urbe anglosajona, en cambio, es una ciudad más intimista[8], de puertas adentro. Su intensa vida doméstica busca reemplazar, de alguna manera, la vida civil presente en las calles y en las plazas de la ciudad latina. Para su denominación se utiliza la palabra town, que proviene del antiguo inglés tun “que significa un recinto cerrado, parte del campo que corresponde a una casa o a una granja. No se trata, pues, de un concepto político, sino de un concepto agrario”. Por lo tanto, si conservamos el concepto de la ciudad clásica vinculado a la “vida exteriorizada y civil”, decimos sin temor a equivocarnos, que en la actualidad existen muchas aglomeraciones humanas pero pocas ciudades (Chueca Goitia, 1968:11). Canal Feijóo (2010:232) remarca: “[…] el espíritu de la ciudad no es doméstico: se llama ágora, foro, fábrica, oficina, esquina, cancha”. La ciudad existe porque hay un “afuera” además de la vida hogareña; porque hay calles que habilitan el acceso a espacios públicos, semipúblicos y privados; porque existe la probabilidad de encontrarnos con desconocidos, porque hay – en última instancia- múltiples alternativas que pueden ser vividas.

 

 

 

7.2. La decadencia del café

 

 

 

El café ha sido el lugar de encuentro con conocidos y también con extraños. El contacto con la alteridad constituyó la clave para el desarrollo de la civilidad urbana (valga la redundancia). En este espacio democrático se mezclaron personas de diferentes estratos socioeconómicos sin que mediara ninguna barrera de origen familiar, laboral o residencial. Gayol (1999) argumenta sobre la horizontalidad de las relaciones que se inician en el café:

 

Invitar a beber era una “excusa” legítima para iniciar el diálogo con un desconocido […] Invitar reduce la distancia física y diluye las distancias sociales, ya que la invitación en la calle, y también en el café, no se funda en la afirmación de una superioridad, de una posición o de una calidad (Gayol, 1999:58).

 

 

En sus comienzos el café era un sitio exclusivo para los hombres. La moral de la época no legitimaba ciertos hábitos masculinos (fumar, beber alcohol, jugar a los naipes, hablar de política, salir de casa sin los niños) para las mujeres. Sebreli (2003) indica:

 

El punto débil del café ha sido -en concordancia con la época- la exclusión del género femenino: no se admitía la presencia de mujeres solas, y aun acompañadas se las enviaba a un espacio -“salón familias” o reservado- separado del resto por una mampara de vitraux (Sebreli, 2003:277). 

 

 

Hoy en día, la globalización tiende a cambiar el tradicional diseño de sus edificaciones. La arquitectura interna y externa se estandarizan al ritmo de la nueva imagen que emulan de los restaurantes/pizzerías: mesas de fórmica, luces dicroicas, espejos y grandes fotografías de los platos que conforman el menú y televisores LCD. Sebreli (2003) hace referencia al respecto:

 

El rasgo característico del viejo café (Figura 5) era ser un hinterland entre la casa y la calle, entre lo privado y lo público. Alentaba la sensación ambigua de estar afuera y adentro, de conservar la privacidad, la intimidad, sin perder el contacto con el exterior. Las nuevas modas arquitectónicas han suprimido esa posibilidad al reemplazar las ventanas por paños de vidrio fijo que destruyen la intimidad y, a su vez, aíslan de la calle (Sebreli, 2003:278).

 

 

 

 

Figura 5: Imagen de antaño del café

“Los Inmortales” (Buenos Aires Antiguo, 2007)

 

 

En los nuevos bares/restaurants (Figura 6) la ambigüedad de estar en un recinto cerrado sin perder el entorno de la calle, es cambiado por permanecer afuera (en muchos establecimientos hay mesas en la vereda) en contacto explícito con el exterior, o estar encerrado y aislado en el interior, a través de las ventanas de paños fijos, la música funcional o el sonido del televisor. La charla amena, intimista o la calma necesaria para la lectura, el estudio, el trabajo o la reflexión han sido perturbadas por los cambios introducidos en la ambientación.

 

 

 

 

Figura 6: Bar-Restaurant (Lomas de Zamora) (Fotografía: Romano, 2008).

 

 

Por razones económicas y/o de cambio de hábitos, la mayoría de los jóvenes han cambiado la reunión en los cafés por “la previa” (a la entrada a las discotecas) en los servi-shop de las estaciones de servicio, las veredas de los maxiquioscos y las casas particulares (Figura 7). Asimismo, un sector de los jóvenes de clase media-alta frecuenta los bares globalizados tipo irlandeses. Sebreli (2003) comenta:

 

 Para los jóvenes, el café ha sido un ámbito iniciático, se mezclaban allí con los adultos; ahora, en cambio, los frecuentan poco por ser un sitio de los despreciados “mayores”; prefieren los anodinos kioscos o el inhóspito bar anexo a las estaciones de servicio (Sebreli, 2003:277).

 

 

El maxikiosco enrejado y los bares de la estaciones de servicios, abiertos las veinticuatro horas, son los exponentes residuales de la inseguridad de las calles del Gran Buenos Aires. Desde otro punto de vista, también podríamos decir, que la “Ciudad-pista, […] una ciudad sometida a la lógica del movimiento y de la velocidad (es decir: del devenir mercancía del tiempo urbano mismo)” (Rinesi, 1995:35), requiere tanto para sus vehículos como para sus pasajeros un pequeño “auto-service”[9] para seguir circulando.

 

 

 

 

Figura 7: Minimercados en estaciones de servicio (Banfield) (Fotografía: Romano, 2008).

 

 

 

Figura 8: “Auto-Mc” (Mc Donald’s) (Lomas de Zamora)

(Fotografía: Romano, 2008).

 

 

 

 

 

 

Figura 9: “Auto-helado” (La Veneciana)

(Lomas de Zamora) (Fotografía: Romano, 2008).

 

 

Los espacios urbanos dominados por los flujos poseen paradas efímeras para tomar un tentempié y seguir circulando por la vorágine que proponen las grandes ciudades. Por otra parte, la crisis económica, el desempleo y la sobreocupación que generó la década neoliberal, introdujo jornadas más largas que han retraído la concurrencia al café de la clase trabajadora. Desde finales de los años noventa, los sectores populares toman un refrigerio y leen el diario (se reparte el el periódico “La Razón” a “voluntad”) en los subtes y trenes que los conducen de sus lugares de trabajo a sus respectivos hogares. Los trenes se han convertido en una especie de “café móvil” recorridos por una enorme cantidad de vendedores ambulantes que demuestran no solo la decadencia del histórico café sino también las consecuencias de la precarización del empleo.

El cambio de costumbres sumado a la sensación generalizada de inseguridad urbana, han incentivado los encuentros en espacios donde la intimidad prevalece sobre lo desconocido. Sebreli (2003), expresa:

 

La igualación de los sexos y el abandono de la mujer del “gineceo” hogareño, alentaron, por un lado, a los miembros de la familia a salir juntos, y por otro, debilitó la amistad entre varones, típica del café de ayer. Lo habitual hoy es ir al restaurante en pareja, y frecuentemente se reúnen dos parejas. Esas salidas se alternan con las comidas en casa, donde aumenta el número de las parejas […] (Pero) el restaurante -o la comida privada- (carecen) del rasgo esencial de la sociabilidad urbana, tal como se daba en el café: la posibilidad del contacto imprevisto, del conocimiento de extraños o del fluir incesante de los que se agregan a la mesa. Esta interrelación múltiple con lo desconocido y con lo diferente es reemplazada, en el restaurante, por la interrelación limitada con lo conocido y lo igual, donde no se permite la novedad ni la sorpresa, una repetición más del living y el comedor diario (Sebreli, 2003:279).

 

 

La concentración del poder económico en pocas manos, propia del capitalismo posfordista, fue produciendo como contrapartida la desintegración del tejido socioespacial. La fragmentación resultante que se expandió a manera de metástasis por todos los rincones de la ciudad, fue desarrollando espacios de privilegio y de decadencia que minaron los territorios que contenían y favorecían la mixtura sociocultural. En este caso, Sebreli (2003) hace referencia a unos de los espacios de privilegio:

 

La discriminación por clases sociales no es ajena a la preferencia por el restaurante: muchos de ellos son inaccesibles por razones de precio a amplios sectores. El café ha sido, en cambio, más democrático, cumplía con la función del club privado, pero sin su elitismo excluyente: bastaba con una apariencia discreta para tener acceso, ya que el módico precio del pocillo no establecía jerarquías e igualaba a todos (Sebreli, 2003:279).

 

 

El café se caracterizó por ser un espacio de gran libertad, donde personas de distintas trayectorias sociales, políticas y económicas, tenían igual derecho para elaborar las más variadas visiones, ilusiones y utopías. Sebreli (2003) agrega:

 

El café ha estado estrechamente vinculado a la vida cívica, desde el legendario Marcos de 1810. Improvisado foro público, incitaba a la conversación –aunque de manera divagante-, a la discusión sin restricciones y, durante las dictaduras, a la difusión de informaciones censuradas por los medios. No es casual, entonces, que su decadencia coincida con el crepúsculo de la conversación y ambos, a su vez, con la apatía política y la indiferencia por los deberes cívicos (Sebreli, 2003:279).

 

 

Durante el primer mandato de la presidenta Cristina Kirchner, luego de la Resolución 125 que desató el conflicto entre el gobierno y las patronales agropecuarias, el gobierno tomó una serie de medidas que volvió a introducir a la política y la historia[10] en el centro de la realidad nacional. Entre ellas son de destacar: la reestatización de los fondos de jubilaciones y pensiones y de la línea aérea de bandera, la asignación universal por hijo y la ley de servicios de comunicación audiovisual. La mayor parte de la sociedad no fue neutral ante tamañas medidas. El debate de las mismas se desarrolló en la prensa, en los libros, dentro de las familias, en los lugares de trabajos, en los clubes, todos ellos espacios más o menos públicos, más o menos íntimos, pero en la mayoría de los casos lejos del café. La recuperación de la política por parte del gobierno (que le disputó el poder fáctico a las distintas corporaciones) y de la gente (discutiendo las posturas apasionadamente), no logró (hasta el momento) quebrar los hábitos globalizados que alejan a las personas del emblemático espacio público que representa el café.

¿Será porque el café está sufriendo una metamorfosis de sus concurrentes? El público tradicional que lo utilizaba como un lugar de encuentro de amigos y desconocidos, va cambiando por personas que lo utilizan de forma individual para hacer un pequeño alto durante la jornada laboral: es frecuente verlos sentados solos frente de las pantallas de las computadoras portátiles o de los teléfonos celulares repasando las noticias del día. El café actual es un espacio más privado, introvertido, que intenta aislarse de la incertidumbre social de la vida urbana.

 

 

7.3. El crepúsculo del caminar sin rumbo

 

 

 

Las ciudades contemporáneas están perdiendo la posibilidad de ser disfrutadas de a pie. Las relaciones que se establecen entre las personas y los espacios urbanizados están siendo de forma creciente mediatizados por los entornos virtuales o mecanizados. Los territorios urbanos cada vez más transitados por cibernautas y conductores, producen el vaciamiento de las aceras, y por consiguiente, marchitan la tradicional vitalidad del espacio público moderno. Asistimos, como afirma Sebreli (2003), al ocaso de la flânerie:

 

Esa costumbre tan típicamente parisina como porteña, practicada principalmente por escritores y artistas aunque también por hombres de una sensibilidad especial, ha entrado en su ocaso hacia fines del siglo XX. Las calles de la Ciudad de Buenos Aires ya no predisponen al vagabundeo, han dejado de ser un paseo para transformarse en rutas destinadas a la circulación de automóviles […] El atribulado peatón debe soportar el aire contaminado, el ruido ensordecedor de autos, camiones, motos y gigantescos ómnibus inadecuados para calzadas tan angostas, que corren desenfrenada y peligrosamente pegados al cordón. El cruce de las calles también es un obstáculo para el peatón, o el semáforo no da el tiempo necesario, […] o cuando tiene luz verde, debe cuidarse de los coches que doblan por la bocacalle […] El caminante sin rumbo, el flâneur, que era el verdadero personaje de la ciudad moderna, hoy ha pasado a ser anacrónico, y en el futuro tal vez sea sospechoso y aun peligroso, como vaticinaba Ray Bradbury en su novela de anticipación Fahrenheit 451. Para el hombre choferizado -que baja en ascensor del departamento hasta la cochera para dirigirse a otra playa de estacionamiento-, la calle no existe, solo la ve de reojo en rápido vuelo y a través de vidrios oscuros (Sebreli, 2003:263, 264, 266 y 267).

 

 

Los obstáculos que interceden y dificultan el disfrute de la ciudad por parte del peatón (ruidos molestos, el imperio del parque automotor, la apropiación de las veredas comerciales por parte de los propietarios, los malos olores, la sensación de inseguridad, la falta de tiempo libre) nos llevan a percibir y elaborar una sociedad teñida de prejuicios e intolerancia. Por ejemplo, en la ciudad de Valencia, la tercera urbe en importancia de Venezuela (Figuras 10 y 11), se puede verificar supremacía de la calle sobre la acera, la cual queda reducida a la mínima expresión. En las fotografías es posible observar que solo circulan automóviles, no existen peatones a la vista. Las personas tienden a caminar en parques cerrados o en los grandes centros comerciales. El  escuálido espacio público (si es que todavía queda algo de él) está habitado por el miedo y los temerosos conductores de automóviles.

 

 

 

Figura 10: Calle de Valencia (Venezuela) (Fotografía: Romano, 2012)

 

 

 

 

Figura 11: Calle de Valencia (Venezuela) (Fotografía: Romano, 2012)

 

 

Arlt (1958) ya recomendaba en su tiempo:

 

 […] pasará mucho tiempo antes de que la gente se dé cuenta de la utilidad de darse unos baños de multitud y callejeo. Pero el día que lo aprendan serán más sabios, y más perfectos y más indulgentes, sobre todo. Sí, indulgentes. Porque más de una vez he pensado que la magnífica indulgencia que ha hecho eterno a Jesús, derivaba de su continua vida en la calle. Y de su comunión con los hombres buenos y malos, y con las mujeres honestas y también con las que no lo eran (Arlt, 1958:94).

 

 

En la actualidad, el flâneur parecería haber sido reemplazado por personas que caminan la ciudad motivadas solo por cuestiones puntuales y pragmáticas: rutina de ejercitación y/o prescripción médica, teniendo en cuenta -en la medida de lo posible- los senderos o circuitos custodiados. Ellos atraviesan las calles ensimismados en sus actividades sin prestar atención a la ciudad que los rodea. La urbe es utilizada con la misma lógica de los gimnasios, algunos caminan al aire libre y los otros en la cinta electrónica, pero ambos tienen objetivos predeterminados. La libertad y la sorpresa que proporciona el caminar sin rumbo preestablecido, parece tener mala prensa en sociedades donde el tiempo es medido y experimentado con criterios utilitarios.

Asimismo, la precarización de las condiciones urbanas inhibe a los habitantes del Aglomerado Gran Buenos Aires de los deseos de salir, dando lugar al encierro de la vida doméstica -incentivada por los medios digitales de entretenimiento- y a las salidas programadas. Por lo tanto, sumamos otra consecuencia negativa: los contactos casuales han pasado al olvido. Solo persisten los encuentros pautados con previa cita, que a menudo se realizan en espacios privados. En todas las ciudades del mundo, la calle ha sido el lugar de relaciones previstas y/o espontáneas. Sennett (2011) definía a la ciudad como un asentamiento humano donde los extraños tienen la posibilidad de encontrarse y reconocerse en sus diferencias. Pareciera ser que en nuestra ciudad (y en muchas urbes del mundo) se ha perdido bastante de aquel privilegio.

Por otra parte, las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones permiten (desde el encierro doméstico) recorrer el territorio virtualmente, donde los nuevos flâneurs (los cibernautas) elaboran otra forma de representación del espacio, el tiempo y el texto, transformándolos en hiperespacio, hipertiempo e hipertexto fluctuantes, a los que cada usuario-observador puede conectarse de manera aleatoria pero aséptica, sin correr los “riesgos” de los espacios reales.

En la ciudad global, la información y las comunicaciones se han convertido en las piezas claves de su desarrollo. En este sentido, Pérgolis (1998) agrega:

 

El personaje mitológico que identifica al Olimpo actual, no es el resistente Atlas, símbolo de estabilidad y equilibrio; tampoco lo es Hércules, el semidiós de los grandes trabajos, ni Prometeo, cuyo fuego, desde la Revolución Industrial, se convirtió en la base del trabajo que transforma la materia; Hermes, el mensajero, el personaje más insospechado por la Modernidad, hoy es el gran protagonista (Pérgolis, 1998:70 y 71).

 

 

Como dice Serres (1995:118): “ahora vivimos en una inmensa mensajería, en la que la mayoría trabajamos de mensajeros: soportamos menos cargas, encendemos menos fuegos, pero transportamos mensajes que, a veces, gobiernan los fuegos”. Estamos transitando un mundo donde la realidad “real” está siendo disputada por la realidad “virtual”. La dialéctica no es para nada igualitaria. Los grandes grupos mediáticos nacionales e internacionales tratan de imponer (a la fuerza de repeticiones) sus realidades y verdades interesadas, que alejan a las personas de las propias interpretaciones de los hechos que ocurren en el espacio cotidiano. La comodidad del hogar, muy a menudo transformada en pereza intelectual, admite sin demasiado crítica todos los mensajes que ingresan de los medios digitales. Esta actitud de pasividad e indiferencia ante la realidad “real” es verdaderamente peligrosa. El “peligro” imaginado de la ciudad pública empieza en los hogares. No decimos que las condiciones urbanas no han desmejorado, pero tampoco podemos coincidir (como nos hacen creer todos los días y a toda hora la mayoría de los medios informativos) que no se puede caminar por la calle sin correr el riesgo latente de sufrir algún tipo de percance.

Aunque en las sociedades actuales (por las diversas razones expuestas precedentemente) ha disminuido el goce de la ciudad, todavía para cuantiosas personas sigue siendo mucho más atractiva que la vida de encierro en un barrio privado. Al respecto, seleccionamos un fragmento de la novela Betibú de Piñeiro (2010):

 

[…] Interrumpe sus pensamientos y divagues un llamado de Carmen Terrada. Tenés mala voz hoy, le dice su amiga. Estoy pasando la segunda prueba de resistencia en La Maravillosa. La primera fue atravesar la barrera de entrada, ¿te acordás?, le pregunta Nurit (una periodista que se instaló en un country para investigar un homicidio). Sí, me acuerdo, ¿y ahora con quién te peleaste?, quiere saber Carmen. Todavía con nadie, responde ella. Contame, insiste su amiga. Síndrome de abstinencia de ciudad: me estresan los árboles, me estresa el verde, me rompen poderosamente las pelotas el canto de los pájaros a las seis de la mañana, el chirrido de los grillos, las ranas que croan toda la noche; ¿sabés lo que necesito, Carmen? Un hombre amiga. No, cemento, mucho cemento y un café en la esquina de mi casa, responde Nurit. Y sigue: Imaginate lo que es salir a caminar por la calle y sentir que en este lugar no te podés llegar a cruzar con nadie que te conmueva, que todo lo que te rodea es naturaleza, deporte, vida supuestamente sana, y casas vacías. Porque aunque haya gente, no la ves si no es haciendo alguna actividad deportiva. Aunque sea trotando. Imaginate lo que es sentir que no puede suceder nada que te sorprenda, que no te puede pasar nada fuera de lo previsto, dice Nurit (Piñeiro, 2010:119).

 

 

Finalmente, Nurit (el personaje central de la novela) planea la necesidad del complejo equilibro entre naturaleza y ciudad, intimidad y alteridad, orden y desorden, certeza y contingencia, tan imprescindibles para desarrollar una vida enriquecida por el entorno socionatural. Ya sea por defecto o por exceso, tanto las ciudades como los barrios cerrados están olvidando el justo medio aristotélico.

 

 

 

 

 

7.4. De la plaza al shopping mall

 

 

 

La plaza era el espacio público por excelencia, lugar abierto, pluralista, democrático, de permanencia, de relación, que propiciaba el encuentro y la mezcla entre sus más variados visitantes (en cuanto a edades, sexo, origen étnico, sector social). Dice Pérgolis (1998):

 

De modo histórico, la plaza fue la parte-detalle que explicaba el todo-ciudad. Constituía su punto de origen, daba la identidad de cada asentamiento y la orientación en él; también focalizaba el “centro”, la zona de mayor jerarquía urbana, sede de los poderes gubernamental, religioso, económico y social (Pérgolis, 1998:19).

 

 

La plaza era la puerta de entrada a la ciudad, el lugar más accesible que brindaba acogimiento a todos sus residentes y visitantes. Era la carta de presentación que mostraba el núcleo potencial de toda la urbe. Un espacio donde el tiempo (pasado, presente y futuro) podía ser percibido o insinuado a través de sus edificios históricos, sus variados comercios y sus ansias de progreso.  

Hoy en día, muchos analistas de la ciudad dan cuenta de su pérdida de vitalidad y de su enorme retroceso frente a uno de sus principales competidores: el  gran centro comercial o shopping mall. Amendola (2000a) nos recuerda:

 

El shopping mall nace como una invención del mundo suburbano en cuanto sustituto de la ciudad para quienes vivían al margen de la propia urbe. En los suburbios dormitorios donde no había nada de vida social, el mall constituía también la plaza, el espacio público indispensable para crear una comunidad. Las primeras […] denominaciones (Plaza es el más frecuente de los nombres usados por los shopping malls de los años sesenta y setenta) indican la Plaza y el Mercado como constantes arquetipos y modelos de referencia (Amendola, 2000a:253).

 

 

No concordamos plenamente, en esta oportunidad, con la lectura de Amendola sobre el origen suburbano de los primeros shopping malls en Estados Unidos y en Canadá. Pensamos, que también pudo haber sido una extraordinaria oportunidad de crear un nuevo modelo de urbanidad basado en la dispersión, el encapsulamiento y la privatización de los espacios residenciales y públicos. La falta de vida social en la periferia pudo haber colaborado en organizar un nuevo modo de relación social que logró ser exitosamente exportado hacia la ciudad consolidada. En consecuencia, la heterogeneidad y la mezcla socioeconómica fueron paulatinamente sustituidas por una sociabilidad entre iguales. Las tensiones, los conflictos, las diferencias, fueron deliberadamente excluidos de la nueva concepción de ciudad (o mejor dicho de la no ciudad[11]).

El shopping es el resultado de una nueva manera de organizar el espacio urbano, y aún más, de una nueva manera de vivir y de pensar, anclada en una concepción hedonista, materialista e individualista del mundo.

 “A diferencia de la plaza, el shopping center no busca explicar el ‘centro’ como parte de la ciudad, puesto que él pretende ser un centro, un lugar en sí mismo, desconectado y ajeno a cualquier ciudad, a la ciudad que no necesita” (Pérgolis, 1998:19). “La ciudad real, fuera del centro comercial, es indispensable solo para que sirva como contraste” (Amendola, 2000a:271).

El nuevo centro comercial es “un ámbito extraterritorial que no es parte de la ciudad, ni del país, ni permite referencias cercanas” (Pérgolis, 1998:19). Pertenece a la cultura global, posmoderna, que reproduce y simboliza el lenguaje de los medios masivos de comunicación. El shopping mall se cierra al exterior, es como una cápsula o container caído del cielo en cualquier parte de la ciudad. Puede estar en una manzana de la trama urbana o en un descampado periférico en cercanías de alguna concurrida autopista, pero es diferente y ajeno al resto de la ciudad. La fachada del shopping suburbano (Figura 12), habitualmente, lisa e inexpresiva (predominio del hormigón a la vista) propone un mundo introvertido, privado, desentendido del entorno. Su arquitectura es egoísta, poco solidaria con la conformación del espacio público, con la construcción de lo urbano (Sarlo, 1994). A diferencia de sus antecesores: los pasajes y las galerías del siglo XIX, Sarlo (2009) aclara:

 

[…] (Éstos) ofrecían a la ciudad espacios techados cuyo diseño no respondía a una lógica opuesta a la que sucedía en las calles, sino que, por el contrario, las necesitaba y las presuponía como espacios contiguos. El pasaje imitaba la calle, perfeccionándola en lugar de repudiarla: incluso lo que sucedía en la calle se magnificaba en el pasaje, se volvía más perceptible y más atractivo o tenebroso. Los remates de los negocios imitaban las fachadas al aire libre, como miniaturas interiorizadas, y allí vivieron prostitutas y otros irregulares de la ciudad del siglo XIX (Sarlo, 2009:19).

 

Figura 12: San Justo Shopping (San Justo) (Fotografía: Romano, 2009)

 

 

Su situación de aislamiento blindado lo asemeja a los complejos hoteleros “todo incluido” del turismo de masas. Los visitantes-consumidores tienen todo al alcance de la mano: refrescos, comidas, diversión, tiendas de ropa. La idea es no salir de ellos, pues, la ciudad pública no puede garantizar el confort y la seguridad de estos espacios de ensueño. Por lo tanto, para no ser sorprendido por algún hecho imprevisto, tanto a la ida o como a la vuelta de estos paraísos de consumo placentero, se debe mantener o continuar una ley básica relacionada con el concepto de encapsulamiento: circular por medio de transportes privados y/o particulares.  

 “[El nuevo centro comercial] es un artefacto perfectamente adecuado a la hipótesis del nomadismo contemporáneo: cualquiera que haya usado alguna vez un shopping puede usar otro, en una ciudad diferente y extraña de la que ni siquiera conozca la lengua o las costumbres” (Sarlo, 1994:19). La reproducción en serie de la estructura fundamental de estos grandes emprendimientos comerciales, otorgan seguridad y certeza a sus visitantes-consumidores. Todos saben de antemano lo que van a encontrar: variedad de productos y experiencias. Esto es clave. Si no hay simulacro y fantasía asociados al consumo no hay shopping. Lo que contextualiza a cada compra es tan o más importante que la compra misma. El brillo y a la seducción deben irrumpir una vez que uno ingresa y deja atrás las incertidumbres de la ciudad. La luminosidad y espectacularidad del diseño interior inspirado sobre el concepto de las escenografías (cada vez más virtuales por la generalización del uso de pantallas de LCD) de los estudios televisivos, invita a recorrer un ambiente que resulta sumamente fascinante, lúdico y familiar. Un escenario hiperreal que ya es parte de la vida cotidiana. “Se compra como si se estuviese jugando, también gracias a la virtualidad absoluta de la tarjeta de crédito, cada vez más coloreada y cómplice, que hace perder el sentido del dinero, alejando temporalmente sus vínculos” (Amendola, 2000a:269). El consumo con tarjeta de crédito (sumando millas para vuelos o puntos para canjear en una multiplicidad de ofertas de productos y servicios) estimula la fantasía y la experiencia placentera del comprar.  

Es en el shopping donde se concreta la fantasía de vivir en un territorio mundial. El sueño de ser parte de la compresión espacio-tiempo que configura la emergencia de la ciudad global. “El shopping mall es la calle (Figura 13) de la nueva aldea global: aquí es posible comprar en Londres, París, Boston, São Paulo, Ciudad de México, los mismos objetos de las mismas marcas, escuchar la misma música, asistir a la misma película” (Amendola, 2000a:258). El nuevo centro comercial pretende recrear una “ciudad global” (o tal vez una “ciudadela global”) dentro de la ciudad: una urbe deslocalizada, controlada, festiva, mágica, purificada, sin conflictos, que reemplace a la ciudad pública moderna. En él todo está acondicionado y optimizado (ascensores, escaleras mecánicas, toilettes, luz, temperatura, sonido, plantas y árboles artificiales, seguridad) para aumentar la comodidad y la fascinación de sus asistentes-consumidores. Amendola (2000a) asevera:

 

La variedad humana, lo imprevisto y la atmósfera de las calles han sido filtrados, limpiados, atenuados y repropuestos (perfectos y cautivantes) en la nueva ciudad analógica con aire acondicionado del shopping mall [...] Hay una suspensión del tiempo y del espacio, un distanciamiento del clima e incluso de la realidad (Amendola, 2000a:255 y 261).

 

 

Los centros comerciales permanecen abiertos casi toda la jornada durante todos los días del año: el día, la noche y los feriados no interfieren en el festival ininterrumpido del consumo. Los shopping malls aspiran ser un oasis para el consumo y la diversión, un espacio permanente de ficción, separado del tiempo y del espacio cotidiano.

 

 

 

Figura 13: Calle principal de un shopping center (Turdera) (Fotografía: Romano, 2007).

 

 

El shopping mall, de acuerdo con Sarlo (1994):

 

 […] representa las nuevas costumbres y no tiene que rendir tributo a las tradiciones [...] En el shopping de intención preservacionista la historia es paradojalmente tratada como un souvenir y no como soporte material de una identidad y temporalidad que siempre le plantean al presente su conflicto [...] la historia despilfarra sentidos que al shopping no le interesa conservar, porque en su espacio, además, los sentidos valen menos que los significantes (Sarlo, 1994:18 y 19).

 

 

La historia solo es valorada como marketing del patrimonio cultural. La puesta en valor de edificios históricos devenidos en centros comerciales (como las Galerías Pacífico y el Abasto) es una estrategia comercial más, en busca de visitantes (nacionales y turistas)-consumidores. La historia implica sentidos que derivan en acontecimientos políticos que llevan a repensar el presente y replantear el futuro. Al poder económico no le interesa discutir el poder político, y menos en estos ámbitos donde la ciudadanía es totalmente opacada por la anestesia que inflige el consumo. Sarlo (1994) agrega:

 

[…] donde las instituciones y la esfera pública ya no pueden construir hitos que se piensen eternos, se erige un monumento que está basado precisamente en la velocidad del flujo mercantil [...] Las marcas y etiquetas que forman parte del paisaje del shopping reemplazan al elenco de viejos símbolos públicos o religiosos que han entrado en su ocaso (Sarlo, 1994:22 y 23).

 

 

El diseño interior coincide con la lógica de la velocidad de los espacios del flujo mercantil: todo está dispuesto para organizar el libre movimiento de los clientes. Los únicos lugares pensados para la permanencia (bancos o patios de comidas), deben ser contextualizados en función del descanso necesario para recuperar energías entre compra y compra  (Sebreli, 2003).

El mega-shopping o shopping-mundo (Figura 13) es la última generación de centros comerciales y de ocio. En él están concentrados los espacios de una micro-ciudad: tiendas, cines, museo, hotel, casino, “plaza de comidas” y parque de diversión. La aparición de esta mega estructura actúa a la manera de una aspiradora urbana, llevándose dentro de sí la vitalidad de la vida citadina. La interiorización de la vida urbana ocasiona, en concordancia, con Remedi (2001):

 

[…] todo tipo de vaciamientos, distorsiones y rupturas en la delicada trama de actividades, relaciones y servicios, “ecosistemas” y “micro-climas” de los que se nutre la calidad de la vida cotidiana, y que, de la misma manera que ocurre con los ecosistemas y microclimas naturales, también se empiezan a deteriorar y van tendiendo a desaparecer (Remedi, 2001:15).

 

 

 

 

 Figura 13: Piscina de un mega-shopping en Canadá (Skinner, 2005 

Más arriba insinuamos que el shopping mall formaba parte de un paradigma de ciudad relacionado con un estilo de vida adaptado al capitalismo neoliberal. Por lo tanto, “la ciudad va perdiendo su valor de uso en beneficio de su valor de cambio, deja de ser una obra a disfrutar para convertirse en una pista a recorrer, cuando no en un obstáculo a superar” (Rinesi, 1994:35). En este sentido, los espacios públicos tradicionales (el caso más emblemático es la plaza) comienzan a transitar una etapa de franca devaluación. Las plazas “dejan de ser un espacio de reunión para convertirse en la oportunidad de ‘acortar camino’ en nuestro impetuoso transitar por las calles, de casa al trabajo, o de un trabajo a otro” (Rinesi, 1994:36). Siguiendo con la línea de pensamiento de Rinesi (1994), la ciudad, o mejor dicho, los espacios públicos de la ciudad, que son (o eran) el alma máter, la razón de ser de los territorio urbanos, están siendo reemplazados por otros artefactos que intentan recrearlos, pero tratando de eliminar el diálogo, el debate, los conflictos, las asperezas. Culmina Rinesi (1994):

 

Una circunstancia anecdótica, pero expresiva, constituye la perfecta metáfora de lo que quiero decir, el mejor ejemplo de la dirección que toma esta tendencia, y nos reenvía a la cuestión de las plazas que terminábamos de plantear. Me refiero a la apropiación del nombre mismo, de la palabra “plaza”, tradicionalmente asociada a la definición de los espacios abiertos y públicos destinados a las actividades de usufructo de la ciudad, de puro derroche de tiempo libre, por parte de una galería comercial así denominada –La Plaza- en pleno centro de Buenos Aires. La Plaza: de consumo de lugar a lugar de consumo. De lugar donde estar a lugar por donde transitar: Se trata –repitamos- de una galería (movimiento, decíamos). De una galería comercial: Movimiento, entonces, y privatización. La Plaza: de nombre de un espacio público a razón social de una empresa privada […] La Plaza: De sede de los encuentros activos entre las personas a motivo de la pasiva fascinación con los productos exhibidos del otro lado de la vidriera (Rinesi, 1994:38 y 39).      

 

 

La ciudadanía, entonces, atraviesa rápidamente los espacios públicos de la ciudad (las calles, las plazas, los parques) para ir en busca del refugio y la prosperidad de las  “calles techadas” (galerías, shoppings, hipermercados, paseos de compras). La ciudad posmoderna erige territorios acordes a los intereses del mercado. La organización del espacio urbano ya no intenta contribuir a la expansión de los principios democráticos. El usufructo de la calle en beneficio del encuentro con la alteridad, con la diversidad, con las voces variopintas de la ciudad, es suplantado por enclaves privatizados que empobrecen con el discurso único de las mercancías las distintas opciones democráticas de la ciudad.

8. La ciudad cerrada

 

 

 

8.1. Antecedentes de las suburbanizaciones cerradas

 

 

 

La revolución industrial fue un acontecimiento que transformó profundamente la vida de las ciudades. El crecimiento urbano desordenado protagonizado por los trabajadores que migraban desde zonas rurales, habitando precarias viviendas en los alrededores de las factorías, han puesto al descubierto las calamitosas condiciones de vida de la sociedad industrial: epidemias, miseria, explotación, segregación urbana, contaminación ambiental, conflictos sociales.

El fehaciente deterioro de la ciudad industrial no tardó en ocasionar relevantes críticas y un gran sentimiento antiurbano. Rio Caldeira (2007) ha estudiado cómo dos visiones críticas de la urbe factoría: el modelo de ciudad-jardín junto a la arquitectura y al urbanismo modernista han sido (no deliberadamente) antecedentes relevantes (en algunos aspectos) de las nuevas urbanizaciones privadas: paradigmas de la destrucción de los espacios democráticos.

En un intento de superar los males de la ciudad industrial, Ebenezer Howard  prepone en el siglo XIX el modelo de la ciudad-jardín. En ellas se pretende compatibilizar los elementos de una vida urbana de mediana complejidad (a través de la cobertura de funciones básicas: residencia, trabajo y esparcimiento) con los de la vida rural (áreas verdes comunitarias que separan las distintas zonas funciones de baja densidad). A su vez, están planificadas desde una perspectiva totalizadora, que incluye la regulación pública y cooperativa del territorio, evitando la especulación y el uso del suelo no previsto por las autoridades gubernamentales (Rio Caldeira, 2007).

El patrón de ciudad ideado por Howard fue fuente de inspiración (aunque con profundas modificaciones) de las nuevas suburbanizaciones privadas. Del proyecto original todavía permanece en pie el rol preponderante de los espacios verdes, la baja densidad de la población y de la edificación y el imaginario de armonía entre el binomio ciudad-campo. Empero, la matriz fundadora de la ciudad-jardín pierde esencia ante la concepción privada del espacio. Los muros actúan como una doble barrera: en primer término, separaron el territorio con un uso exclusivo y excluyente. Y en segundo lugar, disminuyó el peso de la autoridad estatal en la regulación y ordenación del espacio como una totalidad integrada. 

De mismo modo, la arquitectura y la planificación modernista proponen una modificación del diseño de las edificaciones y de las ciudades industriales. Desde una perspectiva racional-socialista los seguidores del CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna fundado en 1928) han impulsado la utopía de una ciudad futurista igualitaria que elimine las dicotomías entre lo público y lo privado, a favor de un único dominio público tutelado por las instituciones del Estado. En este contexto, es imperioso dejar de lado el principio constituyente de la ciudad occidental: la tradicional calle corredor circundada por una edificación continua y un sistema de espacios públicos (calles, veredas y plazas) que la contiene. Para los urbanistas modernos la calle corredor es una fuente generadora de enfermedades y un obstáculo para el desarrollo del nuevo sistema de transporte automotor. De ahí, que el patrón urbano tradicional debe ser reemplazado por un sistema de edificaciones monumentales aisladas rodeadas por vías rápidas de comunicación que unan las distintas zonas funcionales (residencia, trabajo, administración y recreación) (Holston, 2008).

La influencia del urbanismo modernista fue palpable en muchas ciudades occidentales, pero su máxima expresión estuvo representada en la creación ex nihilo de Brasilia y en las típicas urbes planificadas de la Unión Soviética. En sistemas capitalistas como el de Brasil y otros Estados de occidente, la destrucción de la calle como lugar público propiciador de la interacción de las diferentes clases sociales, privilegiando su uso funcional para el tráfico de vehículos, sumado al encapsulamiento de los centros comerciales y a los grandes espacios verdes que aíslan y no integran los distintos usos del suelo urbano, han dado como resultado paradójico[12] una desigualdad socioespacial mucho más explicita. Podríamos decir, entonces, que tanto en las intervenciones urbanas modernistas como en las suburbanizaciones privadas, existe un debilitamiento de la calle como espacio público que incentiva el encuentro espontáneo entre diferentes (Rio Caldeira, 2007). Sin embargo, en las suburbanizaciones cerradas la idea fundamental consiste en crear un solo dominio o ambiente privado que, en la medida de lo posible, reemplace a la mayoría las funciones del ámbito público o estatal.

Asimismo, la arquitectura modernista propuso, en concordancia con la ideología del CIAM de eliminar los espacios privados, el uso de la fachada de vidrio en sus edificaciones. Por otra parte, el predominio de las figuras geométricas euclidianas minimalistas, sugieren una estética funcional-racionalista (despojada de ornamentos) del hábitat construido. En la actualidad, el estilo de edificación modernista está de moda entre los sectores medio altos y altos de las ciudades latinoamericanas. Es un símbolo de status que se puede observar tanto en las construcciones de las urbanizaciones cerradas como en los barrios opulentos de la ciudad abierta[13] (Figura 14).  

 

 

 

Figura 14: Casa estilo racionalista (Banfield) (Fotografía: Romano, 2008)

 

 

Los grandes ventanales sin persianas ni rejas que caracterizan a las viviendas de los barrios privados buscan, al igual que la arquitectura modernista, que la transparencia del uso del vidrio borre los límites entre lo público y lo privado. Pero a diferencia de la idea original, en los barrios cerrados, solo los miembros de la comunidad amurallada participan del auge de lo público, que a su vez es privado. Es la lógica de los hogares-vidrieras. “Las casas se hacen para exhibir y también, por qué no, para exhibirse. Que no haya dudas de los resultados del gimnasio, de las cirugías estéticas, que todos sepan que uno es feliz [...] Porque, en definitiva, el público, es un público privado” (Castelo, 2007:45).

De ahí la forma abierta e integrativa del diseño arquitectónico (no hay construcciones que separan una casa de la otra, se delimitan con arbustos o plantas que no desentonan con el entorno); los grandes ventanales de paño fijo que intentan establecer un clima de intimidad a puertas abiertas; la fastuosidad de las viviendas (la casa como escaparate) y la falta de garaje cerrado (Figura 15) (el automóvil constituye junto con las estatuas, las plantas y las fuentes, otro elemento ornamental y de status).

 

 

 Figura 15: Casa estilo country (Ezeiza) (Fotografía: Romano, 2008)

 

 

A partir de lo que Sennett (1976) llamó el “mito de purificación comunitaria”, lo público y el público en las urbanizaciones cerradas pertenece al mismo tiempo al ámbito privado. La huida de la ciudad abierta es funcional a la puesta en práctica de aquel mito: un espacio homogéneo social y estético, basado en rituales de pureza comunitaria a partir del intimismo y la emergencia de un urbanismo de afinidad (Donzelot, 1999).

En estos condominios residenciales es frecuente la confusión entre los espacios públicos y privados: por ejemplo, los jardines de las casas con vista hacia las canchas de golf no poseen un límite perceptible. Por otra parte, es habitual observar a los niños y adolescentes jugar y deambular entre los terrenos de las viviendas del barrio. De igual forma, como expresa Rojas (2007), los niños que concurren a los colegios en los mismos barrios privados, prologan los comportamientos domésticos y/o del club al ámbito escolar.

En las comunidades “purificadas” (toda la gente es como uno) se tiende a eliminar, o mejor dicho a ocultar, todo tipo de conflicto o diferencia entre los residentes de los barrios. Es evidente, que no consideran a la pluralidad de opinión y a la disidencia como una forma de llegar al consenso, tan necesario para la convivencia en una urbe pública y democrática.

Arizaga (1999) reconoce que la “comunidad aséptica” se difunde fuera del barrio privado a partir de distintos dispositivos de aislamiento que restringen ampliamente las interacciones personales fortuitas y democráticas. Entre ellos destacamos: la circulación en medios de transportes frecuentados, en la mayoría de los casos, por la clase media (automóviles particulares, remises, combis y charters); el uso de autopistas (que atraviesan la ciudad en una especie de túnel a cielo abierto, sin tener la necesidad de frenar la marcha en ninguna esquina del espacio público) y la concurrencia a territorios encapsulados (clubes exclusivos o grandes centros comerciales: hipermercados y shoppings).

La relación entre los de “adentro” y los de “afuera”, se reduce entonces, a contactos específicos de necesidades mutuas. Como en general la comunicación que se establece permanece dentro de un contexto laboral, ya pasa a ser vertical y jerarquizada, dejando de ser como en otros ámbitos, más horizontal e igualitaria.

 

 

 

 

 

 

 

8.2. “Estilo de vida country

 

 

 

Los cambios sociales y económicos efectuados en la Argentina durante la década del noventa, han repercutido fuertemente, sobre la estructura socioeconómica de amplios sectores de la población que habitan en el Aglomerado Gran Buenos Aires. La economía aperturista y globalizada acentuó el proceso de mejoramiento de la clase alta y de los sectores superiores de la clase media, e intensificó el empobrecimiento de las clases bajas y los sectores inferiores de la clase media. La novedosa fractura de la clase media muestra el derrumbe de las franjas sociales menos calificadas y especializadas.

Los sectores minoritarios pertenecientes a la clase alta y a los estratos superiores de la clase media, beneficiados por aquellas transformaciones, conforman la base de la demanda del submercado inmobiliario dirigido a las distintas tipologías de urbanizaciones privadas.

Con “estilo de vida country” intentaremos describir y explicar una forma particular de vida, vinculada con las pautas culturales practicadas por los subgrupos sociales que habitan en las diferentes urbanizaciones privadas.

Este modo distintivo de comportamiento, no solo se observa en la elección del consumo de ciertos bienes y servicios (recomendados, por ejemplo, en la Feria de Decoración y Paisajismo: “Estilo Pilar”) (Arizaga, 1999), sino también en la manera especial de relacionarse dentro del grupo social y familiar. A partir de ello, se podrá descubrir el significado cultural que este sector de la población, le otorga a una actitud, a un objeto o a un valor. Por ejemplo, en cuanto a la organización doméstica, Lacarrieu (2002) comenta:

 

La idea de familia que prima, es la de la “familia Ingalls”, tan perfecta como un cuento de hadas y como un relato infantil tipo “Heidi” […] La importancia del parentesco familiar suele visualizarse ampliamente, tanto porque suelen mudarse varios miembros al mismo barrio, en un sentido similar a cuando el inmigrante italiano iba construyendo su casa y la de sus hijos el fondo –en este sentido, hay un retorno de la familia ampliada en el mismo barrio y/u hogar-; también porque la “familia normal”, la tipo, la legitimada como “familia monogámica occidental”, conformada prioritariamente por dos padres y dos hijos, suele ser revalorizada. En este sentido, la vuelta a la familia es un regreso a otro “valor tradicional”, en el que no se admiten conflictos internos sino equilibrio y funcionalidad. Es de destacar que con el objeto de reforzar el equilibrio, se retorna también al rol que tradicionalmente cumplía cada miembro de la familia: así los hombres salen a trabajar y hasta llegan a tener un pied a terre en el centro, donde pueden pasar la semana y regresar el fin de semana, mientras las mujeres suelen no trabajar, desarrollando un conocimiento local experto como fruto de llevar los hijos a la escuela y a casa de amigos, que también son de estos barrios, y de relacionarse en el vecindario con amigas con las que se reúnen. Resulta interesante observar reuniones familiares o sociales, donde los hombres se juntan y se separan de las mujeres que cuchichean verbosamente. La familia así es una célula funcional y no conflictiva (Lacarrieu, 2002:203).

 

 

En estas comunidades cerradas se intenta crear una sociedad normalizada, sin imperfecciones y conflictos, que abarque desde las familias hasta los barrios. Tanto las familias como los barrios disfuncionales no encuentran cabida en los paradigmas ortodoxos (etimológicamente, del griego orthós –correcto- y dóxa –opinión-, esto es, la opinión recta y verdadera), en que se basan las urbanizaciones privadas. El orden, la moral, las leyes, la virtud, permanecen preservadas en el “último refugio” (puertas adentro).

Siguiendo con las singularidades del “estilo de vida country”, observamos el “culto a la naturaleza” (se trata de reproducir un ambiente bucólico); la práctica de deportes terrestres (polo, equitación, golf, tenis, fútbol y natación en piscina), acuáticos[14] (wakeboard, windsurf, jet sky, etc.) y aéreos (parapente, globo aerostático, paracaidismo, aviación deportiva); la celebración de la oktoberfest, Halloween, San Patricio, San Valentín; la institución del happy hour los días viernes y el nombre de la urbanización; no hacen más que reforzar el sentimiento de pertenencia y de clase de aquellas comunidades.

También, el diseño interior de los barrios cerrados guarda íntima relación con el “estilo de vida” de los residentes. Piñeiro (2005) en Las viudas de los jueves hace referencia a la traza del country La Cascada:

 

Las calles tienen nombre de pájaros. Golondrina, Batibú, Mirlo. No guardan un trazado lineal típico. Abundan los cul-de-sac, calles sin salida que terminan en una pequeña rotonda parquizada. Una especie de callejón más cotizado que el resto por ser menos transitado. Todos quisiéramos vivir en un cul-de-sac. En un barrio no cerrado, un callejón así desvelaría el sueño de quien lo tuviera que transitar, sobre todo de noche; temería ser asaltado, emboscado. En La Cascada no, no sería posible, uno puede caminar a la hora que sea, por donde sea, absolutamente tranquilo porque nada puede pasarle. No hay veredas. La gente va en auto, moto cuatriciclo, bicicleta, carro de golf, scooter o rollers. Y si camina, camina por la calzada. En general, cualquier persona caminando que no lleve equipo de entrenamiento es empleada doméstica o jardinero (Piñeiro, 2005:27).

 

 

La percepción y el uso del espacio cotidiano en estos territorios privados marcan una diferencia tajante con la ciudad abierta. Por ejemplo, no hay temores en caminar de noche por cualquier tipo de calles. Lo que sucede, es que el los countries (al igual que los shoppings) la noche transita por los mismos tiempos serenos que el día. Pues, las calles de los barrios cerrados (y la de los shoppings) forman parte del esquema de una geografía interior, desvinculada de los peligros del espacio exterior. Por otro lado, las características de los desplazamientos permiten otra manera de discriminar a los vecinos de los empleados.

Se logra percibir como característica distintiva de sus residentes, la práctica de una cultura hedonista, que se evidencia en la fuerte relación que existe entre la fruición y el consumo, tanto de bienes y servicios como del propio espacio. Cuando alguien decide residir en algún tipo de suburbanización cerrada, no solo compra un lote o una vivienda sino también todo lo que un country implica. El registro simbólico: estilo de vida, nuevos valores, status, etc., pasa a ser tanto o más importante que la mera operación inmobiliaria.  

 

 

 

8.3. Los “barrios-piquete”

 

 

 

La dualización de las ciudades posmodernas alcanza su máxima expresión con la consolidación de las urbanizaciones cerradas y las villas de emergencia. Los dos extremos de la escala socioespacial, aunque a simple vista sean tan disímiles, poseen varios aspectos importantes en común.  En primer término, tanto  las villas miseria de las décadas de 1940, 1950 y 1960, como los nuevos procesos suburbanos de las décadas de 1980 y 1990, se materializaron en un clima de verdadero laissez-faire territorial, sin mayores restricciones y planes en lo que respecta al control del desarrollo metropolitano. El impulso de la carencia y el dinamismo del mercado impulsaron y desarrollaron, respectivamente, estos dos fenómenos.

En segundo lugar, el cercado de las calles es otra coincidencia significativa. La utilización de los espacios de circulación (calles y/o pasillos) de manera privada, excluye del usufructo de los mismos al resto de los habitantes de la ciudad abierta, y también implica, en la mayoría de las veces, el tener que emprender una serie de desvíos para tratar de esquivar dichos asentamientos, que actúan a la manera de tapón o “piquete” que impiden el acceso directo a paradas de colectivos y a vías de circulación principales y secundarias. “Countries y villas obstruyen circulaciones actuales o posibles, pero mientras unos se escudan en que son propietarios los otros no tienen excusas; son apropiadores en sentido lato. En un polo hay autoexclusión calificada; en el otro, desangelada” (Díaz, 2010:31).

En tercer término, las suburbanizaciones privadas y las villas miseria han perdido una de las cualidades fundamentales de la ciudad: la posibilidad de encuentro espontáneo. Por distintos motivos (entrada vigilada, inseguridad, difícil acceso, etc.), es muy poco probable que en aquellos espacios encerrados se pueda circular libremente. Díaz (2010) asevera:

 

En la Modernidad madura las comunidades occidentales se regían por la vigilancia con el objetivo de castigar a los infractores, es decir, a quienes no se avenían a la normalidad. Se trataba de sociedades disciplinarias. Para mediados del siglo XX se intensificó el panoptismo de modo que la cantidad devino calidad. Surgieron entonces las sociedades de control, cuyo objetivo no se limita al posible castigo del otro, se hace extensivo a la seguridad propia. Dominar la potencial peligrosidad era uno de los objetivos del encierro como práctica instituida por los aparatos de poder. En los siglos XVII y XVIII se encerraba a los anormales para sacarlos de la vía pública y tenerlos vigilados. En nuestro tiempo existe autoencierro de personas y de familias con alto poder adquisitivo y de otras que carecen de ese poder: unas lo hacen para controlar su entorno y optimizar el placer de la existencia, las otras simplemente para sobrevivir (Díaz, 2010:14 y 15).  

 

 

El autoencierro deliberado o por necesidad destruye los vasos comunicantes de la ciudad pública y democrática. Entonces, los polos de la alteridad (los pobres que residen en las villas de emergencia y los ricos que viven en los barrios privados) que casi no tienen contacto en el espacio real pero si en el territorio virtual (donde la realidad es deliberadamente fragmentada y exagerada) sufren prejuicios mutuos. En consecuencia, no hay habitantes de barrios precarios u opulentos, solo “villeros” y “chetos”, los residentes se despersonalizan, se deshumanizan, se cosifican, allanando el camino para la discriminación y el odio recíproco.

En cuarto lugar, los pasillos enmarañados de las villas son análogos a las calles laberínticas de las suburbanizaciones privadas. En ambos casos, el que no conoce el “mapa secreto” de orientación es poco factible que una vez que haya ingresado pueda salir por sus propios medios (Carman, 2011:209).

En quinto término, los delegados de las villas de emergencia (autoridades internas) cumplen similar tarea que los intendentes y la junta directiva de los countries.

En sexto lugar, los representantes vecinales de los asentamientos precarios también ejercen la función de vigiladores al igual que los guardias de seguridad de las suburbanizaciones cerradas, permitiendo o vedando la entrada al predio.

En séptimo término, las dos urbanizaciones procuran autoabastecerse de la mayor cantidad de servicios para tratar de salir lo menos posible a la ciudad abierta. Entre ellos, podríamos mencionar a los establecimientos educativos, religiosos y de salud, a los locales expendedores de alimentos, a los centros deportivos y culturales, a los “proveedores de drogas” (Díaz, 2010:31), etc.

Por último, los guetos ricos y pobres esparcidos espacialmente en los distintos distritos urbanos permanecen desintegrados del entorno global. Están “‘entre paréntesis’, como suspendidos en un repliegue poblacional” (Díaz, 2010:37). Ocupan un territorio que no pertenece plenamente a la ciudad abierta, hasta sus nombres están desvinculados de la toponimia barrial: Villa 1-11-14, Villa 31, Ciudad Oculta, Village Country Club, Tortugas Country Club, Boca Raton Country Club, etc. Son trozos del territorio que se separan del resto de la ciudad, aunque por diferentes motivaciones, para poder sobrevivir fuera de ella. La ciudad pública ya no es capaz de satisfacer las demandas de los polos opuestos de la sociedad. La expulsión para unos y la autoexclusión para otros, demuestra el fracaso de la condición urbana posmoderna.   

Las urbanizaciones privadas y las villas de emergencia son emergentes socioespaciales de las prácticas políticas de los sucesivos gobiernos, que en los últimos años (década de 1990) estuvieron vinculadas con la “ética neoliberal” del “sálvese quien pueda” y, en la actualidad, con la debilidad ante los poderes fácticos.

En definitiva, consideramos que es necesario desarrollar un proceso de reurbanización tanto de las villas de emergencia como de los barrios cerrados. De acuerdo con Alomar (1981), el concepto de ciudad engloba tres sentidos clásicos, el de urbs (sentido material opuesto al campo), el de civitas (comunidad humana, complejo orgánico de grupos sociales e instituciones), y el de polis (sentido político).  Entonces, descubrimos que aquellas urbanizaciones no cumplen con dos requisitos: el de civitas (debilitamiento de los encuentros abiertos y espontáneos) y el de polis (“privatización” de los poderes públicos). En sentido estricto, no deberían llamarse urbanizaciones, ya que niegan dos principios básicos de la urbanidad. Los “barrios-piquete”, forman parte de la “no-ciudad”, son espacios que se desarrollan ensimismados, que no fomentan la relación entre los diferentes grupos humanos y, tampoco (en la mayoría de los casos), la resolución democrática de las tensiones y conflictos. El verbo urbanizar fue tradicionalmente vinculado a la urgencia de dotar de infraestructura urbana a los asentamientos precarios, pero casi nunca fue relacionado con los barrios cerrados. Pareciera ser que la autogestión de la infraestructura de servicios en los barrios privados otorgara plenos derechos para separarse del resto del aglomerado urbano. El desgarramiento de la ciudad por efecto de los guetos de pobreza y de riqueza debería ser contemplado con el mismo criterio: la falta de urbanidad, la negación de la ciudad abierta y democrática. Empero, siempre teniendo en cuenta, que los enclaves de pobrezas son involuntarios mientras que los de riqueza responden al libre albedrío. Por lo tanto, la actitud del gobierno frente a la apertura de ambos debería ser totalmente distinta. En el primer caso (las villas de emergencia), el Estado es responsable de la expansión de los derechos sociales de sus habitantes, y en el segundo (los barrios cerrados) el gobierno tendría que garantizar la libre circulación y disposición del espacio público a todos los habitantes de la ciudad.

 

 

 

8.4. ¿Una vuelta a la Edad Media?

 

 

 

Por su situación de aislamiento y por sus ostentosas viviendas, Silva (1992) asemeja a los barrios cerrados con los antiguos castillos de las ciudades medievales. Donde la fosa perimetral estaría representada por el espejo de agua circundante, las torres de vigilancia por las garitas de seguridad privada y el puente elevadizo por la única entrada disponible. El country San Eliseo (Figura 16) ubicado en el partido bonaerense de San Vicente personifica sin eufemismos la construcción de una fortaleza medieval al estilo de la descripción de Silva.

 

 

 

Figura 16: Entrada del country San Eliseo (San Vicente)

(Fotografía: www.saneliseo.com, 2012).

 

 

Empero, a pesar de cierta analogía en cuanto a la arquitectónica, al diseño del paisaje, a la situación de aislamiento y la frecuente confusión de los espacios públicos y privados entre los barrios privados y las ciudades medievales; existen algunas circunstancias del entorno medieval que no son totalmente compatibles con el contexto urbano posmoderno.  

Un aspecto paradigmático de las ciudades medievales es la escasez de espacios abiertos. Brailovsky (2006) nos acerca algunas causas:

 

Hay una razón histórica y militar para esto. La Edad Media es época de guerras y depredaciones. Por detrás del horizonte, la amenaza de los turcos o de los cruzados, según de qué lado estemos. Pero aquí nomás, el señor feudal de al lado, o el sultán de detrás de la otra colina, saqueará a los infieles solo si los tiene a mano. En caso contrario, atacará a sus vecinos, los que tendrán que rodearse de torres y murallas (Brailovsky, 2006:24).

 

 

Los mecanismos de defensa de la ciudad medieval están justificados por las continuas amenazas de invasiones externas e internas. Pero, si indagamos sobre las razones de las murallas de la ciudad contemporánea, no existe un peligro real de invasiones, y mucho menos externas. En realidad, la motivación que en este caso predomina es la intención de vivir separado y aislado de los otros sectores sociales de menores recursos. El tema principal es no tener la necesidad de compartir, ni siquiera, los espacios comunes de la ciudad. En el fondo, prevalece la ideología que considera que solo se puede usufructuar los espacios que uno sostiene con sus aportes. No hay una visión solidaria del territorio y de los servicios públicos. La idea que prima es la privatista: solo se usa lo que uno paga directamente. Se destruye la noción de sociedad, de colectividad, la ciudad amurallada está conformada exclusivamente por los familiares y los amigos íntimos. El resto de las personas que no forman parte de ese grupo íntimo de pertenencia no tienen derecho al disfrute de la “ciudad abreviada”.

Por otra parte, la ciudad amurallada medieval apostaba al desarrollo del espacio público teniendo en cuenta el interés por el bien común. “Dentro de sus recintos, considerados como verdaderas ‘islas de paz’, existía conciencia de libertad y comunidad. La convivencia armoniosa entre los diferentes estamentos sociales era un ideal compartidos por todos” (Lemos y otros, 2002:218). Brailovsky (2006) agrega:

 

 La ciudad medieval, lugar de comunicación e intercambios de todo tipo, [era] sobre todo, una comunidad que [hallaba] su dimensión en los espacios públicos, en los lugares de encuentro, los más importantes de los cuales [eran] la catedral y la plaza. (Brailovsky, 2006:24).

 

 

Además, la ciudad extramuros (en búsqueda de seguridad y protección) se expandía a su alrededor (de ahí que la mayoría de las veces era redonda), creciendo al calor de las murallas. En la actualidad, los residentes de las aglomeraciones privadas también pregonan la convivencia armoniosa, pero no entre las diferentes clases sociales sino entre los miembros de un mismo sector social: el más acomodado. La catedral y la plaza del barrio cerrado están concentradas en el clubhouse: punto clave de encuentro con salones acondicionados para reuniones, fiestas, práctica de deportivas y patio de comidas. “El espacio público de los barrios cerrados, que no es en realidad más que un espacio común, está además estrictamente cuidado, reglamentado y controlado” (Thuillier, 2005a:11).

En las ciudades medievales se consideraba que las calles y las plazas dependían de los poderes municipales o reales. Empero, también, no se desconocían los procedimientos de privatización, mediante una indemnización, por motivos de interés general (Duby, 1990). En este sentido, Brailovsky (2006) comenta:

Con frecuencia, esas apropiaciones eran convalidadas por la autoridad. En 1437, el rey Carlos VII de Francia entrega a un particular una callejuela de Paris para que pase a formar parte de su patrimonio […] La contracara de esa privatización del espacio público [era], en la mayoría de los casos, el aporte particular al mejoramiento de la ciudad. Que una empresa privada done hoy a su ciudad un edificio o un puente es improbable. Más improbable aun es que se preocupe por la estética urbana, teniendo en cuenta los adefesios que se construyen por razones de rentabilidad, pero tal era la actitud de muchos mercaderes medievales hacia la ciudad que sentían como propia (Brailovsky, 2006:25).

 

 

Durante toda la Edad Media el amor de los mercaderes a su ciudad se manifestó sobre todo en el cuidado que pusieron en embellecerla (Le Goff, 1966). Si Lo comparemos con la construcción puertas adentro del barrio privado, para el deleite de sus exclusivos resientes, la diferencia es enorme. Tal vez, si finalmente se aplica la ley de Promoción del Hábitat Popular (analizado en el apartado La ciudad moderna vs la ciudad global) impulsada por la Legislatura de la provincia de Buenos Aires (donde se obliga a las urbanizaciones privadas a donar a los municipios el 10% de sus predios en otro lugar o su equivalente en dinero), sería una herramienta parecida a la filantropía de los mercaderes de la Edad Media, pero en este caso, obligada por el Estado provincial.

Por último, en el mundo medieval asistimos a la huida de la sujeción del orden feudal a través de la instalación (de burgueses y clases no privilegiadas) en algunas de las flamantes ciudades amuralladas, y en menor medida, hacia el confinamiento en una orden monacal: en este caso “era una tentación vigorosa para quienes sentían profundamente el llamado del evangelio y para quienes sufrían más allá de sus fuerzas los embates de una vida dura” (Romero, 1956:167). Romero (1956) señala:

 

[…] el retito del mundo (monacal) no fue […] sino una forma excepcional de vida en el mundo occidental. Con todas las amarguras, aún para las clases no privilegiadas, seguía teniendo encanto la existencia, sobre todo si se lograba escapar a la estrecha sujeción del orden feudal instalándose en alguna de las muchas ciudades que empezaron a florecer desde el siglo XII. La ciudad empezó a ofrecer posibilidades insospechadas para el artesano o para el que buscaba el ejercicio del comercio. Allí, pese a los prejuicios que pesaba en otros ámbitos, el problema del origen tenía escasa importancia, y muy pronto empezó a imponerse el principio de que cada cual es hijo de sus obras. Con el esfuerzo personal se lograba alcanzar cierta posición económica, y según esa medida se medía la posición de cada uno. Era una posibilidad de ascenso social al alcance de la mano, que aunque reconocía como límite la presión de las clases privilegiadas, satisfacía a quienes tenían todavía fresco en la memoria el recuerdo de la sujeción con que se vivía en los medios rurales. Había allí hasta la posibilidad de escapar a la dominación señorial, si el rey otorgaba a la ciudad las cartas o fueros comunales. Muy pronto esa esperanza se fue convirtiendo en realidad desde el siglo XII, y aunque la burguesía, debió pagar crecidas cantidades por la menguada libertad que se le otorgaba, el cambio era siempre sumamente favorable si se compara la situación y las posibilidades que ahora se le ofrecían con las que antes había tenido en el seno de los señoríos feudales (Romero, 1956:168 y 169).

 

Hoy en día, en cambio, presenciamos con el amurallamiento de los barrios opulentos, la huida voluntaria de la ciudad pública por parte de los sectores sociales más favorecidos. Es el proceso inverso de lo sucedido en tiempos medievales: la gente se escapaba del campo pero para refugiarse en las ciudades. Ahora se huye de la ciudad pública para refugiarse en una “ciudad” privada dentro del mismo conglomerado urbano. No cabe duda, que el fenómeno antedicho es una mácula para la historia democrática de las ciudades.

 

 

8.5. ¿La Utopía renacentista?

 

 

 

En 1516 Tomás Moro publica Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía, en el cual relata, en la primera parte, una crítica a la sociedad inglesa de su época y, en la segunda sección, consta de la descripción de la isla imaginaria Utopía realizada a través del personaje de un explorador, Raphael Hythloday, que Moro presenta como un integrante de la tripulación de Vespucio que se separó durante el viaje junto a otros tripulantes y que vivió cinco años en la comunidad ideal de Utopía. En la isla relató un orden social que garantizaba el bienestar y la felicidad para todos los habitantes. 

Los estudiosos de la obra de Moro le atribuyen dos orígenes, ambos del griego, al vocablo utopía. Uno es “u” como contracción de ou, que significa "no" y el otro eu, que significa "bueno". En los dos casos, el prefijo se complementa con la palabra topos, que se traduce como "lugar".

El texto de Moro dio origen a un nuevo género literario, las utopías renacentistas, que a pesar de algunas diferencias coyunturales compartían una estructura fundamental. Ainsa (1999) las analiza desde a través de un modelo compartido:

a) la insularidad y el aislamiento de estas sociedades ideales, en tanto están por lo general ubicadas en islas, en valles o selvas inaccesibles, o en altas montañas que ayudan a preservar su pureza; b) la autarquía de estas sociedades como consecuencia de su insularidad, con un mínimo de contactos con el exterior, en especial los económicos; c) la reglamentación de todos los aspectos de la vida individual y colectiva, del trabajo y del ocio, dentro un sistema rígido establecido de una vez y para siempre para resolver todos los problemas de la sociedad y del Estado […]; d) la uniformidad y repetición de la organización social y física, indicada por Moro (1999:85) en su pasaje: “Quien haya visto una de las poblaciones de la isla, puede decir que las ha visto todas”; e) la acronía, es decir, la ausencia de la dimensión histórica en tanto no incluyen el proceso que lleva a la constitución de las sociedades, ni admiten cambios ni evolución alguna en su interior. Por lo tanto, las utopías clásicas renacentistas no tienen ni pasado ni futuro; f) otro de los rasgos característicos de las utopías es la descripción del aspecto físico: las formas y los espacios de las sociedades ideales. Todas diseñan con mayor o menor detalle el plan urbanístico de las ciudades ideales que contienen a las sociedades alternativas. Por más social o económica o religiosa o científicamente orientada que sea la utopía, siempre tiene algún diseño de la dimensión espacial; g) por último, las utopías tempranas modernas colocan a la sociedad ideal en la tierra, no en el cielo, y reconocen la capacidad del hombre para trabajar en pos de su mejoramiento […] (Ainsa, 1999:22-25).

 

 

Jaramillo (2012:351) comenta que “la mayoría de ellos [escritores utópicos] no se plantearon darle un topos o un lugar a sus utopías. Ubicaban sus fantásticos ‘no lugares’ en un ‘lugar inexistente’, en un espacio y tiempo ideal. Por esa razón, no tendrían sus utopías un valor político”. A diferencia de las utopías renacentistas, las utopías del siglo XIX (por ejemplo el socialismo) fueron instrumentadas en un espacio real y determinadas por un tiempo presente anclado en el (progreso) futuro (Gutman, 2011). Por otra parte, a pesar de estar circunscriptas coyunturalmente a un territorio determinado todas desplegaban intenciones universalistas.

Teniendo en cuenta las características de las utopías renacentistas podríamos trazar un paralelo con la utopía posmoderna de los barrios privados. Ambas utopías poseen en común la situación de aislamiento, la pretensión de autonomía, la existencia de una estricta reglamentación interna, la reiteración de los modelos urbanísticos y arquitectónicos, la vida congelada en un presente continuo y prefecto, la obsesión por el diseño del territorio y la percepción inmanente de la existencia.

Lipovetsky (2011:13) expresa que “la última utopía de nuestra era hipermoderna es la seguridad”. En este sentido, la amplificación non sancta del miedo, sumada a la declinación de los grandes relatos del siglo XIX, lograron privatizar el sentido emancipador de la utopía.

 Por otra parte, “las medidas de seguridad nunca son suficientes. Una vez que se da inicio al trazado y la fortificación de las fronteras, ya no hay manera de detenerse” (Bauman, 2012:12). En realidad, mientras el miedo sea la base de sustentación del sistema socioeconómico, la seguridad seguirá siendo un pingüe negocio y una ilusión inalcanzable.

La paranoia de la inseguridad forma parte de la experiencia cotidiana. Al respecto, Bauman (2012) expresa:

 

Vivimos en la época de los teléfonos celulares (por no mencionar MySpace, Facebook y Twitter): los amigos pueden intercambiarse mensajes en lugar de visitas; toda la gente que conocemos está constantemente “en línea” y en condiciones de informarnos por adelantado sobre sus intenciones de darse una vuelta por casa, de modo que un súbito golpe en la puerta o un timbrazo que suena sin previo aviso son eventos extraordinarios, es decir, potenciales peligros (Bauman, 2012:12).

 

 

Todo lo que permanece fuera de lo programado, lo controlado, lo vigilado, lo conocido, pasa a ser potencialmente peligroso. De acuerdo con esta filosofía urbana, es poco probable que sobrevivan las ciudades abiertas, que proponían desde sus espacios públicos la expansión del horizonte de integración y progreso de las personas que la frecuentaban. La desconfianza se ha apropiado del espacio público. Rep (2012) (Figura 17) lo grafica con maestría:

 

 

 

  Figura 17: “Monumento al rabillo del ojo” (Fuente: Página 12, 02/06/2012:36).

 

 

Otro dibujo publicado en la revista El Hogar en 1919 (Figura 18) (citado en Gutman, 2011:217) es bastante revelador sobre los cambios socioculturales acaecidos en la ciudad de Buenos Aires. En aquella época se imaginaba que la urbe porteña iba a estar vigilada por modernos dispositivos de control. Dicha predicción fue acertada en lo referente a la acción de controlar, pero no pudo predecir con exactitud la respuesta de los ciudadanos. En el dibujo de 1919, observamos que la reacción de las personas ante la vigilancia fue el pánico. En cambio, en la actualidad, nos atrevemos a decir que la mayoría de las personas alientan las acciones de vigilancia y control. El esquema es interesante para demostrar cómo ante un mismo hecho la respuesta puede ser el pánico (en 1919) o la sensación de seguridad (en la actualidad). Hoy en día, la población se siente más segura si el espacio público está vigilado. En el conurbano bonaerense proliferan las garitas, las cámaras y las patrullas de gendarmería y de los municipios que refuerzan a la policía de la provincia de Buenos Aires. Pareciera ser que los modelos de referencia se han invertido: en las décadas del sesenta y setenta la plaza de la ciudad pública era el arquetipo imitado por los flamantes shoppings malls, en la actualidad, los referentes de la ciudad privatizada (los barrios cerrados y los grandes centros comerciales) difunden sus dispositivos de seguridad a la ciudad pública.

 

 

 

  Figura 18: “Pánico. El globo de la observación” (Fuente: El Hogar, 25/07/1919).

 

 

8.6. Los megaemprendimientos

 

 

 

Los últimos emprendimientos del siglo XX mostraron un salto tanto cualitativo como cuantitativo, pasando del barrio cerrado a la “miniciudad”, que se diferencia de los anteriores por una oferta de servicios más compleja y por su mayor envergadura. Un dato importante para tener en cuenta, es que en las “ciudades privadas” las fuerzas orientadoras (los fundadores, si se quiere) no apuntan a las actividades productivas, sino a la especulación inmobiliaria y a las actividades relacionadas con el comercio y los servicios. Ya nacieron, definitivamente, como ciudades posmodernas (en lo cultural) y posindustriales (en lo económico).

Entre las ofertas más destacadas se encuentra Nordelta en la porción continental del partido de Tigre. El poder ejecutivo de la provincia de Buenos Aires por medio del Decreto Nº 1736/92 (Nuevo Núcleo Urbano), aprueba el proyecto Nordelta conformado por 1.600 hectáreas. El megaemprendimiento consta de 13 barrios cerrados (Figura 19), tres colegios privados, un centro comercial (Figura 20) de 12.000 m² (con un supermercado y más de 60 locales), un polo gastronómico, un banco privado, una estación de servicios (con cajero automático), un centro médico de alta tecnología y un área deportiva: con un club polideportivo (Figura 21), un club de golf, un club de fútbol y una guardería naval (además, la mayoría de los barrios cuenta con un club house con canchas de tenis, fútbol y piscina).

 

 

 

Figura 19: Barrio La Alameda (Fuente: wwwurbanización.com).

 

 

 

 

 

Figura 20: Centro comercial (Fuente: www.elcomercioonline.com.ar).

 

 

 

 

Figura 21: Club Nordelta (Fuente: www.nordelta.com).

 

 

De acuerdo con el Decreto Nº 1736/92 el proyecto implica el aprovechamiento de tierras en un área declarada “desierta” según datos del censo último. Por lo tanto, se autoriza al Municipio de Tigre a incorporar al Código de zonificación del Partido la modificación del uso del suelo que permite la edificación del emprendimiento.

 No dejaremos pasar por alto la calificación de área “desierta”, porque consideramos que es fundamental para contextualizar su impronta filosófica-conceptual. Al respecto, Grüner (2011) argumenta:

 

El desierto es una suerte de fantasma que obsesiona al pensamiento occidental al menos desde Aristóteles. Para Montesquieu el desierto es el asiento natural del despotismo, mientras el valle poblado lo es de la democracia. Eso se prolonga en nuestra “campaña del desierto” y en Sarmiento, donde el desierto es el escenario de la “barbarie” quiroguiana. Y para Borges el desierto es el peor de los laberintos: el de la línea recta, que solo permite el espejismo de una salida por el inalcanzable horizonte. A todos estos sentidos ominosos se opone la civilización urbana […] (Grüner, 2011:11).

 

 

Cuando se habla del desierto demográfico de la zona en cuestión, no se hace referencia que el área estaba ocupada por un humedal. Según la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, los humedales son ambientes de gran importancia ecológica. Entre sus funciones podríamos destacar la recarga de acuíferos, la mitigación de inundaciones y el sustento ecológico para una amplia diversidad biológica. Durante mucho tiempo fueron considerados territorios marginales que debían ser recuperados para el uso agrícola o urbano. Se estima que en los Estados Unidos se perdieron más de un 50% (87 millones de hectáreas) de sus humedales originales. Por ejemplo, en la península de La Florida fueron “recuperados” extensos humedales para el desarrollo de barrios privados. La modificación del uso del suelo implica la “civilización” de la naturaleza, y más aún, si se realiza a través de la construcción de paraísos artificiales.

El 10 de junio de 2003 el Concejo Deliberante de Tigre declaró “localidad” al emprendimiento urbano Nordelta. De esta forma Nordelta pasó ser parte integrante de una de las once localidades del Partido de Tigre. Vendida por sus desarrolladores como la “primera ciudad verde”, Nordelta hace todo lo posible para ocultar la contaminación. Ésta proviene del arroyo Las Tunas (que atraviesa todo el predio), un afluente del río Reconquista. En la entrada del megaemprendimiento se construyó un dique que detiene toda la basura sólida del  arroyo (García, 2007). Un propietario de Nordelta relata:

 

Nordelta está gastando 300.000 pesos por año sacando basura del arroyo Las Tunas, la cantidad es impresionante, es peor que el Riachuelo por las cosas que hay flotando. Entonces, para que por lo menos esta suciedad flotante no esté, la estamos sacando y la pagamos los vecinos (García, 2007:12).

 

Si la contaminación la limpian los vecinos, ¿cuál es la función del intendente de Tigre al respecto? El relato permite entrever un conflicto impositivo latente entre los vecinos del emprendimiento y el municipio de Tigre. García (2007) comenta:

 

Los propietarios de Nordelta cruzan el arroyo por un puente con sus laterales entablados para no ver el color negro espeso de las aguas contaminadas. La construcción es angosta, ruidosa, como para pasar rápido y no detenerse hasta llegar a los lagos del paraíso que desmienten esta realidad […] claramente me parece un “paraíso travestido” donde eliminaron hasta los mosquitos (García, 2007:12).

 

 Amendola (2000b:39) verifica que el sentido original del vocablo “paraíso” estaba asociado al concepto de “jardín cerrado”, y argumenta que fue el “primer barrio cerrado en la historia del hombre”. El mismo autor agrega, que en las imágenes de la Edad Media el “paraíso” estaba representado por un jardín rodeado por muros muy elevados. Los barrios privados, entonces, necesitan domesticar la naturaleza para transformarla en bellos jardines (paraísos) dedicados al goce estético y espiritual de sus habitantes salvados de la condena terrenal.

“Desde la caída del muro de Berlín se levantó otro muro hobbesiano, y el mundo civilizado con sus ciudades de jardines cuidados recibía noticias del espacio incivilizado, que siempre permanecía fuera de sus jardines” (Zaffaroni, 2011:304).

Respetando la etimología del vocablo paraíso, la mayoría de los habitantes de Nordelta defienden la exclusividad de su vergel. Desde el momento en que Nordelta comenzó a poblarse con cierta masividad (se estima que actualmente viven en el megaemprendimiento unas 15 mil personas), existe una controversia entre los residentes que están a favor de abrir para el uso público alguna de sus dos arterias interiores más importantes ("Avenida de Los Lagos" o "Camino Alternativo") y los que no quieren saber nada al respecto. En realidad, el grupo que está a favor de "abrir" los caminos, es una minoría, la gran mayoría está en contra. Para despejar cualquier tipo de dudas y rumores sobre el caso, el municipio de Tigre dejó constancia (Figura 22) de su posición en contra de la minoría aperturista y solidaria de Nordelta.

 

 

Figura 22: Cartel informativo del Municipio de Tigre

(Fuente: http://conurbanos.blogspot.com).

 

Nordelta es un complejo que está a solo una cuadra del humilde barrio Las Tunas. Los divide un muro de cemento, con alambres de púas y cámaras de seguridad (Figuras 23 y 24). Rollman (2011), voluntaria en el Bachillerato Popular Raíces del barrio Las Tunas nos comenta cómo cambió la zona con la llegada del megaemprendimiento:

 

 […] antes de que construyeran este emprendimiento inmobiliario había un gran campo donde la gente iba a tomar mate, a encontrarse con sus amores, se hacía doma de caballo, como un espacio de recreación. […] Algunos inconvenientes también se notan en las inundaciones. Para poner el muro hicieron un terraplén y el barrio quedó mucho más abajo. Nordelta instala un sistema de poldorización, con lo cual hay zonas que quedan más elevadas que otras para evitar que dentro de Nordelta se inunde […] (Rollman, 2011:1).

 

 

El relato manifiesta la pérdida del espacio público que generó la construcción del megaemprendimiento. Los vecinos del barrio de Las Tunas utilizaban el predio “vacío” para desarrollar distintas actividades sociales, recreativas y deportivas. Asimismo, la elevación de la cota del predio generó que todos los barrios que están a su alrededor (que en general son precarios) se inunden con mucha más frecuencia que antes.

Las leyendas escritas por los vecinos del barrio Las Tunas en el muro que los separa del complejo Nordelta nos dicen algunas cosas interesantes sobre la tensa división. Por ejemplo (Figuras 25), que están frente a un grupo social reaccionario que no está dispuesto a compartir el bienestar con el resto de los habitantes que no son de su pertenencia socioeconómica. Por otro lado (Figuras 26), la privatización del “horizonte” les restringe a los residentes de Las Tunas la posibilidad de goce, libertad y futuro. Lo que era considerado por las autoridades provinciales como un “desierto demográfico”, no concuerda con el uso que le daban los habitantes del barrio popular. Cuando el predio era utilizado de manera pública, las autoridades lo consideraban “vacío”, ahora que el solar posee un uso privado, está valorado como “pleno” de vida social y natural.

 

 

 

 

 

 

Figura 23: Cámaras de seguridad que controlan el perímetro del barrio

Las Tunas (Fuente: http://www.gallaretas.com).

 

 

 

 

Figura 24: Muro que separa a Nordelta del barrio Las Tunas

(Fuente: http://estaletraestuya.blogspot.com).

 

 

 

 

 

 

Figura 25: Leyendas en el muro que divide a Nordelta del barrio Las Tuna

(Fuente: http://estaletraestuya.blogspot.com).

 

 

 

 

 

Figura 26: Leyendas en el muro que divide a Nordelta del barrio Las Tuna

(Fuente: http://estaletraestuya.blogspot.com).

 

 

 

 

Nordelta oculta lo que no le interesa ver y remarca lo que le importa difundir. En el primer caso, podríamos señalar la desaparición del barrio Las Tunas y de todos los barrios humildes de la zona de los mapas promocionales del megaemprendimiento (Figura 27). Asimismo, con la misma lógica de la invisibilidad se ocultó (a través del puente entablado) la contaminación del arroyo Las Tunas. Pero por otro lado, el marketing de la solidaridad, resalta sus obras de caridad en el barrio homónimo (Figura 28).

En este último caso, las autoridades de Nordelta convocaron a la Fundación Sagrada Familia para que elaboren un informe sobre la situación de los barrios carenciados que rodean al predio, prestando especial atención a la situación socioeconómica del barrio Las Tunas. Del informe producido, es conducente destacar la situación de aislamiento socioterritoral de los barrios limítrofes. Pues, existen importantes límites físicos dados por las vías del ferrocarril (TBA) hacia el oeste, el barrio privado Santa Bárbara al sur, y la pista de remo al este. A las barreras físicas se les suma el profundo desequilibrio socioeconómico que dificulta una interacción democrática entre ambos barrios a pesar de su proximidad geográfica. Por lo cual, el concepto de “vecino”, con alta connotación social, cultural, económica y política; es reemplazado por la situación de “lindero”, que reduce notablemente las interacciones entre ambos grupos sociales. Por último, la Fundación propuso una serie de proyectos relacionados con el mejoramiento de las viviendas del barrio Las Tunas y acciones que tiendan al aumento de la calidad de vida de sus habitantes (Ezcurra y Juana, 2001). Por su parte, Nordelta a través de su portal de Internet, ha informado que las acciones y programas implementados por el megaemprendimiento han beneficiado directamente a más de 5.000 personas del barrio. Una buena estrategia de promoción para beatificar las tierras paradisíacas de la “ciudad verde”.

 

 

Figura 27: Mapa promocional de Nordelta (Fuente: http://www.nuestromar.org)

 

 


 

Figura 28: Mapa de la Fundación Nordelta

(Fuente: http://www.fundacionnordelta.org).

 

 

 

 

 

 

 

8.7. Dispositivos de promoción

 

 

 

Advirtiendo el mercado inmobiliario que se especializa en la comercialización de los barrios privados, las nuevas pautas culturales y de consumo del sector de la población involucrado, ha creado estrategias de ventas adaptadas a los “nuevos valores” en boga. En los catálogos de venta (Figura 29) se pueden observar los nuevos hitos de referencias asociados a la localización del emprendimiento: entre ellos se destacan los shoppings, los hipermercados, las cadenas de comidas rápidas, las estaciones de servicios, los complejos de cines, los hoteles de lujo, los restaurantes de categoría, los colegios y universidades privadas, los hospitales privados, los centros comerciales dedicados a la venta de materiales para la construcción y equipamiento de la vivienda, y los centros de belleza. Del mismo modo, se ofrece una detallada descripción de los servicios apetecidos (seguridad privada, áreas deportivas y de esparcimiento, spa, restaurantes, colegios, televisión por cable, Internet inalámbrica, etc.), unidos al estudio de arquitectura responsable y al banco que va a financiar el proyecto.

 

 

Figura 29: Catálogo de venta. (Fuente: diario Clarín, 23/7/2005:3)

La mayoría de los clubes de campo del Gran Buenos Aires están localizados dentro de la trama urbana consolidada. No obstante, la misma solo le sirve como soporte físico, ya que estos emprendimientos tratan por todos los medios posibles separarse desde lo social, lo cultural, lo político, lo económico y lo paisajístico del entorno urbano tradicional. De ahí, que Muxí (2004) nos manifiesta:  

 

 

La ciudad abierta desaparece de los planos, las autopistas se hacen omnipresentes y se borra sistemáticamente cualquier referencia real con el lugar […] Los barrios cerrados producen el efecto de pisadas sobre el territorio, a las que no les importa las relaciones que quedaron rotas por su presencia. Este desprecio por el entorno, por la vecindad, por lo próximo y por los otros, también se expresa en las propagandas de promoción. No existe nada alrededor de estas burbujas a excepción de las vías rápidas de circulación, que se presentan como islas en un mar azul. Además de la negación y falsificación de la realidad, otro rasgo característico es la presencia evocativa del azul celeste de los cuerpos de agua que, junto al bosque y la familia feliz (Figuras 30 y 31), conforman el trípode sobre el que se basa esta propuesta de vida artificial y engañosa (Muxí, 2004:83).

 

 

Completando los comentarios de Muxí, es preciso indica que no es que no exista nada alrededor de los barrios privados a excepción de las autovías, sino que no hay  referencias de la ciudad pública. Como señalamos más arriba, solo aparecen los centros comerciales y de servicios privados que actúan como incentivo importante para la venta de las propiedades. Además, para reforzar el sentido de pertenencia socioétnica no deben faltar las fotos de familias de tez blanca y de ojos celestes, a tono con los espejos de agua y el diáfano cielo.

 

 

 

Figura 30: Publicidad del barrio privado La Merecida

(Fuente: diario La Nación, 17/9/2011:45)

 

 

 

Figura 31: Anuncio del country club Highland Park

(Fuente: diario La Nación, 17/9/2011:31)

En contraste a todo lo anterior, es importante poder analizar los anuncios publicitarios de los remates típicos de principios del siglo XX, que daban cuenta de la expansión de la Ciudad de Buenos Aires. Al respecto, Scobie (1977) resalta: 

 

En 1902 los periódicos publicaron media página de avisos de ventas, que ofrecían la ocupación inmediata de un lote pagadero a 40, 60 u 80 cuotas mensuales con un pago al contado de las primeras dos o tres cuotas. Otra oferta destacaba un plan de 80 meses con la siguiente exhortación: “Obreros. Dejad el conventillo y comprad un lote en la Floresta (al oeste de Flores) o en cualquier otra paraje sano, si queréis la salud de vuestros hijos y deseáis vivir contentos” (La Prensa, 13/11/1902:9). Un remate típico realizado al oeste de Flores vendió rápidamente 100 lotes de 10 metros de frente y fondo entre 35 y 40 metros por un precio promedio de un peso el metro cuadrado, pagadero en más de 80 mensualidades. Como ventajas suplementarias se anunciaban una escuela del Estado a cuatro cuadras de distancia, calles pavimentadas a solo 500 metros y un tranvía eléctrico en las proximidades (La Prensa, 8/11/1903:8 y 12). Un aviso publicado en 1904 pregonaba “El Gran remate del Día de los Pobres” en Flores. La rimbombante prosa anunciaba: Con un poco más de la base de venta de estos terrenos, hay quien edifique a plazos, una o más piezas, de suerte que el comprador puede inmediatamente después del remate ocupar el terreno y vivir en la casa que edifique, haciendo de cuenta que el cabo de los 60 meses por 10 o 15 pesos mensuales, lo que vale el alquiler de la más modesta pieza de conventillo en el centro, llegará a fin de dicho plazo a ser propietario sin ninguna violencia, puesto que hará de cuenta que paga su alquiler para ser dueño del terreno y casa que edifique” (La Prensa, 7/5/1904:12) (Figura 32) (Scobie, 1977:236 y 237).

 

 

Además, el anuncio sobre “El gran remate del Día de los Pobres” enfatizaba: “Como tierra alta, pintoresca y de más porvenir no hay nada mejor. Dista tan solo tres cuadras de Rivadavia al Sud y a 6 de la plaza e iglesia parroquial. Está rodeada de edificación moderna y con los tranvías eléctricos en la mano” (La Prensa, 7/5/1904:12)

 

 

Figura 32: Publicidad de remate (Fuente: La Prensa, 7/5/1904:12)

 

 

En aquellos remates es posible identificar una expansión territorial y social muy distinta a la actual. Las referencias hacia la grilla universal con sus calles y avenidas, los créditos para las clases menos favorecidas, la plaza, el transporte público, el entorno urbano y las instituciones públicas (colegio, iglesia), no hacen más que mostrar a una sociedad que valoraba y proyectaba una ciudad pública y progresista.

 

 

8.8. Reglamentos

 

 

 

Cada country club tiene su propia normativa interna, más allá del marco general que le proporciona el Decreto-Ley 8.912 de la provincia de Buenos Aires del año 1977, que le permite un modo particular de organización. Reglamentariamente, una comisión directiva elegida por un tiempo determino (mandatos de dos años) por sus socios, es la encargada de de tomar las decisiones ejecutivas, legislativas y judiciales que le confiere el estatuto. “Sin embargo, la gestión cotidiana del country, cuyas dimensiones lo asimilan [en algunos casos] a una microciudad, está en manos de un equipo de especialistas, entre los que se destaca la figura del ‘gerente’ o ‘intendente’” (Svampa, 2001:174). Aquí se cumple el sueño dorado de la relación directa, sin intermediaciones institucionales, entre los socios-vecinos y la autoridad de la gestión cotidiana, encarnada en la figura del gerente-intendente. Svampa (2001) agrega:

 

[…] en la medida en que las urbanizaciones privadas tienden a convertirse en microciudades, con una normativa y una organización específicas, con instituciones propias […]; en la medida en que la administración garantiza ciertos servicios indispensables y gestiona asimismo la relación con los servicios públicos privatizados, el correlato lógico y esperable es que el espacio de lo “público” decline visiblemente. Con la renuncia de sus tradicionales roles y funciones, la autoridad municipal y provincial deviene entonces en una figura prescindible (Svampa, 2001:189).

 

 

La relación política institucionalizada entre los ciudadanos-vecinos y el intendente de de la ciudad pública, es reemplazada por el vínculo comercial sin mediaciones entre los socios-vecinos y el gerente-empleado. La privatización del espacio público determina indefectiblemente la mercantilización de las relaciones políticas. El relevo de las instituciones democráticas por una comisión directiva de socios, hace desaparecer la política pública de los barrios cerrados. Subsiste, por la mera necesidad de gestión, una política interna que está muy lejos de la filosofía y de las prácticas del múltiple entramado republicano (por lo menos desde el punto de vista teórico, que no es poca cosa, pues queda abierta la posibilidad del ideal) de la ciudad abierta. Las prácticas políticas están reducidas a la mínima expresión: solo hay resolución de tensiones, disputas, conflictos entre grupos sociales homogéneos. En los enclaves fortificados no existe la diversidad, la mezcla, la interacción social necesaria para el complejo desarrollo de la verdadera democracia, que se ocupa de redimir diferencias entre actores sociales diversos. Svampa (2001) continúa:

 

[…] el orden, la pulcritud, la transparencia, manifiestos en una detallada reglamentación, apuntan a algo más que a la constitución necesaria de un orden interno: lo que está en juego es un modelo de sociedad, la conformación de una suerte de “comunidad soñada”, definida en contraposición a la otra sociedad en la que se percibe claramente el abandono de las reglas, la ausencia de orden, de pulcritud, de transparencia; más aun, la desaparición de aquellos valores ligados al respeto del otro y las “buenas costumbres” (Svampa, 2001:178).

 

 

El contraste con la ciudad pública es la carta de presentación de todos los enclaves fortificados. La diferenciación que abarca aspectos materiales (limpieza, diseño, lujo) e intangibles (armonía, orden, confort), intenta transmitir un mensaje unívoco: el éxito del modelo de “democracia privada” de los guetos custodiados.

En los estatutos que regulan la convivencia entre los socios se establece la existencia de una comisión o Tribunal de Disciplina (formado por tres socios titulares y tres suplentes) que será el encargado de velar por el cumplimiento de las normas establecidas por la comisión directiva. Los reglamentos internos, en algunos casos, son bastante severos. Hay en determinados countries, tribunales de disciplina, que ante las denuncias del mal comportamiento de socios o invitados, aplican sanciones que van desde la suspensión temporaria hasta la prohibición del ingreso. Lo excesivo de algunas sanciones cumple la función de la ejemplaridad hiperreal de la “ciudad privada”. Asimismo, en ciertos countries existen normas internas implícitas que impiden el ingreso de familias judías, asiáticas o católicas. En estos casos, la “comunidad soñada y purificada” oculta el carácter xenófobo de la exclusividad. La homogeneidad (una de las leyes máximas de estos emprendimientos) llevada al límite de sus posibilidades comprende desde el nivel socioeconómico, la religión, las edades, hasta el origen étnico.

La gestión de las futuras poblaciones de los megaemprendimientos privados, plantea la tensión y la virtual separación entre la administración privada y el gobierno municipal. Es oportuno, entonces, indagar sobre las probables problemáticas que conducirá el fenómeno enunciado. Entre las más importantes, Iglesias (1998) enumera: en primer término, si el gerenciamiento del consorcio podrá hacerse cargo de la infraestructura y los servicios de un barrio de decenas de miles de habitantes. En segundo lugar, si la administración podrá dirimir privadamente los conflictos que se presentarán en la gestión cotidiana. En tercer término, si se implementará el sueño conservador del voto calificado, pues solo tendrán derecho al sufragio interno los residentes propietarios sin atraso en el pago de las expensas. En cuarto lugar, bajo qué ingeniería política serán seleccionados los precandidatos a la gestión del consorcio que tendrá un presupuesto anual de varios millones de pesos. En quinto término, con qué poder político negociará el apoderado privado con el intendente del municipio. Y por último, cuánto tiempo tardará en llegar el día en que los residentes de los megaemprendimientos cerrados reclamen una ley de secesión territorial para crear un nuevo municipio.

Los interrogantes planteados sobre la administración y el gobierno de los megaemprendimientos privados no son para nada antojadizos. La ciudad de Weston al noroeste de Miami podría llegar a ser un modelo para tener en cuenta. Iglesias Illa (2010) la describe de la siguiente manera:

 

La sede del gobierno municipal y el Midtown Athletic Club están en el mismo edificio de estuco rosado, al final de una curva arbolada. Tres patrulleros verdes descansan con los culos contra el borde de tres canchas de tenis, bucólicas y vacías. De los bulevares públicos, con semáforos, palmeras y robles, se anuncian las entradas a los barrios privados: Mariposa Pointe, San Michelle, Esmerald Isle. Todos tienen, a cien metros del bulevar, una casita de tejas rojas, un hombre uniformado, un cartel con una flecha hacia la izquierda que dice visitors, otro con una flecha a la derecha que dice residents y dos barreras bajas, que indican el final de la propiedad pública y el inicio de la privada. Weston fue creada a mediados de los 80 por el brazo inmobiliario de The Walt Disney Company, que niveló, apisonó y rellenó cuatro mil hectáreas de ciénagas y caimanes con la intención de convertirlas en una comunidad perfecta típicamente americana. Lo ha conseguido: Weston es, según el ranking que publica cada año una revista especializada, la mejor ciudad para vivir en Florida, la de menos pobreza en todo Estados Unidos y, al menos en la superficie, un modelo de placidez, organización y buenos modales. Parece más un lugar de vacaciones que una ciudad: es una zona libre de asperezas, donde todas las superficies están parquizadas y las rugosidades -los tachos de basura, las torres de aire acondicionado, los depósitos de herramientas-, escondidas o disimuladas. Es como vivir en una cancha de golf. Ni siquiera hay ángulos rectos: las calles y los bulevares se comban gentilmente hasta el infinito, generando esquinas irregulares y una vaga sensación de comunión geométrica con la naturaleza. El espíritu corporativo de Weston empieza con su gobierno, que tiene solo tres empleados: un gerente, un subgerente y un empleado administrativo. Hay también un alcalde elegido por los vecinos, pero es un empleo a tiempo parcial, mal pago y cuya única decisión importante es nombrar al gerente. Todos los demás servicios, como la policía, los bomberos, el mantenimiento de los parques y la recolección de basura, están subcontratados a localidades vecinas o al condado de Broward. Esto le ha permitido a Weston, un oasis tecnocrático sin conflictos de clases ni hinchazón política, cobrar unos impuestos muy bajos. Hace unos años le preguntaron al alcalde, un canadiense que de día trabaja como consultor de negocios, cómo definiría su estilo de gestión. “Manejamos a Weston como si fuera una empresa”, respondió el alcalde. “Nuestros accionistas son nuestros residentes. Yo actúo como si fuera el presidente del directorio de una empresa”. Si Weston es una corporación, preguntó el periodista, ¿cuál es su producto? “Nuestro producto es la calidad de vida”, contestó el alcalde, “y el valor de la propiedad” (Iglesias Illa, 2010:138 y 139).

 

Al analizar la descripción sobre Weston nos topamos con enunciados sugestivos. El primero: la sede de la alcaldía y el Midtown Athletic Club están en el mismo edificio. No creemos que la locación compartida sea solo una estrategia de optimizar los costos inmobiliarios. La idea y la imagen es significativa: la institución club y la institución política están en la misma categoría conceptual. Esto nos conduciría a pensar que la política funciona como un anexo “necesario” de la vida privada del club. Volvemos al borramiento de los límites entre lo público y lo privado, y más aún, al copamiento de lo privado sobre el espacio público. El segundo: la entrada a los barrios privados está dividida en dos. Una para residentes y otra para visitantes. La mezcla y el anonimato típicos de las ciudades abiertas se pierde con la identificación de los roles y status de las personas que ingresan a los barrios cerrados. Y el tercero: Weston fue concebida por una constructora del grupo empresario Walt Disney. La ciudad es creada desde los parámetros de los parques temáticos de Disney. La ciudad nace de un molde hiperreal que distorsiona la idea tradicional de ciudad. Se concibe una “ciudad” o una “fantasía de ciudad” para ser vivida por una comunidad soñada, perfecta, “sin asperezas”. Y el cuarto: la corporación tecnocrática que administra Weston. Los barrios cerrados de la “ciudad” están gestionados a la manera de una empresa privada. La administración y la gestión empresarial están por sobre el gobierno y la política. El neoliberalismo y su década dorada de los años noventa impulsaron hasta el hartazgo esta nueva concepción de la “política”. En realidad, se trata de disminuir a la mínima expresión a la política y a todas las instituciones públicas del Estado. El principal objetivo es terminar con la “hinchazón política” para poder reducir los impuestos de los residentes. Si la ciudad es considerada una empresa particular el producto es el valor de la propiedad. Es decir, bajar los costos de la producción (de la política, de lo público) para incrementar las ganancias de los propietarios (lo privado).

Hay tantos venezolanos residiendo en la ciudad, que a menudo, es llamada Westonzuela. Los inmigrantes de aquella nación encuentran en esta ciudad-estado el “paraíso perdido” (desde el arribo del chavismo al poder) en la Venezuela natal.

En el conurbano bonaerense ya existe un barrio privado homónimo localizado en el Km. 41 del acceso Oeste, en el  Partido de Moreno. Por algo se empieza.

Por otra parte, de igual forma que en la ciudad privada de Weston, en los countries bonaerenses existe una tajante separación entre los residentes y los visitantes. Piñeiro (2010) en la novela Betibú lo muestra con gran elocuencia:

 

Los lunes son los días que lleva más tiempo entrar en el Club de Campo La Maravillosa. La cola de empleadas domésticas, jardineros, albañiles, plomeros, carpinteros, electricistas, gasistas y demás obreros de la construcción parece no terminar nunca. Gladys Varela lo sabe. Por eso se maldice, ahí donde está, parada frente a la barrera de la que cuelga el cartel “Personal y proveedores”, detrás de por lo meneos otras quince o veinte personas que, igual que ella, intentan entrar […] Todavía quedan tres hombres delante de ella […] A uno de los tres le lleva más tiempo el trámite porque no está registrado, entonces le piden el documento y le sacan una foto, y le precintan la bicicleta con un número de serie para que después salga con la misma bicicleta con la que entró. Y llaman al propietario para que autorice el ingreso. Antes de dejarlo pasar anotan la marca de la bicicleta, y el color, y el rodado, entonces Gladys se pregunta por qué además le precintan un número. ¿Será por si el que entra con la bicicleta encuentra una igualita pero más nueva, en mejor estado y sale con la otra? Demasiada suerte, piensa. Más que conseguir un boleto con número capicúa, o cantar cartón lleno en el bingo. Pero los hombres no se quejan del precinto, ni siquiera preguntan. Es lo que hay, reglas del juego. Aceptan. Y por un lado mejor, piensa Gladys, así uno puede demostrar cuando sale que no se llevó nada que no es suyo, que uno es decente. Mejor que anoten y que después no anden culpando porque sí […] Llega su turno, entonces Gladys entrega el papel. El guardia ingresa sus datos en la computadora y ella ve, de inmediato, su cara en la pantalla […] El guardia mira la pantalla y luego la mira a ella, lo hace dos veces, después le dice que pase. Unos metros más adelante otro guardia espera que abra la cartera. No hace falta que se lo pida, Gladys, y todos los que hacen la cola, conocen los pasos a seguir […] El guardia mueve las cosas dentro de la cartera de Gladys para ver qué hay. Ella le pide que anote en el formulario de ingreso de efectos personales el celular que trae en el bolsillo del buzo, el cargador del teléfono y un par de ojotas que lleva en la cartera. Se los muestra. El guardia anota. Lo demás no importa: pañuelos de papel; unos caramelos medios pegoteados; la billetera donde lleva el documento, un billete de cinco pesos y monedas para pagar el colectivo de vuelta; las llaves de su casa […] Eso no hace falta que lo anote, pero el celular, el cargador y las ojotas, sí. Ella no quiere tener problemas a la salida, dice (Piñeiro, 2010:11, 13-15).

 

 

Las requisas que les realizan a las personas que no son propietarios para poder ingresar a un barrio cerrado y desarrollar sus tareas laborales, manifiestan el carácter esencialmente privado de estas comunidades urbanas. La imagen que trasmite la narración de Piñeiro (2010) en la fila de entrada, se parece más el ingreso a una institución carcelaria que a un barrio. Lo que está muy claro es que se ingresa a un espacio de libertad restringida. En los countries, para los foráneos todo es privado, hasta los espacios “públicos”. Los que deben ingresar a trabajar ya lo toman como algo natural, así son las reglas (privadas), es lo que hay: en todas las entradas y salidas deben demostrar su decencia.

En los barrios privados hay entradas, “puertas” por donde se debe ingresar. Es el mismo criterio que se utiliza para acceder a una casa, edificio o cualquier otra construcción particular. En cambio, en las ciudades o barrios abiertos no hay puertas (algunas permanecieron como piezas de museo cuya única función es turística) explícitas que traspasar. El carácter esencial de la ciudad tradicional o clásica es lo público. Aunque parezca una verdad de Perogrullo, resulta necesario recalcar (en los tiempos que corren y más que nada para el futuro) que lo elemental de todo barrio o ciudad es su libre acceso y circulación. Si no estamos dispuestos a defender aquella virtud constitutiva, en poco tiempo tomaremos como algo cotidiano y natural que todos barrios tengan una “puerta” (cerrada con llave) para poder ingresar.

 

 

 

8.9. Conflicto de intereses

 

 

 

Los habitantes de las áreas cercanas a los lugares donde se localizan los nuevos emprendimientos cerrados, muchas veces se oponen a la apropiación privada del espacio público, en particular a los espacios previstos en los planos municipales como destinados a calles públicas. El cierre perimetral del barrio CUBA en Villa de Mayo, fue un caso testigo de conflictos de intereses entre los pobladores de “adentro” y “afuera” de la urbanización cerrada.

 

 

Una nota del diario Página 12 (1997) se refiere al caso:

 

Desde sus comienzos el barrio estuvo abierto, pero muchas calles que daban a la avenida Maipú estaban interrumpidas por zanjas y no tenían terraplén […] De esta manera, algunos plantaron árboles y plantas que convirtieron las calles en peatonales. Los vecinos de afuera del barrio lo utilizaban como parque para sus paseos o para hacer trote en sus calles interiores. En 1994, las autoridades de CUBA consiguen que el entonces intendente firmara una ordenanza que permitía el cierre perimetral del barrio. Así, donde antes había plantas, se colocaron alambrados y muros y de las 19 entradas quedaron abiertas solo 4 con garitas de vigilancia y barreras de prevención. En ese momento comenzaron los problemas de adentro y afuera. Los de adentro encerrados por un problema de seguridad y los de afuera molestos por las dificultades de tránsito que les imponía el cierre de las calles (Página 12, 23/3/1997:6).

 

 

En 1996, la Municipalidad de Malvinas Argentinas (desprendido del ex Municipio de General Sarmiento) sancionó una ordenanza derogando la anterior que autorizó el cercamiento del barrio. Oponiéndose al dictamen CUBA demandó la nulidad de esta ordenanza e interpuso un recurso de amparo de no innovar hasta tanto se resuelva sobre la acción iniciada. El recurso le fue rechazado y recurrió en queja a la Corte Suprema de Justicia, que ha dado lugar al amparo, solicitando la medida de no innovar para garantizar la seguridad de los vecinos del barrio privado (Colman Lerner, 1999). Por lo tanto, la privatización de la seguridad prevaleció sobre la utilización y el disfrute del espacio abierto. De acuerdo con el accionar de la Corte Suprema de Justicia, pareciera ser incompatible el hecho de poder garantizar la seguridad con el uso público del territorio, lo cual se está convalidando jurídicamente la fragmentación socioespacial de la ciudad.

Asimismo, la privatización del espacio provoca el desplazamiento del tráfico vehicular (y también del delito) hacia las zonas aledañas. Con lo cual existe una sobrecarga de las rutas principales, ya que son sobreutilizadas por el tránsito que recurre a ellas al no encontrar, en varias oportunidades, opciones de distribución dentro de la red secundaria de caminos. Lo que prima es un sistema de comunicación tipo peine: de la red troncal de autopistas se derivan algunos caminos que llegan a ciertos puntos. Empero no existe un sistema de comunicaciones intrapartido totalmente desarrollado. Además, los barrios cerrados pueden obstaculizar los accesos más directos y obligar a dar largos rodeos para recurrir a los medios de transporte público.

Por otra lado, en algunos casos los promotores inmobiliarios adquieren a bajo precio terrenos de cotas inundables y, a los efectos de cumplir con las reglamentaciones vigentes, los rellenan con tierra extraída de lugares lo más cercanos posibles. Por el cual, al realizar los rellenos, cambia la topografía y el escurrimiento natural del área y amplían el riesgo de inundación de zonas donde generalmente habitan sectores de población de escasos recursos.

También existen reclamos de los residentes de los complejos privados. Torres (1998) nos dice:

 

Los propios habitantes de los desarrollos, por su parte, tienen a su vez reclamos que les son propios. Consideran excesiva la mayor carga impositiva municipal, que ha sido tachada de improcedente en lo que respecta a los servicios, planteándose un conflicto claramente expuesto por algunos empresarios inmobiliarios que sostienen que los municipios no deberían cobrar por servicios que no prestan, puesto que los servicios básicos (agua, cloacas, seguridad) son financiados por los propios emprendimientos. Los municipios, a su vez, sostienen que es éste precisamente el mecanismo impositivo que permitiría generalizar la provisión de servicios a todo el territorio municipal (Torres, 1998:6).

 

 

La decisión del obispo de San Isidro, Monseñor Jorge Casaretto (1999), de autorizar (con ciertas prescripciones) la construcción de capillas en los barrios cerrados, para impedir “la privatización de lo religioso”, evidencia otro punto de tensión. La medida fue anunciada en la carta pastoral “Barrios privados: un nuevo desafío pastoral”, la cual promueve la integración entre los vecinos de las urbanizaciones privadas y los de su zona de influencia. Según las leyes canónicas, las iglesias poseen un acceso libre a todos, mientras que las capillas y los oratorios pueden tener un ingreso más restringido.

Monseñor Casaretto aclaró que no puede permitir que una persona que quiera acceder a una capilla se encuentre con un guardia en la puerta y con la entrada vedada. Solo admitirá la apertura de capillas en los barrios cerrados siempre que su entrada dé a una calle pública y que no se impida el acceso a los fieles.

A su vez, los habitantes de las urbanizaciones privadas manifiestan que las capillas dentro de los complejos cerrados, no derivan de un problema de índole religioso, sino de una cuestión de seguridad.

Por último, Torres (1998) destaca:

 

Los nuevos desarrollos, sin embargo, no se encuentran frente al "campo abierto", como es el caso de la suburbanización de las élites estudiada por Hoyt en las ciudades norteamericanas en las décadas de 1920 y 1930, sino que deben implantarse en los bordes de una extensa corona metropolitana que es el resultado de un proceso previo de suburbanización, de carácter popular: los loteos económicos y los enclaves "fuera del mercado" (las villas). Esta proximidad entre los  fenómenos no solo ha dramatizado los contrastes sino que ha creado franjas de tensión latente o manifiesta (Torres, 1998:10).

 

En este sentido, resulta ética, social, cultural, espacial y psicológicamente impactante, el muro que separa el barrio privado “Haras de Alvear” y la villa miseria “La Cava”. El paredón termina en lo alto con un alambrado electrificado a 12 volts, el mismo que se utiliza en el campo para ordenar al ganado vacuno (Figura 33). Algo similar sucede en otras ciudades latinoamericanas: por ejemplo en San Pablo, un paredón separa a la favela "Paraisópolis" de un exclusivo conjunto de departamentos en el barrio Morumbi (Figura 34).

 

 

 

 Figura 33: Límite entre el barrio cerrado “Haras de Alvear” y la villa

“La Cava” en San Isidro (Fuente: http://www.tumblr.com).

 

Figura 34: Muro que divide a la favela “Paraisópolis” de un lujoso

complejo de departamentos en Morumbi (San Pablo)

(Fuente: http://www.lecturaalsur.com). 

 

 

 

8.10. Barrios semicerrados

 

 

 

Los barrios semicerrados serían una especie de hijos no reconocidos legalmente de los countries o barrios cerrados. No llegan a poseer puertas de entrada, pero se las arreglan, a través de barreras, rejas o garitas de vigilancia, para impedir el libre acceso a los mismos. En Valencia (Venezuela) (Figura 35) (al igual que en otras ciudades de Latinoamérica) son muy frecuentes. Se los puede encontrar a cada paso. Vale el caso para contar una breve anécdota. En febrero de 2012 emprendimos con un grupo de amigos un viaje de vacaciones por Venezuela. Uno de ellos (Daniel), muy aficionado a las carreras de largo aliento. En nuestra estadía en Caracas (ciudad caótica por el tráfico de vehículos: no olvidemos que en Venezuela el combustible es más barato que el agua embotellada), Daniel solo pudo “salir” sobre la cinta del gimnasio del hotel. Cuando nos tocó visitar la ciudad de Valencia (una ciudad más vivible, al estilo de la ciudad de Córdoba), el maratonista supuso que iba a poder correr por las calles de la nueva ciudad disfrutando el ambiente tropical. Ávido por salir a entrenar, emprendió su cometido. No obstante, al poco tiempo de partir (más o menos quince minutos: nada para un corredor fondista) regresó al hotel bastante apesadumbrado. Todos pensamos (como “buenos” bonaerenses) que había sido víctima de un robo, por parte de algunos de los “tantos” marginales que habitan las ciudades del tercer mundo. Sin embargo, no fue esta la situación. Daniel nos comentó, con tono de asombro, que cada aproximadamente cinco cuadras las calles se terminan, porque existen barreras que impiden el acceso a los barrios que la academia los denomina semicerrados.

 

 

 

Figura 35: Barrio semicerrado en Valencia (Venezuela) (Fotografía: Romano, 2012).

 

 

Esta tipología de barrios también ha llegado a Buenos Aires. Según Robledo y Tella (2011):

 

No son pocos; si bien crecen año a año, desde hace un lustro se multiplican en forma exponencial: se estima que se cierran unas cien calles por año. Hoy, existen más de sesenta de estos barrios, que suman unas 1.200 calles cercadas por los vecinos (unos 50 mil, en total) y cuya superficie, si se pusiera toda junta, ocupa 100 kilómetros cuadrados: exactamente la mitad de la superficie total de la Capital Federal. Y, a diferencia de lo que podría pensarse, se reproducen en todas las zonas de la región metropolitana: en la zona norte y noroeste se da la mayor concentración –27 y 22 barrios, respectivamente– [Pilar, San Isidro y Malvinas Argentinas están a la vanguardia], pero también proliferan en la zona oeste (hoy hay cuatro) y en la sur, donde ya existen siete (Robledo y Tella, 2011:58).

El efecto contagio provocado por las urbanizaciones privadas legalmente constituidas, está alumbrando (siguiendo con la metáfora progenitora) una serie de cerramientos ilegales en diferentes zonas del conurbano bonaerense (Figura 36). A pesar que el fenómeno de los barrios semicerrados hizo eclosión hace poco tiempo, el origen se remonta a la década de 1970. Robledo y Tella (2011), hacen historia:

 

En el municipio de Malvinas Argentinas, el Country San Carlos y el Olivos Golf Club nacieron como barrios abiertos durante los años 50. Veinte años más tarde, cuando aún no existían los barrios cerrados, las autoridades locales les otorgaron la exclusividad de uso de calles públicas y el permiso de cierre. Esta experiencia se replicó en otros distritos, como los barrios Las Marías, La Posta y Altos de la Horqueta, en San Isidro, finalmente cerrados a fines de los ochenta (Robledo y Tella, 2011:59).

 

 

 

Figura 36: Barrio semicerrado El Cortijo (Malvinas Argentinas)

(Fotografía: Robledo y Tella, 2011:58)

 

Los casos originales anteriores no son ejemplos de buen augurio para la evolución de la ciudad abierta e integrativa. Si esta parte de la historia urbana logra repetirse, en un futuro cercano tendremos como resultado el cerramiento total y definitivo (es decir, legalmente constituido) de los barrios semicerrados. La ciudad pública pierde legitimidad frente al discurso hegemónico de la seguridad. Robledo y Tella (2011), dan cuenta del hecho:

 

[Existe] un discurso fuertemente instalado en favor del “orden, control y protección gestionada” por parte de vecinos de sectores medios de la población, que se apropian de ciertos fragmentos de territorio abierto y público, ante un gobierno local que en algunos casos desdibuja su presencia y repliega su accionar y, en otros, se instala como facilitador de tales procesos de autosegregación pretendida (Robledo y Tella, 2011:59).

 

 

Para que la lógica privatista del fragmento llegue a buen puerto, deben existir (por lo menos) dos partes articuladas: los vecinos que piden autogestión de la seguridad y el gobierno local que facilita la fractura del espacio público. Es decir, el barrio (de acuerdo con esta visión egoísta de urbanidad) no forma parte de la ciudad que lo contiene. Lo local está escindido de la totalidad. En definitiva, los gobiernos (frente a la presión mediática y de los vecinos, en cuanto al megatema de la seguridad) municipales están avalando un supuesto “beneficio” para pocos en perjuicio del resto de los vecinos, que sufren los inconvenientes del caso: pérdida de espacio público, disminución de la accesibilidad, aumento de prejuicios, etc.

 

 

 

8.12. Cementerios parque

 

 

 

Las promociones de los barrios privados suburbanos enfocadas en una vida sosegada en contacto con la naturaleza derivan sin solución de continuidad en la muerte suavizada de los cementerios parque. Iribarne (1999) comenta:

 

Hace algunos años, uno de los más conocidos cementerios privados de Pilar promocionaba su actividad a partir de una foto de la Recoleta y frases de este tenor: es el lugar más prestigioso –o quizás decía el más elegante- de Buenos Aires, pero ya no hay más espacio. La segunda mejor opción para su reposo (nunca muerte, tan vulgar) es […] (Iribarne, 1999:16).

 

 

Es interesante notar que en ambos casos hay imágenes (Figuras 37, 38 y 39) que se repiten: amplias extensiones de césped perfectamente acondicionado, árboles prolijamente podados y calles internas con denominaciones floridas. A veces aparecen grupos de esculturas o fuentes, pero siempre teniendo en cuenta el sentido paisajístico y no conmemoratorio. Tampoco hay referencias religiosas a la vista. La inmanencia que inunda la existencia también aleja el testimonio de la trascendencia.  En definitiva, no hay mucha diferencia entre un campo de golf o los jardines de un barrio privado y cualquier cementerio parque.

 

 

 

 

Figura 37: Parque Eterno (Burzaco)  (Fuente: Romano, 2008).

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 38: Parque Eterno (Burzaco) (Fuente: Romano, 2008).

 

 

 

 

Figura 39: Parque Eterno (Burzaco) (Fuente: Romano, 2008).

 

 

El propósito de los cementerios parque es ocultar (o más bien negar) la muerte bajo un paisaje lo más idílico posible. Esto no era así hasta hace unos pocos años: la muerte no se ocultaba, por el contrario, formaba parte de la vida cotidiana y se hacía pública a través de los ritos de participación colectiva. La muerte de un hombre modificaba solemnemente el espacio y el tiempo de un grupo social que podía extenderse a toda la comunidad. El duelo y los ritos inherentes a él eran un acontecimiento público que involucraban a la sociedad entera (Ariès, 2011).

Al expulsar la muerte, el tiempo pierde radicalidad, importancia, contundencia. Además, se pierde la preciosidad del instante, de lo irrepetible. Si no se acepta la finitud, es poco probable percibir la plenitud de la existencia. Porque “sin muerte” el tiempo es trivial, sin sentido. Hoy vivimos la muerte como una imperfección, algo que algún día venceremos. La posmodernidad ha cambiado de tabú: se destapó el sexo y se ocultó la muerte. Fernández Galiano (1993) agrega:

 

En estos tiempos, estar muerto no es  normal. Como ha señalado Baudrillard, la muerte es hoy una forma de delincuencia, una desviación, una anomalía impensable. Solo la muerte violenta del espectáculo o el acontecimiento mediático tiene legitimidad simbólica: la muerte cotidiana es vergonzante. Ocultamos a los muertos como ocultamos a los enfermos y a los viejos; juzgamos el duelo como una patología que puede curarse, reducimos los rituales funerarios a caricaturas abreviadas y degradamos la arquitectura de la muerte hasta extremos desconocidos en nuestra cultura (Fernández Galiano, 1993:35).

 

 

En la Edad Media la muerte estaba cerca, era algo familiar, formaba parte de la vida pública de la ciudad. No existía el pánico y la negación que se le tiene en la actualidad. Los cementerios fueron, junto a la calle, territorios fundamentales de la escena comunitaria urbana. Eran lugares de encuentros políticos, sociales, económicos y religiosos. Al igual que la plaza mayor, fueron utilizados como entornos propicios para el paseo y la reunión agradable (Ariès, 2011). ¿Será, entonces, pura coincidencia que en nuestros días, la desvalorización generalizada hacia la alteridad cercana y hacia el Otro (el más allá lejano), expulsa la vida social y la muerte de los espacios comunitarios de la ciudad? Los barrios privados y los cementerios parque, territorios reconvertidos en jardines paradisíacos, tal vez traten de silenciar e invisibilizar la complejidad inherente a la vida y a la muerte.

Los cementerios parque nacieron en Estados Unidos hacia principios del siglo XX, atestiguando una “religión” de la naturaleza por parte de sus principales clientes: los sectores ricos de la sociedad (Ariès, 2011). En los años sesenta surge, también en Estados Unidos (California), un nuevo movimiento espiritual denominado New Age, que entre sus postulados fundamentales establece la devoción por la naturaleza al considerarla parte de un organismo viviente de carácter divino (Sáenz, 1998). Si asimilamos a la era posmoderna con el debilitamiento de las creencias y los valores tradicionales, los cementerios parque son un síntoma relevante del cambio de época.

Finalmente, la residencia (barrios cerrados) y el “reposo” (cementerios privados) son parte de la misma problemática, “en tanto enclaves ilusorios y románticos, apartados de la realidad de una sociedad cada vez más estratificada, pauperizada y violenta” (Cabarrou, 1999:73). Ambos procesos proporcionan una vía de escape y sosiego ante la degradación generalizada de la ciudad pública. El deterioro de las condiciones de los centros urbanos y/o suburbanos consolidados (falta de mantenimiento de la infraestructura pública, basurales clandestinos, escasez de espacios verdes, inseguridad, etc.), provoca en amplios sectores de la clase media la utilización de servicios privados para la residencia y/o el “descanso definitivo”.

 

 

 

9. La ciudad moderna vs la ciudad global

 

 

 

En este apartado trataremos de dar cuenta de los cambios que ha sufrido el paradigma que sostenía a la ciudad moderna, y la intromisión de otro modelo de ciudad que intenta competir por la supremacía metropolitana. Silvestri y Gorelik (2000), nos introducen en el tema:

 

 

Desde mediados del siglo XIX las ciudades occidentales experimentaron un largo proceso de crecimiento y expansión, que se tradujo en una triple tensión, hacia fuera en el territorio, hacia adentro en la sociedad y hacia adelante en el tiempo: la expansión urbana, la integración social y la idea de proyecto, como procesos íntimamente conjugados en la experiencia de la expansión ilimitada [...] Ese marco de expansión continua definió las propias hipótesis fundacionales de la modernidad urbana: su idea de progreso. Pero hacia finales de los años sesenta y comienzos de los setenta el ciclo entra en crisis como resultado de una serie de procesos: deslocalización industrial, desmembramiento de los centros terciarios, flujos inversos entre la ciudad y el campo, con el efecto de una urbanización difusa y la proliferación de “periferias internas”, vacíos en tejidos compactos, viejas áreas industriales abandonadas, sectores completos de residencia que entran en decadencia frente a localizaciones de punta (tecnológica y social), obsolescencia de las infraestructuras globales, etcétera (Silvestri y Gorelik, 2000:462).  

 

 

Con mayor o menor nivel de tensión, amplitud y rapidez, el proceso de expansión urbana moderna (entendido de manera amplia: ciudadanía política, social y económica) se fue llevando a cabo en las distintas ciudades del centro y de la periferia del mundo occidental. En el caso del Aglomerado Gran Buenos Aires, Silvestri y Gorelik (2000) comentan:

 

[…] el ciclo expansivo estuvo marcado básicamente por el trazado inclusivo de las infraestructuras públicas por parte del Estado desde finales del siglo XIX y por la expansión, sobre aquel soporte público, de un mercado habitacional privado diseminado ampliamente en la sociedad a través de operaciones de pequeña escala. La sucesiva formación de suburbios fue posibilitaba por una irradiación subsidiada del transporte público, y estuvo caracterizada por la comunicación universal de la cuadrícula pública y la casa unifamiliar propia como modelo de radicación; en ese proceso, los sectores populares iniciaron a partir de la primera década del siglo XX el camino del ascenso social que crearía uno de los aspectos diferenciales de Buenos Aires en el contexto latinoamericano: la clase media porteña (Silvestri y Gorelik, 2000:462).

 

 

El Estado en su carácter de vanguardia y principal inversionista urbano, proponía una ciudad potencialmente accesible al conjunto de la sociedad. Las pequeñas inversiones privadas, contenidas y facilitadas por el progreso de las políticas públicas, iban completando con esfuerzo y expectativa el horizonte posible de la cuadrícula urbana. El imaginario de una ciudad para todos reforzaba el ánimo y la esperanza de un futuro promisorio. Sebreli (2003), da cuenta de una ciudad abierta sin espacios vedados para los sectores populares:

 

Los bosques de Palermo, paseo tradicional de las grandes familias (desfile de carrozas, luego de automóviles), eran igualmente frecuentados por las clases populares. Una institución característica de la elite, el Teatro Colón, era a la vez policlasista; aunque estrictamente compartimentado, según el precio de las localidades, permitía el acceso a la galería a las clases medias y a las clases bajas al paraíso, con un público exclusivo de modestos trabajadores italianos adictos a la ópera. De igual modo ocurría con el Hipódromo de Palermo: asistían los elegantes turfmen a los palcos y los “burreros” a la popular, en tanto en los studs del Bajo Belgrano se mezclaban los niños bien con los lúmpenes. El diseño de la ciudad no era ajeno a estas intenciones: la división en zonas de acuerdo con las clases no impedía una distribución homogénea de los servicios públicos, con la progresiva electrificación, pavimentación, extensión de los medios de transporte que comunicaban a los barrios entre sí y a todos con el centro (Sebreli, 2003:244).

 

 

Gorelik (1998) ha observado que la realización del plano de la Ciudad de Buenos Aires de 1898-1904 (siguiendo el modelo de la grilla –la manzana regular- y el parque) buscaba principalmente la integración de los sectores populares al resto de la ciudad consolidada. Gorelik (1998) continúa:

 

Quiso ser, por supuesto, la manera de guiar una sociedad convulsionada hacia el ideal de una comunidad de pequeños propietarios [...] En su proyecto de solución del problema de la habitación obrera, Domingo Selva vinculaba, precisamente en 1904, [...] por una parte, la pequeña propiedad, porque “contribuye al deseo de pasarlo con cierta holgura, le vincula (al obrero) al suelo generoso que lo hospeda, lo convierte en un cuasi ciudadano, no indiferente ya a los dolores y a las alegrías del país en que vive y lo sustrae de toda agitación partidista o gremial mal entendida, haciéndolo eminentemente conservador”; pero, por otra parte, junto a esa idea conservadora del rol de la propiedad, [...] Selva da por obvias las condiciones para la ubicación de esos obreros “cuasi ciudadanos” en la ciudad, en una búsqueda de integración que descartaba los modelos ya en boga de “suburbio jardín” -cuyo aislamiento favorecía la estratificación social- (Gorelik, 1998:146 y 148).

 

 

Una vez más, como en el caso del plan urbanístico propuesto por el barón de Haussmann para la ciudad de Paris, una idea pensada desde su lado más conservador: crear una sociedad de pequeños propietarios no antagónica a los intereses burgueses, cobra impulso propio y va desarrollando su parta más positiva y democrática: la formación de un espacio público que va incorporando a través de las distintas instituciones públicas y sociales a los “nuevos” integrantes de la ciudad.

La difusión de la ciudad orientada por el conglomerado de la grilla y el parque también intentó descomprimir los conflictos sociales. Gorelik (1998) asevera:

 

[...] había formado parte de una política de estado reformista, integradora y conservadora, que también mostró rápidamente sus efectos en el entramado del conflicto social: es notorio, en esos años, que la ciudad, abriendo sus fronteras a la residencia periférica, ofrece un espacio de amortiguación que desplaza y desvía el conflicto social desgranándolo sobre el territorio, produciendo una fabulosa experiencia en que la geografía le impone leyes a la sociedad y mostrando la otra “función” de la expansión, contribuyendo a destrabar los conflictos de la sociedad tradicional (Gorelik, 1998:179).

 

 

Por suerte, el proceso de suburbanización de la clase trabajadora, funcional a la descongestión del conflicto social de la ciudad oligárquica, no siguió el modelo de “suburbio jardín” protagonizado por la clase media estadounidense. La ciudad fue inmune, entonces, al aislamiento socioespacial que proponía aquel paradigma de periferización. Gracias a la homogeneidad del entramado urbano, los contrastes socioeconómicos no fueron un impedimento insalvable para la integración sociosepacial entre el centro y los barrios de la periferia.  

En este modelo de ciudad abierta la sociabilidad practicada fuera del ámbito hogareño fue fundamental. Sebreli (2003) nos dice:

 

Cada barrio tenía su calle comercial y su plaza (ámbitos adecuados para el paseo), la escuela que anudaba relaciones, y sitios de esparcimiento: salones de baile, restaurantes, confiterías, cafés, salas de cine, y hasta teatros (el Variedades de Constitución, El Fénix de Flores, el Boedo) que contribuían a la vida barrial; aunque cada sector del vecindario, de acuerdo con su jerarquía, optaba por uno u otro de esos lugares dándoles cierta coloración social. Incluso algunos comercios (como el almacén o la peluquería) y aun el tranvía, donde casualmente coincidían los vecinos, eran sitios transitorios de sociabilidad (Sebreli, 2003:245).

 

Podríamos sumar a lista de espacios de sociabilidad propuesta por Sebreli, a las  ferias, los clubes sociales y deportivos, las parroquias, las asociaciones mutuales, los ateneos culturales, las bibliotecas públicas, los centros políticos, etc. La cantidad y la variedad de los territorios de encuentros fueron un complemento y también una válvula de escape que atenuaban la precariedad de las diversas formas del hábitat popular.

La pluma de Arlt (1958:65) ha retratado con gran maestría la vida y esencia de los barrios porteños. En sus Aguafuertes porteñas relata:

 

Encanto mafioso, dulzura mistonga, ilusión baratieri, ¡qué sé yo que tienen todos estos barrios!; estos barrios porteños, largos, todos cortados por la misma tijera, todos semejantes con sus casitas atorrantas, sus jardines con la palmera al centro y unos yuyos semiflorecidos que aroman como si la noche reventara por ellos el apasionamiento que encierran las almas de la ciudad; almas que solo saben el ritmo del tango y del “te quiero”. Fulería poética, eso y algo más. Algunos purretes que pelotean en el centro de la calle; media docena de vagos en la esquina; una vieja cabrera en una puerta; una menor que soslaya en la esquina, donde está la media docena de vagos; tres propietarios que gambetean cifras en diálogo estadístico frente al boliche de la esquina; un piano que larga un vals antiguo; un perro que, atacado repentinamente de epilepsia, circula, se extermina a tarascones una colonia de pulgas que tiene junto a las vértebras de la cola; una pareja en la ventana oscura de una sala: las hermanas en la puerta y el hermano completando la media docena de vagos que turrean en la esquina. Esto es todo y nada más. Fulería poética, encanto misho, el estudio de Bach o Beethoven junto a un tango de Filiberto o de Mattos Rodríguez. Esto es el barrio porteño, barrio profundamente nuestro; barrio que todos, reos o inteligentes llevamos metidos en el tuétano como una brujería de encanto que no muere, que no morirá jamás (Arlt, 1958:65).

 

El colorido y la diversidad social, cultural y económica de los territorios locales no contradicen la homogeneidad urbanística del damero infinito sino que en gran medida son impulsados por el plan colectivo de la grilla y el parque. La importancia de la calle, de la esquina, del espacio público en general: sus instituciones sociales, políticas y de esparcimiento, que contiene a su población variopinta, forman parte constituyente y distintiva de los barrios de Buenos Aires. Espacios recorridos al mismo tiempo por el progreso y la nostalgia mitológica, el presente buscaba su rumbo impregnado por un devenir hecho de promesas y realidades. Gorelik (1998), los define:

 

Pero este espacio histórico no va a estar definido por una tradición, como el barrio de la ciudad tradicional europea, ni por un destino, como el vecindario de la modernización sin cualidad, sino por un proyecto: en los primeros años de la formación de los barrios, la patria chica está hecha de promesas, de integración, de ascenso, de mejoras, de triunfos; es, en este sentido expreso, progresista (Gorelik, 1998:301 y 302).

 

 

A diferencia de las ciudades europeas, de las urbes latinoamericanas con fuertes tradiciones precolombinas y de los suburbios estadounidenses; no fue la historia ni la Providencia, sino el proyecto basado en el espacio público y sus instituciones quienes conformaron la idiosincrasia de los barrios porteños. En este caso, la categoría de “desierto” o de baja intensidad histórica, cultural y natural de la ciudad de Buenos Aires fue muy bien aprovechada para ir anexando a los futuros barrios a la idea de un Estado-nación en formación.

Entre 1830 y 1930 la movilidad social ascendente era imaginable y realizable a la vez. El trayecto recorrido por las clases populares en convertirse en sectores medios fue una característica peculiar de la ciudad de Buenos Aires en relación con otras urbes de América Latina. El afán de progreso de las nuevas clases medias hizo que la calle fuera más importante que la casa. Romero (1976), lo ejemplifica:

 

Fue la vida de los hombres fuera de su casa la que reveló transformaciones más profundas [...] Todos notaban que la vida se hacía poco a poco más vertiginosa, y deseaban estar en el vértigo porque sospechaban que, de lo contrario, retrocedían en lugar de avanzar. La calle eran los cafés y los restaurants, los teatros y los cines, pero también eran las oficinas y los bufetes, los clubes y los centros políticos. Si la familia quería progresar, era imprescindible que su jefe cultivara sus relaciones y procurara extenderlas (Romero, 1976:299).

 

 

Los nuevos barrios suburbanos que se fueron abriendo paso entre la marginalidad y la sociedad normalizada, poco a poco dieron lugar a la cristalización de una cultura original: mezcla de pasión, bohemia, nostalgia y esperanza (en el siguiente ensayo El tango y la cumbia villera como expresiones del suburbio se desarrollará la temática con mayor amplitud). Ramos (1999), la vivifica de la siguiente forma:

 

Esa imagen de nuevo suburbio, que respondió a un patrón casi constante –el damero infinito-, dio cuenta de un espacio social de claras diferencias con el centro urbano modernizado [...] Esta cultura popular sui generis, producto del encuentro conflictivo y radicalmente ambiguo de la América profunda y la América eurourbana, creó el tango, el candombe, la milonga, la poesía “rante”, las murgas y la temática del sainete; [...] creó una nueva cocina como amalgama de comidas criollas, indígenas y europeas; nuevas modas vestimentarias; nuevas lenguas como el cocoliche y el lunfardo [...] Este arrabal influenció la poesía y la literatura de Evaristo Carriego y Leopoldo Marechal [...] A su vez, se crearon espacios culturales propios, como clubes de madres, comedores populares, juntas vecinales, canchas de bochas, centros murgueros, peñas folclóricas y otros condensadores sociales [...] En síntesis, esta periferia urbana generó su propio orden. Un orden asentado en la solidaridad, la participación social, [...] un espacio cultural de encuentro y mezcla con toda la complejidad ambiental, las tensiones y conflictos que esto supone (Ramos, 1999:44 y 45).

 

 

En la Ciudad de Buenos Aires, a diferencia de otras ciudades del mundo, se construyó un espacio urbano en el que escasearon las diferencias por razones étnicas o de lugar de origen. Como acertadamente afirma Sarlo (1999:19): “[los argentinos] ignoramos lo que significan las identidades con guión (es decir, la forma de las identidades que posee Estados Unidos: ítalo-americano, polaco-americano, afro-americano)”. La ley 1420 de 1884 que estableció la obligatoriedad, gratuidad y laicidad de la enseñanza primaria tuvo mucho que ver con la proyección de una sociedad sin guetos étnicos ni religiosos. Aunque la ley surgió en un contexto político liberal, el Estado mantuvo el monopolio de la educación. Esto fue necesario para garantizar una educación por fuera de los principios confesionales (las escuelas estaban en manos de la iglesia católica), para sostener la libertad de culto de los inmigrantes, y para poder cohesionar a los recién llegados con la cultura y los ideales de la nueva nación (Jitrik, 1982). La escuela pública de gestión estatal, concentrada en la inclusión de los hijos de inmigrantes y de las etnias nativas al flamante Estado-nación, fue con frecuencia poco respetuosa de la diversidad cultural. El Estado utilizaba a la institución escolar como medio para imponer los valores de la “nación dominante”: la nación liberal que nació luego de la batalla de Pavón.

Segato (1998:17) asocia el énfasis puesto de la escuela pública e gestión estatal en la unificación nacional con el “terror étnico” y “el pánico a la diversidad”. La vigilancia de la pluralidad pasó por mecanismos institucionales oficiales, desde ir al colegio todos de blanco, prohibir el quechua y el guaraní donde todavía lo hablaban y por estrategias informales de vigilancia: la burla al acento, por ejemplo, aterrorizaba a generaciones enteras de italianos y gallegos, que tuvieron que autocensurarse para no hablar mal.

Desde la década de 1930, el proceso de suburbanización continúa fuera de los límites de la Capital Federal. En este caso, a medida que el fenómeno de expansión se aleja del centro metropolitano va perdiendo calidad urbana (relajamiento de las políticas de planificación: crecimiento espontáneo sin acompañamiento del equipamiento urbano) pero todavía conserva la inercia de lo público (intervención del Estado en la economía y trama urbana inclusiva). Silvestri y Gorelik (2000) nos brindan mayores detalles:

 

Ya en el segundo ciclo de la expansión metropolitana, el del Aglomerado Gran Buenos Aires a partir de la década de 1930, el soporte público se hizo crecientemente deficiente: las normas de uso del suelo en las coronas suburbanas provinciales fueron mucho más permisivas que en la Capital, no se produjo un plano público de conjunto ni se realizaron infraestructuras que garantizaran una llegada equitativa y universal de los servicios; pero, sin embargo, la expansión continuó realimentada por una combinación de factores relativamente independientes de las políticas urbanas específicas: una economía en crecimiento, la tradición estatal del bienestar y la inercia de una estructura urbana, la cuadrícula pública, potencialmente inclusiva, se encargaron de sostener en el tiempo aquella tensión igualadora (Silvestri y Gorelik, 2000:462).

 

 

La expansión urbana fue protagonista de las tensiones y los conflictos de intereses provocados por la idea fuerza del desarrollo económico y los genuinos reclamos de justicia social. A pesar de la particular influencia de cada coyuntura política, donde los conflictos tendían a resolverse con mayor o menor democracia política y distributiva, durante la etapa de tiempo que abarca desde 1930 hasta aproximadamente la mitad de la década de 1970, el Aglomerado Gran Buenos Aires puedo sostener con bastante éxito las vicisitudes planteadas por el crecimiento y la participación social. Silvestri y Gorelik, (2000), lo formulan de la siguiente manera:

 

Estas fueron [haciendo referencia a la cita anterior] las bases de un desarrollo metropolitano que siguió favoreciendo la incorporación autogestionada de sectores sociales a la propiedad inmueble dentro de un horizonte de ascenso social. Y también fueron las bases de un pensamiento sobre la ciudad que siguió imaginando un crecimiento homogéneo, en el que las diferencias tendían a disolverse: desde los parques públicos finiseculares hasta los conjuntos habitacionales del peronismo, desde el trazado de la red de subterráneos hasta el conjunto terciario de Catalinas Norte en los años sesenta; todos los grandes emprendimientos con que se fue conformando el perfil moderno de la ciudad, [...]  se postularon como difusores de una modernización capaz de afectar y transformar las pautas sociales y culturales del conjunto de la sociedad urbana; se pensaron como faros irradiadores de ideologías, como “polos de desarrollo”, siendo el desarrollo un valor ampliamente compartido por la sociedad (Silvestri y Gorelik, 2000:462 y 463).

 

 

Hasta el mercado de viviendas fuera de la ley denominadas “villas de emergencias”, surgidas principalmente por la llegada de inmigrantes internos atraídos por la creación de empleos que producía el modelo industrializador del primer peronismo, era considerado por los propios residentes y por el gobierno como un proceso transitorio vinculado al repentino crecimiento de la economía.

Para concluir con la descripción y explicación de la Buenos Aires moderna, nos parece oportuno transcribir parte de una bella poesía: Peón cuatro raviol de Jorge Ramos (2000:21-24):

 

Buenos Aires,

análoga caligrafía,

urbana cartografía

igual a todas las albañilerías

cuchareadas

en sus posteriores días.

Ciudad insistente,

tautológica,

mimeográfica,

de interminables ecos cartesianos

tartamudeados a los cuatro vientos.

[...]  Buenos Aires,

ciudad de papel,

futura morada

de muchedumbre inmigrada,

enquilombada Babel,

menguante de españoles;

con premonitoria forma

de caja de ravioles

cocidos ordenadamente,

al dente,

en la cacerola de los nietos de Vignola.

 

[...] Anglófilos funcionarios,

a cara de perro,

la atravesaron

con caminos de hierro,

spaghetti ferroviarios

menos sabrosos, seguramente,

que aquel primer “spago” oriental

morfado por Marco Polo

en la corte del Kublai Kan.

 

Con la modernidad haussmanniana

llegaron las diagonales y el bulevar

para que alfiles y damas

se pasearan

de la Rosada al Congreso

y al Tribunal.

 

Por el capricho de algún rematador

las piezas se mezclaron

en la expansión

y los “malfatti” de la periferia

se escurrieron por el colador

de la ancestral tozudez

de la miseria.

 

Desafiando el tablero infinito

y la raviolada

desmesurada,

la cercaron despacito:

primero silos y docks

sobre el río sin arena,

después la General Paz

(trinchera poligonal)

y allá… en la puerta pampera

en estilo internacional,

Lugano uno y dos,

Soldati y Piedrabuena.

 

Con esta inmensa marea

de la América morena,

de tranvía, tren y ruta,

de remate en bañadera,

la Buenos Aires cuadrada

se estiró como gomera [...]

Desde la creación del plano de la Ciudad de Buenos Aires de 1898-1904 se intentó difundir una ciudad “tautológica”, ordenada por la cocción al dente de la “raviolada” (damero planificado). Aunque a partir de 1930, la “raviolada” fue desafiada por los “malfatti” (damero espontáneo) de la periferia, todavía (hasta comienzos de los años setenta) la “masa” constitutiva de la Buenos Aires moderna-expansiva conservaba los ingredientes fundamentales que le permitía desplegarse con relativa elasticidad, sin mayores resquebrajamientos.

En el Aglomerado Gran Buenos Aires el ciclo expansivo con inclusión social comienza a resquebrajarse seriamente, hacia mediados de la década de 1970, de la mano de la última dictadura militar. Las medidas tomadas relacionadas con un tipo de cambio deprimido que destruyó a la industria nacional, la descentralización industrial hacia el interior del país que generó grandes vacíos en el tejido urbano, la brutal erradicación de las villas de emergencia de la Capital expulsó a los habitantes hacia sus provincias de origen (Silvestri y Gorelik, 2000), y la trilogía de normativas urbanas del año 1977: la ley de alquileres (que facilitó la indexación de los inmuebles), la sanción del Código de Planeamiento Urbano de la Capital (que intensificó la especulación inmobiliaria) y el Decreto-Ley 8912 de Usos del Suelo de la provincia de Buenos Aires (que desanimó la construcción de viviendas económicas) (Oszlak, 1991; Torres, 1993); fueron sintomáticas del nuevo proceso que estaba por empezar.

Asimismo, las grandes obras públicas emprendidas por la dictadura (la construcción de autopistas, la remodelación de estadios de fútbol, la modernización de canal 7, la intervención en plazas y parques, la construcción de Interama, la creación del CEAMSE) fueron parte de “una modernización que ya no tenía como contracara el ciclo ‘progresista’ [...] de expansión hacia afuera del territorio –metropolización- y hacia adentro en la sociedad –integración y ascenso-” (Gorelik, 2004:197 y 198). Tenemos por un lado, la sobreactuación del Estado a través de sus emprendimientos faraónicos que impresionaron a muchos poco informados. Y por otra parte, la desaparición del mismo Estado en cuestiones de regulación económica. El resultado fue lamentable: al mismo tiempo que se abandonaba la promoción de los sectores populares, se alentaba (por acciones u omisiones) la concentración del poder económico.

La recuperación de la democracia en 1983 produjo una apreciable revitalización cultural y política del espacio público, pero no pudo expandir sus acciones para inducir una desconcentración del poder económico-financiero. Renacía, entonces, una democracia formal que permanecía bajo las garras de los poderes fácticos tradicionales (militares, terratenientes, grandes corporaciones nacionales o multinacionales, organismos internacionales de crédito). El poder político debilitado por el constantemente acoso de los poderes conservadores, no puedo hacer frente a las demandas sociales y económicas postergadas por la última dictadura militar. En este marco socioeconómico, el Aglomerado Gran Buenos Aires sufrió múltiples carencias relacionadas con la infraestructura de servicios, el sistema público de transporte y comunicaciones, la situación habitacional y el sistema hidráulico. “Entonces fue notorio que los hilos que mantenían la tensión expansiva se habían cortado, revelando una [...] fragmentación del artefacto urbano: cortada la red pública universal de sostén material de la modernización urbana se desvanecía la idea de un destino para Buenos Aires con su promesa de homogeneidad” (Silvestri y Gorelik, 2000:466).

En el contexto de una sociedad cada vez más fragmentada, surgen los asentamientos a principios de los años ochenta. Las tomas de tierras para el desarrollo de poblamientos ilegales fueron el resultado de la aplicación del Decreto-Ley 8912 que prohibía el fraccionamiento de terrenos sin una infraestructura de servicios consolidada. Por lo tanto, las tierras con mejores equipamientos urbanos y más costosas solo pudieron ser adquiridas por los sectores sociales medios altos y altos, que en muchos casos fueron utilizadas para el desarrollo de barrios cerrados.  

A diferencia de las villas de emergencia que se pensaban transitorias, los asentamientos nacieron con la idea de establecerse de manera permanente. Fueron producto de una acción colectiva y planificada, donde estuvieron involucrados referentes sociales, políticos, sindicales y religiosos. Por tal motivo, luego de la ocupación de la tierra, se buscó entrar en contacto con las autoridades gubernamentales para regularizar la situación, ya sea en el tema de la tenencia de la tierra como en lo referente a la urbanización del asentamiento (equipamiento y servicios urbanos). Los asentamientos buscan asimilarse a los barrios populares adyacentes para así escapar al rótulo estigmatizante de la villa de emergencia, asociado a la haraganería y al delito (Merklen, 1995). A diferencia de las villas de emergencia, originadas en el contexto de un modelo económico y social inclusivo, los asentamientos fueron la cara visible de un arquetipo de país estructuralmente fragmentario y excluyente.  

En los años noventa, la apertura y la desregulación de las actividades económicas van a proporcionar una nueva configuración urbana. La aplicación de una política económica neoliberal acompañada de una moneda local sobrevaluada, sostenida “mágicamente” por las privatizaciones, los préstamos externos y la entrada de capitales golondrinas en busca de elevadas tasas de interés[15], produjo un gran daño socioeconómico a la nación. El desempleo resultante y el incremento de la pobreza en condiciones estructurales, sin horizontes de progreso alguno, creó una ciudad reaccionaria y desigual. No obstante, lo que más daño causó el capitalismo apátrida de los noventa fue la degradación del alma política y económica del pueblo. Así lo explica Rinesi (2004):

 

Porque cada vez más, en Buenos Aires, ser es ser clientes. No ya ciudadanos (esa añoranza de las postales de 1810, la Plaza bajo la lluvia y el pueblo que quería saber de qué se trata) ni usuarios (esa nostalgia del viejo estatalismo, del viejo keynesianismo Que creíamos superado y que nos suponía en situación de utilizar los bienes que el Estado había construido para nosotros). No: clientes. Contribuyentes –en realidad- y clientes. Contribuyentes, en efecto, al Nuevo Estado Equilibrado y Sin Inflación, y clientes de las empresas privadas a las que el Viejo Estado Paquidérmico y Deficitario ha malvendido, con pompa y desparpajo, su patrimonio (Rinesi, 2004:57 y 58).

 

 

La política seguida por el mercado y también promovida por el Estado, modernizando algunos fragmentos estratégicos de la ciudad, convirtió a la ciudad en espacio habilitado para realizar buenos negocios en servicios y bienes banales. Muxí (2004) apunta:

 

A diferencia de las inversiones precursoras en los countries (década del 30), las promociones de la década de 1990 fueron gestionadas por grandes grupos inmobiliarios, con dinero proveniente en su mayor parte de fondos de inversión de planes de jubilación. Esta simultaneidad global entre el anuncio del fin de la jubilación pública y la garantía de los planes privados que inundó la publicidad a comienzos de la década, pone en evidencia el proceso de “hacer” ciudad como inversión y negocio para el capital financiero (Muxí, 2004:81).

 

Los grandes emprendimientos realizados en el Aglomerado Gran Buenos Aires en la última parte del siglo XX (emblemáticas torres de viviendas y empresas, autopistas, shoppings, hipermercados, urbanizaciones cerradas, Puerto Madero, el Tren de la Costa, etc.) pueden confundir a muchos y desechar la idea de una ciudad en crisis (Sebreli, 2003). Habrá que responder, con Gorelik (2001), que se trata de una modernización de superficie destinada a un pequeño sector de la población. No existe una modernización en profundidad (infraestructura, tecnología, servicios, transporte, vivienda) que beneficie a la mayor parte de la sociedad. Tampoco funcionan como dinamizadores del espacio público sino como enclaves recortados sobre un fondo de decadencia, espejos de los procesos de concentración económica que les dieron origen.

La modernización de superficie, “genera, a la vez, comunicaciones ágiles y embotellamientos, acceso más o menos simultáneo a una vasta oferta cultural internacional y la dificultad de gozarla porque el museo o el teatro queda a una hora o dos de nuestra casa y el transporte es deficiente”, (García Canclini, 1999:87), acceso a Internet pero cuando llueve hay cortes de luz que nos hacen regresar de la computadora a la máquina de escribir, la posibilidad de operar con cajeros automáticos pero seguimos haciendo colas para realizar trámites, tecnología del siglo XXI pero distribuida con elementos del siglo XIX: postes y cables que pasan por delante de las viviendas sumando a la contaminación visual del espacio público.

El reciclado del Tren de la Costa, “un circuito turístico con estaciones shoppings” (Sebreli, 2003:273), pone muy en claro el contraste entre el progreso de superficie y el desarrollo en profundidad. Siguiendo con Sebreli (2003):

 

En un país donde se han levantado vías férreas dejando en la incomunicación a pueblos enteros, anulando trenes aun entre la Capital y ciudades importantes, [...] se permite, en cambio, la instalación de trencitos de juguetes para comunicar paraísos artificiales de consumo (Sebreli, 2003:273).

 

 

La inversión paradigmática que produjo una nueva tipología urbana y una nueva manera de concebir la ciudad ha sido el shopping center. Silvestri y Gorelik (2000) aseveran:

 

[...] a diferencia de las tipologías modernistas, el shopping se monta con comodidad sobre el fin del ciclo “progresista”, en la decadencia económica y la retirada del Estado, porque es la avanzada de una ciudad que ya no supone la expansión y la homogeneización, sino que trabaja sobre el contraste y el imaginario de la exclusión [...] el shopping [...] vive del contraste, porque el orden y la seguridad que en la ciudad postexpansiva se demandan como nuevo valor escaso en el espacio público, los ofrece dentro de su propio mundo cerrado (Silvestri y Gorelik, 2000:484).

 

 

Los pobres, ante este panorama, buscan en el shopping un refugio de cristal y plástico que los separe de la ciudad de la basura y del terror. Los sectores sociales más vulnerables, en coincidencia con Sarlo (1994):

 

[...] (que) carecen de una ciudad limpia, segura, con buenos servicios, transitable a todas horas; viven en suburbios de donde el Estado se ha retirado y la pobreza impide que el mercado tome su lugar; soportan la crisis de las sociedades vecinales, el deterioro de las solidaridades comunitarias y el anecdotario cotidiano de la violencia [...] van [al shopping] los fines de semana cuando los menos pobres y los más ricos prefieren estar en otra parte. El mismo espacio cambia con las horas y los días mostrando esa cualidad transocial y fragmentaria que, según algunos, marcaría a fuego el viraje a la posmodernidad (Sarlo, 1994:21).

 

Así, la categoría tiempo define los usos del espacio cotidiano. Esta “ciudad en capas” (Marcuse, 1998) hace que distintos sectores sociales utilicen un mismo espacio de diferentes maneras en distintos horarios. Si el territorio no es lo suficientemente contundente para separar a los más ricos de los más pobres, la tarea disuasoria es realizada por el tiempo, apelando a su mayor flexibilidad y anonimato.

 La ciudad constituida desde los principios de la economía de mercado fue creando un sistema urbano fragmentario, selectivo y especializado a manera de “islas” (Figura 40) que acentúa la segregación socioespacial de la metrópoli y favorece la constitución de “guetos”. Al respecto, Liernur (2001) expresa:

 

En suma, la construcción de la ciudad de fin de siglo ya no sigue el sencillo esquema de crecimiento en mancha de aceite que fue característico a lo largo de todo el siglo. Aunque con el tiempo adquiriera cierta autonomía, la constitución de vecindarios y luego de barrios[16], tanto en el primero como en los sucesivos cordones de expansión, estaba subordinada a una centralidad de grado “superior” correspondiente al centro histórico de la ciudad. En los comienzos, se trató de sectores escuálidos con una ocupación irregular de territorio, pero con el tiempo se fueron rellenando los huecos y se alcanzó una centralidad complementaria pero nunca alternativa. La ciudades de fin de siglo, en cambio, explotan e implotan al mismo tiempo (Liernur, 2001:382 y 383).

 

 

Figura 40: Organización socioespacial del Aglomerado Gran Buenos Aires  (Fuente: elaboración propia en base a Thuillier, 2005b).

 

La estructuración de un espacio urbano difuso o disperso también fue potenciado por el diseño de las principales vías de circulación. Si analizamos el mapa (Figura 41) sobre las rutas de crecimiento del Aglomerado Buenos Aires, observamos una expansión donde predominan los ejes de comunicación tentaculares (paralelos o perpendiculares a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) frente a la escasez de las rutas de circunvalación. La disposición de las rutas y autopistas invitan, entonces, a desgranar el tejido urbano en vez de tratar de propiciar la integración entre los distintos espacios habitados o por habitar.

 

 

 

Figura 41: Las rutas del crecimiento

(Elaboración propia en base a Clarín, 27/08/2005:2)

 

Los nuevos procesos suburbanos (en formato de barrios cerrados) protagonizados por los sectores más pudientes de la población suponen la dispersión (explosión) y la fragmentación (implosión) del Aglomerado Gran Buenos Aires. La mayor autonomía de la periferia posmoderna en comparación a los suburbios modernos implica la desarticulación de los vínculos tradicionales (de dependencia y solidaridad) entre el centro y la periferia privatizada. Asimismo, como ya habíamos hecho referencia en páginas anteriores, también existe falta de comunicación entre la periferia (cerrada) y la periferia (abierta). Liernur (2001) asevera:

 

Enormes terrenos en los costados de las nuevas redes de autopistas son ocupados por cajas cerradas sobre sí mismas, instaladas las más de las veces sin ninguna vocación de articulación con el contexto en el que se encuentran, ni si quiera en el plano de la retórica, por cuanto como señales destinadas a ser percibidas a gran velocidad, su carga de información debe reducirse al mínimo que se alcanza con la exhibición de marcas de dimensiones gigantescas (Liernur, 2001:383).

 

Lo mismo podríamos decir entre el centro tradicional (conjugado por la mezcla social) y el centro posmoderno (más exclusivo: conformado de torres country y barrios gentrificados). Si traducimos este paisaje en un planisferio nos resultaría lo siguiente: grandes continentes (de barrios de clase media baja y clase trabajadora) separados por estrechos bien vigilados (barrios de clase media tradicional) rodeados de océanos surcados por archipiélagos de indigencia y de opulencia. Ciccolella (1999), agrega:

 

[...] el proceso es sumamente complejo ya que también se reestructuraron en algunos casos las periferias de la segunda corona del Gran Buenos Aires, partidos como Quilmes, Avellaneda, Ezeiza, San Isidro, Tigre, están sufriendo transformaciones muy fuertes de su espacio residencial, productivo, logístico, comercial e industrial, donde el crecimiento no solo se concentra en las antiguas áreas centrales, sino también sobre los grandes ejes de circulación rápida, especialmente en la zona norte del conurbano. El reequipamiento de estas áreas (segunda y tercera corona) determina una cierta disminución en términos relativos de los flujos entre la periferia y el centro. Los nuevos parques industriales, centros comerciales, de espectáculos, los nuevos centros universitarios de la periferia tienden a inmovilizar a la población residente o a cambiar sus trayectos, que ya no son casi exclusivamente hacia el centro de Buenos Aires, sino que se reorientan hacia el interior del partido, o entre partidos de la Región Metropolitana de Buenos Aires. (Ciccolella, 1999:12).

 

 

 

  Si tomamos el caso de Lomas de Zamora, un sector del centro tradicional ha sufrido en los últimos años un proceso de ennoblecimiento tanto comercial como residencial que se autodenomina “Las Lomitas” (Figuras 42, 43 y 44), buscando identificarse con el polo gastronómico “Las Cañitas” del barrio de Palermo. “Las Lomitas” es un nodo más de los subcentros posmodernos (análogo al centro gentrificado pero en menor escala) que se separan de los subcentros tradicionales (no siempre las barreras son materiales, sino que también los altos costos de los bienes y servicios ayudar a construir muros invisibles insalvables), para conformar una red de espacios (donde algunos de sus artefactos residenciales, comerciales y de servicios) que pueden estar integrados físicamente al tejido urbano preexistente, pero desvinculados del entramado socioeconómico popular.

 

 

Figura 42: Local de cocina japonesa en “Las Lomitas” (Lomas de Zamora)

(Fotografía: Romano, 2008) 

 

 

 

                      

   

   Figura 43: Tiendas de lujo en “Las Lomitas” (Lomas de Zamora)

   (Fotografía: Romano, 2008) 

 

 

 

 Figura 44: Torre “country” en “Las Lomitas” (Lomas de Zamora)

 (Fotografía: Romano, 2008) 

 

 

La reestructuración del conurbano está produciendo múltiples transformaciones en las representaciones socioculturales. Allí donde hay actores significativos y con presencia cotidiana asistimos al surgimiento de nuevas identidades. Por ejemplo, con respecto a la política ciudadana, el “piqueterismo” encarna la manifestación de la pobreza urbana. En el caso de las identidades religiosas, el monopolio católico ha sido quebrado por la presencia de un pujante, activo y dinámico movimiento evangélico pentecostal[17] que hoy se hace presente en todos los barrios (Mallimacci, 2009). También se observa, entre los sectores populares, la veneración de sus propios “santos” como el Gauchito Gil (ícono de esa mezcla de rebeldías difusas que ahora conocemos como el “aguante”), así como la práctica de experiencias “New Age” entre muchos miembros de los grupos sociales de mayores ingresos. En cuanto a lo musical, de los barrios más carenciados ha surgido la “cumbia villera”, de los vecindarios de clase media baja ha emergido el “rock barrial” (con su idiosincrasia del “aguante[18]”) y el hip hop argentino, mientras que en las suburbanizaciones privadas prevalece la cultura musical “electrónica” y el rock and pop internacional. Como podemos apreciar, la “cumbia villera” y el “rock barrial” poseen una identidad espacial inmediata, mientras que la música “electrónica” y el pop internacional forman parte de la subcultura cosmopolita de las ciudades globales. Por otro lado, la realidad socioeconómica ha inspirado la literatura de Ángela Pradelli (Turdera), de Santiago Vega (Cosa de negros), de Pablo Ramos (El origen de la tristeza), de Sergio Olguín (Lanús) y de Claudia Piñeiro (Las viudas de los jueves). Asimismo, hubo otros productos culturales que pusieron el foco sobre los excluidos del sistema (la obra de teatro Acassuso) y sobre los sectores sociales más acomodados que habitan en los barrios privados (la serie televisiva Ama de casas desesperadas y el film Cara de queso).

 A diferencia de las subculturas modernas, las posmodernas no se convocan ni se mezclan. Se cortaron los puentes que mantenían en contacto al conjunto del entramado sociocultural. Aunque existan varios fenómenos transociales (de hecho todas las subculturas son hijas de la cultura madre posmoderna) que puedan ser consumidos a través de los medios masivos y de las tecnologías de la información y de  las comunicaciones, los hilos virtuales generalmente son incapaces de entrelazar al conglomerado del espacio social real. Por otro lado, con solo “compartir” (consumir) el territorio hiperreal[19] se corre el peligro de que el espacio geográfico se transforme en un lugar de hiperprecauciones y de hiperprejuicios.

Por último, nos resta analizar la situación socioespacial más reciente. Luego de la crisis histórica del 2001, donde caen estrepitosamente todas las variables socioeconómicas, en el año 2003 comienza una nueva etapa de crecimiento con expansión de derechos sociales. En el haber de la era kirchnerista tenemos la reducción significativa de la deuda externa, el crecimiento del PBI, el tipo de cambio competitivo, el superávit gemelo (comercial y fiscal), el proceso en marcha de sustitución de importaciones, un incremento significativo del nivel de empleo, la mayor integración estratégica con los países de América Latina, la mayor participación de los trabajadores en la política salarial a través de las Convenciones Colectivas de Trabajo (Paritarias), la reestatización del sistema previsional, la nacionalización de empresas (Correo Argentino, Aguas Argentinas, Aerolíneas Argentinas, YPF), la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central, la movilidad automática dos veces al año de las jubilaciones mínimas, la ampliación de la cobertura previsional incorporando a las amas de casa y a los trabajadores no registrados, el otorgamiento de la Asignación Universal por Hijo y el mejoramiento de los diversos indicadores sociales. Sin embargo, en la columna del debe se encuentran varios temas estructurales (heredados y de la gestión actual) por resolver. Entre ellos podríamos mencionar la ausencia de un cambio significativo de la matriz productiva, la concentración y la extranjerización de la economía, los niveles elevados de inflación, las desigualdades regionales, la fuga de capitales, las deficiencias del transporte público de pasajeros, la falta de crédito para el acceso a la vivienda por parte la clase media[20], la persistencia de un amplio porcentaje de trabajo informal, la existencia de una estructura impositiva poco progresiva y la falta de ampliación de la red ferroviaria de pasajeros y carga.

Consideramos, a fin de cuentas, que el balance socioeconómico ha tenido un saldo positivo. Asimismo, la recomposición del poder político perdido en la década de los noventa nos permite ser optimistas para enfrentar los desafíos que nos depara el futuro.

No obstante, cuando analizamos la temática socioespacial observamos una situación bastante problemática. En cuanto a la cuestión de la tierra y la vivienda en la provincia de Buenos Aires, Verbitsky (2012) asevera:

 

El problema es estructural y no puede imputársele a un solo gobierno. Comenzó con la supresión en 1955 de la función social de la propiedad, uno de los pocos derechos colectivos de la Constitución de 1949 que no fueron repuestos en reformas posteriores. Lo intentó el proyecto de reforma constitucional pactado en 1990 por Raúl Alfonsín y Antonio Cafiero. Inscripto dentro del constitucionalismo social, su texto definía un Estado social y democrático de derecho en el que la actividad económica, la propiedad privada y el capital [debían] estar al servicio del hombre y cumplir una función social. [El proyecto fue derrotado en un plebiscito] […] La denominada “Ley de ordenamiento territorial y manejo del suelo”, un decreto firmado en 1977 por el interventor militar en la provincia de Buenos Aires, regula lo relativo a los countries y barrios privados pero no dice una palabra sobre la vivienda popular […] Algo similar ocurre con el proyecto de reforma de los códigos civil y comercial anunciado hace dos semanas, que resuelve muchos problemas legales de los desarrolladores inmobiliarios de countries [modificación de la Ley de Propiedad Horizontal, en la cual se incluye la nueva realidad de los barrios privados] y hace una vez más silencio sobre los asentamientos informales en los que vive un millón de bonaerenses […] [Por otra parte,] Los desarrolladores inmobiliarios compran tierras baratas y aguardan sin que se los penalice con ningún impuesto a que la inversión pública […] decuplique su valor y en ese momento construyen un country o un barrio cerrado. Pare ello no deben ceder nada al Estado, mientras que un loteo popular el 37 por ciento se traslada para la apertura de calles, plazas y equipamiento público. Así, ha desaparecido la oferta de lotes para vivienda popular e incluso zonas tradicionalmente pobres, como el sur y el oeste, terminan colonizadas por los sectores de altos ingresos, mientras los indigentes son empujados a lugares cada vez más lejanos, más caros y de inferior calidad. El resultado fue una feroz fractura social: los ricos encerrados en sus barrios y los pobres en asentamientos ilegales sobre las peores tierras, ocupadas por la fuerza. Por eso, cinco años después de la promulgación de aquella ley, en 1982 volvió a incluirse la usurpación como delito en el Código Penal (Verbitsky, 2012:12 y 13).

 

 

Ante la falta de regulación del mercado inmobiliario, que actúa expandiendo la inversión en tierras y viviendas como refugio de valor, el precio de estos bienes ha crecido notablemente. La retención especulativa de grandes extensiones de tierras (esperando el momento oportuno de su revalorización para desarrollar emprendimientos residenciales cerrados) y la conservación de inmuebles vacantes, reduce las posibilidades de los sectores populares y de la mayoría de la clase media al acceso de la tierra y la vivienda propia. Para atenuar la contracción de la oferta por motivos especulativos, Baer (2011) propone aumentar el valor del impuesto inmobiliario de manera progresiva a los años que la propiedad esté desocupada. De esta forma, aumentaría el stock de propiedades en el mercado que provocaría una baja del valor de venta y alquiler de las viviendas. Con la misma lógica, también podría ser aplicado el incremento progresivo para los terrenos ociosos. Además, Sorín (2011:13) ex decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, recomienda “una política de alquiler social por la cual el estado subsidie parte del pago del alquiler y aporte la garantía a la que los sectores populares no pueden acceder”. Lewkowicz concluye:

 

Un aspecto central de la política de suelo es la recuperación de plusvalías (beneficios), que permite que el Estado se apropie de la valorización que las propias obras públicas efectúan sobre terrenos e inmuebles. Un ejemplo de ello sería el aumento en los precios del suelo que genera la extensión de una línea de subte. Colombia y Brasil tienen esquemas de recuperación de plusvalías. “En Estados Unidos y Canadá el 80 por ciento del financiamiento de los municipios es captación de plusvalías”, agrega Fernández Wagner. “Esos recursos obtenidos por el Estado se podrían desviar al desarrollo de viviendas”, propone Sorin (Lewkowicz, 2012:5).

 

 

La posibilidad de un cambio significativo en la política urbana podría llegar a ser la ley de Promoción del Hábitat Popular, aprobada hacia finales del año 2012 por la Legislatura de la provincia de Buenos Aires. La normativa contó con el aporte de diferentes organizaciones sociales, de la Universidad de General Sarmiento y  de profesionales de varias disciplinas.

Básicamente, la ley busca regular el desarrollo urbano para que los sectores populares puedan acceder a la vivienda propia y, por otra parte, poder controlar el negocio de la especulación inmobiliaria. Los tres principios básicos de la normativa son: el derecho a la ciudad, la función social de la propiedad y la gestión participativa (Verbitsky, 2012). De todas las ideas de la ley la más conflictiva es la referida a la “Cesiones de suelo”. De acuerdo con Zait (2011):

 

Sobre este último punto, […] [la norma] dispone que los emprendimientos de urbanización privada (clubes de campo, barrios cerrados y countries), de cementerios privados y de centros comerciales de más de 5 mil metros cuadrados que se instalen en la provincia deben entregar al municipio en forma gratuita terrenos equivalente al 10 por ciento de la superficie neta de esos predios, pero ubicados en otro lugar. La forma en que se difundió la noticia inducía a entender que los habitantes de los futuros countries deberían convivir en terrenos lindantes o incluso dentro del perímetro del emprendimiento con viviendas populares, mixtura que provocaría escozor. La norma establece que “en todos los casos la cesión podrá efectivizarse en una localización diferente a la del emprendimiento, accesible desde vía pública y acordada con el municipio, y “en casos excepcionales debidamente fundados y aprobados previamente por Ordenanza municipal, la cesión de suelo podrá canjearse por un pago en dinero efectivo al Municipio, haciendo los cálculos de equivalencia de los valores correspondientes” (Zaiat, 2011:16).

 

 

Sin querer desmerecer la flamante ley, que avanzaba sobre temáticas urbanas claves, nos parece necesario hacer referencia a una cuestión importante que no fue tenida en cuenta. La normativa no apunta específicamente a urbanizar (abrir, integrar, socializar) a los desarrollos residenciales privados. No es atendido uno de los principales problemas de la filosofía de la ciudad contemporánea: el no querer ser parte de la ciudad de todos. La ley no combate la ideología privatista y antirrepublicana de los emprendimientos residenciales cerrados.

Es preocupante que desde la función pública, la privatización del espacio urbano sea tomada como algo natural. Es pensar, en ese sentido, con la misma lógica del razonamiento reaccionario del mercado. No alcanza con construir viviendas populares si desde el Estado es avalado un sistema urbano guetificado. La política urbana estatal debería garantizar la integración al espacio público de los emprendimientos residenciales privados (es decir, terminar con su acceso restringido), si es que pretende efectivamente, un hábitat urbano más justo y colectivo.

Por otra parte, no todo fue negativo (en cuanto a la temática urbana) en el proceso político iniciado con el matrimonio Kirchner. Entre las políticas socioespaciales a destacar se encuentran el plan de  construcción y mejoramiento de viviendas iniciado por el Estado nacional a partir del año 2003. No obstante, ante la enorme demanda de las clases populares populares no llega a cubrir las necesidades del sector. También fue importante la creación del Banco de Tierras, por decreto nº 835 del Poder Ejecutivo Nacional con fecha 6 de Julio de 2004. El propósito fue generar en el ámbito de la Comisión de Tierras Fiscales-Programa Arraigo, hoy dentro de la órbita de la Subsecretaría de Tierras para el Hábitat Social (decreto nº 158/06), un registro con información acerca de los inmuebles de dominio privado del Estado nacional que puedan ser afectados a fines sociales. El municipio de Moreno a través de remates judiciales y donaciones directas ha creado un importante Banco de Tierras digno de ser imitado por otras jurisdicciones.

Asimismo, en los últimos años, en el conurbano bonaerense hubo una mayor inversión relacionada con la recuperación de espacios verdes (Figura 45), la seguridad pública y el equipamiento urbano en general. En todos los casos, la tarea fue articulada entre los distintos estamentos gubernamentales: nacional, provincial y municipal. Por otro lado, la quita de subsidios para los servicios de electricidad, gas y agua, desde el mes de marzo de 2012, para todos los residentes de barrios cerrados del país y de zonas alto poder adquisitivo del Gran Buenos Aires (Puerto Madero, Barrio Parque, Recoleta, San Isidro, Adrogué, Hurlingham, Ituzaingó, San Fernando, Vicente López, Tigre, etc.); podría considerase como un acto de justicia socioterritorial.

 

 

 

Figura 45: “Plaza de la algodonera” (Temperley, Lomas de Zamora).

(Fotografía: www.lomasdezamora.gov.ar, 2012)

 

  

Para diferenciar a la etapa iniciada en el año 2003 con la década de 1990 existe un hecho que es bastante esclarecedor. Durante la década menemista el sistema público previsional fue privatizado y muchos de los fondos fueron utilizados para financiar los grandes emprendimientos residenciales privados. En cambio, con la reestatización del sistema jubilatorio realizado por el gobierno kirchenerista, parte de los fondos son utilizados para proveer de netbooks a los colegios secundarios públicos de gestión estatal de la nación, para otorgar la Asignación Universal por Hijo. También, en plena crisis mundial del año 2009, se le asignó  un préstamo a la empresa General Motors filial Argentina, para impedir la disminución de la producción y los probables despidos. Por lo tanto, el cambio en el tipo de inversiones y prestaciones, a partir de los fondos jubilatorios, nos brinda un paradigma totalmente diferente: del financiamiento a la privatización de la ciudad en los años noventa, a la búsqueda de preservar y expandir derechos sociales en tiempos actuales.

A manera de síntesis de este apartado,  retomando el proceso de expansión de la ciudad moderna expuesto por Gorelik y Silvestri (2000), advertimos que la ciudad “global” ha modificado el rumbo de las tres fuerzas orientadoras de aquella ciudad. El crecimiento hacia afuera (periferización) dejó de ser más o menos compacto a ser  fragmentado, a manera de “saltos de rana” (Ortiz y Schiappacasse, 1999: 12), “islas” o enclaves (urbanizaciones cerradas, shoppings, hipermercados). La expansión hacia adentro (integración social) padeció el proceso inverso (exclusión social) desde principalmente el año 1976 hasta el año 2002, recuperando un poco del terreno perdido desde el 2003 en adelante a partir de políticas tendientes a la inclusión social. Y el crecimiento hacia adelante (idea de proyecto, de progreso) alterado profundamente desde los años oscuros de la última dictadura militar, pretende ser recompuesto desde la llegada del kirchnerismo al poder, por medio de un proyecto político nacional, popular y progresista. El gran desafío de la ciudad “global” es volver a recuperar el sentido abierto, integrativo y progresista que supo tener la Buenos Aires moderna. Creemos que es una utopía que puede volver a ser realidad si continúan profundizándose las transformaciones que se vienen produciendo en los últimos años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10. Conclusiones

 

 

 

10.1. Desafíos y Propuestas

 

 

 

Cuando nos enfrentamos ante problemáticas urbanas descubrimos la necesidad de contar con un Estado activo en cuanto a políticas de ordenación y planificación espacial. No olvidemos que “el Estado nacional […] es ante todo un Estado territorial. Así como no hay Estado sin territorio no debería haber territorio sin gestión” (Roccatagliata, 2001:477). Desde el 2003 el Estado nacional ha demostrado su presencia y actividad a través de contundentes políticas económicas y sociales, pero no ha intervenido lo suficiente en materia de gestión territorial. No observamos, todavía, una significativa expansión de derechos socioespaciales. El acceso a la tierra, la vivienda y al transporte público de calidad (especialmente los ferrocarriles), no logran ser satisfechos por insuficiencia de inversión pública y falta de controles sobre los capitales especulativos.

Asimismo, una de las mayores dificultades que enfrenta la gestión urbana reside en promover espacios que estimulen y fomenten una amplia diversidad de usos por parte de sus diversos habitantes. Ante esta situación, opinamos que existen tres condiciones que podrían ayudar a lograr una mayor diversidad en las calles y en los barrios de la ciudad. La primera, que el lugar debe ofrecer múltiples funciones, de manera que la gente pueda utilizar un mismo territorio para fines diferentes en distintos horarios. De no ser así, los espacios pierden vitalidad y, en consecuencia, seguridad cuando permanecen desafectados de sus funciones rutinarias. La segunda, que en los barrios deben predominar los comercios minoristas, las ferias y los restaurantes pequeños, ya que son esenciales para la seguridad, la diversidad social y la vida pública de los vecindarios. Y la tercera, que la diversidad, complejidad y vitalidad requiere de una concentración de personas suficientemente densa. Pues, la ciudad extendida, dispersa, poco densa no permite la concentración del flujo de intercambios (económicos, sociales y culturales) necesarios para mantener la vida social entre los diferentes grupos humanos que conforman una urbe. Cuando la ciudad aumenta en cantidad y en calidad la oferta de espacios públicos, está acrecentando las probabilidades de encuentros casuales, que ayudan a aceptar la alteridad, reconociendo las viscisitudes que se comparten. Solo en el en el contacto inevitable con extraños es posible forjar una personalidad capaz de admitir la diversidad de costumbres y tolerar las discrepancias. “La capacidad de convivir con las diferencias, por no hablar de disfrutar de ellas y aprovecharlas, no se adquiere fácilmente, y por cierto no viene sola. Esa capacidad es un arte que, como todas las artes, requiere estudio y ejercicio” (Bauman, 2002b:114).

En el Gran Buenos Aires, precisamente en el barrio La Estrella del municipio de San Miguel, encontramos una nueva experiencia, denominada “Parque Social”, destinada a desarrollar espacios abiertos e inclusivos. Ante las distintas problemática sociales de barrio, la comunidad local propuso (luego de varias deliberaciones) la reconversión de un terreno baldío adyacente para transformarlo en un lugar donde se puedan desplegar actividades destinadas a fomentar la reinserción de los vecinos al ámbito educativo y laboral. Estos pequeños y aislados espacios locales de encuentro y esperanza deberían multiplicarse por todo el territorio metropolitano, en oposición al avance de los espacios (“Parques Residenciales”) exclusivos (Diéguez y Tella, 2007).

Por otra parte, una metrópoli bien constituida debiera estar conformada por suburbios relativamente autónomos pero ligados entre sí y todos unidos al centro de mayor jerarquía. Es decir, que cada componente de la misma, cada subcentro, pueda retener cierto grado de multifuncionalidad, para poder así hacer más sustentable (desde el punto de vista ecológico y económico) la vida urbana del conjunto. Si no fuera así, estaríamos perdiendo grandes cantidades de dinero, energía y tiempo, en los traslados diarios (por diversas razones) desde la periferia al centro. Los viajes al centro de la ciudad solo deberían justificarse para acceder a bienes y servicios de alta sofisticación y por motivaciones recreativas. De esta forma, tanto los suburbios como el centro de la urbe podrían ser aprehendidos y vividos con mayor pertenencia y disfrute.

Hablamos de suburbios para diferenciarlos de los fragmentos. Los subcentros o suburbios están conectados a la ciudad capital, forman parte de la misma, son el conjunto de sus vasos comunicantes. En contrapartida, los fragmentos (de pobreza o de opulencia) están marginados o autoexcluidos de la ciudad que los contiene. En relación a los guetos de riqueza, solo permanecen interconectados física (autopistas) y virtualmente (redes electrónicas) con otros fragmentos urbanos de la misma categoría (shoppings, barrios gentrificados, otros barrios cerrados, etc.).

Muxí (2004) asevera:

 

La ciudad tomada a retazos, a fragmentos, no puede comprenderse ni mejorarse. Las soluciones deben tender a la totalidad, de un modo progresivo pero integral, y no podrán llegar de la mano de la extirpación y el aislamiento de partes sanas. La ciudad es un sistema intrincado e interconectado, y su fragmentación está lejos de ser una solución, solo exacerba las disfunciones sistémicas (Muxí, 2004:174).

 

 

En concordancia con Muxí (2004), las soluciones deben abarcar al conjunto de la ciudad. Por lo tanto, no se trata de negar la inseguridad y el deseo de una vida más placentera y en contacto con la naturaleza, se trata de darle un cauce colectivo. Pues, son problemas que nos afecta a todos, “inmersos como estamos en un mundo fluido e impredecible de desregulación, flexibilidad, competitividad e incertidumbres endémicas” (Bauman, 2003:141). Se trata, entonces, de percibirlos como cuestiones colectivas y evitar las soluciones autobiográficas. Se trata de no fragmentar social, económica, cultural, ambiental y políticamente el espacio público que una vez nos perteneció a todos.

 

 

 

10.2. Consideraciones finales 

 

 

 

La década de 1990 estuvo hipnotizada bajo la seducción del simulacro. La apariencia, la hiperrealidad, el parecer, fueron los conceptos fetiches de la posmodernidad. Feinmann (1994) manifiesta:

 

[…] existe en la Argentina de hoy una separación irreparable, un Muro de Berlín, una Muralla China, una zanja de Alsina, entre dos clases de seres humanos, digámoslo ya: entre los ignotos y los famosos […] Hay famosos de todo tipo: hay deportistas famosos, actores famosos, políticos famosos. Pero hay un famoso más famoso que todos los famosos, y es quien preside la sociedad del espectáculo, del ser-visto. Es, en efecto, el Presidente […] Así, la sociedad del espectáculo, la sociedad de los famosos, vive de la exterioridad. Utiliza  (abrumadoramente) el concepto de ganar. Ser famosos es haber ganado […] Frente a ellos, los ignotos. Los ignotos que miran el espectáculo entre la fascinación y el miedo, porque oscuramente saben […] que, en la Argentina, el ser ignoto, el no pertenecer a la sociedad del espectáculo que preside el Presidente, tiene un temible costo social, el de la exclusión, el de la pobreza y el fracaso (Feinmann, 1994: 13-16).

 

 

La sociedad del simulacro que separa a los anónimos de los triunfadores, se monta sobre el pensamiento único del fin de las ideologías, o más precisamente, sobre la victoria de la doctrina neoliberal. Si los discursos de “derecha” y de “izquierda” están fuera de época, también lo está el concepto que divide a la población en clases sociales. Así, la lucha de clases, que estaba implícita entre los distintos grupos de interés, se fue diluyendo y ocultando en la sociedad alienada del espectáculo, que separada de una manera más sofisticada y sutil a los desconocidos de los exitosos. Y no habrá peligro en el horizonte, mientras “el deseo [de los ignotos sea] mayor que el asco” (Feinmann, 1994: 23).

La década menemista fue un claro ejemplo de simulacro político, económico, social y territorial. En cuanto a lo político, fue un gobierno que claudicó ante los poderes fácticos: los grupos empresariales, los organismos internaciones de crédito y las potencias mundiales (las “relaciones carnales” con Estados Unidos nos hacía ilusionar con el ingreso al Primer Mundo). Desde el punto de vista económico, el gobierno estableció la ficción de la de la ley de la Convertilidad: un peso “valía” igual que un dólar. Asimismo, la economía productiva fue relegada por la economía “casino” de la especulación financiera. La realidad social también fue impregnada por el simulacro de los realities shows. Por último, la seducción de los barrios privados protagonizó el simulacro de la ciudad posmoderna que separó a los ganadores y a los perdedores del sistema.

En estos años el mundo transitaba por el vía del “fin de la historia” celebrando el triunfo del capitalismo hiperreal. El espejismo de la burbuja consumista, sin competencia en el horizonte (capitulación de la ideología comunista) fue creando un imaginario donde lo valioso ya no estaba en la política y lo colectivo (bien común) sino en la satisfacción personal: la cultura autoreferenciada (el bienestar individual). Kempf (2011), añade:

 

[La] clase dirigente depredadora y codiciosa, que derrocha sus prebendas y abusa del poder, aparece como un obstáculo en el camino. No tiene ningún proyecto, no está animada por ningún ideal, no trasmite ninguna ideología. La aristocracia de la Edad Media no era solo una casta explotadora, también soñó con construir un orden trascendente, cuyo testimonio muestran, con esplendor, las catedrales góticas. La burguesía del siglo XIX, a la que Marx calificaba de clase revolucionaria, explotaba al proletariado, pero también quería difundir el progreso y los ideales humanistas. Las clases dirigentes de la guerra fría estaban movidas por la voluntad de defender las libertades democráticas frente al contramodelo totalitario. Pero […], después de vencer al sovietismo, la ideología capitalista no sabe hacer otra cosa más que autocelebrarse (Kempf, 2011:89 y 90).

 

 

Kempf (2011) expresa el vaciamiento de la ideología capitalista, ya que ha abandonado la tarea de los grandes relatos colectivos. Refiere, en última instancia, a la privatización imaginaria de la utopía: al pasaje de los sueños colectivos a los sueños a medida.

Asimismo, desde la década de 1990, el Aglomerado Gran Buenos Aires ha sufrido contundentes cambios socioespaciales que se traducen en una nueva forma de hacer (o no hacer) ciudad. La globalización neoliberal que profundiza la fractura social y el progreso del individualismo ha producido la segmentación del espacio urbano. Muxí (2004) comenta:

 

La ciudad ha sido y es un collage, una entidad que adquiere nuevo sentido mediante la adición de cada época. La ciudad no es una unidad cerrada en sí misma, ni tampoco un concatenado de fragmentos inconexos. Sin embargo, la repercusión de [los] nuevos intereses sobre la estructura urbana provoca una ciudad formada por fragmentos; no una ciudad collage que forma un todo, sino una ciudad creada sobre la base de partes independientes regidas por los intereses del mercado. La ciudad como superposición de fragmentos seleccionados por el mercado no es más que una aglomeración que se quieren diferentes y que no buscan formar una entidad nueva, clara o reconocible (Muxí, 2004:28).

 

 

Los fragmentos que va creando el mercado responden a la lógica de la ciudad global, que tiene muy poco que ver con las historias, los discursos y las identidades de los territorios locales. Los fragmentos urbanos devenidos en mercancías del capitalismo mundializado, están integrados (física y virtualmente) a sus pares locales y globales formando una extensa red de artefactos articulados por la inercia del mercado.

Amendola (2000), ubica el nacimiento de la ciudad global (posindustrial) a partir de la privatización de amplios sectores del espacio urbano:

 

Así como el cercado y los enclosures del campo inglés han marcado el nacimiento de la ciudad industrial hacia la cual han afluido los expulsados por el campo, hoy se asiste al surgimiento de la ciudad posindustrial a través de un nuevo tipo de vallado “epocal”, la de lo urbano-residencial (Amendola, 2000:342).

 

 

 Como expresaba Marx ([1848] 1985) en El Manifiesto Comunista, la burguesía (entre otras dominaciones) había subordinado el campo a la ciudad. Hoy comprobamos que la nueva burguesía ha sometido a la ciudad pública a los intereses de la urbe globalizada: la privatización del territorio urbano-residencial, a la cual llegan las personas que huyen voluntariamente de los espacios abiertos de la ciudad moderna. Ahora el cercamiento de la ciudad forma parte de la seguridad y libertad de los sectores privilegiados. La ciudad posindustrial (global) encerrada y ensimismada en sus numerosos fragmentos, se ha transformado en una máquina de conquistar y excluir.

El título de la obra Latinoamérica: países abiertos y ciudades cerradas de Cabrales Barajas (2002) evidencia la paradoja latinoamericana entre la situación de apertura y cierre de los Estados nacionales y urbes respectivamente. Pues, la mayoría de estos países latinoamericanos en la década de 1990 estaban abiertos a la libre circulación de capitales, bienes, servicios y personas; mientras, en cambio, las ciudades se cerraban al compás de la privatización residencial.

El fenómeno de las ciudades cerradas es contemporáneo y consecuencia del proceso de apertura económica de los países. Por ejemplo, los momentos de mayor expansión de las urbanizaciones privadas en el Aglomerado Gran Buenos Aires fueron hacia finales de la década de 1970 y principios de la década de 1990, en períodos de plena apertura, desregulación y privatización de la economía. Ya que, el proceso de achicamiento del Estado, de lo público, se reproduce, entre otras cosas, en la  privatización del espacio público de las ciudades.

Los fenómenos de privatización urbana están modificando de manera considerable la estructura socioterritorial del Aglomerado Gran Buenos Aires. El Buenos Aires moderno era una ciudad más compacta, atravesada por el encuentro y la mezcla, tal cual como lo describe Henestrosa (2002) en su novela Las ingratas: las divisiones socioespaciales que poseía el barco que transportaba a los inmigrantes de ultramar (de acuerdo al poder adquisitivo de sus pasajeros) finalizaban al momento de arribar a la Ciudad de Buenos Aires. Ya en el nuevo territorio todos sentían el aire fresco de la diversidad y de la convivencia social. Esto ya no ocurre. Ahora la ciudad es semejante al barco de la novela, constituida por una serie de compartimentos muy poco comunicados, caracterizados por la diferenciación y la segregación socioespacial.

Las urbanizaciones cerradas que invadieron nuestra ciudad son enclaves que casi no tienen vinculación con el entorno edificado. Posee muy pocas pertenencias afectivas hacia instituciones deportivas, religiosas, culturales, políticas, económicas, etc., de la vecindad pública. Son como archipiélagos que pertenecen, principalmente, al océano (del consumo y la tecnología) llamado globalización. Bourdie (1993) hace referencia a la complejidad de esta situación:

 

[…] nos inclinamos a poner en duda la creencia de que el acercamiento espacial de agentes muy alejados en el espacio social pueda tener, de por sí, un efecto de acercamiento social: de hecho, nada es más intolerable que la proximidad física (vivida como promiscuidad) de personas socialmente distantes (Bourdie, 1993:123).

 

 

Bourdie manifiesta que el espacio por sí mismo no puede integrar lo que está socialmente desintegrado. Y mucho menos cuando parte del territorio permanece deliberadamente privado o cerrado. Por lo tanto, sería necesario, para una verdadera mixtura sociaoespacial, acompañar la apertura de los enclaves con la disminución de la brecha social de los ciudadanos. La búsqueda de una mayor igualdad pasa a ser el tema clave. En este sentido, Hopenhayn (2011) apunta:

 

[…] desde mediados de los 80 hasta hace cinco o seis años, la igualdad […] se convirtió en anatema. El auge de un discurso más liberal o como uno quiera llamarlo con políticas del Consenso de Washington o el Banco Mundial, etcétera, internalizadas en gran medida por los gobiernos y los países, convertidas en cultura política predominante, reproducidas de manera fuerte por los medios de comunicación, se hablaba de igualdad como un valor que había sido muy problemático en tiempos precedentes, que había terminado en caos, en la dictadura o en hiperinflación. Es decir, la igualdad no era bien vista, [entonces, fue reemplazada por el concepto] de equidad […] La equidad tenía que ver sobre todo con la idea de igualdad de oportunidades, que todos tuvieran acceso a la educación y que hubiera políticas para protegerlos de los shocks, etcétera […] Desde hace cinco o seis años, en América Latina, se reflotó el tema de los derechos sociales […] y cuando se habla de derechos sociales ya no se habla de equidad sino de igualdad porque el derecho es algo del que todo ciudadano es titular. Ya no se habla de igualdad de acceso sino de emparejar las cosas un poco más, del rol distributivo que pueda tener el Estado a través de la fiscalización, a través del gasto social, de la necesidad de avanzar hacia sociedades no tan injustas en términos de distribución de ingresos […] (Hopenhayn, 2011:11).

 

 

El cambio en el uso del lenguaje demuestra un camino hacia la transformación de la realidad. El remplazo del término equidad por la palabra igualdad, representa una inversión de la concepción política que abre un sendero de esperanza para la concreción de los derechos sociales ausentes.

Por otro lado, el nuevo orden global que se alimenta de la descentralización, necesita conectarse con lo local (la ciudad) pero evitando los mecanismos de control y regulación del Estado-nación. La globalización reproduce una nueva dialéctica entre las ciudades y los Estados. Haciendo una concisa reseña de tal disputa en la historia de las ciudades occidentales, Romero (2009) expresa:

 

[Las ciudades occidentales] que alcanzaron su esplendor entre fines del siglo XIII y el siglo XV, empezaron a decaer y dejaron de tener la significación que habían tenido en sí mismas porque fueron absorbidas por los países […] Dicho en una fórmula breve; una ciudad del siglo XIV o del XV era una comunidad urbana que vivía de sí misma, se alimentaba a sí misma y proyectaba su creación hacia el exterior […] A fines del siglo XV y principios del XVI […] aparecen dos grandes monarquías nacionales: la de España y la de Francia […] Estas monarquías tienen desde el primer momento una concepción relativamente original, que será típica de la Edad Moderna, y que implica la idea de nación; cuando esto ocurre entra en crisis la idea de ciudad. No entra en crisis la ciudad misma, sino la idea de que es una unidad autosuficiente que se alimenta de sí misma y que se expresa por sí misma. [Las ciudades se convierten en entes que giran alrededor de estas nuevas potencias estatales. Las nuevas monarquías nacionales] […] sientan las bases del sistema mercantilista, lo que conocemos en el ámbito hispánico con el nombre de monopolio comercial, manejado por el Estado. Las burguesías, que habían hecho la gloria de las ciudades de los siglos XIV y XV, son las que resultan quebradas por este poder monopólico. […] La ciudad fue autónoma entre los siglos XIII y XV porque la intermediación era más importante que la producción, y por eso [aparecieron] las grandes burguesías urbanas. Cuando surgen las concepciones territoriales y nacionales, el panorama cambia. Los grandes terratenientes -que integran la nobleza- se apoderan del poder político nacional, someten a esas burguesías intermediarias y fijan desde el poder la política mercantilista, es decir, una política económica orientada por el poder político. La revolución industrial [a fines del siglo XVIII asociada al liberalismo económico] modifica la fisonomía de la ciudad, que vuelve a alimentarse de sí misma y a ser autónoma de las regulaciones estatales (Romero, 2009:63, 64, 66, 69 y 77).

 

 

Hacia mediados del siglo XX con la aparición del Estado de bienestar, los Estados nacionales vuelven a tomar las riendas de la política económica opacando las autonomías de las ciudades. Posteriormente, en las últimas décadas del siglo XX, las políticas económicas neoliberales crearon un campo propicio para el resurgimiento de la ciudad (global): médula espinal del sistema económico transnacional. Por último, desde principios del siglo XXI, especialmente en los países latinoamericanos, los estados-nacionales ha comenzado un proceso político que intenta revertir las graves consecuencias producidas por el neoliberalismo globalizado. Ya pasada una década, las políticas económicas intervencionistas no han logrado todavía disciplinar cabalmente a la burguesía, que a través de sus inversiones controlan y codifican, con considerable autonomía, la fisonomía de la ciudad actual. El autor expresa:

Para finalizar, la crítica al saber instrumental (de raíz racionalista) que expone Zaffaroni (2001), nos ayudará a entender, por analogía en la estructura del razonamiento, la esencia de la crisis urbana.

 

[…] el saber para poder se acumula preguntando a los entes, según el poder que se quiere ejercer sobre ellos. El sujeto del conocimiento (el científico) se coloca en posición de inquisidor, está siempre en un plano superior al objeto o ente interrogado, tiene a Dios de su lado, es un enviado de dios para saber, es el Señor (dominus) que pregunta para poder […] El sujeto interroga al objeto para dominarlo, le formula preguntas que sirven o cree que sirven para ese fin, pero el ente interrogado no lo sabe y le responde en la única forma que pude hacerlo, esto es, con toda su entidad, sencillamente porque los entes solo pueden responder con su entidad: la vaca con su completa vaquidad, la piedra con su completa piedridad. Pero el sujeto no está preparado para escuchar la respuesta, dada con toda la entidad del ente violentamente interrogado, porque solo está preparado para escuchar lo que cree necesario para dominar; es así como la parte no escuchada de todas las respuestas se acumula sobre los sujetos y los aplasta […] Siendo así, es natural que cuando el objeto es otro humano, el saber señorial presuponga –por su propia estructura metódica- una jerarquía: el humano objeto interrogado será siempre un ser inferior al humano sujeto interrogador. No hay diálogo entre ellos, sino interrogatorio violento. La discriminación jerarquizante entre los humanos es un presupuesto y un resultado lógico de esta forma de saber de dominus. La discriminación entre humanos es, pues, un producto estructural del modo de saber por interrogación violenta, del mismo modo que lo es la depredación de la naturaleza y el exterminio de los inferiores y diferentes  (Zaffaroni, 2011:51, 52 y 53)

 

 

En el caso del Aglomerado Gran Buenos Aires, el objeto indagado, por su carácter de espacio geográfico (es decir, construido y modificado por el hombre), estaría dentro de una nueva categoría que la podríamos denominar objeto (cosa y humano). Entonces, cuando se indaga a la ciudad (objeto -cosa y humano-) con un fin estrictamente comercial, considerando al sistema urbano como una mera mercancía, el sujeto inquisidor (el mercado inmobiliario sin mayores controles) se relaciona con el objeto (cosa y humano) de acuerdo con sus intereses particulares de lucro. Empero, el ente interrogado (la urbe) le responde con toda su entidad: urbanidad. Por lo tanto, la parte no escuchada de todas las respuestas brindadas por el objeto (ciudad) al sujeto dominador se acumulan y se le vuelven en contra. Entre las respuestas del objeto (urbe) no atendidas por el sujeto (especulativo) encontramos: las tomas de tierras, el incremento de la inseguridad urbana, las ocupaciones de viviendas, la congestión del tránsito, el aumento de las inundaciones, el incremento de la contaminación, etc.

En los últimos años, la “planificación estratégica” fue utilizada para convalidar este tipo de procedimiento. Al enfocarse en los planes “locales” y al marketing de la ciudad, no considera a la ciudad de manera global, es decir, integrada en un sistema de relaciones recíprocas, lo cual reproduce la profundización de las desigualdades socioespaciales. Si la “planificación estratégica” solo explora lo que le interesa, la ciudad le responde con todo lo que permanece fuera de consideración: la agudización de las problemáticas socioterritoriales.

La misma valoración que realizamos para las ciudades también la podríamos  efectuar con los Estados. Por ejemplo, luego de las políticas económicas neoliberales desarrollas en Argentina durante la década de 1990, donde el gobierno fue promotor de los negocios de las corporaciones, la nación le respondió con toda su nacionalidad (continuando la línea de pensamiento de Zaffaroni) a través de la crisis de diciembre de 2001. En definitiva, como expresó alguna vez el presidente de la República Bolivariana de Venezuela Hugo Chávez Frías: “las privatizaciones se quedaron con los países y éstos se transformaron en no-países”, en el mismo sentido, es preciso decir que la privatización del espacio público de las ciudades convirtieron a éstas en no-ciudades.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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EL TANGO Y LA CUMBIA VILLERA

COMO EXPRESIONES DEL SUBURBIO

 

 

 

1. Introducción

 

 

 

Las transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales van generando un clima de época que es traducida y puesta en evidencia por la sensibilidad artística del pueblo. Para nuestro caso de estudio, nos propusimos analizar la situación creativa de los sectores populares durante el nacimiento del tango (finales del siglo XIX) y en el surgimiento de la cumbia villera (finales de la década de 1990). Nos interesó indagar, particularmente, la incidencia del contexto socioespacial en la construcción de la poética de los grupos sociales que habitan en los márgenes. En definitiva, buscamos dilucidar los mecanismos que entran en juego a la hora de explicar cómo los sectores populares expresan musicalmente el mundo en el que habitan.

 

 

 

2. El tango     

 

 

 

2.1. Contexto histórico-geográfico     

 

 

 

El tango nace en las últimas décadas del siglo XIX vinculado a las orillas, al margen socioespacial. En los suburbios de Buenos Aires se produjo la confluencia de tres culturas: la de los inmigrantes, la de los negros y la de los criollos, que dieron lugar al folklore típicamente porteño, que en sus comienzos iba a estar vinculado al ambiente prostibulario.

En los prostíbulos orilleros los varones de la alta sociedad vernácula tienen el primer contacto con el tango. Es allí donde aprenden a bailar la nueva música que todavía no era canción. La aceptación del tango por la aristocracia[21] porteña y su llegada triunfal a Europa, funcionó luego como una licencia de adopción hacia el resto de la población.

Desde los dos extremos de la sociedad, el tango avanza y se expande ayudado por los modernos dispositivos de comunicación (la radio y la industria discográfica) y las presentaciones (en gira) de los artistas. De acuerdo con Mina:

 

[…] el verdadero salto cualitativo y universalizador se da a partir de 1917 con la popularización de un tango de Samuel Castriota, ‘Lita’, al que Pascual Contursi puso letra y se difundió con el nombre de ‘Mi noche triste’. La letrística tanguera[22] comienza entonces un camino que perfecciona el proceso de inclusión de lo marginal y oficia de integrador de la enorme diversidad humana que constituía la población de Buenos Aires en esos años de ebullición inmigratoria (Mina, 2007:35).

 

El tango comienza un proceso de integración, tanto consciente como inconsciente, tanto imaginaria como real, de la historia, la geografía y la sociedad de la Ciudad de Buenos Aires. Fue “el intento de todo un pueblo para encontrar la forma de enraizarse en una geografía y en una historia que, si bien no los expulsaba, tampoco les dejaba lugar para ser protagonistas en el devenir de los acontecimientos” (Mina, 2007:37).

Durante el modelo económico agroexportador (1880-1930) y también durante el modelo sustitutivo de importaciones (hasta la llegada del peronismo en 1945), el progreso social había sido más individual que colectivo. Díaz afirma, que entre las etapas mencionadas:

 

El ascenso social quedaba librado al azar y a las condiciones personales de los individuos. Un vendedor ambulante podía llegar a instalar su propio local o un aprendiz perseverante a ejercer el oficio de mecánico. Pero no mucho más que eso (Díaz, 2001:212). 

 

Además, no existía la protección del Estado hacia los trabajadores, al contrario, se crearon leyes (de Residencia y de Defensa Social -1902 y 1910 respectivamente-) que perseguían a los anarquistas y a la protesta sindical organizada.

Pero más allá de la coyuntura local, la fe depositada en el progreso era parte de la filosofía y de la vida moderna. Durante la génesis del tango, los deseos de expansión social de los sectores populares aparecen reflejados con suma maestría en la siguiente letra de Discepolin: 

 

Con este tango que es burlón y compadrito

            se ató dos alas la ambición de mi suburbio;

            con este tango nació el tango, y como un grito

            salió del sórdido barrial buscando el cielo;

            conjuro extraño de un amor hecho cadencia

            que abrió caminos sin más ley que la esperanza,

            mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia

            llorando en la inocencia de un ritmo juguetón.

 

[…] Carancanfunfa se hizo al mar con tu bandera

y en un pernó mezcló a París con Puente Alsina […]

           […] Por vos shusheta, cana, reo y mishiadura

se hicieron voces al nacer con tu destino [...]

 

            E. S. Discépolo, “El choclo”, 1947.

 

En el mito fundacional del tango aparece la inseparable aspiración de los sectores marginales de ingresar al centro de la escena social, política, económica y cultural de la incipiente nación.

 

 

 

2.2. De la Barbarie a la Civilización

 

 

 

El tango (al igual que otros temas del quehacer nacional) no ha escapado al dilema cultural simbolizado por la dialéctica civilización y barbarie.

Durante finales del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, el primitivismo adjudicado al tango ha sido reflejado por algunos textos y representaciones iconográficas (Garramuño, 2007).

Un poema irónico publicado en 1913 por la revista P.B.T. (citado en Garramuño, 2007:47) da cuenta de sus orígenes salvajes, asociándolo a la cultura africana:

 

En Francia lo han transformado

y lo llaman le tango

puede ser que allí resulte

digno de madame Argot

que era capaz de bailarse

la Marcha de Ituzaingó.

Richepin ha defendido

hasta en la Academia el tango

(para mí que está chiflado

desde la punta hasta el mango).

¡Dejad que bailen el tango

donde ha nacido: en el Congo!

 

El recorrido pendular del tango, originariamente despreciado por ser considerado salvaje, sensual, oscuro, y luego aceptado y reconocido como parte esencial de la cultura y de la identidad nacional, forma parte de la consideración y manipulación ejercida por el discurso hegemónico.

Entre los dispositivos que intentaron civilizarlo y modernizarlo aparece en 1914 una publicidad de un jabón tocador publicada por P.B.T. (Figura 1) (citado en Garramuño, 2007:57)

 

         Figura 1: Publicidad de jabón tocador (Garramuño, 2007:57).

 

 

 

 

El epígrafe dice:

 

            La mayoría de los bailes que se usan hoy en los salones aristocráticos, son de origen popular y no pocos primitivamente bárbaros y salvajes… Pero el tango ha hecho su evolución, y así como primitivamente fue de la exclusividad de las gentes de baja estofa, que no se lavaban la cara ni las manos (que es el ABC de la limpieza) sino por Pascua Florida, hoy impera en los salones lujosos y es bailado por gente que se baña y se lava con riquísimo jabón Reuter, cuya sugerente influencia ha trasmitido al tango, así como ese lánguido y poético abandono que lo distingue, un delicioso movimiento de “glissage”, en que parece que el mismo jabón Reuter tuviera una inmediata participación.

 

En el aviso, observamos como el tango va en camino hacia la civilización a partir del contacto con los sectores más distinguidos de la población. El jabón tocador (símbolo de la pureza de las clases aristocráticas) impera como un mecanismo de limpieza que se difunde desde las esferas sociales más elevadas hacia los sectores más “impuros” de la sociedad.

A medida que el tango es incorporado y aceptado por la clase media y las élites, éste va perdiendo su carácter orillero. Con la partitura y el disco, la intuición y la improvisación van dejando su espacio a los profesionales de la academia. La orquesta de Osvaldo Nicolás Fresedo fue un emblema del tango “serio y refinado” cultivado por las clases más acomodadas. Entre ellos se practicaba un tango prolijo, neutro, lavado, sin el erotismo de la cadencia arrabalera (Hovarth, 2006).

Cuando en la década del 30, las voces de los principales intérpretes reflejaron crudamente la penuria de los sectores populares (la “barbarie”), la clase dirigente (la “civilización”) respondió a las denuncias de dos maneras diferentes pero complementarias. Una de ellas, fue desconectar a estos tango del sentido dramático  del presente, relacionando sus historias con una nueva especie de pintoresquismo vinculado a la tristeza congénita de sus compositores (Villarroel, 1957). Y la otra, consistió en la censura: hacia 1938 el organismo que controlaba la radiofonía del país proponía la censura de todo lo que revistiera un carácter popular en pos de la protección de la cultura nacional amenazada por el lenguaje canallesco y denigrante de sus autores (Martínez Moirón, 1971). 

Finalmente, hacia finales del siglo XX, la mirada civilizatoria del turismo del primer mundo proporcionó un nuevo impulso para aproximar al tango a la cultura y la identidad nacional (Gallego, 2007). Lugar de privilegio que ostenta una vez que ha perdido su espacio de resistencia, de antagonismo, de denuncia. A medida que se fue alejando como elemento perturbador, el tango (neutralizado y vaciado de sentido) solo puede ofrecerse a manera de mercancía, a tono con la moda “retro” de la globalización: puro significante despojado de espíritu y valores políticos.

Algo similar ha pasado con la figura del gaucho y del inmigrante hacia finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Viñas (1994:91) nos dice: “[…] lo inmodificable del gaucho sumiso, lo natural, empieza a utilizarse en la década del 80 para oponerlo a las modificaciones introducidas por la ‘civilización invasora’ e inmigrante[23]”. Empero, en un primer momento, la figura del inmigrante todavía era asociada a la racionalidad moderna (urbana), al progreso civilizador de nuestras pampas. Viñas (1994) aclara:

 

Las elegías rústicas que de vez en cuando entonan los hombres de la élite intelectual del periodo roquista todavía prefieren la ciudad: pese a la “ola” inmigratoria que ya amaga con las primeras huelgas el Buenos Aires de esa fecha aún no ha llegado a ser ni demasiado intolerable ni peligroso (Viñas:1994:92 y 93). 

 

En 1913, el poeta Leopoldo Lugones ofrece unas conferencias en el teatro Odeón tituladas El Payador, en las cuales instituye al Martín Fierro de José Hernández como poema fundador de la nacionalidad. “Pero el gaucho que nos devuelve Lugones tiene que ver más con el gaucho ‘cantor’ que nos retratara Sarmiento, que con las hordas salvajes que secundaban a Facundo” (Svampa, 2010:140)[24]. Ante el inmigrante, ya peligroso y desobediente, partidario de ideologías revolucionarias universalistas, era imperante rescatar y poner en el foco de la escena nacional al gaucho manso y tradicionalista Martín Fierro. Al respecto, Feinmann (2010a:289) afirma:

 

[…] el gaucho al cual expresa Hernández es el gaucho derrotado, aquel a quien lo único que le resta es conseguir un lugar decente dentro del orden estructurado por Buenos Aires, pero que ya no tiene, según surge del poema, ni la posibilidad ni el deseo de quebrar ese orden.

 

Cuando el presente atemoriza el paradigma futuro/progreso es reemplazado por el pasado/conservador. El binomio liberalismo-racionalidad europeo con el eje centralizado en la ciudad y sus actividades económicas progresistas, es fuertemente cuestionado por la oligarquía terrateniente, quien busca cambiarlo por el conservadurismo-americanista con el eje focalizado en el campo y sus actividades económicas tradicionales.

2.3. La poética de la década del 30

 

 

 

Discépolo calificaba al tango como un pensamiento triste que se baila. Así lo confirma el  grado de profundidad de las temáticas (de sus poetas más destacados), que abarcan creativamente muchas problemáticas filosóficas existenciales. Pocas expresiones populares han alcanzado el nivel de sofisticación que poseen algunas de sus letras. Es el caso de este tango:

 

[…]¡Y pensar que hace diez años,

fue mi locura!

¡Que llegué hasta la traición

por su hermosura!...

Que esto que hoy es un cascajo

fue la dulce metedura

donde yo perdí el honor;

que chiflao por su belleza

le quité el pan a la vieja,

me hice ruin y pechador…

 

[…] Fiera venganza la del tiempo,

que le hace ver deshecho

lo que uno amó…

Este encuentro me ha hecho tanto mal,

que si lo pienso más

termino envenenao.

Esta noche me emborracho bien,

me mamo, ¡bien mamao!,

pa' no pensar.

 

            E. S. Discépolo, “Esta noche me emborracho”, 1928.

 

La letra que acabamos de citar expresa uno de los temas fundamentales de la vida: el paso del tiempo. La inevitable vulnerabilidad de la existencia queda manifiesta por el deterioro que ocasiona la vejez en el cuerpo humano. Ante la implacabilidad de este evento, el raciocinio pierde la batalla frente al frenesí de la embriaguez.

Por otra parte, la metafísica del tango no pierde conexión con la realidad de su tiempo, pues se nutre del barro de la historia, es decir, de lo más hondo de la realidad social. Para dar cuenta de su contenido sociológico, elegimos estudiar la poética durante la llamada Década Infame.

 En la década de 1930, la crisis social y económica derivada del crack financiero mundial de 1929 y la evidencia de los primeros síntomas de agotamiento del modelo económico agroexportador (Pacto Roca-Runciman de 1933), ponen en cuestión el mito de progreso indefinido enunciado por la Generación del 80. A ello se le suma el desencanto político que impone la clase dominante (fraude, corrupción, asesinatos). Sobre el fracaso vernáculo de la teleología de la historia Svampa nos dice:

 

Recordemos que, en 1852, el Facundo y la Constitución nacional se emplazaban en el registro de la Ausencia. Todo lo que contaba era el futuro en el nombre del progreso prometido. La verdadera realidad era, así, ese futuro que los ideólogos y políticos del 80 fatalizaron a través de la ley del Progreso Universal. El Presente no era otra cosa que un futuro potenciado, la única realidad. En 1930, aquella realidad verdadera ya no es el presente –como bien podía haber sido el fin de siglo- ni el futuro como lo era para Alberdi. Es el pasado como constatación de una pérdida (Svampa, 2010:255 y 256).

 

La Argentina del 30 es una nación que necesita revivir las promesas del pasado para recuperar imaginariamente la patria perdida del presente.

La situación es apropiada para que el tango logre un gran momento artístico. Sus letras van a condensar la nostalgia y la desilusión frente al fracaso de la Década Infame: algunos le van a cantar a la desdicha y otros van a elegir la denuncia. 

Los sentimientos de abandono, de carencia, por la nación ausente de la década del fraude patriótico, fueron sistemáticamente encarnados por el arquetipo de “la mina que se fue” (Feinmann, 2010b).

A continuación ofreceremos fragmentos de letras que expresan la desesperanza del período en cuestión:

 

           […] Cuando rajes los tamangos

           buscando ese mango

           que te haga morfar…

 

           […] Aunque te quiebre la vida,

           aunque te muerda un dolor,

           no esperes nunca una ayuda,

           ni una mano, ni un favor…

 

           E. S. Discépolo, “Yira, yira”, 1930.

 

 

          […] Cuarenta años de vida me encadenan, 
          blanca la testa, viejo el corazón: 
          hoy puedo ya mirar con mucha pena 
          lo que otros tiempos miré con ilusión […]

 

          […] Y pienso en la vida: 
          las madres que sufren, 
          los hijos que vagan 
          sin techo ni pan, 
          vendiendo "La Prensa", 
          ganando dos guitas... 
          ¡Qué triste es todo esto! 
          ¡Quisiera llorar! 

 

          J. C. Marambio Catán, “Acquaforte”, 1931.

 

          [ …] Sus pibes no lloran por llorar,
          ni piden masitas,
          ni chiches, ni dulces... ¡Señor!...
          Sus pibes se mueren de frío
          y lloran, hambrientos de pan...

 

          […] ¿Trabajar?... ¿En dónde?... Extender la mano
          pidiendo al que pasa limosna […]

 

            […] Se durmieron todos, cachó la barreta,
            se puso la gorra resuelto a robar...
            ¡Un vidrio, unos gritos! ¡Auxilio!... ¡Carreras!...
            Un hombre que llora y un cacho de pan..

 

            C. Flores, “Pan”, 1932.

 

            […] Novia querida, novia de ayer...
            ¡qué ganas tengo de llorar nuestra niñez!
            Quién más... quién menos...
             Pa' mal comer,
            somos la mueca de lo que soñamos ser.

 

             E. S. Discépolo, “Quién más, quién menos”, 1934.

 

            […] La vez que quise ser bueno en la cara se me rieron;
            cuando grité una injusticia, la fuerza me hizo callar;
            la experiencia fue mi amante; el desengaño, mi amigo...
            Toda carta tiene contra y toda contra se da! [...]

 

 F. Gorrindo, “Las Cuarenta”, 1936

 

 

 

Los párrafos seleccionados exteriorizan la crisis social de la época. La injusticia (latente en todos los textos) reproduce a gran escala la miseria, la ambición, el hambre, el desempleo, la tristeza, el desencanto y la represión. Reflejan, en definitiva, la frustración por la patria perdida, la desilusión existencial que Discépolo traduce en la sentencia: “somos la mueca de lo que soñamos ser”.

 

 

 

2.4. El tango como agente integrador

 

 

 

Las primeras décadas del siglo XX estuvieron signadas socialmente por cruces culturales de conflicto y mezcla. Así las caracteriza Beatriz Sarlo:

 

[…] en los cruces culturales de la gran ciudad (modelo al cual Buenos Aires buscaba aproximarse en las primeras décadas del siglo XX) todos los encuentros y préstamos parecían posibles. El principio de heterogeneidad marcaba la cultura. El carácter socialmente abierto del espacio urbano volvía lo diferente extremadamente visible, ahí se construían y se reconstruían de modo incesante los límites entre lo público y lo privado, ahí el cruce social ponía las condiciones de la mezcla y producía ilusión, o la posibilidad real de ascensos y descensos vertiginosos… La calle era el lugar, entre otros, donde diferentes grupos sociales realizaban sus batallas de ocupación simbólica. La arquitectura, el urbanismo y la pintura, corregían e imaginaban una ciudad nueva […] (Sarlo, 1995:45).

 

También, Henestrosa en un fragmento de su novela Las ingratas, describe una Buenos Aires donde todo se mezclaba:

 

[…] llegaron [los inmigrantes] a la pensión en un carro de caballos que traqueteó durante una hora por calles adoquinadas y llenas de árboles y casas de varios pisos, y gente bien vestida, y mendigos, y vendedores ambulantes, y personas negras como el carbón, y hasta un automóvil ruidoso y brillante. Nunca habían visto tanta gente y tanta riqueza, a excepción, claro está, de los oropeles del baile de primera clase que habían espiado colgados de un ventanuco de la cubierta. En el barco, los brillos y perfumes de los ricos estaban confinados a un salón, bien protegidos de los vahos de la chusma que se apiñaba en la bodega. Pero esa ciudad era otra cosa: todo estaba a la vista y se mezclaba sin orden ni concierto, como un gran campamento gitano descomunal. Crecía al paso del carro, latía cada vez más rápido, como un enjambre excitado, siguiendo un ritmo redoblado de martillazos y cascos de caballos […] (Henestrosa, 2002:20)  

En el mismo sentido, Romero (1983:17) habla de los “miles sutiles hilos” que  fueron hilvanando a la cultura marginal con la del centro. Entre ellos destacamos: el diario Crítica (que hizo conocer la cultura suburbana a los habitantes del centro), la calle Corrientes (donde ambas culturas se encontraban), el sainete (que mostró la vida de los conventillos al resto de la ciudad), los cafés (espacios democráticos por excelencia) y el tango (que ganó el centro al convertirse en canción). Agregamos a los sugeridos por Romero: el diseño urbano (la grilla y el parque), las instituciones barriales (la escuela pública, obligatoria y gratuita, bibliotecas, sociedades de fomento, centros de culto), la posibilidad de empleo, el servicio militar obligatorio, el sufragio universal y el lunfardo. Todos ellos posibilitaron que las diferencias y los antagonismos no fueran un impedimento para el encuentro espontáneo o deliberado.

Dada la incumbencia de nuestro tema de estudio, de todos los elementos que actuaron como factores de inclusión y mezcla, prestaremos especial atención al fenómeno sociocultural introducido por el tango.

Como ya pudimos advertir, desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, el tango colaboró con el proceso de integración entre los inmigrantes de ultramar, los inmigrantes internos y los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires. La tarea no estuvo despejada de conflictos, ya que ha tenido que lidiar con el voto censitario, las leyes en contra de los inmigrantes y los reclamos sociales, el estado de sitio, la represión a las huelgas obreras y campesinas y la Década Infame. Sin embargo, a pesar de las distintas problemáticas, el tango ayudó a “soportar las diferencias, a elaborar los conflictos inherentes a la nueva y forzosa convivencia, y contribuyó a forjar una unidad”  (Mina, 2007:13).

El tango “a través de la tarea de ligar, unificar, elaborar e incluir, […] fue integrando conventillos, calles, barrios y finalmente la ciudad y el país” (Mina, 2007:20).

Más allá de las numerosas dicotomías o dilemas nacionales, el tango intentó superar las diferencias (“buscando una canción que nos uniera”, como decía Discépolo en “Sin Palabras”) para poder convivir en una sociedad plural. Como bien afirma Mina:

 

 El tango goza de aprecio y respeto en las provincias porque, contrariamente a lo que se cree, no representa una oposición entre lo porteño y lo provinciano. El tango elabora posiciones y diferencias y, ésta es una más donde intercede. En efecto, el tango tiene en sí la doble influencia poética y musical del gauchesco[25] y al mismo tiempo procesa esta temática en una infinidad de tangos camperos, en los que elabora su relación de nostalgia con el campo o las provincias, representadas en muchos casos como un paraíso perdido (Mina, 2007:260 y 261).

 

Muy pocos ritmos musicales del mundo representativos de una ciudad o región, gozan del privilegio del tango de simbolizar a toda una nacionalidad (Díaz, 2001). La Ciudad de Buenos Aires y su relación con el resto del país no ha sido tampoco demasiado común en el resto de las latitudes. La hegemonía que detenta Buenos Aires fue determinante para que su folclore musical se eleve a la categoría de nacional.

 

 

 

2.5. Auge y decadencia

 

 

 

El tango alcanza su mayor esplendor durante la década de 1940. Este hecho fue posible gracias al Estado de bienestar peronista que permitió el acceso de amplios sectores populares a los distintos productos culturales relacionados con su difusión: la discografía, las películas, la radiofonía y las comedias musicales ofrecidas en los teatros comerciales.

Con respecto a su decadencia, es habitual asociarla al golpe de Estado de 1955. La represión hacia los sectores populares y la desarticulación del circuito sociocultural, han debilitado el entramado comercial y creativo que lo sustentaba. De ser un fenómeno masivo, pasa a refugiarse en lugares concurridos por especialistas y fanáticos. Deja de ser un baile festivo y popular para solo escucharse en una atmósfera de solemnidad (Hovarth, 2006).

Asimismo, en los años 50 se iba imponiendo con mucha fuerza la industria cultural estadounidense (en los inicios del rock and roll) que colonizaba a través de los nuevos soportes tecnológicos (televisión, radiograbador, disco de vinilo) y de su amplio espectro publicitario (facilitado por los medios masivos de comunicación) la subjetividad cultural de vastos sectores de la población. Además, como asevera Horvath:

 

[…] la industria cultural fonográfica lo fue transformando en una mercancía. Había que producir éxitos a toda costa. Las productoras nacionales no tenían la suficiente capacidad para competir con las norteamericanas RCA y CBS y la inglesa Odeon, que exigían exclusividad de los compositores. Un tango exitoso no podía ser grabado por músicos de la competencia, y se limitaba así su difusión (Horvath, 2006:159).

.

 

No obstante, Mina (2007) aporta otra hipótesis sobre la declinación. Hacia la década de 1950, la inclusión, la aceptación y el ascenso social no ya individual sino general[26] de los habitantes de Buenos Aires, han alejado progresivamente al público masivo de la música que les ofreció cobijo y dignidad. Cuando los ideales del tango (como la integración y la movilidad social) comienzan a ser satisfechos, éste empieza a perder vigencia y la gente lo va dejando de lado de forma lenta y creciente. Ante elocuente suceso, las letras de los tangos seguían o acrecentaban su tradicional tono melancólico; expresando, tal vez, el dolor del fin de una época de esplendor. La separación entre la realidad y el mundo del tango quedó muy bien reflejada en un tango de Manzi dedicado a Discépolo:

 

[…]La pista se ha poblado al ruido de la orquesta

se abrazan bajo el foco muñecos de aserrín…

¿No ves que están bailando?

¿No ves que están de fiesta?

Vamos, que todo duele, viejo Discepolin…

 

H. Manzi, “Discepolin”, 1951

 

“‘Los otros’, la realidad, la gente común baila o está de fiesta; ellos, el mundo del tango, están en otra parte, están en el lugar del dolor, en la zona del mundo que desaparece” (Mina, 2007:316).

 

 

 

2.6. Discursos a “Mordisquito”

 

 

 

En el año 1951 Enrique Santos Discépolo, para comunicar las bondades del gobierno nacional, realizó 39 emisiones radiales en el programa “Pienso y digo lo que pienso” emitido por radio Nacional. El ciclo fue ideado por la Subsecretaría de Información del gobierno peronista en tono con la campaña por la reelección de Perón. En el programa, Discépolo inventó un personaje a quien hablarle: “Mordisquito”, alguien que representaba el antiperonismo más estereotipado.

 

A continuación reproduciremos segmentos significativos del ciclo:

 

[…]¡Pero eso de seguir negando las cosas por inercia o como postura, no! Sobre todo que lo que ellos nos prometieron ayer sin dárnoslo, se cumple hoy: llega un Gobierno que toma las promesas en serio y las realiza […] (Discépolo, 2009:22).

 

[…] Para alcanzar lo que se está alcanzando hubo que resistir y que vencer las más crueles penitencias del extranjero y los más ingratos sabotajes a este momento de lucha y de felicidad. Porque vos estás ganando una guerra. Y la estás ganando mientras vas al cine, comés cuatro veces al día y sentís el ruido alegre y rendidor que hace el metabolismo de todos los tuyos. Porque es la primera vez que la guerra la hacen cincuenta personas mientras dieciséis millones duermen tranquilas porque tienen trabajo y encuentran respeto […] (Discépolo, 2009:24).

 

[…] Los mendigos… ¿están? ¿Vos vés los mendigos? Sobre las calles –y al decirte calles te digo corazones y te digo espíritus- se desató el arroyo de la dignidad recuperada, se desató una bárbara alegría de potro que transpira salud, y esa correntada se llevó a los mendigos, vos lo sabés; pero no se los llevó para ahogarlos, sino para bañarlos, y llegaron a la costa limpitos, peinados con raya al medio, cantando, no el huainito de la limosna, sino el chamamé de la buena digestión […] Acordate cuando volvías a tu casa, de madrugada, y descubrías en los umbrales, amontonados contra sí mismo, a los pordioseros de tu Buenos Aires. Ahora la exclusividad de los umbrales han vuelto a tenerla los novios […] (Discépolo, 2009:27 y 28)

 

[…] El suburbio de antes era lindo para leerlo, pero no para vivirlo. Porque a mí no me vas a contar que preferías el charco a la vereda prolija y que te resultaba más entretenido el barro que el potland […] Todos preferimos la comodidad, y acaso, en el momento de la letra de tango, hablemos literalmente del catre; pero llega el momento del descanso y cerramos el catre y dormimos en la cama […] (Discépolo, 2009:41).

 

[…] Siempre tuvimos que presenciar el espectáculo injusto de una minoría que progresaba a expensas del estancamiento o el hundimiento de los demás. Hoy la fiesta es de todos […] (Discépolo, 2009:46).

 

[…] ¿Verdad que sí […] que vos comprendés el significado de llamarle Junacito Varela a una lancha que podría llamarse Flor del Delta, Camalote o Surubí Tristón? ¡Claro, a mí no me vas a contar que el símbolo no entra en tus sentimientos o por lo menos en tus ideas! No solo tiene importancia uno mismo; quienes nos rodean también son importantes, pero no siempre nos acordamos de esta verdad elemental. Por eso durante largos años el obrero vegetó en la miseria, el vapuleo y el anonimato, mientras las barcazas tenían normes negligentes y se metían agua adentro sin un detalle de amor […] (Discépolo, 2009:67 y 68).

 

 

Los tramos seleccionados manifiestan la fisonomía de un gobierno paternalista, protector, que ha cumplido las promesas de progreso y bienestar menospreciadas por todos los gobiernos anteriores. Dada la contundencia de los resultados positivos de la política peronista, Discépolo resalta la recuperación de la dignidad, la autoestima y la alegría de la clase trabajadora.

Siguiendo la tesis de Mina (2007), considerando el sustancial incremento de la integración étnica, social y económica que se produjo durante el gobierno justicialista, el tango alcanza a cumplir su principal objetivo y, en consecuencia, pierde paulatinamente su lugar de privilegio.

 

 

 

 

 

3. La cumbia villera

 

 

 

3.1. Contexto histórico-geográfico   

 

 

 

El subgénero cumbia villera hace su aparición hacia finales de la década de 1990 sobre la base de un género (la cumbia: ritmo de origen colombiano en el que se fusionan tradiciones indígenas y afroamericanas) que ya era popularmente conocido desde 1960. La cumbia villera se fue constituyendo en la periferia pobre de la Ciudad de Buenos Aires a través de una industria cultural marginal, conformada por pequeños sellos discográficos independientes de las grandes compañías multinacionales y un circuito artístico de locales bailables denominados bailantas (Míguez y Semán, 2006). De acuerdo con Fernández L’Hoeste (2011):

 

En Argentina, la cumbia villera estuvo, y todavía está, asociada con los “negros” de las clases trabajadoras y marginales de Buenos Aires […] La cumbia villera tomó esta jerarquía radicalizada y la dio vuelta. Celebró el heroísmo cotidiano de los negros y lo contrastó con la inmoralidad de una élite auto-centrada corrupta (Fernández L’Hoeste, 2011:182)

 

 

Asimismo, Martín (2011) asevera:

 

La cumbia villera, en las letras y en el estilo, asume no solo el contenido que “negro” tiene en la Argentina –contenido de clase que incluye pero que no se reduce en lo étnico- sino también a la duplicación que significa ser, además de negro, villero (Martín, 2011:216).

 

 

La conciencia y la exteriorización positiva (de los grupos de cumbia villera y sus seguidores) de la doble identidad “negro y villero” duplica la apuesta ante un amplio conglomerado social, que posee una trayectoria despectiva sobre los sectores marginales de la sociedad argentina. 

Pablo Lescano es señalado como el “creador” del subgénero. En 1999 fue el productor (a través de una edición “pirata”) del primer disco compacto de la agrupación Flor de Piedra. En la misma época, también fueron apareciendo otros grupos como Guachín y Yerba Brava. Poco tiempo después, el propio Pablo Lescano va a liderar al conjunto Damas Gratis: grupo que hegemonizó la popularidad de sus seguidores. En el año 2001, el éxito alcanzado por la cumbia villera fue contundente: las copias legales grabadas alcanzaban el 25% del mercado discográfico, sin contar las ilegales que constituirían el 50% de las ventas (Colonna, 2001). A lo que debemos agregar, las numerosas presentaciones que realizaban (durante el fin de semana) los distintos grupos en los programas de televisión y en las bailantas. 

Las diferencias más destacadas con la cumbia llamada romántica (que había logrado una amplia difusión en la década de 1990 al imponerse como moda en las capas medias de la población, alcanzando de esta forma su inevitable proceso “civilizatorio”) están dadas por sus letras callejeras (ligadas al barrio, la calle, al consumo de drogas y alcohol, al sexo, al enfrentamiento con la policía, al ambiente delictivo y carcelero, a la fiesta, etc.) y su estética cotidiana (proporcionada por la vestimenta deportiva). En cuanto al carácter de las letras y al estilo de la indumentaria, la cumbia villera adopta la moda que ya había introducido el “rock chabón” (subgénero que posee el mismo origen socioespacial) (Semán y Vila, 2002). Martín (2011) agrega:

 

La cumbia villera no maquilla los rasgos de la pobreza. Los retoma, los tematiza y hace de ellos un ideal estético. Si en la llamada “cumbia romántica”, a inicios de los años ’90, productores profesionales escogían jóvenes bonitos, delgados y con trazos considerados “blancos” para formar los grupos, la villera prefería a los “negros” (Martín, 2011:216).

 

 

La cumbia romántica se había mimetizado con el encantamiento y el simulacro de la sociedad menemista. Todos debían ser o parecer “blondos de ojos claros” (Bernardo Neustadt, llegó a decir del Presidente: “Lo veo alto, rubio y de ojos celestes”) para alcanzar el brillo del éxito asociado a al neocolonialismo “dorado y angelical” de la globalización. La “blancura” del menemismo representaba la aceptación, por parte de los sectores tradicionales de clase alta, de las políticas liberales emprendidas durante la década de 1990.  Pujol (2011) señala:

 

[…] recién iniciado el gobierno de Carlos Menem, las estrellas de la bailanta trasvasan sus fronteras sociales y se ponen de moda entre el establishment argentino. Almuerzan en el programa de Mirtha Legrand, copan las secciones de espectáculos de los diarios y revistas de actualidad y se presentan, a la par que en galpones y salones populares, en discotecas de élite […] En los tiempos menemistas el populismo ha perdido sus aristas más revulsivas, y en el nuevo pacto social que se afirma en los sectores VIP de la sociedad argentina […] ser un poco bailantero no está mal visto […] (Pujol, 1999:335).

 

 

En la década de 1990, la cumbia romántica, del mismo modo que el peronismo menemista, adquieren el pasaporte de la “blancura” (otorgado por las clases medias y altas) que les permite monopolizar el escenario cultural y político nacional.

De acuerdo con Silva (2011:276), “la felicidad tropical que se vive en las élites y en los sectores subalternos simboliza brutalmente el ‘vale todo’ de la ‘cultura menemista’” (Pujol, 1999:335). Un “vale todo” que implica hacer todo lo que fuera necesario para alcanzar la fama, el éxito que permita estar en la vereda segura de los “incluidos”. El mundo menemista, según Feinmann (1994), se divide entre célebres y desconocidos. Por lo tanto, si alguien quisiera no permanecer excluido del bienestar social, debe alcanzar, de la manera que sea, una porción de notoriedad que le asegure ingresar a la fiesta tropical-menemista. La fiesta local liberal-menemista, es la parte de la celebración de la Gran Fiesta Global, que el sistema neoliberal mundializado consagra al derrumbe del Muro de Berlín y al fin de los gobiernos comunistas. Con la caída de la ideología socialista, la democracia burguesa vitorea la finalización de la lucha de clases y el nacimiento de la utopía (sin rebeliones) de la teoría del “derrame”. Todos pueden festejar el aumento de la riqueza (concentrada) y esperar con esperanza el “derrame” hacia las capas sociales subalternas. Todos están de fiesta porque se acabaron los enconos y los odios de clase. Solo hace falta esperar que llegue el turno para capturar una parte del tesoro.

Como mencionamos con anterioridad, la cumbia villera surgió a partir del aprovechamiento de un mercado musical preexistente. El espacio comercial ya abierto y explotado con éxito por la cumbia tradicional o romántica permitió a los integrantes de las bandas (muchos de ellos residentes de las villas de la periferia de la ciudad de Buenos Aires) una oportunidad de ascenso económico, y una ocasión de dar a conocer públicamente las experiencias de vida de los barrios marginales (Míguez y Semán, 2006).

Sin embargo, su éxito radica, principalmente, en montarse sobre un momento histórico (finales de los años 90) dominado por una realidad socioeconómica abrumada por la pobreza y el desempleo estructural. La crisis del modelo económico neoliberal no hace más que proporcionar un ambiente propicio para que la poética de la cumbia villera refleje en un lenguaje sumamente crudo, los sentimientos de bronca, desesperanza y abulia, de una parte considerable de la población suburbana.

 

 

 

3.2. El fin del Estado de bienestar y nuevos valores identitarios

 

 

 

Durante el Estado de bienestar las narraciones identitarias estaban fuertemente ligadas al mundo trabajo, donde la actividad laboral se caracterizada por su inscripción en un tiempo progresivo y lineal, que proyectaba un fuerte vínculo con el pasado y con el futuro. Durante largo tiempo los individuos se vieron tentados a interpelarse a sí mismo en términos de la actividad laboral a la cual pertenecían (Sennett, 2000). La construcción de una sociedad salarial que organizaba el otorgamiento de derechos sociales sobre la base del oficio o profesión desarrollada, y que incluso, en muchas naciones, llegara a organizar parte importante de su actividad política a partir de la inscripción de los sujetos en sindicatos, es concomitante a la preponderancia otorgada a la actividad laboral a la hora de estructurar relatos identitarios.

Con el arribo de la globalización neoliberal, el desempleo pasó a constituir un factor fundante de la nueva política económica. Asimismo, las nuevas fuentes de empleo fueron sometidas a las pautas de precarización y flexibilización de la economía de mercado.

Ante el nuevo panorama, la cumbia villera explicitará el debilitamiento de la centralidad del trabajo como ordenador y legitimador de la vida personal y social de los habitantes de los barrios humildes. El trabajo pasó a ser considerado una fuente de explotación y, por lo tanto, una actividad propia de los individuos de escaso temperamento.

Estamos presenciando el quiebre de la ligazón que unía al empleo, con el ocio, el consumo y la masculinidad. La vivencia del tiempo separado de la cultura del trabajo, tolera su ocupación a través del robo y la fiesta, sin ningún tipo de reglas preestablecidas[27]. La actividad delictiva unida al consumo de drogas y alcohol se transformó en parte importante de la construcción de la sociabilidad masculina, en cuanto supone la virtud de “tener aguante”  (Martín, 2011).

El “tener aguante”, es un expresión que tuvo origen en las hinchadas de fútbol y que luego se difundió hacia el “rock barrial o chabón” y la cumbia villera. Podríamos definirlo como un estado de ánimo que refiere a la autoestima, a la audacia, al soportar cualquier circunstancia sin darle lugar a la queja. “Las peleas en los bailes o en el barrio, la participación en acciones de riesgo (como ir a robar armado) y el consumo de drogas y alcohol son situaciones donde el aguante y, por consiguiente, la virilidad, son puestos a prueba” (Martín, 2011:8).

La resistencia contracultural de la década de 1960 devino en aguante hacia finales de los 90. Lo que en un momento fue un problema político de carácter revolucionario pasó a ser en un problema de índole policial-judicial. La resistencia política (desaparecida y aniquilada) derivó en marginalidad delictiva que convive (y muchas veces es funcional) con el sistema que los oprime.

 

 

 

3.3. La ciudad de la cumbia villera

 

 

 

Rio Caldeira (2007) establece tres patrones urbanos que identifican los procesos de segregación social durante el siglo XX en la ciudad de San Pablo, que bien pueden ser tomados en cuenta (con algunas variaciones locales) para el estudio de otras ciudades latinoamericanas como el caso de Buenos Aires. El primer modelo abarca desde fines del siglo XIX hasta 1940, expresando una ciudad concentrada que establecía la segregación a partir del tipo de vivienda: conventillos y casas unifamiliares. La segunda forma urbana que dominó el desarrollo de la ciudad desde 1940 hasta 1980,  separó a las clases media y alta situadas en el centro de la ciudad, de los sectores populares ubicados en la periferia. Por último, el tercer patrón iniciado en 1980 (en 1976 en el caso de Buenos Aires) y profundizado en la década de 1990, produjo la suburbanización de las elites a través de barrios privados para autosegregarse del resto de la población.

A diferencia de los dos primeros modelos, el tercero representa un cambio  totalmente radical. Pues, asistimos lisa y llanamente al debilitamiento de la ciudad pública (abierta) y la emergencia de una ciudad de carácter privada (cerrada). Como bien afirma Svampa (2001), la ciudad pública moderna combinaba los espacios de mezcla, de contacto, de integración, con los territorios de diferenciación y segregación social. En cambio, la ciudad posmoderna está siendo constituida a manera de enclaves o islas de riqueza (barrios privados) o de pobreza (villas miserias) que casi no tienen comunicación entre sí. Por lo tanto, la tradicional mixtura social que propiciaba las confusiones de roles y status; es reemplazada (en las actuales suburbanizaciones privadas) por la transparencia propia de una sociedad rígida y estratificada (poco democrática), que establece de forma explícita y obscena las distintas jerarquías de roles y posiciones entre los de adentro (los residentes) y los de afuera (personal de servicio). 

La decadencia de los espacios públicos demuestra el crepúsculo de la calle como espacio dispuesto a la interacción, la convivencia y la diferencia. El incremento del encierro facilitado por el entorno virtual de los medios masivos de comunicación y de las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones, sumado al circuito de aislamiento que proponen algunas prácticas urbanas: compras de bienes y servicios en shoppings, la utilización de servicios de transporte más flexibles (remises y combis) y la proliferación de barrios cerrados; atentan contra la vitalidad de la calle, espacio esencial para el desarrollo de una ciudad plural.

La urbe resultante, cada vez más al margen de la res publica, es incapaz de reunir los fragmentos que la concepción política privatista desintegra. La destrucción del tejido social llevada a cabo en los años noventa ha excluido a millones de personas de todo indicio de ciudadanía. Los marginados del sistema, tal vez hayan encontrado en la identificación con la cumbia villera, una forma de resistencia y de participación que los hace visible ante una sociedad que no les ofrece lugar para su existencia y desarrollo.

 

 

 

3.4. La poética de la cumbia villera

 

 

 

Las letras de los distintos grupos del subgénero reproducen, en su inmensa mayoría, los nuevos prototipos sociales (relacionados con la fiesta, el consumo de drogas y alcohol, el “pibe chorro” y el aguante) que emergen de la vida cotidiana de los barrios marginales de Buenos Aires. Tomaremos, a modo de ejemplo, tres canciones que hacen referencia a esta nueva configuración de prácticas y valores socioculturales.

 

 

            Estaba en el baile tomando fernet con Coca,

y de repente una chica le metió

una pastilla de color rosa.

 

            La jarra seguía pasando de boca en boca.

Mareados seguimos tomando

de esta jarra loca.

Empezamos a ver

dibujitos animados,

y todo el baile quedó…ooo…descontrolado […]

 

Flor de Piedra, “La jarra loca”, 2000.

 

 

[…] Yo no miento,

solo engaño, fumo, tomo y

meto caño.

 

Tomando mucho vino y

aburrido,

buscando algún autito

que cortar,

está todos los días

el pibe tuerca

en la esquina,

fumando y esperando su

momento para actuar […]

 

Pibes Chorros, “El pibe tuerca”, 2003.

 

           ¡Para vos, cheto refugiado!

 

Le contaron al cheto

que vieron a su novia en el baile con un pibe.

Y ese pibito soy yo, el Andy.

[…] Me quieren pegar y son todos giles;

a ver si se la aguanta cuando llegen los pibes […]

Ella en el baile no me dijo nada,

cuando yo la acariciaba;

ella en el baile no me dijo nada

cuando yo me la apretaba.

Ahora, que llegaron los pibes,

quién es el primero que se planta.

Pero si sos un cheto cagón

y yo un pibe que se la aguanta […]

 

            Altos Cumbieros, “Cheto refugiado”, 2004.

 

 

El empobrecimiento del lenguaje que exhiben la mayoría de las letras de la cumbia villera, no lo podemos desvincular de la decadencia generalizada (política, social y económica) que durante las últimas décadas del siglo XX viene padeciendo nuestro país. Al mismo tiempo, es necesario contextualizar la situación de crisis en relación con los cambios estructurales introducidos por la cultura posmoderna. De acuerdo con Sartori (1998), la omnipresencia de la cultura de la imagen (implantada por la televisión) transforma al homo sapiens en homo videns. El lenguaje de las ideas, de los conceptos (abstracto) es reemplazado por un lenguaje mucho más pobre: el lenguaje perceptivo, de las imágenes (concreto). El acotamiento del uso de la lengua es significativo no solo en cuanto a la cantidad y la variedad de palabras utilizadas, sino también en relación con la calidad significativa (connotativa) de las mismas.

 

 

 

3.5. La decadencia

 

 

 

La cumbia villera nacida con fervor hacia finales de la década de 1990, ha recorrido un camino de aceptación masiva hasta aproximadamente el año 2003, donde comienza su decadencia casi definitiva. “Tal vez la ilustración más clara del proceso la represente el grupo Yerba Brava, que pasó de encabezar la cumbia villera a volcarse hacia 2005 a las variantes más melódicas y románticas del género” (Míguez y Semán, 2006:51). “Así las cosas, volver a las fuentes no significó, ni más ni menos que presentar a los artistas ex-villeros como representantes, y en algunos casos líderes, de una nueva oleada de cantantes románticos que, sin embargo, mantenían sus looks villeros (Silva, 2011:288). Ya había finalizado la nefasta década menemista, donde era necesario proponer una estética “blanca” para poder alcanzar algún tipo de éxito.

Entre las probables causas de su declinación advertimos la censura efectuada por el COMFER (Comité Federal de Radiodifusión) durante el año 2002, que prohibió completamente su difusión por el espacio televisivo, alegando que sus letras constituían una verdadera apología del delito[28]. Paradójicamente, a fines de 2002, el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (más progresista que el gobierno nacional) felicitaba a Pablo Lescano a través de Jorge Telerman (secretario de cultura) por haber recibido el Premio Clarín dentro del rubro “Revelación de la canción testimonial”. La merma en popularidad ocasionada, sin lugar a dudas, por la veda radial y televisiva del año 2002, sumada “con la necesidad de captar nuevos públicos” (Silva, 2011:287) y  creemos, también, con los cambios sociopolíticos acaecidos desde inicios del año 2003; han debilitado el poder de atracción del subgénero villero. Si bien, los sectores sociales que dieron origen a la cumbia villera todavía no han salido totalmente de la pobreza, las políticas de inclusión introducidas por la flamante gestión han disminuido la violencia que generaba la extrema exclusión social, que a su vez, actuaba de fuente de inspiración y de expresión de los sectores marginados por el modelo económico neoliberal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4. Conclusiones

 

 

 

Al estudiar las diferencias socioterritoriales entre la periferia moderna y posmoderna de Buenos Aires, y a su vez, analizar las principales expresiones musicales de los sectores de la población en condición de marginalidad, arribamos a la conclusión de que en el suburbio moderno la poesía del tango manifestó el intento de integración y movilidad socioespacial. Luego podríamos debatir en profundidad si el intento ha llegado a su consumación ó si solo se lograron parcialmente las expectativas, prevaleciendo la frustración de la oportunidad perdida. Empero, a contracara del modelo de la ciudad moderna expansiva (Gorelik, 2004): que se extendía hacia fuera del territorio (suburbios) y hacia adentro de la sociedad (inclusión), la ciudad posmoderna y la poesía de la cumbia villera no encuentran lugar para la utopía del progreso y de la mezcla social.

No es casual que la pérdida de la movilidad social coincida con la transformación de la villa miseria en un patrón de residencia permanente. Ya que, hacia mediados del siglo XX el hábitat precario era el primer eslabón transitorio a la espera del inminente encadenamiento al progreso económico. La villa miseria ha pasado a ser, entonces, una marca de identificación estable con sólidos sentimientos de arraigo y pertenencia. La falta de perspectiva, de cambio hacia un futuro mejor, fue fielmente proyectado por la fragmentación social y espacial (en la década de 1990 alcanzó el punto culminante) y por el espectáculo desilusionado de la cumbia villera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Svampa, M. 2010. El dilema argentino. Civilización o Barbarie. Taurus. Buenos Aires. págs. 140, 255 y 256.

 

Varela, G. 2010. Tango. Una pasión ilustrada. Lea. Buenos Aires.

 

Villarroel, L. 1957. Tango, folklore de Buenos Aires. Ideagraf. Buenos Aires.

 

Viñas, D. 1994. Literatura argentina y realidad política. Centro Editor de América Latina. Vol. 1. Buenos Aires. págs. 91, 92 y 93.

 

 

 

 

 

 

 

CONTENIDO

 

 

AGRADECIMIENTOS                                                                                                  1

 

PRESENTACIÓN                                                                                                           2

 

LA  CIUDAD EN CUESTIÓN                                                                                     3

 

1. Introducción                                                                                                                  3

 

2. La ciudad como prejuicio                                                                                              7

 

2.1. Entre ellos y nosotros: la realidad mediatizada                                                          7

 

2.2. La expansión del miedo                                                                                            14

 

3. La ciudad de la globalización                                                                                      18

 

4. La ciudad de los flujos                                                                                                 24

 

5. La ciudad del espectáculo y la simulación                                                                  28

 

5.1. Recuperación y exclusión (Puerto Madero y Abasto)                                              32

 

6. La ciudad negadora del medio natural                                                                         38

 

7. La ciudad íntima                                                                                                          41

 

7.1. La erosión de la sociabilidad                                                                                    41

 

7.2. La decadencia del café                                                                                              49

 

7.3. El crepúsculo del caminar sin rumbo                                                                       56

 

7.4. De la plaza al shopping mall                                                                                    61

 

8. La ciudad cerrada                                                                                                        68

 

8.1. Antecedentes de las suburbanizaciones cerradas                                                     68

 

8.2. “Estilo de vida country”                                                                                           73

 

8.3. Los “barrios-piquete”                                                                                               75

 

8.4. ¿Una vuelta a la edad media?                                                                                   78

 

8.5. ¿La Utopía renacentista?                                                                                          82

 

8.6. Los megaemprendimientos                                                                                      86

 

8.7. Dispositivos de promoción                                                                                       96

 

8.8. Reglamentos                                                                                                           100

 

8.9. Conflicto de intereses                                                                                             106

 

8.10. Barrios semicerrados                                                                                            110

 

8.11. Cementerios parque                                                                                              113

 

9. La ciudad moderna versus la ciudad global                                                               117

 

10. Conclusiones                                                                                                            143

 

10.1. Desafíos y propuestas                                                                                           143

 

10.2. Consideraciones finales                                                                                        145

 

11. Bibliografía                                                                                                              153

 

 

EL TANGO Y LA CUMBIA VILLERA                                                                   167

COMO EXPRESIONES DEL SUBURBIO

 

 

  1.  Introducción                                                                                                               167  

 

  1.  El tango                                                                                                                      167

 

2.1. Contexto histórico-geográfico                                                                                167

 

2.2. De la Barbarie a la Civilización                                                                              169

 

2.3. La poética de la década del 30                                                                                174

 

2.4. El tango como agente integrador                                                                            177

 

2.5. Auge y decadencia                                                                                                  179

 

2.6. Discursos a “Mordisquito”                                                                                     181

 

  1.  La cumbia villera                                                                                                       183

 

3.1. Contexto histórico-geográfico                                                                                183

 

3.2. El fin del Estado de bienestar y nuevos valores identitarios                                  186

 

3.3. La ciudad de la cumbia villera                                                                                187

3.4. La poética de la cumbia villera                                                                               189

3.5. La decadencia                                                                                                         190

 

  1.  Conclusiones                                                                                                              192

 

5. Bibliografía                                                                                                                193                                                                             



[1] El INDEC (2003:4) denomina Aglomerado Gran Buenos Aires al área geográfica delimitada por la “envolvente de población”; lo que también suele denominarse “mancha urbana”. Se entiende por “envolvente de población” a una línea que marca el límite hasta donde se extiende la continuidad de viviendas urbanas. Esta línea se mueve con el tiempo y, por cierto, no respeta las delimitaciones administrativas de los partidos. El Aglomerado Gran Buenos Aires es el mayor conjunto urbano del país. Abarca la Ciudad de Buenos Aires y se extiende sobre el territorio de la Provincia de Buenos Aires, integrando la superficie total de 13 partidos (Lomas de Zamora, Quilmes, Lanús, Tres de Febrero, Avellaneda, Morón, San Isidro, Malvinas Argentinas, Vicente López, San Miguel, José C. Paz, Hurlingham, Ituzaingó), más la superficie parcial de otros 16 (La Matanza, Almirante Brown, Merlo, Moreno, Florencio Varela, Tigre, Berazategui, Esteban Echeverría, San Fernando, Ezeiza, Pilar, Escobar, General Rodríguez, Presidente Perón, San Vicente, Marcos Paz), esto sin contar una muy pequeña participación de los partidos de Cañuelas y La Plata.

[2] Término que acuño Robertson (1992) para referirse a la complejidad del tratamiento teórico de la realidad espacial (dialéctica global-local) de nuestro tiempo.

[3] Por ejemplo, según las imágenes de las cadenas internacionales de noticias casi todos los narcotraficantes son latinos o tienen apellidos de esa procedencia. Este hecho que no coincide con los datos de la realidad, pues el mayor consumo se concentra en los países anglosajones, es otra forma de estigmatizar a las personas de dicho origen.

[4] Diego Capusotto en su programa de radio en Rock and Pop: “Hasta cuando: información y noticias para entrar en miedo, pánico y depresión”; describe a través de una genial parodia, la práctica generalizada de los informativos radiales. La sucesión interminable de malas noticias, de hechos vinculados con la generación de pánico, son parte de una carrera que no tiene fin.

[5] Los inmigrantes que durante la década de 1990 arribaron al país en calidad de perdedores (de países limítrofes, de Ucrania, de Rumania, de África subsahariana, etc.), no fueron tratados con la benevolencia que se merecían.   

[6] La única referencia geográfica está vinculada al kilómetro de la autopista que la asiste. Las autovías constituyen un elemento indispensable para su accesibilidad y funcionamiento.

[7] Y agrega: “es la actividad que protege a la gente entre sí y sin embargo le permite disfrutar de la compañía de los demás. Llevar una máscara constituye la esencia de la civilidad. Las máscaras permiten la sociabilidad pura, separadas de las circunstancias del poder, la enfermedad y el sentimiento privado de aquellos que las usan” (Sennett, 2011:325).

[8] Un elemento importante a tener en cuenta, para explicar la menor interacción social que existe en la ciudad anglosajona, sería la rigurosidad de su clima, que de alguna manera alentaría a sus pobladores a pasar mucho más tiempo de sus vidas dentro del hogar.

[9] Hay cadenas de comidas rápidas y de heladerías que ofrecen “auto-service”: “auto-Mc” (Mc Donald’s) (Figura 8) y “auto-helado” (La Veneziana) (Figura 9).

[10] La contratapa del libro La otra historia (O’Donnell -ed.-, 2012) da cuenta de aquel suceso: “Nadie ignora que la Argentina y, más en general, América Latina, viven hoy profundas transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales que, en mayor o en menor medida, son reflejo de un cambio de paradigma que nos aproxima al sueño de la ‘Patria Grande’. En este contexto, La otra historia busca dejar constituida, sin pretensiones de logro absoluto, la doctrina de la historiografía nacional, popular y federalista, durante mucho tiempo marginada, no solo como respuesta ‘revisionista’ a una historiografía oficial distorsionada tendenciosamente, lo que fue razón de su origen sino ya como conjunto de principios, objetivos y particularidades que le dan un espacio propio para un necesario debate que apunte a la construcción de un relato histórico integrador y no excluyente”

[11]“Una ciudad está compuesta por diferentes hombres: personas similares no pueden crear una ciudad”, decía Aristóteles en Política.

[12] No es la primera vez en la historia, que una idea urbanística obtenga resultados totalmente opuestos a los pensados originariamente. Es el caso del plan urbanístico propuesto por el barón de Haussmann para la ciudad de Paris. Sus intenciones autoritarias de abrir la ciudad (a través de grandes avenidas) para evitar que los manifestantes construyeran barricadas a lo largo de ellas, y en el caso de que así sucediera, pudieran ser fácilmente alcanzadas por el fuego de la artillería, ha dado lugar, contrariamente, a la creación de espacios públicos con mixtura social (Houston, 1989).

[13] La construcción entre las dos medianeras y las rejas sobre la línea municipal, distinguen a las edificaciones de los barrios públicos de la de los barrios cerrados.

[14] De acuerdo con Lipovetsky (1992:12), “los deportes acuáticos son un fiel reflejo de la sociedad posmoderna: la edad del ‘deslizamiento’ donde todo se desliza en una indiferencia relajada. La imagen deportiva ilustra con exactitud un tiempo en que la res publica ya no tiene una base sólida, un anclaje emocional estable”. 

[15] “A diferencia del esquema de Ajuste recesivo de la etapa anterior, el Plan (de Convertilidad) impuso (con consenso externo) una variante novedosa: el ‘Ajuste Expansivo’. Como el grueso de los impuestos que percibe el fisco están constituidos por gabelas al consumo, fue preciso estimular la expansión de las ventas para obtener los ingresos tributarios necesarios a fin de asegurar la existencia de superávit presupuestario. Entonces, el crecimiento económico es un requisito fundamental del Plan, más allá de cuáles son los sectores productivos y los agentes sociales favorecidos [...] El sistema financiero conoció una abundancia de recursos provenientes del exterior, en una primera etapa, en la que existió el principal aliciente para que ello pusiese efectivizarse: la elevada diferencia de la tasa pasiva de interés entre la vigente en los centros financieros mundiales (en baja) y los de la Argentina (mucho más altos). Ese ingreso de fondos especulativos, necesarios para financiar el creciente saldo negativo de la balanza de pagos en cuenta corriente, sirvió para alimentar el crédito al consumo y permitió la expansión productiva, indispensables para obtener ingresos tributarios. El círculo, así, se cerraba, pero con un costo financiero que se tornaba insoportable para poder ser afrontado por las actividades productivas pequeñas y medianas” (Rofman y Romero, 1997:272 y 273).

[16] Los vecindarios se transformaron en barrios cuando las relaciones sociales fueron mediadas por las instituciones públicas locales. Se logra, en definitiva, cuando el espacio social se transforma en un espacio político (Gorelik, 1998).

[17] El pentecostalismo se presenta como una religión de pobres para pobres a fin de “salir de la pobreza”. Su propuesta invita individualmente a dejar los pecados del mundo (alcohol, violencia familiar, dioses paganos, droga, apatía y cansancio moral, etc.) a fin de prosperar y convertirse en un “nuevo hombre y una nueva mujer”. El culto practicado en casas también lo muestra como “empresas de salvación” por cuenta propia. El pentecostalismo es así un religión de protesta contra una sociedad que no brinda posibilidades de participación y, al mismo tiempo, una adaptación a los nuevos procesos de individuación de la posmodernidad dominante (Mallimacci, 2009).

[18] Lo que fue resistencia a un modelo hoy pasa por tener ese segundo de explosión dentro del sistema.

[19] En muchas ocasiones, los medios audiovisuales (a través de la publicidad) son vehículos de exclusión para gran parte de la población que no puede acceder a los productos y servicios ofertados.

[20] Al momento de edición de la presente obra el Poder Ejecutivo Nacional ha lanzado el Plan Pro. Cre. Ar Bicentenario Argentino, que proyecta construir 400.000 nuevas viviendas para remediar la problemática del déficit habitacional. El programa será financiado por el ANSES y el Tesoro nacional dentro de un pazo de 4 años. El crédito será en pesos con una tasa de interés subsidiada, que va desde el 2% al 14%, para ingresos desde 0 a $30.000. Los fondos públicos se utilizarán para formar un fideicomiso, que permitirá la construcción de inmuebles (vivienda única) instrumentado por el Banco Hipotecario. Para los aspirantes que no posean un lote, el gobierno nacional pondrá a la venta terrenos fiscales de su jurisdicción. 

[21] Fue el Barón Antonio de Marchi, yerno del Gral. Roca, en instancias de una reunión social en el Palais de Glace, quien introdujo el tango en nuestra oligarquía (Molinari y otros, 2003).

[22] Para Varela (2010), la llegada de Yrigoyen al poder permite que el tango se haga canción a partir de la incorporación de las voces de los sectores sociales emergentes.

[23] En 1887 Cambaceres había escrito La Sangre, donde intenta describir la contaminación que ejercía el inmigrante sobre los valores porteños. Unos pocos años después en 1891, luego de la crisis de los años 90, Martel publica La Bolsa, donde culpa a los inmigrantes, y especialmente a los judíos, sobre la especulación financiera que protagonizó la situación de quiebra del país.

[24] El proceso de mistificación del gaucho será coronado por la obra de Güiraldes, Don Segundo Sombra en 1926. En ella se resaltan las virtudes del arquetipo “hombres de campo”. En su relato no hay diferencias sustanciales entre el peón y el patrón: solo existen hombres y campo. Su libro no es sino una contribución de la literatura gauchesca a la necesidad de la sociedad burguesa de ocultar las diferencias y las disputas de clases. El campo será percibido como un espacio donde todos conviven en perfecta paz y armonía (Masotta, 2010).

[25] La relación entre el tango y la cultura rural es explicada por Díaz (2001:232) en estos términos: “[…] el tango también está en sus orígenes históricos relacionado con el campo, puesto que el género milonga proviene de lo rural más que de lo urbano, y parece que lo precedió en el tiempo. La industrialización de Buenos Aires no lograba asimilar a todos los emigrados del campo, de modo que en los suburbios comienza a congregarse un confuso mundo de prostitutas, desocupados, compadritos y jugadores. Estos marginales no eran campesinos, pero tampoco eran gente de la ciudad. Estaban privados de su pasado rural y no podían aspirar a un futuro urbano. Es entonces, alrededor de 1870, cuando junto a la tradicional figura del payador surge una nueva figura, la del milonguero. Éste representa para el suburbio lo que aquél representaba para el campo. La payada era la poesía espontánea de los paisanos rioplatenses. Pero el payador se fue esfumando al ritmo de la afirmación de la milonga. La milonga es una especie de payada pueblera. El gaucho errante, que necesitaba un contrincante para desarrollar su arte payador, deviene en cantor de milonga, se convierte en individualidad suburbana. La milonga, al contrario del tango, primero fue música cantada y luego baile”.

[26] El peronismo modificó el “ordenamiento paralelo de las jerarquías del dinero, de la cultura y de la ‘raza’ que se fue formando en la Argentina durante las primeras décadas del siglo. Por eso el peronismo no solo irritó al gran capital o a los empleadores, sino también a muchos de aquellos que, sin ser ricos, en alguna medida se beneficiaban de aquel régimen por ser ‘blancos’, por tener un poco mas de educación o simplemente por haberse adaptado bien a ese mundo en el que se suponía que cada cual debía ocuparse de sus intereses individuales y que el progreso era simple y únicamente una cuestión de esfuerzo personal. En la sociedad crecientemente ‘descolectivizada’, de pronto había instancias colectivas inéditas que ofrecían nuevos modos de acceder al bienestar” (Adamovsky, 2009:279).

[27] Lewkowics (2002) asocia a la cumbia villera con una fiesta desesperada, una euforia que está amenazada por una caída inminente: el bajón luego del consumo de cocaína, la caída por el temor de que se termine.

 

 

[28] De acuerdo con Silva (2011), el argumento utilizado para la censura fue una excusa válida para frenar una movida social que “amenazaba” [las comillas son mías] el orden constituido. Colocamos amenazaba entre comillas, porque pensamos que “el aguante” de las letras no poseían un canal político para cambiar el sistema. 

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La literatura en la geografía (Libro)

AGRADECIMIENTOS

 

 

 

Agradezco, muy especialmente, a los amigos y colegas profesores Roberto Pazos y Alejandra Talasesco, por haberme recomendado la lectura de obras indispensables para la realización de nuestro ensayo pedagógico. Asimismo, la lectura de textos como Dibujar el mundo. Borges, la ciudad y la geografía del siglo XXI de Horacio Capel; Borges y la Ciencia. Una mirada desde la producción geográfica de Buenos Aires de Gustavo Buzai y Geografía sin toga y pizarrón de Ana Liberali, han sido de fundamental importancia para la inspiración y concreción del libro. Por último, quisiera reconocer a mi querida familia Solis, por haberme donado parte de su valiosa biblioteca, que me ha posibilitado desde lo material y lo espiritual poder haber arribado a buen puerto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1. INTRODUCCIÓN

 

 

 

Con la realización de este ensayo de carácter didáctico nos propusimos indagar a la geografía desde la literatura, a través de novelas, cuentos y poesías de destacados autores nacionales y extranjeros. Como bien dice Liberali (2011):

 

No es novedad la posibilidad de aprender Geografía a través de obras que no han sido escritas en medios académicos formales, pero que sin duda reflejan con gran precisión una serie de problemáticas que los geógrafos “académicos” intentamos conceptualizar, no siempre con buen éxito. (Liberali, 2011:1).

 

En este sentido, pretendemos enriquecer, desde lo conceptual, lo metodológico y lo estético, los conocimientos geográficos para el desarrollo de una práctica docente creativa e interactiva. Con sus geografías reales e imaginarias los literatos divulgan como nadie diferentes temáticas geográficas (el campo, la ciudad, los suburbios, el ciberespacio, etc.) que pueden ser de gran utilidad didáctica en el proceso de la enseñanza-aprendizaje. Asimismo, Suárez-Japón (2002) expresa:

 

[…] No ignoramos que el significado de los textos literarios y su utilización como fuentes de análisis geográfico han contado con oscilantes valoraciones, al compás de los propios desplazamientos históricos del pensamiento geográfico. No obstante, en nuestros días parece crecer al amparo de corrientes posmodernas que han sido capaces de trascender la rígida disociación entre verdad y belleza, tan acuñada en la tradición científica newtoniana (Berque, 1994) y que sitúan a la geografía, tras un nuevo retorno, como parte de la historia de la cultura (Sauer, 1963) […] Más con ser interesante, además de oportuna, esta vuelta a la subjetividad, no debiera conducirnos a la rechazable actitud de ignorar el valor del conocimiento aportado por las vías racional-positivistas, de tan larga tradición en nuestra disciplina y en el ámbito científico. La incorporación de fuentes y actitudes subjetivas en la tarea del geógrafo debieran, pues, venir a añadirse a las otras posibles, sin absurdas tentaciones excluyentes (Suárez-Japón, 2002:134).

 

No intentamos reemplazar los saberes académicos sino que procuramos aportar otros caminos (no excluyentes) que aumenten y liberen nuevas perspectivas del conocimiento. Santos (2000) aclara:

[…] Hay dos caminos que no son exclusivos, el camino de la geografía de los expertos y el camino de la geografía de los ciudadanos. La geografía de los expertos hace la tecnificación de los relatos, usa un discurso pragmático, busca la unidad, busca la aceptación de modelos. La geografía de los ciudadanos está en comunión con los hombres y con las cosas, se sorprende, no hay modelo impuesto, busca la combinación de las posibilidades. Por consiguiente la geografía de los ciudadanos aporta hacia el reino de la libertad […] (Santos, 2000).

 

 

La utilización del lenguaje literario, más bello y seductor que la asepsia de algunos relatos académicos, permite una aproximación sumamente atractiva e innovadora a la amplia gama de saberes geográficos. Como dicen Rodríguez y Moreno Lache (2006):

 

La geografía a través de la literatura nos permite reinstalar signos, imágenes, o mitos, es decir nos permite identificar, desenmascarar, revisar, decodificar una realidad. Los signos que nos muestra la literatura siempre nos permitirá ver otra cara de la realidad, la que el autor quiera mostrar y la cual posiblemente no se conocía. (Rodríguez y Moreno Lache, 2006:254).

 

La introducción de la literatura en el proceso de la enseñanza de la geografía, y de las ciencias sociales en general, ayuda al mejoramiento de la expresión oral y escrita (perfecciona el vocabulario, la ortografía, la redacción y la argumentación), incentiva la imaginación, estimula el pensamiento abstracto, favorece la intertextualidad, y encima de todo, entretiene y brinda deleite[1]. Por ejemplo, las metáforas, fundamentales en el lenguaje literario, son instrumentos importantes para la comprensión del espacio geográfico. Capel (2001) asevera:

 

[…] Las metáforas han sido consideradas por algunos lingüistas como esenciales para el conocimiento humano, para la percepción y la construcción de la realidad y para la aparición de nuevos sentidos a través de la comparación […] Remiten a lo remoto por lo inmediato, a lo abstracto por lo concreto, a lo complejo por lo simple, a lo desconocido por lo familiar. En realidad, en una ciencia que se ha definido como ciencia comparada, la metáfora es esencial en el conocimiento geográfico (Buttimer, 1993). […] (Capel, 2011:14-15).

 

Por otra parte, Rodríguez y Moreno Lache (2006) comentan:

 

[…] es posible utilizar estrategias pedagógicas que permitan conducir a los estudiantes dentro del continuo proceso de construcción del conocimiento; generar un ambiente pedagógico al exterior del aula; crear un pensamiento de la geografía escolar diferente a la elaboración de mapas y a la repetición de accidentes geográficos, alejada de la memorización puntual y exacta para lograr trabajar con la memorización comprensiva. En este sentido la literatura presenta fundamentos válidos que permiten comprender y determinar la incidencia de factores sociales, culturales y afectivos que corresponden a la regulación del individuo dentro de un núcleo social, modificar la concepción de espacio y evidenciar las percepciones espaciales como reflejo de la cultura en la cual se desarrollan los estudiantes […] (Rodríguez y Moreno Lache, 2006:251).

 

Es fundamental para el propósito de este libro, para remarcar un elemento significativo enunciado por Rodríguez y Moreno Lache (2006): las diferencias entre la “memorización puntual y exacta” y la “memorización comprensiva”.

Todos sabemos que la memoria ejerce una función destacable dentro del proceso del aprendizaje significativo. Empero, solo la “memoria comprensiva” participa de esta innegable condición. Pues, la “memoria puntual y exacta”, es decir, la memoria repetitiva sin ningún tipo de proceso cognitivo adicional, representa una sumatoria de palabras enunciadas acríticamente dignas para algún simpático personaje del reino animal. Además, desde el punto de vista práctico, este tipo de memoria sería imposible llevarla a cabo cuando los conocimientos a memorizar incluyen una cuantiosa extensión en páginas. Borges (2004:490) contó magistralmente en Funes el memorioso el padecimiento de una persona que poseía una “memoria puntal y exacta” de todo lo que sucedía. Y concluyó: “[…] Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos […]”.

¿Qué significa, entonces, la “memorización comprensiva” y cómo se podría practicar? Consideramos a esta clase de memorización a la transformación por parte del discente de la información transmitida por el docente y la bibliografía adjunta. Lo cual implicaría varias instancias progresivas: comprensión, análisis, valoración, clasificación, ejemplificación y síntesis. Luego de la correcta realización de los procesos anteriores, el alumno estaría en condiciones de producir su propio discurso a partir de la transformación del texto o los textos aportados por el profesor. Por lo tanto, la “memorización comprensiva” sería posible desde el punto de vista teórico y práctico. En cuanto a lo teórico, porque brindaría la posibilidad de “aprender” fehacientemente lo que se ha propuesto enseñar. Y con la perspectiva de poder expandir los conocimientos y capacidades cognitivas en los futuros aprendizajes. Y en cuanto a lo práctico, porque la memorización se implementa al final de proceso de estudio. De esta forma, será mucho más fácil memorizar un texto propio y condensado, que no significa repetir las mismas palabras originales sino memorizar abstracciones, generalizaciones y situaciones concretas resignificdas. Consecuentemente, la “memorización comprensiva” necesita de tiempo, pero no de un tiempo rutinario, mecánico y tedioso (como en el caso de la “memorización puntual y exacta”) para memorizar algo extraño e imposible (por ejemplo, un relato extenso), sino de un tiempo creativo y agradable (que pasa casi desapercibido) para fijar los ideas significativamente aprendidas. Tanto los alumnos como los docentes, necesitarán de la misma calidad del tiempo pedagógico para que las clases resulten productivas y atractivas a la vez.

Asimismo, coincidimos plenamente con las palabras Paris (2005):

 

[…] Si como docentes nos planteamos cómo ampliar en nuestros alumnos el campo lector y cómo superar las barreras inhibitorias de quienes por prejuicio se ubican entre los lectores excluidos –ya sea por no poseer atracción hacia la lectura o por no alcanzar a comprender lo leído- debemos enseñar en primer lugar que la lectura es un hábito adquirido y que su ejercicio continuo allana gradualmente las dificultades. Entonces la tarea se resume en una pregunta: ¿cómo HACEMOS lectores? […]  (Paris, 2005:7).

 

Pensamos, humildemente, que nuestra propuesta bibliográfica es una respuesta probable a la pregunta que nos formula Paris (2005). Pues, más allá de los contenidos geográficos a enseñar, nuestro objetivo primordial es inculcar el hábito de la lectura, fundamental para el desarrollo de ciudadanos libres, pensantes, creativos y curiosos. En otras palabras, el propósito fundamental es enseñar a Pensar, pues aprender a Pensar, es la principal herramienta que contarán los alumnos para progresar en sus estudios, oficios, profesiones, familias, y en la vida en general.

En varias oportunidades, los alumnos creen equivocadamente (en parte inducidos por los propios docentes) que durante las clases piensan, razonan y concluyen con autonomía. En realidad, hemos comprobado asiduamente que esto no ocurre. No porque sea algo inalcanzable de adquirir sino porque no se enseña. Tan simple como eso. Muchos alumnos piensan, razonan y concluyen con los mismos pensamientos, razonamientos y conclusiones de los docentes (también incluimos dentro de los docentes a la bibliografía aportada por el profesor). Es decir, no existe un proceso creativo, por mínimo que sea, por parte de los estudiantes.

Por ejemplo, muchas veces los docentes proponen a los alumnos que expliquen determinado proceso, que establezcan sus causas, que fundamentes las consecuencias, que aporten ejemplos, que lo relacionen con otros fenómenos presentes e históricos, etc. Hasta aquí todo está muy bien: las consignas buscan desarrollar tareas intelectuales. ¿Cuál sería el problema pedagógico entonces? Que los alumnos responden memorizando el pensamiento del docente (y su bibliografía) sobre el tema en cuestión. Lo más grave de todo esto, es que el docente evalúa la “producción” (reproducción memorística “puntual y exacta”) de los alumnos sin pedir nada nuevo de lo ya explicado por él mismo. Si no fuera así, ya se hubieron extinguido los legendarios “machetes”, ahora cada vez más tecnológicos, en cada instancia de evaluación escrita. Es más, nuestra propuesta pedagógica-didáctica es legalizar los “machetes” o “ayuda memoria”, si éstos son utilizados para poder construir pensamientos propios y originales.

Es totalmente obvio que los alumnos no deben partir de cero para desarrollar sus propias producciones. Consideramos que el docente debe proporcionar el marco teórico para la interpretación de los contenidos y ejercitar sobre las capacidades que deben adquirir los alumnos: comprender, clasificar, analizar, relacionar, sintetizar, etc. A partir de allí, tenemos una base para que los estudiantes puedan con cierta autonomía formarse en la producción creativa. Por supuesto, este proceso debe ser gradual y de acuerdo a las condiciones y las necesidades de los educandos. Sería necesario, entonces, ir incorporando progresivamente en todas las instancias del proceso de enseñanza-aprendizaje metodologías que estimulen la elaboración personal. Desde la explicación dialogada, el debate, las evaluaciones con “libro abierto” hasta los proyectos de investigación. Es la única forma de comprobar si los alumnos aprendieron o no. En otras palabras, los docentes necesitamos saber imperiosamente si los alumnos han realizado el proceso de “memorización comprensiva” analizado en los párrafos precedentes. Porque si el docente privilegia la “memorización repetitiva” es imposible que pueda verificar con exactitud si los alumnos han alcanzado razonar y comprender lo estudiado. 

En definitiva, la educación debiera fomentar el incremento de la “voz propia”, tan necesaria, en un mundo donde los individuos sufren el constante “bombardeo” de ideas y pensamientos ajenos. Lo importante es darse cuenta que uno está hablando (pensando) libremente y no reproduciendo acríticamente las palabras de los Otros. Más aún, cuando las palabras extrañas pertenecen a los grupos de Poderes antipopulares.

La presente obra está dirigida, principalmente, a docentes del nivel medio, alumnos del profesorado de educación primaria y secundaria, y a todos aquellos interesados en el mundo de la literatura y de las ideas.

En cuanto al formato del ensayo, el libro está divido en dos partes pensadas a partir de las dos grandes disciplinas geográficas: la geografía humana y la geografía física. A su vez, cada una de las partes está dividida en niveles, en relación con las subdisciplinas[2] involucradas en las referencias literarias: geografía urbana, geografía histórica[3], geografía cultural, geografía política, geografía económica, geografía social, cibergeografía, climatología, hidrología, hidrografía, cartografía y biogeografía. Luego, enunciamos el tema a tratar, seguido de una cita (que puede ser parcial o completa de acuerdo con el tamaño de la obra literaria) del texto que vamos a utilizar a manera de disparador del argumento a estudiar. Posteriormente realizamos un breve comentario sobre la cita y el tema analizado, y concluimos, con una propuesta didáctica tentativa.

 

 

 

PARTE I

DISCIPLINA: GEOGRAFÍA HUMANA

 

 

 

NIVEL I

SUBDISCIPLINA: GEOGRAFÍA URBANA

 

 

1. Tema: La ciudad difusa.

 

 

1.1. Cita bibliográfica: Las ciudades invisibles de Italo Calvino.

 

[…] Las gentes que encuentras, si les preguntas: -¿Pentesilea? -hacen un gesto circular que no sabes si quiere decir “Aquí” o bien: “Más allá”, o “Todo alrededor”, o si no “Del otro lado”.

-La ciudad –insistes en preguntar.

-Nosotros venimos a trabajar aquí por las mañanas –te responden algunos, y otros: -Nosotros volvemos aquí a dormir.

-Pero ¿la ciudad donde se vive? –preguntas.

-Ha de ser -dicen- por allá –y algunos alzan el brazo oblicuamente hacia una concreción de poliedros opacos, en el horizonte, mientras otros indican a tus espaldas el espectro de otros pináculos.

-¿Entonces la he dejado atrás sin darme cuenta?

-No, prueba a seguir adelante.

Continúas así, pasando de una periferia a la otra, y llega la hora de abandonar Pentesilea. Preguntas por la calle para salir de la ciudad, recorres el desgranarse de los suburbios desparramados como un pigmento lechosos; cae la noche; se iluminan las ventanas, ya escasas, ya numerosas.

Si escondida en un algún pliegue o bolsa de este resquebrajado distrito existe una Pentesilea reconocible y recordable para quien haya estado en ella, o si Pentesilea es solo periferia de sí misma y tiene su centro en cualquier lugar, he renunciado a entenderlo. La pregunta que ahora comienza a rondar en tu cabeza es más angustiosa: fuera de Pentesilea, ¿existe un fuera? ¿O por más que te alejes de la ciudad no haces sino pasar de un limbo a otro y no consigues salir de ella? (Calvino, 1998:239-241).

 

 

 

1.2. Comentario:

 

 

Conforme a Soja (2001), la ciudad de Los Ángeles representa el paradigma de la ciudad difusa: la ciudad sin centro, multipolar, diseminada, conectada por autovías y en la que los espacios públicos de encuentro y convivencia son sustituidos por recintos privados, donde las funciones cotidianas y el ambiente construido están subordinados a la lógica del consumo. Los Ángeles constituye “un ámbito que se libera de las grandes narrativas y de las ideologías supraordenadoras del modernismo, a través de un collage móvil de malls, autopistas y extensión (sub)urbana” (Silverstone, 1996:282). Asimismo, partiendo de la observación y el estudio de la ciudad de Los Ángeles, Nancy (2013:39) teoriza sobre el nuevo paradigma urbano imaginado por Calvino (1998) en Pentesilea:

 

[…] La ciudad [citè] designa hoy en día un conjunto de edificios de suburbio, con su territorio y sus referencias, lejos del “centro urbano” y lejos de la ciudad misma, trozo de ciudad distanciada de la ciudad, suelto como un iceberg a la deriva, flotando en un océano incierto.

La ciudad se busca con insistencia y se hunde de nuevo, se deja llevar por otra verdad diferente a la del subsuelo y los cimientos, que ella ha excavado. Va hacia otro ser u otra esencia, otro valor, e incluso otro nombre, conurbación, megalópolis. Algún día olvidará hasta ese nombre de “ciudad” (Nancy, 2013:39).

 

 

 

 

 

 

1.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Qué particularidades del Gran Buenos Aires comparten características con Pentesilea? Fundamentar.

 

 

2. Tema: Suburbanizaciones privadas.

 

 

2.1. Cita bibliográfica: Las viudas de los jueves de Claudia Piñeiro.

 

Las calles tienen nombre de pájaros. Golondrina, Batibú, Mirlo. No guardan un trazado lineal típico. Abundan los cul-de-sac, calles sin salida que terminan en una pequeña rotonda parquizada. Una especie de callejón más cotizado que el resto por ser menos transitado. Todos quisiéramos vivir en un cul-de-sac. En un barrio no cerrado, un callejón así desvelaría el sueño de quien lo tuviera que transitar, sobre todo de noche; temería ser asaltado, emboscado. En La Cascada no, no sería posible, uno puede caminar a la hora que sea, por donde sea, absolutamente tranquilo porque nada puede pasarle.

No hay veredas. La gente va en auto, moto cuatriciclo, bicicleta, carro de golf, scooter o rollers. Y si camina, camina por la calzada. En general, cualquier persona caminando que no lleve equipo de entrenamiento es empleada doméstica o jardinero. “Parquista” decimos en Altos de la Cascada en lugar de jardinero, seguramente porque ningún terreno baja de los mil quinientos metros cuadrados, y con ese tamaño un jardín se convierte automáticamente en parque.

Si uno levanta la cabeza no ve cables. Ni de luz, ni de teléfono, ni de televisión. Y por supuesto que hay de las tres cosas, solo que corren bajo tierra, ocultos, para preservar a Los Altos y sus habitantes de la contaminación visual. Los cables corren junto a la cloaca, en un zanjado paralelo. Los dos ocultos bajo tierra.

Tampoco se permite dejar a la vista tanques de agua, que son camuflados detrás de falsas paredes que los envuelven. Ni ropa tendida. La Oficina Técnica del barrio debe aprobar, junto con los planos de la casa, el lugar elegido para tender ropa, y si con posterioridad el vecino usa un sector que permite ver la ropa lavada desde las casas lindantes y alguien lo denuncia, es multado. Las casas son diferentes, ninguna casa pretende ser abiertamente copia de otra. Aunque lo sea. Imposible no parecerse cuando se deben respetar estéticas semejantes. O porque lo dice el código edilicio, o la moda (Piñeiro, 2005:27-28).

 

 

 

2.2. Comentario:

 

El trazado de los barrios cerrados guarda íntima relación con el “estilo de vida” de los residentes. Piñeiro (2006) hace referencia a la traza del country La Cascada. La percepción y el uso del espacio cotidiano en estos territorios privados marcan una diferencia tajante con la ciudad abierta. Por ejemplo, no hay temores en caminar de noche por cualquier tipo de calles. Lo que sucede, es que el los countries (al igual que los shoppings) la noche transita por los mismos tiempos serenos que el día. Pues, las calles de los barrios cerrados (y la de los shoppings) forman parte del esquema de una geografía interior, desvinculada de los peligros del espacio exterior. Por otro lado, las características de los desplazamientos permiten otra manera de discriminar a los vecinos de los empleados. La invisibilizacón de cables, tanques de agua, tendederos de ropa, es análoga al ocultamiento de la pobreza, que solo ingresa esterilizada en la categoría de “servicios varios” (empleadas domésticas, “parquistas”, agentes de seguridad privada, etc.).

Por otra parte, el diseño arquitectónico de las viviendas es bastante uniforme, tanto por el estilo de las casas (predominan tres expresiones arquitectónicas: la neoecléctica, la racionalista y la colonial), la repetición de los colores pastel, los inevitables pórticos de entrada, las ventanas-vidrieras, así como por la disposición abierta del espacio interno (Svampa, 2001).

 

 

2.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Es posible aventurar un estilo de vida country? Justificar.

 

 

2.1.1. Cita bibliográfica: Las viudas de los jueves de Claudia Piñeiro.

 

[…] “Mavi Guevara” fue la primera inmobiliaria manejada por alguien que conocía realmente La Cascada. Y a quien nosotros conocíamos. María Virginia Guevara. Virginia; nosotros nunca la llamábamos ni por el nombre completo ni por el abreviado, como si eso marcara una diferencia, porque María Virginia correspondía a un pasado que desconocíamos y el Mavi era un nombre impuesto para los negocios. Antes de que Virginia apareciera oficialmente en el rubro, las casas la vendíamos y comprábamos por intermedio de inmobiliarias de San Isidro, Martínez, incluso de Capital, con un manejo impersonal, donde nadie conocía a nadie y los agentes nos mostraban los inmuebles como si fueran separables del piso en el que estaban plantados. Virginia instaló un estilo distinto. Nadie como ella sabía de los tesoros que guardaba cada casa. Ni de los defectos. Sabía que acá las calles no son rectas paralelas como en la ciudad, que su trazado no responde a patrones establecidos. Después de mostrar tres casas, el empleado de una inmobiliaria cualquiera podía confundir el este con el oeste, y terminar llamando a la guardia porque Altos de la Cascada se le convertía en un laberinto del que no se podía salir ni siquiera volviendo sobre sus propios pasos. Como al Hansel del cuento que los pájaros le comieron las miguitas de pan, a los forasteros La Cascada les devora el sentido de la orientación, los atrapa en su trazado de caminos donde todo parece igual y diferente al mismo tiempo. Virginia podía salir con los ojos cerrados. Cualquiera de nosotros podría. Sabemos de memoria detrás de qué arboleda sale el sol. Detrás de la casa de quién se pone. En verano o en invierno, que no es lo mismo. A qué hora canta el primer pájaro, por dónde pueden cruzarse un murciélago o una comadreja […] (Piñeiro, 2005:62-63).

 

 

2.2.1. Comentario:

 

“El diseño laberíntico de algunas urbanizaciones cerradas dista de ser casual: el desconocido puede entrar, pero no puede salir si no conoce el mapa secreto de las vías que dan acceso a la salida, que es solamente una[4]” (Carman, 2003:172). Además de garantizar mayor seguridad, la trama irregular cumple el propósito de generar recorridos amenos y desalentar la alta velocidad de los automovilistas[5]. Solo los habitantes de los barrios cerrados, acostumbrados a vivir en un mundo acotado, conocen al detalle el trazado irregular de la planta urbana y todo el medioambiente que ésta incluye (animales, árboles, casas, posición del sol al amanecer y al atardecer, etc.).

 

 

Figura 1: Vallas reductoras de velocidad (Country Saint Thomas de Ezeiza).

(Fotografía: Romano, 2008).

 

 

2.3.1. Propuesta didáctica:

 

- Establecer analogías y diferencias entre la planta urbana de los countries y las villas de emergencia.

 

 

2.1.2. Cita bibliográfica: Betibú de Claudia Piñeiro.

 

[…] Interrumpe sus pensamientos y divagues un llamado de Carmen Terrada. Tenés mala voz hoy, le dice su amiga. Estoy pasando la segunda prueba de resistencia en La Maravillosa. La primera fue atravesar la barrera de entrada, ¿te acordás?, le pregunta Nurit [una periodista que se instaló en un country para investigar un homicidio]. Sí, me acuerdo, ¿y ahora con quién te peleaste?, quiere saber Carmen. Todavía con nadie, responde ella. Contame, insiste su amiga. Síndrome de abstinencia de ciudad: me estresan los árboles, me estresa el verde, me rompen poderosamente las pelotas el canto de los pájaros a las seis de la mañana, el chirrido de los grillos, las ranas que croan toda la noche; ¿sabés lo que necesito, Carmen? Un hombre amiga. No, cemento, mucho cemento y un café en la esquina de mi casa, responde Nurit. Y sigue: Imaginate lo que es salir a caminar por la calle y sentir que en este lugar no te podés llegar a cruzar con nadie que te conmueva, que todo lo que te rodea es naturaleza, deporte, vida supuestamente sana, y casas vacías. Porque aunque haya gente, no la ves si no es haciendo alguna actividad deportiva. Aunque sea trotando. Imaginate lo que es sentir que no puede suceder nada que te sorprenda, que no te puede pasar nada fuera de lo previsto, dice Nurit (Piñeiro, 2010:119).

 

 

2.2.2. Comentario:

 

Nurit planea la necesidad del complejo equilibro entre naturaleza y ciudad, intimidad y alteridad, orden y desorden, certeza y contingencia, tan imprescindibles para desarrollar una vida enriquecida por el entorno socionatural. Ya sea por defecto o por exceso, muchos barrios abiertos como la mayoría de los barrios cerrados están olvidando el justo medio aristotélico.

 

 

2.3.2. Propuesta didáctica:

 

- ¿Qué elementos aporta la ciudad pública que los barrios cerrados adolecen?

 

 

2.1.3. Cita bibliográfica: Betibú de Claudia Piñeiro.

 

Los lunes son los días que lleva más tiempo entrar en el Club de Campo La Maravillosa. La cola de empleadas domésticas, jardineros, albañiles, plomeros, carpinteros, electricistas, gasistas y demás obreros de la construcción parece no terminar nunca. Gladys Varela lo sabe. Por eso se maldice, ahí donde está, parada frente a la barrera de la que cuelga el cartel “Personal y proveedores”, detrás de por lo menos otras quince o veinte personas que, igual que ella, intentan entrar […] Todavía quedan tres hombres delante de ella […] A uno de los tres le lleva más tiempo el trámite porque no está registrado, entonces le piden el documento y le sacan una foto, y le precintan la bicicleta con un número de serie para que después salga con la misma bicicleta con la que entró. Y llaman al propietario para que autorice el ingreso. Antes de dejarlo pasar anotan la marca de la bicicleta, y el color, y el rodado, entonces Gladys se pregunta por qué además le precintan un número. ¿Será por si el que entra con la bicicleta encuentra una igualita pero más nueva, en mejor estado y sale con la otra? Demasiada suerte, piensa. Más que conseguir un boleto con número capicúa, o cantar cartón lleno en el bingo. Pero los hombres no se quejan del precinto, ni siquiera preguntan. Es lo que hay, reglas del juego. Aceptan. Y por un lado mejor, piensa Gladys, así uno puede demostrar cuando sale que no se llevó nada que no es suyo, que uno es decente. Mejor que anoten y que después no anden culpando porque sí […] Llega su turno, entonces Gladys entrega el papel. El guardia ingresa sus datos en la computadora y ella ve, de inmediato, su cara en la pantalla […] El guardia mira la pantalla y luego la mira a ella, lo hace dos veces, después le dice que pase. Unos metros más adelante otro guardia espera que abra la cartera. No hace falta que se lo pida, Gladys, y todos los que hacen la cola, conocen los pasos a seguir […] El guardia mueve las cosas dentro de la cartera de Gladys para ver qué hay. Ella le pide que anote en el formulario de ingreso de efectos personales el celular que trae en el bolsillo del buzo, el cargador del teléfono y un par de ojotas que lleva en la cartera. Se los muestra. El guardia anota. Lo demás no importa: pañuelos de papel; unos caramelos medios pegoteados; la billetera donde lleva el documento, un billete de cinco pesos y monedas para pagar el colectivo de vuelta; las llaves de su casa […] Eso no hace falta que lo anote, pero el celular, el cargador y las ojotas, sí. Ella no quiere tener problemas a la salida, dice (Piñeiro, 2010:11, 13-15).

 

 

 

2.2.3. Comentario:

 

Las requisas que les realizan a las personas que no son propietarios para poder ingresar a un barrio cerrado y desarrollar sus tareas laborales, manifiestan el carácter esencialmente privado de estas comunidades urbanas. La imagen que trasmite la narración de Piñeiro (2010) en la fila de entrada, se parece más el ingreso a una institución carcelaria que a un barrio. Lo que está muy claro es que se ingresa a un espacio de libertad restringida. En los countries, para los foráneos todo es privado, hasta los espacios “públicos”. Los que deben ingresar a trabajar ya lo toman como algo natural, así son las reglas (privadas), es lo que hay: en todas las entradas y salidas deben demostrar su decencia.

 

 

2.3.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Por qué los barrios privados acentúan la diferenciación socioespacial?

 

 

 

2.1.4. Cita bibliográfica: Betibú de Claudia Piñeiro.

 

[...] El remisero llega a destino. La casa no es de las más importantes de La Maravillosa, pero sin embargo es mucho más grande, imponente y llamativa que ninguna otra que haya habitado nunca Nurit Iscar. El hombre abre el baúl, saca la valija, la deja junto a Nurit, y luego le da un comprobante de viaje para que le firme. Bueno, cualquier cosa que necesite, me llama, acá le dejo mi número, dice y le da una tarjeta de la remisería para la que el hombre trabaja. Me dijeron que todos los viajes están a cargo del diario, siempre trabajamos con El Tribuno, tienen cuenta con nosotros, así que usted quédese tranquila, me llama, y listo. Ah, perfecto, lo llamo, entonces. Eso sí, llámeme con tiempo, porque yo vivo en Lanús y llegar hasta acá me debe tomar dos horas, dos horas y media en hora pico. ¿Lanús?, repite ella. Lanús Oeste, aclara él. ¿Y qué hago si me duele la cabeza y necesito ir a una farmacia a comprar aspirinas? Yo le recomiendo que para esas emergencias pida el teléfono de una remisería de la zona en la guardia y que cuando vaya a comprar algo junte, stockee, le va a salir más barato que andar pidiendo un remisa cada vez que la falta alguna cosa. Claro, dice ella, voy a stockear. El remís se va, Nurit Iscar se queda un instante allí, sobre la grava gris, con la valija en una mano, las llaves de esa casa que no le pertenece en la otra, pensando en cuántas cosas tendría que stockear para no sentir que puede caer en cualquier momento en una emergencia de esas que, ella sabe, son insalvables (Piñeiro, 2010:102-103).

 

 

2.2.4. Comentario:

 

La escena muestra el aislamiento de la vida country para las personas ajenas a su estilo de vida. La periodista de la novela (Nurit Iscar) que se aloja en la country La Maravillosa, enviada por el diario El Tribuno a investigar un homicidio, no había tomado recaudos (pareciera ser por desconocimiento del hábitat de los emprendimientos cerrados) de las dificultades que implican los desplazamientos para los habitantes sin acceso a un vehículo particular. La esencia de la existencia en los countries gira alrededor de lo cerrado y lo privado. Solo el aislamiento funcional con el mundo exterior puede ser sorteado con facilidad a partir de la plena motorización privada de las familias (en casi todos los hogares existe más de un automóvil) residentes.

 

 

 

 

2.3.4. Propuesta didáctica:

 

- ¿Por qué el transporte público no ingresa a los countries?

 

 

3. Tema: La ciudad pública.

 

 

3.1. Cita bibliográfica: Peón cuatro raviol de Jorge Ramos.

 

Buenos Aires,

análoga caligrafía,

urbana cartografía

igual a todas las albañilerías

cuchareadas

en sus posteriores días.

Ciudad insistente,

tautológica,

mimeográfica,

de interminables ecos cartesianos

tartamudeados a los cuatro vientos.

[...]  Buenos Aires,

ciudad de papel,

futura morada

de muchedumbre inmigrada,

enquilombada Babel,

menguante de españoles;

con premonitoria forma

de caja de ravioles

cocidos ordenadamente,

al dente,

en la cacerola de los nietos de Vignola.

 

[...] Anglófilos funcionarios,

a cara de perro,

la atravesaron

con caminos de hierro,

spaghetti ferroviarios

menos sabrosos, seguramente,

que aquel primer “spago” oriental

morfado por Marco Polo

en la corte del Kublai Kan.

 

Con la modernidad haussmanniana

llegaron las diagonales y el bulevar

para que alfiles y damas

se pasearan

de la Rosada al Congreso

y al Tribunal.

 

Por el capricho de algún rematador

las piezas se mezclaron

en la expansión

y los “malfatti” de la periferia

se escurrieron por el colador

de la ancestral tozudez

de la miseria.

 

Desafiando el tablero infinito

y la raviolada

desmesurada,

la cercaron despacito:

primero silos y docks

sobre el río sin arena,

después la General Paz

(trinchera poligonal)

y allá… en la puerta pampera

en estilo internacional,

Lugano uno y dos,

Soldati y Piedrabuena.

 

Con esta inmensa marea

de la América morena,

de tranvía, tren y ruta,

de remate en bañadera,

la Buenos Aires cuadrada

se estiró como gomera [...]

 

(Ramos, 2000:21-24)

 

 

 

3.2. Comentario:

 

Desde la creación del plano de la Ciudad de Buenos Aires de 1898-1904 se intentó difundir una ciudad “tautológica”, cuya intención era repetirse para integrar (desde lo físico y lo social) los nuevos fragmentos urbanizados. Este proceso de suburbanización fue ordenado por la cocción al dente de la “raviolada” (damero planificado). Aunque a partir de 1930, la “raviolada” fue desafiada por los “malfatti” (damero espontáneo) de la periferia, todavía (hasta comienzos de los años setenta) la “masa” constitutiva de la Buenos Aires moderna-inclusiva conservaba los ingredientes fundamentales que le permitía desplegarse con relativa elasticidad, sin mayores resquebrajamientos, como luego ocurrió en los años noventa con los barrios privados.

 

 

3.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Qué cambios ha sufrido el Gran Buenos Aires en la década de 1990?

 

 

4. Tema: La declinación del espacio público.

 

 

4.1. Cita bibliográfica: La esquina de Bernardo Verbitsky.

 

[...] Ellos formaban [en la esquina] una pandilla (una “barra” decían) que los sábados a la noche iban al mismo café que los demás días de la semana y allí se volvían a encontrar en la tarde del domingo a la vuelta del fútbol [...]  Álvarez fue el primero que había hecho la observación en sus críticas al espíritu rutinario del grupo: “al final uno ni la propia ciudad, ni el barrio conoce” [...] Cuando se cansaban del café no iban más allá que a la lechería o de las mesas vinosas del boliche de don Juan. Y si se aburrían de todos esos lugares, aseguraban su permanencia en la peluquería, que siempre era el lugar de paso para intercambio de opiniones y noticias y un mirador para obtener en cualquier momento el panorama integral del barrio (Verbitsky, 1953:24).

 

 

4.2. Comentario:

 

Nos atrevemos a decir que en el Gran Buenos Aires se está diluyendo el espacio público, de encuentro, de mezcla, que tuvo fundamental importancia en la formación de los barrios, en la primera mitad del siglo XX. Los componentes básicos de la esfera pública (la esquina, la plaza, el café, la biblioteca pública, el club, la sociedad de fomento, el comité político) que cumplían una gran tarea socializante e integradora entre los distintos sectores sociales y construían la identidad de los inmigrantes y criollos, han dejado de tener la presencia y significación de antaño.

 

 

4.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Por qué en la actualidad la “barra de la esquina” tiene tan mala prensa?

 

 

5. Tema: Los territorios de la globalización.

 

 

5.1. Cita bibliográfica: El viaje del elefante de José Saramago.

 

[...] Si tal caso se diere, estamos autorizados a revelar que solimán gozará de un merecido descanso de dos semanas en esta conocida estancia turística, concretamente en una posada que tiene el nombre de am holen feld, lo que significa, nunca mejor dicho, tierra alta. Es natural que parezca extraño que una posada que todavía se encuentra en territorio italiano tenga nombre alemán, pero la cosa se explica si recordamos que la mayor parte de los huéspedes que aquí vienen son precisamente austríacos y alemanes a los que les gusta sentirse como encasa. Razones afines harán que un día, en el algarbe, como alguien tendrá el cuidado de escribir, toda playa que se precie no es playa sino beach, cualquier pescador fisherman, tanto da si le gusta como si no, y si de conjuntos turísticos, en vez de aldeas, se trata, quedemos sabiendo que lo más normal será que se diga holiday’s village, o village vacances, o ferienorte. Se llega al cúmulo de que no haya nombre para la tienda de modas porque es, en una especie de portugués de adopción, boutique, y, necesariamente, fashion shop en inglés, menos necesariamente mode en francés, y francamente modegeschäft en alemán. Una zapatería se presenta como shoes, y no se hable más del asunto. Y si el viajero pudiera buscar, como quien despioja, nombre de bares y buates, cuando llegue a sines todavía estaría en las primeras letras del alfabeto. Tan despreciado está en la lusitana organización que del algarbe se puede decir, en estas épocas en que bajan los civilizados hasta la barbarie, que es la tierra del portugués tal cual se calla. Así está bressanone (Saramago, 2011:244-245). 

 

 

5.2. Comentario:

 

El modelo económico postfordista iniciado, aproximadamente, en la década de 1980, está basado en la desindustrialización del mercado laboral. La mayor parte de la mano de obra se emplea, desde entonces, en el sector comercial y de servicios. Por tal motivo, los distintos territorios compiten entre sí para seducir a las inversiones del capitalismo globalizado direccionadas, principalmente, hacia aquellos sectores. Los espacios con atractivos turísticos son los que reciben el mayor interés de los capitalistas. Los lugares colonizados por el turismo civilizado (provenientes de los países centrales) conviertes a los territorios originales (bárbaros) en instrumentos de consumo económico y cultural. Los espacios, ya globalizados, comienzan a enmudecer para ser hablados por la lengua del conquistador.

 

 

5.3. Propuesta didáctica:

 

- Brindar ejemplos de espacios globalizados en Argentina.

 

 

6. Tema: La ciudad moderna.

 

 

6.1. Cita bibliográfica: Memorias del subsuelo de Fiódor Dostoievski.

 

[...] Para la vida humana cotidiana sería más que suficiente una conciencia humana ordinaria, o sea la mitad, la cuarta parte de la porción que le ha tocado al hombre ilustrado de nuestro desdichado siglo diecinueve y, en especial, al que tiene la particular desgracia de habitar en Petersburgo, la más abstracta y premeditada ciudad del globo terráqueo. (Hay ciudades premeditadas y no premeditadas) [...] (Dostoievski, 2011:6-7)

 

 

 

6.2. Comentario:

 

San Petersburgo fue fundada por el zar Pedro el Grande el 16 de mayo de 1703 con la intención de trasladar la capital (lo fue entre 1712 y 1918) a un sitio con salida al mar y convertirla en la "ventana de Rusia” hacia el mundo occidental europeo.

Dostoievski decía de San Petersburgo que es la ciudad más abstracta y premeditada del mundo. El concepto de abstracto deriva del término latino abstractus y hace referencia a cierta cualidad donde se excluye al sujeto o lo concreto, solo tiene existencia en el mundo de las ideas. Es una urbe premeditada porque nace como una entidad racional, es decir, una creación ex nihilio, preconcebida, tramada y planeada idealmente. De acuerdo con  Novosilzov (1997):

 

[...] [San Petersburgo] separa al pueblo y la "inteligentsia" rusa [...] La génesis de esta ciudad es fruto de un acto de voluntad que pretende vencer todos los obstáculos: el agua, las marismas, el clima del delta del rio Neva, para erigir en ese lugar pantanoso una ciudad con edificación monumental de aire europeo, donde apenas se conservan elementos de la arquitectura tradicional rusa en las iglesias. Planificada de manera consciente y racional, colaboran en su construcción arquitectos extranjeros: Leblond, Rastrelli, Quarenghi y Rossi, modelando su destino que sería convertirse en la metrópolis por excelencia, escenario para la literatura de tema urbano del siglo XIX en Rusia [...]  (Novosilzov, 1997).

 

En la operación de “abstracción” Pedro I separa, aísla, deja afuera a la historia, al pueblo como parte creadora de la ciudad. “El trazado simétrico y planificado de antemano (a diferencia de las ciudades con más antigüedad que muestran en su traza los agregados y reajustes dados a lo largo de una larga historia)” constituye un claro ejemplo de una “modernización desde arriba”, a partir de la concepción racional de un plan estratégico que busca conectar a la intelectualidad Rusia con la modernización europea (Berman, 1988:231).

 

 

 

 

 

6.3. Propuesta didáctica:

 

- Analizar las similitudes y diferencias entre la creación de San Petersburgo y las fundaciones de Brasilia y La Plata.

 

 

 

NIVEL II

SUBDISCIPLINA: GEOGRAFÍA HISTÓRICA

 

 

1. Tema: Colonialismo.

 

 

1.1. Cita bibliográfica: Una avanzada del progreso de Joseph Conrad.

 

[…] Carlier, que fumaba tabaco nativo en una corta pipa de madera, se contoneaba retorciéndose el mostacho y, vigilando a los guerreros con altanera indulgencia, le decía: “Hermosos animales. ¿Han traído huesos? ¿Sí? Ya era hora. Mira los músculos de ese tipo, el tercero empezando por el final. No me gustaría que me diera un puñetazo en la nariz. Bonitos brazos, pero las piernas por debajo de las rodillas no valen nada. No podría hacer de ellos buenos soldados de caballería.” Y luego, mirando complaciendo sus propias piernas, terminaba siempre diciendo: “¡Bah! ¡Apestan! ¡Tú, Makola! Lleva la manada hasta el fetiche (al almacén de todas las factorías se le llamaba fetiche, tal vez porque en él residía el espíritu de la civilización) y dales unos cuantos de esos cachivaches que guardas ahí. Prefiero verlos llenos de huesos y no de trapos” […] (Conrad, 1992:60 y 61).

 

 

1.2. Comentario:

 

La novela de Conrad trata sobre la explotación de marfil durante el reinado de Leopoldo II (rey de Bélgica) en el Congo belga. De la cita precedente surge la centralidad del concepto fetiche, pues en él reside el corazón del sistema capitalista. En el almacén (fetiche) de las factorías están las mercancías producto de la explotación colonial/capitalista. Marx ([1867] 1986:37) en El capital. Crítica de la economía política denominaba “el fetichismo de la mercancía” a la producción que llega al mercado “liberado” de los factores de producción que le dieron origen. Por lo tanto, cuando la mercancía arriba al almacén, al mercado, lo hace de manera despojada, independiente de su nacimiento, donde la luz fantasmagórica de la mercancía (fetiche) invisibiliza la oscuridad de la ignominia del capitalismo.

 

 

1.3. Propuesta didáctica:

 

- Investigar sobre la nueva tragedia de la explotación del coltan en el Congo.

- ¿Qué fetiche moderno oculta el genocidio producido por la “guerra del coltan”?

 

 

1.1.1. Cita bibliográfica: Cándido de Voltaire.

 

La primera jornada de nuestros dos viajeros fue bastante agradable, animados al verse dueños de más riquezas de las que podían acumularse entre Asia, Europa y África. Cándido, eufórico, grababa el nombre de Cunegunda en los árboles. En la segunda jornada, las marismas se tragaron a dos carneros de sus cargamentos; unos días más tarde otros dos carneros murieron de agotamiento; a continuación siete u ocho perecieron de hambre en el desierto; al cabo de unos días otros se despeñaron de los precipicios. Por último, después de cien días de caminata, solo les quedaban dos carneros. Cándido dijo a Cacambo:

-Amigo mío, qué poco duran las riquezas de este mundo; no hay nada más sólido que la virtud y la dicha de volver a ver a la señorita Cunegunda.

-Estoy de acuerdo –dijo Cacambo-; pero aún nos quedan dos carneros con más riquezas de las que pueda tener nunca el rey de España; y allá a lo lejos veo una ciudad que debe ser Surinam, territorio de los holandeses. Estamos llegando al término de nuestras desdichas y al comienzo de nuestra felicidad.

Cuando se acercaban a la ciudad, se toparon con un negro tumbado en el suelo, vestido con medio traje, es decir, con un calzón de tela azul, y al que le faltaban la pierna izquierda y la mano derecha.

-¡Eh! ¡Dios mío! –le habló Cándido en holandés-. ¿Qué haces ahí, amigo mío, en tan terrible estado?

-Estoy esperando a mi amo, el señor Vanderdendur, el famoso comerciante –contestó el negro.

-¿El señor Vanderdendur –dijo Cándido-, te ha tratado así?

-Sí señor –dijo el negro-, eso es lo que se estila. Cómo única vestimenta nos dan un calzón de tela azul dos veces al año. Al que trabaja en las azucareras y la muela le pilla el dedo, se le corta la mano; al que huye se le corta la pierna: yo he vivido ambas situaciones. En Europa se come azúcar a ese precio. Sin embargo, cuando mi madre me vendió por diez escudos patagones en la costa de Guinea, me decía: “Querido hijo, bendice a nuestros ídolos, adóralos siempre, harán que vivas feliz; tienes el honor de ser esclavo de nuestros señores los blancos, y con ello procuras la felicidad de tu padre y de tu madre”. ¡Qué lástima! No sé si conseguí hacerles felices, pero ellos no consiguieron que lo fuera yo. Los perros, los monos y los loros son mil veces menos desgraciados que nosotros; los curas holandeses que me han convertido repiten todos los domingos que nosotros somos hijos de Adán, los blancos y los negros. No busco explicaciones genealógicas; pero, si estos predicadores dicen la verdad, todos somos parientes. Sin embargo, deberéis admitir que no se puede tratar de peor manera a los parientes […] (Voltaire, 1994:88-90).

 

 

1.2.1. Comentario:

 

El comentario anterior sobre la explotación colonial esclavista del marfil en el Congo belga vale también para la obtención del azúcar en Surinam. Cuando el esclavo dice: “en Europa se come azúcar a ese precio”, no hace más que enunciar la fiebre, la codicia, por esa mercancía/fetiche. Nadie “reparaba” (comerciantes, religiosos, gobernantes), entonces, que para endulzar la vida europea, se aniquilaba la existencia de los esclavos en América.

 

 

1.3.1. Propuesta didáctica:

 

- Investigar ¿por qué la estructura actual de la economía de Surinam es neocolonial?

 

 

1.1.2. Cita bibliográfica: La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne.

 

Hong Kong no más que un islote cuya propiedad quedó certificada para Inglaterra por el Tratado de Nanking al finalizar la guerra de 1842. En unos pocos años el carácter colonizador de Gran Bretaña había instaurado allí una ciudad imponente y el puerto Victoria. La isla se halla ubicada en la embocadura del río Cantón, dista tan solo sesenta millas de la ciudad portuguesa de Macao, erigida en la ribera opuesta. Hong Kong debía necesariamente subyugar a Macao en la batalla mercantil, y ahora la mayor parte del tránsito chino se desarrolla en la ciudad inglesa. Los docks, los sanatorios, los muelles, los depósitos, una catedral gótica, la casa del gobernador, calles asfaltadas, todo haría pensar que una de las ciudades de los condados de Kent o Surrey, traspasando la esfera terrestre, se ha reubicado en ese punto de China, casi en las antípodas.

Passepartout se encaminó con las manos dentro de los bolsillos hacia el puerto Victoria, observando los palanquines, las carretillas de vela todavía utilizadas en el Celeste Imperio, y toda aquella multitud de chinos, japoneses y europeos que se amontonaban en las calles. Con leves diferencias, aquello era muy similar a Bombay, Calcuta o Singapur. Hay como una huella de ciudades inglesas semejantes alrededor del mundo.

Passepartout llegó al puerto Victoria. Allí en la embocadura del río Cantón, había una afluencia de buques de todas las naciones: ingleses, franceses, americanos, holandeses, naves de guerra y mercantiles, embarcaciones japonesas y chinas, juncos, sempos, tankas y aun barcos-flores que constituían jardines flotantes sobre las aguas […] (Verne, 2005:121).

 

 

1.2.2. Comentario:

 

La particularidad de Macao como enclave europeo en territorio chino desaparecería en 1842, al final de la Primera Guerra del Opio, cuando los británicos consiguieron la soberanía sobre la isla cercana de  Hong Kong, en la que se establecerían hasta 1997.

El puerto de Hong Kong [de aguas profundas] relegaría a Macao a un segundo plano en el ámbito comercial (http://es.wikipedia.org/wiki/Macao, 2013g).

 

Desde 1997 y 1999, Hong Kong y Macao respectivamente, pasaron a ser dos regiones administradas por la República Popular China. En la actualidad, China ha desplazado a Portugal y a Gran Bretaña del centro del comercio mundial. No solo ha recuperado parte de su histórico territorio sino que también ha avanzado (neocolonizando) comercialmente sobre sus pretéritos colonizadores y el resto del mundo. Ha sido notable, en los últimos años, el incremento del poder político, económico y territorial, a escala mundial, de la República Popular China. En conclusión, la geopolítica de los últimos tres siglos ha ido cambiando de eje: el siglo XIX tenía su centro en Europa (Gran Bretaña), el siglo XX en América (Estados Unidos) y lo que va del siglo XXI lo tiene en Asia (China).

 

1.3.2. Propuesta didáctica:

 

- ¿Qué función desempeñan Macao y Hong Kong en la globalización actual?

 

 

2. Tema: Inmigración de ultramar.

 

 

2.1. Cita bibliográfica: Las ingratas de Guadalupe Henestrosa.

 

[…] llegaron [los inmigrantes] a la pensión en un carro de caballos que traqueteó durante una hora por calles adoquinadas y llenas de árboles y casas de varios pisos, y gente bien vestida, y mendigos, y vendedores ambulantes, y personas negras como el carbón, y hasta un automóvil ruidoso y brillante. Nunca habían visto tanta gente y tanta riqueza, a excepción, claro está, de los oropeles del baile de primera clase que habían espiado colgados de un ventanuco de la cubierta. En el barco, los brillos y perfumes de los ricos estaban confinados a un salón, bien protegidos de los vahos de la chusma que se apiñaba en la bodega. Pero esa ciudad era otra cosa: todo estaba a la vista y se mezclaba sin orden ni concierto, como un gran campamento gitano descomunal. Crecía al paso del carro, latía cada vez más rápido, como un enjambre excitado, siguiendo un ritmo redoblado de martillazos y cascos de caballos […] (Henestrosa, 2002:20)  

 

 

2.2. Comentario:

 

Las divisiones socioespaciales que poseía el barco que transportaba a los inmigrantes de ultramar (de acuerdo al poder adquisitivo de sus pasajeros) finalizaban al momento de arribar a la Ciudad de Buenos Aires. Ya en el nuevo territorio todos sentían el aire fresco de la diversidad y de la convivencia social. Esto ya no ocurre. Ahora la ciudad es semejante al barco de la novela, constituida por una serie de compartimentos muy poco comunicados, caracterizados por la diferenciación y la segregación socioespacial.

 

 

 

2.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Por qué la ciudad actual se asemeja a la nave que transportaba a los inmigrantes de ultramar del siglo pasado?

 

 

3. Tema: Economía ballenera.

 

 

3.1. Cita bibliográfica: Moby Dick de Herman Melville.

 

[…] Hay que admitir que New Bedford es un lugar extraño. De no haber sido por nosotros, los balleneros, a día de hoy, esta porción de tierra estaría tan desolada como la costa de la península de Labrador. A decir verdad, parte de la campiña del interior parece tan devastada que asusta a cualquiera. Probablemente, dicha ciudad sea en la que más caro resulte vivir de toda Nueva Inglaterra. Cierto que es tierra de aceite, pero no como Canaán, que también da trigo y vino. No fluye leche por sus calles, ni en primavera las pavimentan con huevos frescos. A pesar de todo, en ninguna parte de América del Norte podrán verse más casas de hacendados, parques y jardines más vistosos que los de New Bedford. ¿De dónde habrán salido? ¿Cómo se les ocurriría plantarlos en esta tierra que no era sino escoria infértil?

Acérquense y contemplen los emblemáticos arpones de hierro que rodean aquella imponente mansión, y todas sus preguntas hallarán respuesta. Así es; todas esas pretenciosas casas, con sus jardines llenos de flores, proceden de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico. Todas ellas, desde la primera hasta la última, fueron arponeadas y arrastradas hasta aquí desde el fondo de los mares […] (Melville, 2008:45 y 46).

 

 

3.2. Comentario:

 

La industria ballenera desarrollada durante el siglo XIX puede ser considerada como un antecedente válido de globalización económica actual. Por lo tanto, la ciudad “global” de New Bedford gozaba de los beneficios que le otorgaba la producción de aceite de ballena, utilizado, entre otras cosas, como combustible de lámparas. Al respecto, Schaerer Contreras (2012) comenta:

 

[…] Durante esa “época de oro”, que duró hasta 1860, la caza de ballenas no sólo fue la principal industria de los Estados Unidos en cuanto a ingresos (en el mejor año, 8.000 ballenas rindieron 11 millones de dólares), volumen exportado (cuatro millones de litros al año, sólo a Europa) y número de trabajadores (aproximadamente 70.000, de los cuales unos 20.000 tripulaban los buques), sino que además fue la primera en tener un alcance global en el sentido actual del concepto. Explotaban todos los mares del mundo. No es extraño, entonces que, así como en el siglo XX, la política exterior de los Estados Unidos fue definida por la industria petrolera, en el siglo XIX, lo hiciera la industria ballenera. Una es substituto de la otra, como puede advertirse por el hecho de que la unidad de comercialización del petróleo, aún hoy, sea el barril de alrededor de 159 litros, que se empleaba para el transporte y comercio del aceite de ballena […] (Schaerer Contreras, 2012).

 

 

3.3. Propuesta didáctica:

 

- Relacionar la anexión de California y Hawaii a los Estados Unidos con la industria ballenera.

 

 

4. Tema: Economía ballenera vs. Monopolio comercial.

 

 

4.1. Cita bibliográfica: Moby Dick de Herman Melville.

 

[…] Mientras la pesca de la ballena no llevó a cruzar el Cabo de Hornos, ninguna relación comercial, que no fuera de índole colonial, unía a Europa con la prolongada línea de opulentas posesiones españolas de la costa del Pacífico. Hubo de ser un ballenero el primero en abrir una brecha en la férrea política que la corona española mantenía en aquellas colonias; y si dispusiera del espacio para hacerlo, podría demostrar que, gracias a los balleneros, se logró al fin la liberación de Perú, Chile y Bolivia del yugo despótico de España, y la democracia arraigó para siempre en esos países […] (Melville, 2008:105).

 

 

 

 

 

4.2. Comentario:

 

En referencia a la importancia de la actividad ballenera desarrollada en el Pacífico Sur, en relación con la liberalización de la actividad comercial, Flores Guzmán (2011) expresa:

 

[…] el monopolio español en el Pacífico fue socavado por la masiva intrusión de barcos balleneros anglo-estadunidenses que llegaron amparados por los tratados de pesca de 1790 y 1795. Al combinar la pesca con el contrabando, los balleneros llevaron, tal vez sin proponérselo, al colapso de los sistemas de control del comercio extranjero. La apertura de la navegación al tráfico ballenero desempeñó, en consecuencia, una participación significativa en el desmantelamiento del monopolio comercial español en aguas del Pacífico sudamericano (Flores Guzmán, 2011).

 

 

4.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿El librecambio es una condición esencial para la democracia y el desarrollo económico? Debatir.

- ¿Por qué a mediados del siglo XIX Bolivia poseía costa en el océano Pacífico?

 

 

5. Tema: Cultivo de cacao en Brasil.

 

 

5.1. Cita bibliográfica: Cacao de Jorge Amado.

 

Nosotros ganábamos tres mil quinientos por día y parecíamos satisfechos. Reíamos y bromeábamos. Sin embargo, ninguno lograba ahorrar un centavo siquiera, La proveeduría se llevaba todo nuestro salario. La mayoría de los trabajadores debían dinero al coronel y estaban atados a la hacienda. También, ¿quién entendía las cuentas de João Vernelho, el administrador de la proveeduría? Éramos casi todos analfabetos. Debíamos… Honorio debía más de novecientos mil réis, y ahora no podía hacerse tratar. Un paludismo crónico casi le impedía caminar.

[…] João Vernelho asentaba en un enorme libro de cuentas las compras de los trabajadores. Solo él y el patrón sabían los precios. Estábamos obligados a comprar en la proveeduría de la hacienda. No era de sorprender que nunca teníamos saldo a favor […] (Amado, 2012:13 y 88).

 

 

5.2. Comentario:

 

Las plantaciones de cacao en Brasil durante el siglo XIX, estaban conformadas (como la mayoría de las explotaciones agropecuarias en América Latina), por grandes extensiones de tierras concentradas por inescrupulosos terratenientes (llamados coroneles en Bahía). Los trabajadores poseían condiciones laborales de semi-esclavitud, que los obligaba a trabajar de sol a sol y a gastar lo poco que ganaban en la proveeduría de la plantación. Los coroneles controlaban, a su merced, desde los sueldos hasta el precio de las mercancías que vendían a sus asalariados. Era un negocio sin desperdicio: todo quedaba en “casa” (de los patrones). Sin embargo, la condición del trabajador explotado del siglo XIX es “superior” a la situación del excluido de finales del siglo XX y del siglo XXI. Feinmann (2012) lo explica del siguiente modo:

 

El explotado le es sustancial, indispensable al sistema: es por la explotación del explotado que el sistema funciona. El explotado –aun dentro de su desdicha- pude decir: “existen por medio de mi explotación, de mi hambre, de mi dignidad”. Pero tiene una secreta dignidad: la de ser necesario. Esta secreta dignidad no la tiene el excluido de la economía de libre mercado de fin de siglo [XX]. El excluido es un innecesario. El sistema no lo necesita para existir. Por lo contrario: el sistema lo excluye, lo arroja de sí, le exhibe cotidianamente su absoluta insustancialidad […] Este es el genocidio estructural de capitalismo del siglo XXI. ¿Por qué el capitalismo ha llegado al genocidio? Porque no necesita mano de obra, fuerza de trabajo. O solo la necesita especializada. O la necesita en servicios. O la necesita muy escasamente. El resto sobra. El sistema globalizador los constituye en tanto sobrantes y es esta condición la que los llevará a morir (Feinmann, 2009a:73-74 y 116).

 

 

5.3. Propuesta didáctica:

 

- Ver la película Quebracho y analizar las condiciones laborales en la explotación de tanino  realizada por la compañía La Forestal en Argentina.

 

5.1.1. Cita bibliográfica: Cacao de Jorge Amado.

 

[…] –Ésta [habla de Ilhéus] parece una tierra maldita. En Ceará me dijeron que acá había dinero a manos llenas…

-Dinero hubo hace unos dos años. El cacao llegó a los cuarenta mil-réis por día.

-¿Juntaron dinero?

-No podíamos… Aumentó todo: el charqui, la harina, el feijão. A nadie le sobraba un céntimo. Para nosotros es lo mismo que el cacao se venda caro o barato. Para los coroneles es distinto. Yo hasta me alegro cuando el cacao baja… […] (Amado, 2012:43-44).

 

 

5.2.1. Comentario:

 

La explotación del cacao formaba parte de una economía de enclave. Es decir, una actividad muy vinculada a la exportación pero desintegrada del desarrollo (entendido como generador de progreso socioeconómico de toda la población) del mercado interno. Es más, la suba del precio internacional de la materia prima exportable (en este caso el cacao, pero a menudo el incremento también afectaba a otros productos primarios) repercutía negativamente sobre el ingreso de los trabajadores. Pues, dicha suba (sumada a otros commodities exportables) provocaba el aumento de precio (inflación) de los productos comestibles internos. Por lo tanto, si hubiera un aumento de sueldo y éste fuera igualado o superado por la inflación del valor de los alimentos, el incremento del salario sería nominal pero no real. Los únicos que se apropiaba de la renta extraordinaria de la suba de precios internacionales (y a su vez del aumento de los precios internos: a través de las ventas de las proveedurías de las plantaciones) eran los terratenientes.

 

 

5.3.1. Propuesta didáctica:

 

- ¿Por qué en Argentina no hubo un sistema de producción agrícola basado en el monocultivo?

 

 

6. Tema: El Riachuelo.

 

 

6.1. Cita bibliográfica: Amalia de José Mármol.

 

[…] –Vamos a ver; en los cinco meses que usted estuvo en casa de doña Amalia ¿qué hombres entraban de visitas todas las noches?

-Ninguno, señora.

-¿Cómo ninguno?

- Ninguno, señora. En los meses que he estado, no he visto entrar a nadie de visita de noche.

-¿Y estaba usted en la casa a esas horas?

-No salía de casa, porque muchas noches, si había luna, enganchaba los caballos y llevaba a la señora a la Boca, donde se bajaba a pasear a orillas del Riachuelo.

-¿A pasear? ¡Qué señora tan paseandera!

-Sí, señora, llevaba a la niña doña Luisa y paseaba con ella sola […] (Mármol, 2010:107).

 

 

6.2. Comentario:

 

La novela está ambientada hacia 1840, época en que Rosas realizaba una furiosa persecución sobre los opositores (unitarios). Durante ese tiempo en el sur de la ciudad de Buenos Aires existían barrios aristocráticos que utilizaban la ribera (todavía limpias) del Riachuelo para sus paseos. Recordemos que fue a partir de la epidemia de fiebre amarilla de 1871, donde la aristocracia porteña se traslada masivamente hacia el norte de la ciudad.

El Riachuelo comienza a contaminarse de manera importante, aproximadamente, a partir de 1860. Brailovsky (2006b) hace referencia a la primera muerte del Riachuelo:

 

[…] Por decreto del 10 de Febrero de 1860 se prohíbe que se arrojen al Riachuelo los desperdicios de la faena de los saladeros por la necesidad urgente de disminuir la putrefacción de las aguas.

Y como no pasó nada, en 1868, a impulsos de la epidemia de cólera, el gobernador Alsina ordena a los saladeros destruir los residuos en otra forma que no fuera arrojarlos al Riachuelo y mantener las instalaciones en perfecto estado de higiene. También les prohibía efectuar la faena del ganado en ese lugar […] (Brailovsky,  2006b:218-219).

 

6.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Por qué los paseos se realizaban si había luna?

- Investigar sobre las causas de las sucesivas muertes del Riachuelo.

 

 

7. Tema: La ciudad industrial.

 

 

7.1. Cita bibliográfica: Tiempos difíciles de Charles Dickens.

 

Coketown, hacia donde los señores Bounderby y Gradgrind caminaban ahora, constituía el triunfo del realismo; estaba esa población tan horra de fantasía como la misma señora Gradgrind. Vamos a dar la nota tónica de Coketown antes de empezar la canción.

Era una ciudad de ladrillo rojo, es decir, de ladrillo que había sido rojo si el humo y la ceniza se lo hubiesen consentido; como no era así, la ciudad tenía un extraño color rojinegro, parecido al que usan los salvajes para embadurnarse la cara. Era una ciudad de máquinas y de altas chimeneas, por las que salían interminables serpientes de humo que no acababan nunca de desenroscarse, a pesar de salir y salir sin interrupción. Pasaba por la ciudad un negro canal y un río de aguas teñidas de púrpura maloliente; tenía también grandes bloques de edificios llenos de ventanas, y en cuyo interior resonaba todo el día un continuo traqueteo y temblor y en el que el émbolo de la máquina a vapor subía y bajaba con monotonía. Contenía la ciudad varias calles anchas, todas muy parecidas, además de muchas calles estrechas que se parecían entre sí, que entraban y salían de sus casas a idénticas horas, levantando en el suelo idénticos ruidos y pasos, que se encaminaban hacia idéntica ocupación y para las que cada día era idéntico al de ayer y al de mañana y cada año era una repetición al anterior y del siguiente.

Estas características de Coketown eran, en lo fundamental, inseparables de la clase de trabajo en el que hallaba el sustento; como contrapartida, producía ciertas comodidades para la vida que hallaban colocación para todo el mundo y algunos lujos que formaban parte (no quiero preguntar hasta qué punto) de la elegancia de las damas, a las que era insoportable hasta el nombre mismo de la ciudad. Los rasgos restantes teníalos la ciudad por voluntad propia, y eran los que detallamos a continuación.

  En Coketown no se veía por ninguna parte cosa que no fuese rigurosamente productiva. Cuando los miembros de un credo religiosos levantaban en la ciudad una capilla (y esto lo habían hecho los miembros de dieciocho credos religiosos distintos), construían una piadosa nave comercial de ladrillo rojo, colocando a veces encima de ella una campana dentro de una jaula de pájaros, y esto únicamente en algunos casos muy decorativos. Había una solitaria excepción: la iglesia nueva. Era un edificio estucado, con un campanario cuadrado sobre la puerta de entrada, rematado por cuatro pináculos que parecían patas de palo muy trabajadas. Todos los rótulos públicos de la ciudad estaban pintados, uniformemente, en severos caracteres blancos y negros. La prisión se parecía al hospital; el hospital pudiera tomarse por prisión, la Casa consistorial podría ser lo mismo prisión que hospital, o las dos cosas a un tiempo, o cualquiera otra cosa, porque no había en su fachada rasgo alguno que se opusiese a ello. Realismo práctico, realismo práctico, realismo práctico; no se advertía otra cosa en la apariencia externa de la población, y tampoco se advertía otra cosa que realismo práctico en todo lo que era puramente material. La escuela del señor M’Choakumchil era realismo práctico, la escuela de dibujo era realismo práctico, las relaciones entre el amo y el trabajador eran realismo práctico y todo era realismo práctico, desde el hospital de Maternidad hasta el cementerio; todo lo que no se podía expresar en números ni demostrar que era posible comprarlo en el mercado más barato para venderlo en él más caro no existía, no existirá jamás en Coketown hasta el fin de los siglos. Amén […] (Dickens, 1969a:30-32).

[…] El Banco no ofrecía ningún contraste con la monotonía absoluta de la población. Era otro edificio más de ladrillo rojo, con contraventanas exteriores negras, persianas interiores verdes, puerta de calle negra con dos escalones blancos, chapa de bronce en la puerta, punto y aparte de bronce para manillar. Su grandor era el doble que el de la casa del señor Bounderby, de igual manera que otras casas eran la mitad y hasta una sexta parte del grandor de la del señor Bounderby; pero en todos los demás detalles respondía exactamente al patrón general […] (Dickens, 1969b:8).

 

 

7.2. Comentario:

 

La ciudad carbón (Coketown) fue constituida por la razón instrumental positivista, al servicio de la Revolución Industrial. Todo estaba concebido en función de la producción, al amparo de la incipiente sociedad industrial.

La ciudad industrial es hija de Prometeo: una divinidad amiga y benefactora de los hombres. Según cuenta la mitología, Zeus (la divinidad máxima griega) había privado a los hombres del fuego ante un engaño de Prometo. Pero éste supo robarlo para devolvérselo a los seres humanos. Sin el fuego la humanidad no hubiera progresado. Por lo tanto, la ciudad industrial, es hija de la Modernidad, de los fuegos que posibilitan que el carbón entre en combustión y así funcionen los hornos y las chimeneas de las factorías. En cambio, la ciudad postindustrial, es la hija dilecta de Hermes, “[…] Hermes, el mensajero, el personaje más insospechado por la Modernidad, hoy es el gran protagonista” (Pérgolis, 1998:70).

 

Serres (1995) expresa:

 

 Ahora vivimos en una inmensa mensajería, en la que la mayoría trabajamos de mensajeros: soportamos menos masas, encendemos menos fuegos, pero transportarnos mensajes que, a veces, gobiernan a los motores […] Esta es la revolución inesperada; mientras que los trabajos y las obras solo alcanzaron, entonces y ahora, salvo accidente, a lo local, Hermes cambia lo global: operadores, trabajadores, obreros de universo, los Ángeles[6] tejen un mundo diferente. Lo vemos, lo escuchamos, reaccionamos, en tiempo real, frente a sus señales, cuyas llamadas actúan sobre nosotros, al mismo tiempo […]  (Serres, 1995:118 y 121).

 

El realismo práctico (el fin utilitario) enfatizado por Dickens invadía todo, avanzaba desde lo material, lo construido, hasta el último recoveco de la sociedad civil. En contraste, de acuerdo con Amendola (2000):

 

[…] En la ciudad postmoderna la irreductible tensión estructural entre realidad e imaginación se reduce y tiende a disolverse: los límites se vuelven inciertos y los propios conceptos tienden a confundirse. En la ciudad nueva contemporánea la difícil relación entre realidad e imaginación es superada con la producción de escenarios urbanos de sueño y de deseo a los cuales las personas de la ciudad pueden acceder sin solución de continuidad de la experiencia cotidiana […] (Amendola, 2000:63).

 

La ciudad postmoderna, menos vinculada con la economía real (producción industrial) y cada vez más relacionada con la economía simbólica (sistema financiero, comercio, turismo), “está orientada hacia el exterior. Ella debe, antes que nada, gustar para atraer personas y capitales y para estimular el consumo” (Amendola, 2000:131).

El realismo práctico, la razón instrumental positivista, estaba representado por la industria. En tal sentido, Amendola (2000) expresa:

 

[…] La gran emergencia del Londres victoriano de Dickens era la fábrica. El dominio de la industria sobre la sociedad civil no era solo cultural, político o económico, sino también físico y tipológico. El edificio-fábrica constituía el pivote de la organización y la imagen del cotidiano urbano. En la época se podía escribir con tranquilidad que la escuela se parecía a las oficinas, las oficinas al hospital, el hospital al cuartel, y que todos se parecían a la fábrica. Hoy, en la ciudad postindustrial, orientada hacia el exterior y basada en las transacciones simbólicas, los lugares de trabajo tienden a parecerse cada vez más a los del ocio.

En la ciudad nueva, la opulencia que se proyecta para gustar, la universidad se parece al hospital, el hospital a la oficina, la oficina a la plaza, y todos se parecen al shopping mall (Amendola, 2000:131-132).

 

 

La ciudad postmoderna surge sobre fragmentos privilegiados de la urbe moderna. No nació para integrar, expandir derechos y ciudadanía, sino para gustar. Amendola (2000) afirma:

 

[…] En los intersticios y encima de los depósitos de la vieja ciudad, administradores municipales y agentes inmobiliarios crean la ciudad postmoderna de la imagen, la diferenciación social y del espectáculo. Una ciudad nueva con una población también nueva. Los viejos edificios son rehabilitados, restaurados y lanzados en el mercado para un público dotado de un capital financiero y cultural adecuado a una residencia y servicios de tipo superior. No se recuperan solo las casas individualmente; son áreas enteras el objeto de las intervenciones de recuperación y de puesta en valor. Es la gentrificación (Figura 2), término que indica el recambio de la población de un área mediante la introducción de grupos sociales superiores atraídos por intervenciones de recuperación, tanto inmobiliarias como urbanas (Amendola, 2000:29).

 

 

 

  Figura 2: Etapas de la gentrificación de un barrio (http://iconoclasistas.com.ar,  08/10/2012).

 

Las Olimpiadas de Londres 2012 han producido el renacimiento (proceso de gentrificación) de la ciudad carbón de Dickens. Newman (2012) comenta:

 

[…] Esto [el clásico East End de Charles Dickens], históricamente, es el lado oscuro de Londres. Que la industria naviera y las manufacturas se concentren río abajo es consecuencia natural de la proximidad con el Támesis, y del hecho de que el río corra hacia el este. Más allá de los muros de la City, la industria tóxica -curtiduras, mataderos, hornos para la fundición de plomo- podía operar sin la mínima supervisión. Desde el oeste soplaban vientos que lanzaban el hedor justo por el East End, lejos del perfumado aire del gentil poniente. La revolución industrial y la expansión del Imperio Británico durante la monarquía de la reina Victoria exacerbaron la sordidez. La enorme demanda de estibadores apretujó a más residentes obreros dentro de una zona inflamada por la inmigración. Las viviendas sobrepobladas proliferaron. Los deficientes servicios sanitarios propagaron las enfermedades. “Un barrio poco agradable”, observó Sam Weller en Los papeles póstumos del club Pickwick, de Dickens […] En 2005, el Comité Olímpico Internacional concedió los Juegos Olímpicos de 2012 a Londres. La ciudad anunció que usará los juegos como una oportunidad para transformar East London y atacar “la pobreza, el desempleo, la falta de habilidades y la mala salud”. Jack Straw, entonces secretario de Asuntos Exteriores, prometió que los Juegos Olímpicos serían “una fuerza para la regeneración” […] “El East End de Londres es un mundo en sí mismo”, escribió Charles Dickens. La constelación de rascacielos en el distrito financiero de Canary Wharf es un mundo dentro de ese mundo, construido en muelles abandonados en los sesenta, cuando el transporte marítimo se mudó río abajo a aguas más profundas […] (Danny Dorling, profesor de geografía humana de la Universidad de Sheffield) Explica que East London se ha convertido en un nexo high-tech debido a su accesibilidad, su proximidad con la ciudad y la “vibra común”. “La zona está llena de artistas, restauranteros y minoristas, gente que quiere hacer cosas a su modo” […] Después de los Jugos Olímpicos, los edificios cobraran nueva vida como centros deportivos comunitarios y la villa de los atletas se convertirá en viviendas privadas; la mita, se dijo, destinada a compradores de bajos recursos. La abundancia de la regeneración se derramará sobre la zona circundante. Westfield Stratford City, uno de los centros comerciales más grandes de Europa, acababa de abrir sus puertas en Stratford, entrada a las Olimpiadas, con 176.515 metros cuadrados de tiendas de marca […] ¿Pero los que viven ahí se beneficiarán realmente? ¿O terminará siendo otro Canary Wharf, un Vaticano amurallado, como lo llamó un académico urbanista, que solo acentuará la brecha económica? […] (Newman, 2012:47-49 y 56).

 

Las áreas gentrificadas constituyen “ciudades dentro de ciudades, como matrioshkas rusas, contenedores que solo funcionan puertas adentro, cerco adentro, muro adentro; adentro” (Ferreiro, 1999:65). En este sentido, los interrogantes precedentes sobre la renovación del barrio de Dickens, surgen de la malograda experiencia histórica. Pues, los administradores municipales y los agentes inmobiliarios, asociados en el negocio, utilizan los “futuros” beneficios sociales de la renovación urbana para legitimar el proyecto (negocio) ante la sociedad.

La preocupación por la cuestión física de la ciudad (renovación urbana) separada de la problemática social, muestra un proyecto de ciudad excluyente. Para observar esta ideología a nivel local, es relevante lo que comentan Cosacovi y Jajamovich (2012): 

 

[…] El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires presentó el Modelo Territorial Buenos Aires 2010-2060, un instrumento de diagnóstico y orientaciones para alcanzar “la ciudad deseada” […] el Modelo Territorial retoma una preocupación propia de tradiciones progresistas y populares, como ser la necesidad de achicar la brecha entre el norte y el sur de la ciudad. En tal sentido, la política urbana sugerida apunta a valorizar económicamente la Zona Sur como modo de reducir la brecha con la Zona Norte. Sin embargo, esas políticas de apreciación dejan de lado un aspecto crucial. Sin medidas paliativas (como ser, políticas de vivienda, créditos hipotecarios, control de alquileres, uso de instrumentos de recuperación de plusvalías urbanas, etc.) los aumentos del precio del suelo traen aparejados fenómenos de desplazamiento de población de menores recursos.

Así, cabe interpretar indicadores como el de “equitatividad en el valor del suelo”. Según el Modelo Territorial, tal indicador permite comprender la diferencia territorial existente entre el norte y el sur de la CABA y se lo considera ilustrativo del grado de desigualdad en la valorización social de las diferentes zonas de Buenos Aires. Del modo en que está construido ese indicador, si el valor del suelo crece en las zonas “deprimidas”, estamos ante una situación de mayor equitatividad. Esto deja de lado lo que acontece con las posibles “víctimas” de ese aumento del valor, es decir, la población de menores recursos imposibilitada de afrontar aumentos de alquileres o gentrificaciones comerciales. El desplazamiento de parte de esa población no sería algo accidental o aleatorio. Existe abundante bibliografía y experiencias de gestión que indican que, para evitarlo, el Estado debe actuar antes de que se dispare la valorización del suelo ya que, posteriormente, las actuaciones se vuelven más complejas en términos políticos y económicos. (Cosacovi y Jajamovich, 2012) 

 

 

 

7.3. Propuesta didáctica:

 

- Proporcionar ejemplos de gentrificación en la Ciudad de Buenos Aires.

 

 

 

 

 

 

8. Tema: Monopolio de la producción y exportación bananera.

 

 

8.1. Cita bibliográfica: Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

 

[…] No hubo, sin embargo, mucho tiempo para pensarlo, porque los suspicaces habitantes de Macondo apenas empezaban a preguntarse qué cuernos era lo que estaba pasando, cuando ya el pueblo se había transformado en un campamento de casas de madera con techos de zinc, poblado por forasteros que llegaban de medio mundo en el tren, no solo en los asientos y plataformas sino hasta en el techo de los vagones. Los gringos, que después llevaron sus mujeres lánguidas con trajes de muselina y grandes sombreros de gasa, hicieron un pueblo aparte al otro lado de la línea del tren, con calles bordeadas de palmeras, casas con ventanas de redes metálicas, mesitas blancas en las terrazas y ventiladores de aspas colgados en el cielorraso, y extensos prados azules con pavorreales y codornices. El sector estaba cercado por una malla metálica, como un gigantesco gallinero electrificado que en los frescos meses de verano amanecía negro de golondrinas achicharradas. Nadie sabía aún qué era los que buscaban, o si en verdad no eran más que filántropos, y ya habían ocasionado un trastorno colosal, mucho más perturbador que el de los antiguos gitanos, pero menos transitorio y comprensible. Dotados de recursos que en otra época estuvieron reservados a la Divina Providencia, modificaron el régimen de lluvias, apresuraron el ciclo de las cosechas, y quitaron el río de donde estuvo siempre y lo pusieron con sus piedras blancas y sus corrientes heladas en el otro extremo de la población, detrás del cementerio. Fue en esa ocasión cuando construyeron una fortaleza de hormigón sobre la descolorida tumba de José Arcadio, para que el olor a pólvora del cadáver no contaminara las aguas. Para los forasteros que llegaban sin amor, convirtieron la calle de las cariñosas matronas de Francia en un pueblo más extenso que el otro, y un miércoles de gloria llevaron un tren cargado de putas inverosímiles, hembras babilónicas adiestradas en recursos inmemoriales, y provistas de toda clase de ungüentos y dispositivos para estimular a los inermes, despabilar a los tímidos, saciar a los voraces, exaltar a los modestos, escarmentar a los múltiples y corregir a los solitarios. La Calle de los Turcos, enriquecida con luminosos almacenes de ultra marinos que desplazaron los viejos bazares de colorines, bordoneaba la noche del sábado con las muchedumbres de aventureros que se atropellaban entre las mesas de suerte y azar, los mostradores de tiro al blanco, el callejón donde se adivinaba el porvenir y se interpretaban los sueños, y las mesas de fritangas y bebidas, que amanecían el domingo desparramadas por el suelo, entre cuerpos que a veces eran de borrachos felices y casi siempre de curiosos abatidos por los disparos, trompadas, navajinas y botellazos de la pelotera. Fue una invasión tan tumultuosa e intempestiva, que en los primeros tiempos fue imposible caminar por la calle con el estorbo de los muebles y los baúles, y el trajín de carpintería de quienes paraban sus casas en cualquier terreno pelado sin permiso de nadie, y el escándalo de las parejas que colgaban sus hamacas entre los almendros y hacían el amor bajo los toldos, a pleno día y a la vista de todo el mundo. El único rincón de serenidad fue establecido por los pacíficos negros antillanos que construyeron una calle marginal, con casas de madera sobre pilotes, en cuyos pórticos se sentaban al atardecer cantando himnos melancólicos en su farragoso papiamento. Tantos cambios ocurrieron en tan poco tiempo, que ocho meses después de la visita de míster Herbert los antiguos habitantes de Macondo se levantaban temprano a conocer su propio pueblo.

-Miren la vaina que nos hemos buscado solía decir entonces el coronel Aureliano Buendía-, no más por invitar un gringo a comer guineo.

Aureliano Segundo, en cambio, no cabía de contento con la avalancha de forasteros. La casa se llenó de pronto de huéspedes desconocidos, de invencibles parranderos mundiales, y fue preciso agregar dormitorios en el patio, ensanchar el comedor y cambiar la antigua mesa por una de dieciséis puestos, con nuevas vajillas y servicios, y aun así hubo que establecer turnos para almorzar […] El coronel Aureliano Buendía, persuadido de que la mayoría de quienes entraban a saludarlo en el taller no lo hacían por simpatía o estimación, sino por la curiosidad de conocer una reliquia histórica, un fósil de museo, optó por encerrarse con tranca y no se le volvió a ver sino en muy escasas ocasiones sentado en la puerta de la calle. Úrsula, en cambio, aun en los tiempos en que ya arrastraba los pies y caminaba tanteando en las paredes, experimentaba un alborozo pueril cuando se aproximaba la llegada del tren. “Hay que hacer carne y pescado”, ordenaba a las cuatro cocineras, que se afanaban por estar a tiempo bajo la imperturbable dirección de Santa Sofía de la Piedad […] El tren llegaba a la hora de más calor. Al almuerzo, la casa trepidaba con un alboroto de mercado, y los sudorosos comensales, que ni siquiera sabían quiénes eran sus anfitriones, irrumpían en tropel para ocupar los mejores puestos en la mesa, mientras las cocineras tropezaban entre sí con las enormes ollas de sopa, los calderos de carnes, las bangañas de legumbres, las bateas de arroz, y repartían con cucharones inagotables los toneles de limonada. Era tal el desorden, que Fernanda se exasperaba con la idea de que muchos comían dos veces, y en más de una ocasión quiso desahogarse en improperios de verdulera porque algún comensal confundido le pedía la cuenta. Había pasado más de un año desde la visita de míster Herbert, y lo único que se sabía era que los gringos pensaban sembrar banano en la región encantada que José Arcadio Buendía y sus hombres habían atravesado buscando la ruta de los grandes inventos. Otros dos hijos del coronel Aureliano Buendía, con su cruz de ceniza en la frente, llegaron arrastrados por aquel eructo volcánico, y justificaron su determinación con una frase que tal vez explicaba las razones de todos.

-Nosotros venimos -dijeron- porque todo el mundo viene […] (García Márquez, 2012:274-277). 

 

 

8.2. Comentario:

 

No cabe ninguna duda que la llegada de forasteros de a miles al tranquilo pueblo de Macondo, se debe a la instalación de la empresa multinacional estadounidense United Fruit Company. Esta empresa se dicaba a la producción y comercialización de frutas tropicales (especialmente bananas) cultivadas en América Central. Con el arribo de la compañía, también compareció la modernización del lugar: el ferrocarril, el comercio, la vida nocturna y las nuevas tecnologías productivas. El Progreso avanza sobre el pueblo, las tradiciones, la memoria (cementerio), sin descuidar su primordial objetivo: la explotación capitalista. En este sentido, es sintomática la construcción de un pueblo aparte para los funcionarios de la corporación. El barrio cerrado (cerco metálico) al otro lado de la vía del ferrocarril (acentuando la separación con el pueblo existente) resuena tanto por su elegancia como por su aislamiento social.

 

 

8.3. Propuesta didáctica:

 

- Analizar el accionar económico, político y social de la United Fruit Company durante el siglo XX en Centroamérica.

 

 

8.1.1. Cita bibliográfica: Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

 

[…] El nuevo Aureliano había cumplido un año cuando la tensión pública estalló sin ningún anuncio. José Arcadio Segundo y otros dirigentes sindicales que habían permanecido hasta entonces en la clandestinidad, aparecieron intempestivamente un fin de semana y promovieron manifestaciones en los pueblos de la zona bananera. La policía se conformó con vigilar el orden. Pero en la noche del lunes los dirigentes fueron sacados de sus casas y mandados, con grillos de cinco kilos en los pies, a la cárcel de la capital provincial. Entre ellos se llevaron a José Arcadio Segundo y a Lorenzo Gavilán, un coronel de la revolución mexicana, exiliado en Macondo, que decía haber sido testigo del heroísmo de su compadre Artemio Cruz. Sin embargo, antes de tres meses estaban en libertad, porque el gobierno y la compañía bananera no pudieron ponerse de acuerdo sobre quién debía alimentarlos en la cárcel. La inconformidad de los trabajadores se fundaba esta vez en la insalubridad de las viviendas, el engaño de los servicios médicos y la iniquidad de las condiciones de trabajo. Afirmaban, además, que no se les pagaba con dinero efectivo, sino con vales que sólo servían para comprar jamón de Virginia en los comisariatos de la compañía. José Arcadio Segundo fue encarcelado porque reveló que el sistema de los vales era un recurso de la compañía para financiar sus barcos fruteros, que de no haber sido por la mercancía de los comisariatos hubieran tenido que regresar vacíos desde Nueva Orleáns hasta los puertos de embarque del banano […] (García Márquez, 2012:358-359). 

8.2.1. Comentario:

 

El no pago en dinero en efectivo sino con vales para ser gastados en los almacenes de la compañía, era uno de los principales reclamos de los trabajadores de las plantaciones de plátanos. Algo similar observamos en los latifundios de cacao en el nordeste brasileño, relatado magistralmente por Jorge Amado. Empero, los que nos interesa considerar en este caso, es el tema de los costos del transporte (flete). José Arcadio Segundo denuncia que los vales son utilizados para comprar jamón de Virginia, y así financiar los costos del flete. Es decir, para que los buques no regresaran vacíos desde Nueva Orleáns hasta las plantaciones de bananas (Macondo). La importación del jamón de Virginia (por parte de la United Fruit Company) sirve para costear el valor del flete de la exportación de plátanos: pues, el transporte de vuelta es abonado por los exportadores de jamón en los Estados Unidos. Para dar más luz sobre el tema, nos hacemos eco de una noticia bastante actual que aborda la situación precedente. En una nota del diario El Mundo de Caracas, el periodista Angulo (2012) expresa lo siguiente:

 

Traer productos del exterior a Venezuela es más costoso que hacerlo hacia otros países, y los fletes de exportaciones desde China lo confirman.

 La Asociación de Logística de Venezuela (ALV) publicó en su último informe que desde marzo de 2009 y hasta febrero de este año (por las compras a futuro) el índice global de fletes de exportaciones desde China creció 8% en promedio; mientras que los fletes marítimos desde el país asiático hacia Puerto Cabello subieron 134% en el mismo período, casi 17 veces más. 

El sector de transporte y almacenamiento utiliza como referencia los fletes desde China hacia el resto del mundo, porque éste representa más de 40% de las exportaciones, según explicó una fuente, que prefirió el anonimato. 

Un contenedor de 20 pies traído a Venezuela desde China se cotiza en 2.600 dólares, mientras que llevarlo desde China a cualquier país del resto del mundo cuesta en promedio $906, y $841 para América y África del Sur.

Conindustria denunció recientemente que a Venezuela le es muy costoso importar. "De hecho le cuesta 69% más que a Colombia; es 66% superior que para Brasil; y 52% más que para México" […]

Las pocas exportaciones venezolanas hacen que los contenedores se devuelvan vacíos. Al no haber un exportador que pague el flete de ida, se encarecen los costos de los importadores y los precios finales, según la fuente y los industriales […] (Angulo, 2012:9).

 

Aquí queda claro, que la escasa diversificación productiva, es el gran problema de base que tiene la economía venezolana, y muchas otras economías latinoamericanas. Los inconvenientes que se le presentan a una economía basada (casi exclusivamente) en la producción y exportación de hidrocarburos están relacionados con el aumento del costo del flete, el encarecimiento de todos los productos que no elabora (alimentos, tecnología, bienes industriales, etc.), la disminución del empleo productivo, la dependencia económica y financiera, la restricción externa (problemas en la disponibilidad de divisas), entre otros.

 

 

8.3.1. Propuesta didáctica:

 

- Investigar sobre el problema de la restricción externa en la historia económica argentina.

 

 

8.1.2. Cita bibliográfica: Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

 

[…] Leído el decreto, en medio de una ensordecedora rechifla de protesta, un capitán sustituyó al teniente en el techo de la estación, y con la bocina de gramófono hizo señas de que quería hablar. La muchedumbre volvió a guardar silencio.

-Señoras y señores -dijo el capitán con una voz baja, lenta, un poco cansada-, tienen cinco minutos para retirarse.

La rechifla y los gritos redoblados ahogaron el toque de clarín que anuncié el principio del plazo. Nadie se movió.

-Han pasado cinco minutos -dijo el capitán en el mismo tono-. Un minuto más y se hará fuego.

José Arcadio Segundo, sudando hielo, se bajó al niño de los hombros y se lo entregó a la mujer. “Estos cabrones son capaces de disparar”, murmuró ella. José Arcadio Segundo no tuvo tiempo de hablar, porque al instante reconoció la voz ronca del coronel Gavilán haciéndoles eco con un grito a las palabras de la mujer. Embriagado por la tensión, por la maravillosa profundidad del silencio y, además, convencido de que nada haría mover a aquella muchedumbre pasmada por la fascinación de la muerte, José Arcadio Segundo se empinó por encima de las cabezas que tenía enfrente, y por primera vez en su vida levantó la voz.

-¡Cabrones! -gritó-. Les regalamos el minuto que falta.

Al final de su grito ocurrió algo que no le produjo espanto, sino una especie de alucinación. El capitán dio la orden de fuego y catorce nidos de ametralladoras le respondieron en el acto. Pero todo parecía una farsa. Era como si las ametralladoras hubieran estado cargadas con engañifas de pirotecnia, porque se escuchaba su anhelante tableteo, y se veían sus escupitajos incandescentes, pero no se percibía la más leve reacción, ni una voz, ni siquiera un suspiro, entre la muchedumbre compacta que parecía petrificada por una invulnerabilidad instantánea. De pronto, a un lado de la estación, un grito de muerte desgarró el encantamiento: “Aaaay, mi madre”. Una fuerza sísmica, un aliento volcánico, un rugido de cataclismo, estallaron en el centro de la muchedumbre con una descomunal potencia expansiva. José Arcadio Segundo apenas tuvo tiempo de levantar al niño, mientras la madre con el otro era absorbida por la muchedumbre centrifugada por el pánico.

Muchos años después, el niño había de contar todavía, a pesar de que los vecinos seguían creyéndolo un viejo chiflado, que José Arcadio Segundo lo levantó por encima de su cabeza, y se dejó arrastrar, casi en el aire, como flotando en el terror de la muchedumbre, hacia una calle adyacente. La posición privilegiada del niño le permitió ver que en ese momento la masa desbocada empezaba a llegar a la esquina y la fila de ametralladoras abrió fuego. Varias voces gritaron al mismo tiempo:

-¡Tírense al suelo! ¡Tírense al suelo!

Ya los de las primeras líneas lo habían hecho, barridos por las ráfagas de metralla. Los sobrevivientes, en vez de tirarse al suelo, trataron de volver a la plazoleta, y el pánico dio entonces un coletazo de dragón, y los mandó en una oleada compacta contra la otra oleada compacta que se movía en sentido contrario, despedida por el otro coletazo de dragón de la calle opuesta, donde también las ametralladoras disparaban sin tregua. Estaban acorralados, girando en un torbellino gigantesco que poco a poco se reducía a su epicentro porque sus bordes iban siendo sistemáticamente recortados en redondo, como pelando una cebolla, por las tijeras insaciables y metódicas de la metralla. El niño vio una mujer arrodillada, con los brazos en cruz, en un espacio limpio, misteriosamente vedado a la estampida. Allí lo puso José Arcadio Segundo, en el instante de derrumbarse con la cara bañada en sangre, antes de que el tropel colosal arrasara con el espacio vacío, con la mujer arrodillada, con la luz del alto cielo de sequía, y con el puto mundo donde Úrsula Iguarán había vendido tantos animalitos de caramelo.

Cuando José Arcadio Segundo despertó estaba boca arriba en las tinieblas. Se dio cuenta de que iba en un tren interminable y silencioso, y de que tenía el cabello apelmazado por la sangre seca y le dolían todos los huesos. Sintió un sueño insoportable. Dispuesto a dormir muchas horas, a salvo del terror y el horror, se acomodó del lado que menos le dolía, y solo entonces descubrió que estaba acostado sobre los muertos. No había un espacio libre en el vagón, salvo el corredor central. Debían de haber pasado varias horas después de la masacre, porque los cadáveres tenían la misma temperatura del yeso en otoño, y su misma consistencia de espuma petrificada, y quienes los habían puesto en el vagón tuvieron tiempo de arrumarlos en el orden y el sentido en que se transportaban los racimos de banano. Tratando de fugarse de la pesadilla, José Arcadio Segundo se arrastró de un vagón a otro, en la dirección en que avanzaba el tren, y en los relámpagos que estallaban por entre los listones de madera al pasar por los pueblos dormidos veía los muertos hombres, los muertos mujeres, los muertos niños, que iban a ser arrojados al mar como el banano de rechazo […] (García Márquez, 2012:364-359).

 

 

 

8.2.2. Comentario:

 

La historia aciaga de la United Fruit Company en América Central tuvo epicentro en Colombia en 1928, donde las protestas de los trabajadores de las plantaciones de plátanos (aproximadamente unos 25.000), que demandaban mejoras laborales en la ciudad de Ciénaga, fue brutalmente reprimida a los tiros por los gendarmes locales, asesinando cerca de 300 peones rurales. El relato “mágico y real” que tácitamente realiza Gabriel García Márquez en Cien años de soledad es lo que se conoce como la “Masacre de las Bananeras”, denunciada en el Congreso colombiano por Jorge Eliécer Gaitán (político colombiano asesinado en 1948) (http://es.wikipedia.org, 2013d).

La escena citada de la novela hace referencia al baño de sangre y muerte que cubrió a todo el pueblo: hombres, mujeres y niños. Los muertos transportados prolijamente en el ferrocarril, tal “racimos de bananos”, posteriormente “iban a ser arrojados al mar como el banano de rechazo”. Aquí aparece el tema de la banalidad del mal, concepto ideado por Hannah Arendt, para describir “el Mal instrumental, el Mal burocrático, de gabinete” (Feinmann, 2011:109). Es decir, el mal que ejerce el sistema, que no nace del apasionamiento de un individuo hacia otro. Es el mal que practican las fuerzas represoras legales o ilegales hacia las personas que enfrentan intereses y privilegios defendidos por el poder burocrático de turno. Así, la muerte por parte del sistema (empresarial- gubernamental) despersonaliza el mal, cosifica a las víctimas (los muertos como “racimos de bananos” y “bananos de rechazo”) y deshumaniza los lugares o territorios al convertirlos (por la expoliación del capitalismo salvaje) en zonas de explotación. Berger (2005) concluye: “cada año de esa acumulación prolonga el Ningún Lugar en el tiempo y el espacio”. Las zonas de explotación o “no lugres” del neoliberalismo hegemonizan los territorios que poseen recursos naturales estratégicos, desposeyéndolo de la historia, la identidad y la dignidad humana correspondiente.

 

 

 

 

 

8.3.2. Propuesta didáctica:

 

- Proporcionar ejemplos de zonas de explotación o “no lugares” del mundo actual. Justificar.

 

 

8.1.3. Cita bibliográfica: La United Fruit Co. de Pablo Neruda.

 

Cuando sonó la trompeta, estuvo

todo preparado en la tierra,

y Jehová repartió el mundo

a Coca-Cola Inc., Anaconda,

Ford Motors, y otras entidades:

la Compañía Frutera Inc.

se reservó lo más jugoso,

la costa central de mi tierra,

la dulce cintura de América.

 

Bautizó de nuevo sus tierras

como "Repúblicas Bananas,"

y sobre los muertos dormidos,

sobre los héroes inquietos

que conquistaron la grandeza,

la libertad y las banderas,

estableció la ópera bufa:

enajenó los albedríos

regaló coronas de César,

desenvainó la envidia, atrajo

la dictadura de las moscas,

moscas Trujillos, moscas Tachos,

moscas Carías, moscas Martínez,

moscas Ubico, moscas húmedas

de sangre humilde y mermelada,

moscas borrachas que zumban

sobre las tumbas populares,

moscas de circo, sabias moscas

entendidas en tiranía.

 

Entre las moscas sanguinarias

la Frutera desembarca,

arrasando el café y las frutas,

en sus barcos que deslizaron

como bandejas el tesoro

de nuestras tierras sumergidas.

 

Mientras tanto, por los abismos

azucarados de los puertos,

caían indios sepultados

en el vapor de la mañana:

un cuerpo rueda, una cosa

sin nombre, un número caído,

un racimo de fruta muerta

derramada en el pudridero.

 

(Neruda, 1999:181-182)

 

 

8.2.3. Comentario:

 

El “Dios” dinero transfigurado en las corporaciones multinacionales del capitalismo de rapiña, creó nuevas “Repúblicas Bananas” presididas por dictaduras genocidas y corruptas, que impusieron a cada paso el subdesarrollo, el neocolonialismo, la desocupación, el hambre y la muerte. Mientras las repúblicas soberanas perecen, las “moscan” y sus “larvas” se alimentan a costa de los cuerpos exterminados por el perverso sistema.

 

 

8.3.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿A qué región geográfica se refiere el autor cuando hace referencia a la “cintura de América”? Proporcionar sus características ambientales.

- ¿Quiénes son las “moscas”? Investigar la vida políticas de aquellos personajes.

 

 

 

 

 

 

9. Tema: Renta agraria.

 

 

9.1. Cita bibliográfica: Gabriela, clavo y canela de Jorge Amado.

 

En aquel año de 1925, cuando floreció el idilio de la mulata Gabriela y del árabe Nacib, la estación de las lluvias habíase prolongado más allá de lo normal y necesario, a tal punto que los plantadores, como un rebaño asustado, al entrecruzarse en las calles se preguntaban unos a otros, con miedo en los ojos y en la voz:

–¿No parará nunca?

Se referían a las lluvias; nunca habíase visto tanta agua cayendo de los cielos, día y noche, casi sin intervalos.

–Una semana más y todo estará en peligro.

–La zafra entera…

–¡Dios mío!

Hablaban de la zafra, que se anunciaba excepcional, superando con largueza a todas las anteriores. Con los precios del cacao, en constante aumento, esto significaba riqueza aún mayor, prosperidad, hartazgo, dinero a raudales. Los hijos de los "coroneles" irían a los colegios más caros de las grandes ciudades a cursar sus estudios, nuevas casas se levantarían para las familias en las calles recientemente abiertas, lujosos moblajes serían encargados directamente a Río, llegarían pianos de cola para aristocratizar las salas; los negocios bien provistos multiplicándose, el comercio creciendo, la bebida corriendo en los cabarets, mujeres desembarcando de los barcos, el juego campeando en los bares y en los hoteles, ¡el progreso, en fin, la tan mentada civilización!

Y pensar que esas mismas lluvias, ahora demasiado copiosas, amenazadoras, diluviales, tanto se habían demorado en llegar, ¡tanto se habían hecho esperar y rogar! Meses antes, los "coroneles" elevaban los ojos hacia el cielo límpido en busca de nubes, de señales de próxima lluvia. Crecían las plantaciones de cacao, extendién- dose por todo el sur de Bahía, en espera de las lluvias indispensables para el desarrollo de los frutos recién nacidos, que sustituían las flores de las plantas. La procesión de San Jorge, aquel año, había cobrado el aspecto de una ansiosa promesa colectiva al santo patrono de la ciudad.

Su rica litera trabajada en oro, era llevada sobre los hombros orgullosos de los ciudadanos más notables y los estancieros más ricos, vestidos con el ropaje rojo de la cofradía, lo que no es poco decir, ya que los "coroneles" del cacao no se distinguían por la religiosidad, ni frecuentaban iglesias, y eran rebeldes a misas y confesiones, dejando estas debilidades para las mujeres de la familia: –¡Eso de la iglesia, son cosas para mujeres!

Se contentaban con atender los pedidos de dinero del Obispo y de los sacerdotes, destinado a obras y diversiones: el colegio de monjas en lo alto de la Victoria, el Palacio Diocesano, las escuelas de catecismo, las novenas, el mes de María, las kermesses y fiestas de San Antonio y de San José.

Aquel año, en vez de quedarse por los bares bebiendo, todos ellos estaban en la procesión, con la vela en la mano, contritos, prometiendo el oro y el moro a San Jorge, a cambio de las preciosas lluvias. La multitud detrás de la litera, acompañaba por las calles los rezos de los sacerdotes. Vestido con el ropaje del ritual, las manos unidas para la oración y el rostro compungido, el padre Basilio elevaba la voz sonora, arrastrando los rezos. Elegido para la importante función por sus eminentes virtudes, consideradas y estimadas por todos, también lo había sido porque aquel santo hombre era propietario de tierras y plantaciones, y por lo tanto, directamente interesado en la intervención celestial. Así, rezaba con redoblado vigor.

Las numerosas solteronas, en torno a la imagen de Santa María Magdalena, retirada la víspera de la iglesia de San Sebastián para acompañar la litera del santo patrono en su ronda por la ciudad, sentíanse transportadas en éxtasis ante la exaltación del padre, habitualmente bonachón pero apurado, despachando su misa en un abrir y cerrar de ojos, confesor poco atento a lo mucho que tenían ellas para contarle. ¡Tan diferente del padre Cecilio, por ejemplo!

Elevábase la voz vigorosa e interesada del cura en la oración ardiente, elevábase la voz cascada de las solteronas, el coro unánime de los "coroneles", y sus esposas, hijas e hijos, comerciantes, exportadores, trabajadores llegados del interior para la fiesta, cargadores, hombres de mar, mujeres de la vida, empleados de comercio, jugadores profesionales, y diversos malandrines, los chiquilines del catecismo y las muchachas de la Congregación Mariana. Subía la oración hacia un diáfano cielo sin nubes, donde, como una asesina bola de fuego, un sol despiadado quemaba, capaz de destruir los brotes del cacao, recién abiertos.

Algunas señoras de la sociedad, según la promesa sobre la que se pusieran de acuerdo en el último baile del Club Progreso, acompañaban la procesión con los pies descalzos, ofreciendo al santo el sacrificio de su elegancia, pidiéndole lluvia. Murmurábanse diferentes promesas, apurábase al santo, pues ninguna demora podía admitírsele, que bien veía él la aflicción de sus protegidos: era un milagro urgente lo que se le pedía.

San Jorge no había permanecido indiferente a los rezos, a la repentina y conmovedora religiosidad de los "coroneles", y al dinero por ellos prometido para la Iglesia Matriz, ni a los pies desnudos de las señoras, tan castigados por los adoquines de las calles, pero tocado sin duda más que todo por la agonía del padre Basilio. Tan receloso estaba el padre por el destino de sus frutos de cacao que, en los intervalos del ruego vigoroso, cuando el coro clamaba, juraba al santo abstenerse un mes entero de los dulces favores de su comadre y gobernanta Otália. Cinco veces comadre, ya que cinco robustos retoños –tan vigorosos y promisorios como las plantas de cacao del cura– había ella llevado a la pila bautismal, envueltos en linón y encaje. No pudiendo reconocerlos, el padre Basilio era padrino de todos ellos –tres niñas y dos niños– y, ejerciendo la caridad cristiana, les prestaba el uso de su propio nombre de familia, Cerqueira, un bonito y honesto nombre.

¿Cómo podría San Jorge permanecer indiferente a tanta aflicción? Desde los tiempos inmemoriales de la Capitanía (antigua circunscripción territorial) él venía dirigiendo, bien o mal, los destinos de esa región, hoy tierra del cacao. El donatario, Jorge de Figueirédo Correia, a quien el rey de Portugal había dado, en prueba de amistad, esas decenas de leguas pobladas de salvajes y de "palo–brasil", no dispuesto a abandonar los placeres de la corte lisbonense por la selva bravía, había enviado a un cuñado español para que muriera en manos de los indios, en su lugar. Pero habíale recomendado poner bajo la protección del santo vencedor de los dragones aquel feudo que el rey, su señor, tuviera por bien regalarle. El no iría a esa distante tierra primitiva, pero le daría su nombre, consagrándola a su tocayo San Jorge. Montado en su caballo, desde la luna, el santo seguía el destino animado de ese San Jorge dos Ilhéus desde aproximadamente cuatrocientos años. Había visto a los indios degollar a los primeros conquistadores y ser, a su vez, destrozados y esclavizados; había visto levantarse los ingenios de azúcar, las plantaciones de café, pequeños unos, mediocres las otras. Había visto vegetar esa tierra, sin mayor futuro, durante siglos. Después, había asistido a la llegada de las primeras plantaciones de cacao, ordenando a los macacos "jupará"[7] que se encargasen de multiplicar las plantas de cacao. Tal vez sin objetivo definido, apenas para mudar un poco el paisaje del que ya debía estar cansado, luego de tantos años. Lejos de imaginar que, con el cacao, llegaba la riqueza, una época nueva para la tierra bajo su protección. Vio entonces cosas terribles: los hombres matándose traicionera y cruelmente por la posesión de valles y colinas, de ríos y sierras, quemando las plantas, plantando febrilmente sementeras y sementeras de cacao. Vio crecer súbitamente la región, nacer villas y poblados, vio llegar a Ilhéus el progreso trayendo un Obispo consigo, instalarse nuevos municipios –Itabúna, Itapira–, levantarse el colegio de monjas, vio a los barcos desembarcando gente, y tanta cosa vio que llegó a pensar que nada más podría impresionarlo. Pero a pesar de eso, se impresionó con aquella inesperada y profunda devoción de los "coroneles", hombres rudos, poco aficionados a leyes y rezos, con aquella loca promesa del padre Basilio Cerqueira, de naturaleza incontinente y fogosa, tan fogosa e incontinente que el santo dudaba que él pudiera cumplirla hasta el fin.

Cuando la procesión desembocó en la plaza de San Sebastián, deteniéndose ante la pequeña iglesia blanca, cuando Gloria se persignó, sonriente, en su ventana maldecida, cuando el árabe Nacib salió de su bar desierto para apreciar mejor el espectáculo, entonces sucedió el tan mentado milagro. No, no se cubrió de nubes negras el cielo azul, ni comenzó a caer la lluvia. Indudablemente para no arruinar la procesión. Pero una desmayada luz diurna surgió en el cielo, perfectamente visible a pesar de la claridad deslumbrante del sol. El negrito Tuísca fue el primero en verla, llamando la atención de las hermanas Dos Reís –sus patronas– en el centro del grupo negro de las solteronas. Un clamor de milagro se sucedió, partiendo de las solteronas excitadas, propagándose por la multitud, y esparciéndose luego por la ciudad entera. Durante dos días no se habló de otra cosa. ¡San Jorge había venido para oír los rezos, las lluvias no tardarían!

Y efectivamente, algunos días después de la procesión, nubes de lluvia se acumularon en el cielo y las aguas comenzaron a caer al anochecer. Sólo que San Jorge, naturalmente impresionado por el volumen de las oraciones y promesas, por los pies descalzos de las señoras y por el espantoso voto de castidad del padre Basilio, magnificó el milagro y ahora las lluvias no querían parar. La estación de las lluvias se prolongaba desde hacía ya más de dos semanas fuera del tiempo habitual.

Aquellos brotes apenas nacidos de los cocos de cacao, cuyo desarrollo el sol había amenazado, crecieron magníficos con las lluvias, en número nunca visto, pero comenzaban ahora a necesitar nuevamente de sol. La continuación de las lluvias, pesadas y persistentes, podría pudrirlos antes de la zafra. Con los mismos ojos de temor angustiado, los "coroneles" miraban el cielo plúmbeo, la lluvia cayendo: buscaban el sol escondido. En los altares de San Jorge, de San Sebastián, de María Magdalena, hasta en el de Nuestra Señora de la Victoria, en la capilla del cementerio, se encendían velas. Una semana más, tal vez diez días más de lluvias y la zafra estaría por entero en peligro; era una expectativa trágica […] (Amado, 1995:15-19).

 

 

9.2. Comentario:

 

La problemática ambiental relatada (déficit y exceso de precipitaciones) revela la importancia del tiempo meteorológico en la producción agropecuaria. Las súplicas al santo patrono para que intervenga ante las inclemencias del tiempo nos proporcionan significativos elementos para reflexionar sobre la economía agropecuaria. Larriera (2010) explica:

 

[…] ¿Qué es la renta agraria? Es un ingreso que “proviene” del “trabajo” de la tierra y no del trabajo humano […] [En cambio] el concepto de ganancia se refiere a un producto del trabajo humano. Ya los economistas clásicos, Adam Smith y David Ricardo, entre los principales, con antecesores como William Petty, descubrieron que el valor de las cosas estaba dado por el trabajo que implica fabricarlas.

En el caso paradigmático del trabajo fabril, todo lo que produce tiene valor porque todo se debe al trabajo humano. Qué parte del producto se llevan los obreros como salarios y qué parte los dueños de la fábrica como ganancia es otra discusión. Pero lo que no está en debate es que todo el producto fabril, salarios más ganancias, es fruto del trabajo.

En el producto agrario una parte la genera el trabajo humano y otra la tierra. Ésta es el único factor que existe aparte del productor humano […]

[…] En las grandes explotaciones la mayor parte del producto se debe al “trabajo” de la tierra. En el precio del producto agrario no se visualiza qué proporción corresponde al trabajo de la tierra y al trabajo humano […]

Lo producido por la tierra pertenece a toda la población del país. No se puede reclamar la propiedad individual de algo que no es producto del trabajo. Los dueños de la tierra se consideran dueños del trabajo de la tierra por la simple razón de ser dueños de la tierra. Ganan dinero simplemente por ser dueños, no por trabajar, o por hacer trabajar a sus peones, sino comercializando el producto del “trabajo” de la tierra, y a esa ganancia –que es renta– la consideran su “ganancia legítima”.

Que sólo tiene valor lo que es producto del trabajo humano lo descubrieron los economistas clásicos. Lo que no cuesta trabajo no vale nada, es gratis, como el aire o el sol. Los dueños de la tierra cobran dinero por algo que no tiene valor real, por algo que se obtiene sin trabajo. Pero el dinero es representante de valor. Al tener dinero lo usan como si realmente tuviera valor. ¿Cómo puede representar valor su dinero si lo que producen no es producto del trabajo? Porque a través de la venta en el mercado se apropian de valor trabajo producido por el resto de la población […] (Larriera, 2010:8).

 

Si lo que no es producto del trabajo no vale nada, es gratis, la lluvia (el agua) es un recurso natural que nos pertenece a todos. Lo mismo podríamos decir del aire, la tierra, el sol, la vegetación, los animales, los insectos, los hongos, las bacterias, etc. Por lo tanto, el resultado del trabajo de la tierra (ambiente) es de propiedad colectiva.

Las retenciones que viene aplicando el gobierno argentino sobre la renta agraria (extraordinaria) es una medida de compensación y justicia hacia la mayoría de la población que no es dueña de grandes explotaciones agrarias. La renta agraria, que bien podría denominarse renta ambiental, es una importante herramienta económica para socializar el trabajo de la tierra. Esta medida tildada de “populista” (demagógica) es duramente criticada por algunos sectores políticos y por la mayoría de las editoriales periodísticas de los medios masivos de comunicación social. Sería bueno, entonces, definir al “populismo”. En un sentido amplio, se lo entiende como la forma de gobierno en la cual el Estado juega un rol central en las decisiones económicas en busca del bienestar generalizado de la población. Las críticas a dicho posicionamiento del Estado vienen, principalmente, desde los sectores políticos más “liberales”, “republicanos” y “democráticos”. Pues, en una forma de gobierno “liberal”, “republicana” y “democrática” el énfasis está dirigido en garantizar las libertades individuales de los ciudadanos en contra de los abusos de las mayorías. Por lo tanto, las alícuotas de las retenciones (al ser consideradas “confiscatorias”) estarían mancillando el derecho a la libertad de empresa o económica.

Fukuyama (1992:44) expresa que “en una democracia liberal, el Estado es por definición débil, pues el mantenimiento de una esfera de derechos individuales significa una tajante limitación del poder del Estado”. Por lo tanto, si el Estado es débil, los individuos y las empresas son fuertes. En la práctica, en las democracias liberales pocas personas y compañías superpoderosas logran dominar al Estado (gobierno) y al resto de los individuos y empresas.

En los últimos años, hubo en América Latina un renacer de los gobiernos “populares” que tratan de establecer un Estado (gobierno) fuerte que participe estratégicamente en la distribución de las riquezas. Éstos son acusados de “dictaduras demagógicas o populistas” por los principales medios masivos de comunicación en sociedad con las burguesías políticas y económicas. Lo cual, intentan por caminos “institucionales, democráticos, republicanos”, desestabilizar y derribar a las nuevas democracias populares.

En la actualidad, existe una nueva modalidad de golpes de Estado contra los gobiernos votados masivamente por el pueblo, en la cual no intervienen las fuerzas armadas. Pues, se realizan por vías “institucionales”. Hay ejemplos en la región: la destitución del presidente Zelaya en Honduras (por órdenes de la Suprema Corte de Justicia acusado de la comisión de delitos graves, como traición a la patria y otros), la deposición del presidente Lugo en Paraguay (el parlamentario acusó al mandatario por mal desempeño de funciones, acusándolo -entre otras cosas- de responsabilidad política  por los enfrentamientos entre campesinos y policías ocurridos en Curuguatydepartamento de Canindeyú, con un saldo de diecisiete muertos. Posteriormente, una mayoría de 115 parlamentarios de 5 partidos políticos diferentes, sobre un total de 125 congresistas, decidió destituirlo de su cargo por medio del juicio político) y la substitución de Petro alcalde de Bogotá (el procurador Alejandro Ordóñez destituyó al alcalde Petro y lo inhabilitó por 15 años a ejercer cargos públicos, por las supuestas irregularidades que encontró en la implantación del sistema de aseo de la ciudad –estatización de los servicios de recolección de residuos de la urbe-).

En todos los golpes de Estado (a escala nacional o municipal) llevados a cabo por las instituciones (Poder judicial o Legislativo) se ocultan los verdaderos poderes de las elites en contra de los sectores populares. Cuando el neoliberalismo no puede llegar a los cargos ejecutivos por medio de las urnas, lo intenta por otras vías: antaño por medio de las armas y ahora a través de medios más sofisticados como los “institucionales”. Ante este peligroso panorama, es imperante que se democraticen las instrucciones republicanas, principalmente, parte del Poder Judicial que avala los atropellos a los gobiernos populares. En tal sentido, en Argentina, hubo un proyecto de ley para democratizar la justicia enviado por la Presidenta Cristina Kirchner al Congreso que fue rechazado por los poderes fácticos y la politiquería burguesa.

 

 

9.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Por qué las retenciones a los productos agrarios exportables son una herramienta económica para desacoplar los precios internacionales de los internos?

 

 

9.1.1. Cita bibliográfica: El sueño del celta de Mario Vargas Llosa.

 

[…] Recordó su violenta discusión en el Huayna, el barco en el que viajó de Tabatinga, la frontera entre Perú y Brasil, hasta Iquitos, con el cauchero Víctor Israel, judío de Malta, avecindado hacía muchos años en la Amazonia y con quien había tenido largos y entretenidísimos diálogos en la terraza del barco. Víctor Israel vestía de manera estrafalaria, parecía siempre disfrazado, hablaba un inglés impecable y contaba con gracia su vida aventurera que parecía salida de una novela picaresca, mientras jugaban al póquer, tomando cepitas de cognac, que al cauchero le encantaban. Tenía la horrible costumbre de disparar a las garzas rosadas que sobrevolaban el barco con un pistolón de otros tiempos, pero, felizmente, rara vez acertaba. Hasta que, un buen día, Roger no recordaba a cuento de qué, Víctor Israel había hecho una apología de Julio C. Arana. El hombre estaba sacando a la Amazonia del salvajismo e integrándola al mundo moderno. Defendió las “correrías”, gracias a las cuales, dijo, todavía había brazos para recolectar el caucho. Porque el gran problema de la selva era la falta de trabajadores que recogieran esa preciosa sustancia con la que el Hacedor había querido dotar a esta región y bendecir a los peruanos. Este “maná del cielo” se estaba desperdiciando por la pereza y la estupidez de los salvajes que se negaban a trabajar como recogedores del látex y obligaban a los caucheros a ir a las tribus a traerlos a la fuerza. Lo que significaba una gran pérdida de tiempo y de dinero para las empresas.

-Bueno, ésa es una manera de ver las cosas -lo interrumpió Roger Casement, con parsimonia-. También hay otra.

Víctor Israel era un hombre alargado, delgadísimo, con mechones blancos en su gran melena lacia que le llegaba hasta los hombros. Tenía una barbita de varios días en su gran cara huesuda y unos ojitos oscuros triangulares, algo mefistofélico, que se clavaron en Roger Casement, desconcertados. Llevaba un chaleco colorado y, encima, tirantes, así como una chalina de fantasía sobre los hombros. -¿Qué quiere usted decir?

-Me refiero al punto de vista de los que usted llama salvajes -explicó Casement, en tono trivial, como si hablara del tiempo o los mosquitos-. Póngase en su lugar por un momento. Están allí, en sus aldeas, donde han vivido años o siglos. Un buen día llegan unos señores blancos o mestizos con escopetas y revólveres y les exigen abandonar a sus familias, sus cultivos, sus casas, para ir a recoger caucho a decenas o centenas de kilómetros, en beneficio de unos extraños, cuya única razón es la fuerza de que disponen. ¿Usted iría de buena gana a recoger el famoso látex, don Víctor?

-Yo no soy un salvaje que vive desnudo, adora a la yacumama y ahoga en el río a sus hijos si nacen con el labio leporino -repuso el cauchero, con una risotada sardónica que acentuaba su disgusto-. ¿Pone usted en un mismo plano a los caníbales de la Amazonia y a los pioneros, empresarios y comerciantes que trabajamos en condiciones heroicas y nos jugamos la vida por convertir estos bosques en una tierra civilizada?

-Tal vez usted y yo tengamos un concepto distinto de lo que es civilización, mi amigo -dijo Roger Casement, siempre con ese tonito de bonhomía que parecía irritar sobremanera a Víctor Israel.

En la misma mesa del póquer estaban el botánico Walter Folk y Henry Fielgald, en tanto que los otros miembros de la Comisión se habían tumbado en sus hamacas para descansar. Era una noche serena, tibia y una luna llena iluminaba las aguas del Amazonas con un resplandor plateado.

-Me gustaría saber cuál es su idea de la civilización -dijo Víctor Israel. Sus ojos y su voz echaban chispas. Su irritación era tanta que Roger se preguntó si el cauchero no iría de repente a sacar el arqueológico revólver que llevaba en su cartuchera y a dispararle.

-Se podría sintetizar diciendo que es la de una sociedad donde se respeta la propiedad privada y la libertad individual -explicó, con mucha calma, todos sus sentidos alertas por si Víctor Israel intentaba agredirlo-. Por ejemplo, las leyes británicas prohíben a los colonos ocupar las tierras de los indígenas en las colonias. Y prohíben también, con pena de cárcel, emplear la fuerza contra los nativos que se niegan a trabajar en las minas o en los campos. Usted no piensa que la civilización sea eso. ¿O me equivoco?

El flaco pecho de Víctor Israel subía y bajaba agitando la extraña blusa con mangas bombachas que llevaba abotonada hasta el cuello y el chaleco colorado. Tenía ambos pulgares metidos en los tirantes y sus ojitos triangulares estaban inyectados como si sangraran. Su boca abierta mostraba una hilera de dientes desiguales manchados de nicotina.

-Según ese criterio -afirmó, burlón e hiriente-, los peruanos tendrían que dejar que la Amazonia continuara en la Edad de Piedra por los siglos de los siglos. Para no ofender a los paganos ni ocupar esas tierras con las que no saben qué hacer porque son perezosos y no quieren trabajar. Desperdiciar una riqueza que podría levantar el nivel de vida de los peruanos y hacer del Perú un país moderno. ¿Eso es lo que propone la Corona británica para este país, señor Casement?

-La Amazonia es un gran emporio de riquezas, sin duda -asintió Casement, sin alterarse-. Nada más justo que el Perú las aproveche. Pero sin abusar de los nativos, sin cazarlos como animales y sin trabajo esclavo. Más bien, incorporándolos a la civilización mediante escuelas, hospitales, iglesias.

Víctor Israel se echó a reír, estremeciéndose como un muñeco de resortes.

-¡En qué mundo vive usted, señor cónsul! -exclamó, alzando sus manos de largos dedos esqueléticos de manera teatral-. Se nota que no ha visto en su vida a un caníbal. ¿Sabe a cuántos cristianos se han comido los de aquí? ¿A cuántos blancos y cholos han dado muerte con sus lanzas y dardos envenenados? ¿A cuántos les han reducido las cabezas como hacen los shapras? Ya hablaremos cuando tenga un poco más de experiencia de la barbarie. 

-Viví cerca de veinte años en el África y sé algo de esas cosas, señor Israel -le aseguró Casement-. Dicho sea de paso, allí conocí a muchos blancos que pensaban como usted […] (Vargas Llosa, 2013:205-208).

 

 

9.2.1. Comentario:

 

La obtención de látex para la elaboración del caucho de las plantas y árboles del género Hevea, ha sido considerada por Víctor Israel (defensor de las explotaciones de caucho de la Peruvian Amazon Rubber Company) como un “maná del cielo”. Conocido como “árbol de la fortuna”, la Hevea brasiliensis representaba un regalo de la Providencia para la civilización. De acuerdo con este personaje, Perú se convertiría en un país moderno si explotaba ésta riqueza natural. Pero como era previsible, Perú no logró modernizarse a partir de la producción y exportación del caucho. No existe ejemplo en el mundo de un país que se haya transformado en desarrollado y moderno basando su economía solamente en el sector primario, por más competitivo que sea en términos internacionales. Las únicas naciones altamente desarrolladas son las que fundan su economía en la producción industrial y tecnológica. ¿Cómo se logra este objetivo? Mediante una participación estratégica del Estado promoviendo el mercado interno, la rentabilidad empresarial, la incorporación de ciencia y tecnología para agregar valor a los bienes primarios, fomentando la demanda agregada y toda medida que tienda al fortalecimiento de una economía soberana e innovadora.

La materia prima, el caucho, provenía a principios del siglo XX de diferentes lugares (el Congo belga, Liberia, la Amazonía Peruana, Brasileña y Colombiana, Malasia) pero los neumáticos solo de Ohio (Estados Unidos) a través de The Goodyear Tire and Rubber Company. En este sentido, queda claro que las riquezas que surgen de la “economía humana” (industrias, tecnología, Estado de bienestar) superan ampliamente a las riquezas que emanan de la “economía natural” (renta agraria). Si Estados Unidos no hubiera estado a la vanguardia del Fordismo (Segunda Revolución Industrial) no sería la primera potencia mundial en la actualidad. Estados Unidos resuelve y elige el camino del desarrollo socioeconómico luego de la Guerra de Secesión en 1865, donde el Norte (industrial y proteccionista) vence al Sur (latifundista y librecambista).

 

 

9.3. Propuesta didáctica:

 

- Investigar sobre la vida de Roger Casement

- Identificar las causas y las consecuencias de la Guerra del Acre

 

 

10. Tema: Gestión urbana.

 

 

10.1. Cita bibliográfica: Gabriela, clavo y canela de Jorge Amado.

 

El "coronel" Ramiro Bastos contemplaba todo aquello como si fuese propiedad suya. Y en cierta forma lo era un poco, pues él y los suyos gobernaban Ilhéus desde hacía muchos años. Era un viejo seco, resistente a la edad. Sus ojos pequeños conservaban un brillo de mando, de hombre acostumbrado a dar órdenes. Siendo uno de los grandes estancieros de la región, habíase hecho un jefe político respetado y temido. El poder había venido a sus manos durante las luchas por la posesión de la tierra, cuando el poderío de Cazuza Oliveira se desmoronó. Habiendo apoyado al viejo Seabra, éste le había entregado la región. Por dos veces fue Intendente, y ahora era senador estadual. Cada dos años cambiaba el Intendente, en elecciones a punta de pluma, pero en realidad nada cambiaba pues quién continuaba mandando era el mismo Ramiro Bastos, cuyo retrato de cuerpo entero se podía ver en el salón de honor de la Intendencia, donde se realizaban conferencias y fiestas. Amigos incondicionales o parientes suyos sucedíanse en el cargo, sin mover una paja sin su aprobación. Su hijo, médico de niños y diputado estadual, había dejado fama de buen administrador. Había abierto calles y plazas, trazado jardines y durante su gestión la ciudad cambió de fisonomía. Decíase que la razón de que sucediera todo esto había sido la de facilitar la elección del joven a la Cámara Estadual. La verdad, sin embargo, es que el "coronel" Ramiro amaba la ciudad a su manera, como amaba el jardín de su casa, la quinta de su estancia. En los jardines de su casa plantó manzanos y perales, plantas venidas de Europa. Le gustaba ver la ciudad limpia (y para eso había hecho que la Intendencia comprara camiones), asfaltada, enjardinada, con buen servicio de cloacas. Animada la construcción de buenas casas, y se alegraba cuando los forasteros hablaban de la gracia de Ilhéus, con sus plazas y jardines. Manteníase, por otro lado, obstinadamente sordo a ciertos problemas, a reclamaciones diversas: fundación de hospitales, creación de una escuela municipal, apertura de caminos para el interior, construcción de campos de deportes […]

Hombre de ideas e iniciativas, Aristóteles se dio a la tarea de hacer prosperar Itabuna. La limpió de bandoleros, empedró sus calles centrales. No se preocupaba mucho con las plazas y jardines, ni se dedicaba a embellecer la ciudad, pero en cambio le dio buena iluminación, un óptimo servicio de desagües, había abierto caminos que la ligaban con los otros pueblos, traído técnicos para la poda del cacao, fundado una cooperativa de productores, y ofrecido facilidades para incrementar el comercio. Veló por todos los distritos, y había hecho de la joven urbe el punto de convergencia de todo el vasto interior hasta el desierto.

Mundinho lo encontró en la Intendencia, estudiando los planes de un nuevo puente sobre el río, para ligar las dos partes de la ciudad. Parecía esperar al exportador, y mandó traer café […]

–Ese tal doctor Víctor (Aristóteles le dice a Mundinho), que es diputado federal, es lo más gordo que alguien haya visto […] Muy bien: ese tal doctor, apareció por aquí después de las elecciones. Corriendo. Cuando vio la ciudad, torció la nariz. Encontró todo feo. Preguntó qué diablos estaba haciendo yo que no enjardinaba la ciudad; que era lo que hacía y lo que no hacía. Respondí que yo no era jardinero, era Intendente. No le gustó eso. Para decirle la verdad, no le gustó nada. Ni quiso ver los caminos, las obras de desagüe, nada. No tenía tiempo. Le pedí partidas de dinero para varias cosas. Le mandé un montón de cartas […] (Amado, 1995:77-78, 317, 319-320).

 

 

10.2. Comentario:

 

Al comparar el modelo de gestión urbana de Ilhéus e Itabuna (Bahía) es posible extraer interesantes conclusiones. El patrón de administración urbana de Ilhéus estaba basado, principalmente, en una modernización de superficie: trazado de plazas y jardines, limpieza, apoyo a la edificación de casas bonitas. En cambio, la construcción de cloacas y el asfalto podríamos identificarlos como una modernización en profundidad, en serio.

La ciudad era gestionada como una prolongación de la propiedad privada de sus administradores: “el ‘coronel’ Ramiro amaba la ciudad a su manera, como amaba el jardín de su casa, la quinta de su estancia”. En Ilhéus no se atendían los reclamos en cuanto a salud, educación, recreación y transporte. Lo público estaba reducido al embellecimiento de la ciudad.

Acordamos con Gorelik (2001), que se trataba de una modernización de superficie destinada a un pequeño sector de la población. No existía una modernización en profundidad (infraestructura, transporte, viviendas populares) que hubiera beneficiado a la mayor parte de la sociedad.

No era el caso de Itabuna. Al intendente no le quitaba el sueño embellecer la ciudad con plazas y jardines. En su distrito lo primordial era la realización de una modernización significativa: iluminación, caminos hacia el interior, proyecto de puente, aumento de la tecnología agraria, desagües pluviales, cooperativas de productores, ayuda a comerciantes. Aristóteles dejaba muy claro que no era jardinero sino intendente.

Ilhéus basaba su desarrollo en lo superficial, en lo exterior, en “embellecer”. Por el contrario, Itabuna estaba preocupada por el progreso en profundidad, con bases materiales y sociales sólidas.

 

 

10.3. Propuesta didáctica:

 

- Examinar la gestión urbana de la Ciudad de Buenos Aires en calve de modernización de superficie y en profundidad.

 

 

11. Tema: Migraciones internas.

 

 

11.1. Cita bibliográfica: Gabriela, clavo y canela de Jorge Amado.

 

El paisaje mudó, la inhóspita "caatinga" cedió su lugar a tierras fértiles, verdes pastos, densos bosques para atravesar, ríos y riachos, y la lluvia siempre cayendo en abundancia. Habían pernoctado en las vecindades de un alambique, entre plantaciones de caña que se balanceaban al viento. Un trabajador habíales dado detalladas explicaciones sobre el camino a seguir: menos de un día de marcha y estarían en Ilhéus, terminado el viaje en vapor, frente a una nueva vida por comenzar.

–Todos los que son "retirantes" acampan cerca del puerto, para aquellos lados del ferrocarril, al final de la feria.

–¿No van a buscar trabajo? –preguntó el negro Fagundes.

–Esperan y no demora en venir gente a contratarlos. Tanto para trabajar en las plantaciones de cacao, o en la ciudad...

–¿También en la ciudad? –se interesó Clemente, el rostro hosco, el acordeón al hombro, y una preocupación presente en sus ojos.

–Sí, señor. A los que tienen oficio: albañil, carpintero, pintor de casa. Están levantando tantas casas en Ilhéus que es una barbaridad...

–¿Sólo esos trabajos?

–También en los depósitos de cacao, en las dársenas. –Por mí –dijo un "sertanero" fuerte, de mediana edad– yo voy a los bosques. Dicen que ahí los hombres pueden hacer dinero.

–Tiempo atrás era así. Ahora es más difícil.

–Dicen que un hombre, sabiendo tirar, tiene buena aceptación... –habló el negro Fagundes pasando la mano, casi en una caricia, sobre el rifle.

–Eso fue en otro tiempo...

–¿Ahora ya no es así?

–A veces...

Clemente no tenía oficio. Siempre había trabajado en el campo; plantar, trabajar la tierra y cosechar, era todo cuanto sabía. Además, había venido con la intención de meterse en las plantaciones de cacao, había oído tantas historias de gente que llegaron como él, corrida por la sequía, huyendo del "sertão", casi muerta de hambre, y que se enriqueciera en aquellas tierras en poco tiempo... Era eso lo que se decía por el "sertão", la fama de Ilhéus corría por esos mundos, los ciegos cantaban sus grandezas en las guitarras, los viajantes de comercio hablaban de aquellas tierras de abundancia y de coraje, allí donde un hombre se arreglaba en un abrir y cerrar de ojos, y donde no había cultivo más próspero y rendidor que el del cacao. Las bandas de inmigrantes bajaban del "sertão" con la sequía mordiéndole los talones, abandonaban la tierra reseca donde el ganado se moría y las plantaciones no rendían, tomaban las picadas en dirección al sur. Muchos quedaban por el camino, incapaces de soportar la travesía de horrores, otros morían al entrar en la región de las lluvias donde el tifus, el paludismo, la viruela los esperaban. Llegaban diezmados, con restos de lo que fuera su familia, casi muertos de cansancio, pero en los corazones latía la esperanza crecida en el último día de la marcha. Un poco más de esfuerzo y habrían alcanzado la ciudad rica y fácil. Las tierras del cacao, donde el dinero era basura arrojada en las calles... […] (Amado, 1995:99-101).

 

 

11.2. Comentario:

 

Los migrantes del "sertão" (región semiárida del nordeste brasileño) llegaban a Ilhéus escapando de la sequía, con la intención de encontrar trabajo tanto en el campo (plantaciones de cacao) como en la ciudad (construcción de viviendas). Los que lograban arribar a la “tierra prometida” luego de una penosa travesía, acechada por la aridez de la “caatinga” (conformada por vegetación arbustiva xerófila y bosque espinoso) y por las enfermedades tropicales en la región de las lluvias (los pobres siempre son más vulnerables a las condiciones ambivalentes del ambiente), quedaban a la merced de los dueños de las tierras.

La riqueza de las plantaciones de cacao se derramada sobre la ciudad impulsando el “boom inmobiliario”. La construcción de viviendas dirigidas a los sectores pudientes de la sociedad ofrece como aspecto positivo la generación de empleo, pero también tiene su lado negativo al fomentar la especulación inmobiliaria y aumentar así el valor del suelo urbano para el resto de la población.

 

 

11.3. Propuesta didáctica:

 

- Identificar migraciones internas en Argentina. Explicar las causas y consecuencias en ambos territorios (de origen y de llegada).

- Vincular el alza del valor de la soja y la especulación inmobiliaria en la ciudad de Rosario.

 

 

12. Tema: Las relaciones de género.

 

 

12.1. Cita bibliográfica: Gabriela, clavo y canela de Jorge Amado.

 

[…] ¿De quién heredó Malvina ese amor a la vida, esa ansia de vivir, ese horror a la obediencia, a curvar la cabeza, a hablar en voz baja en presencia de Melk? Tal vez de él mismo. Desde temprano odió su casa, la ciudad, las leyes, las costumbres. La vida humillada de la madre, siempre temblando delante de Melk, asintiendo siempre, sin nunca ser consultada para los negocios. Él llegaba, y decía en tono de orden:

–Prepárate. Hoy vamos a ir al escritorio de Tonico a firmar una escritura.

Ella ni preguntaba de qué era la escritura, si se compraba o se vendía, sin ganas de enterarse. Su fiesta era la iglesia. Melk era el dueño de todos los derechos, decidiéndolo todo. La madre cuidaba de la casa, y ese era su único derecho. El padre en los cabarets, en las casas de las prostitutas, gastando su dinero con mujerzuelas, jugando en los hoteles, en los bares, bebiendo con los amigos. La madre muriendo en la casa, viviendo para oír y obedecer. Macilenta y humillada, conforme con todo, había perdido la voluntad y ni sobre su hija tenía autoridad. Malvina, apenas llegada a la adolescencia, había jurado que con ella no sería así. No se sujetaría. Melk en ciertas oportunidades la complacía, y se quedaba mirándola, como si la estudiara. Se reconocía en ella, en ciertos detalles, en su deseo de ser alguien. Pero le exigía obediencia. Cuando ella le decía que quería hacer los estudios secundarios y luego los universitarios, él decretaba:

–No quiero hija doctora. Irás al colegio de monjas, a aprender a coser, a contar, a leer, a tocar el piano. No precisas más. Mujer metida a doctora pierde la vergüenza, es mujer que busca perderse.

Ella había percibido que la vida de toda mujer casada era igual a la de su madre. Sujetas al dueño. Peor que monjas. Malvina se juraba a sí misma que jamás, ¡jamás!, se dejaría agarrar. En el patio del colegio, juveniles y risueñas, conversaban las hijas de padres ricos. Con los hermanos estudiando en Bahía, en los liceos y facultades. Con derecho a mesadas, a gastar el dinero, a hacer cuanto quisieran. Ellas sólo tenían para sí mismas ese breve tiempo de la adolescencia. Las fiestas del Club Progreso, los amoríos sin consecuencia, las esquelitas cambiadas, los tímidos besos robados en las matinés de los cines, a veces un poco más demorados en los portones de los jardines. Un día cualquiera llegaba el padre con un amigo, acababan los amoríos y comenzaban los noviazgos. Si no querían por propia voluntad, eran obligadas por el padre. A veces sucedía que alguna de ellas se casaba con el festejante, cuando el joven era del gusto de los padres. Pero en nada mudaba la situación. Marido traído, elegido por el padre, o novio mandado por el destino, todo era igual. Después de casados, eso no establecía diferencias. Era el dueño, el señor, el dictador de las leyes, el hombre para ser obedecido. Para él eran todos los derechos; para ellas el deber, el respeto. Guardianes de la honra familiar, del nombre del marido, responsables por la casa, por los hijos.

Mayor que ella, más adelantada en el colegio, Clara se había hecho amiga de Malvina. Reían las dos cuchicheando en el patio. Jamás existió muchacha más alegre, más llena de vida, hermosura más saludable, mejor bailarina de tangos, mayor soñadora de aventuras. ¡Tan apasionada y romántica, tan rebelde y arrojada! Casóse por amor, así por lo menos pensaba ella. El novio no era estanciero, hombre de mentalidad atrasada. Era un doctor, graduado en derecho que recitaba versos. Y todo fue igual. ¿Qué había sucedido con Clara, dónde estaba ella, dónde escondió su alegría, su ímpetu, dónde enterró sus planes, sus numerosos proyectos? Iba a la iglesia, cuidaba de la casa, paría hijos. Ni se pintaba, porque el doctor no quería.

Así fue siempre, así continuaba siendo, como si nada se transformara, como si la vida no cambiara, como si no creciera la ciudad. En el colegio se emocionaban con la historia de Ofenísia, la virgen de los Ávila, muerta por amor. No había querido al Barón, al señor de ingenio. Su hermano Luis Antonio llegaba con pretendientes. Pero ella soñaba con el emperador.

Malvina odiaba aquella tierra, la ciudad llena de murmuraciones, de los dimes y diretes. Odiaba aquella vida y contra ella pensaba luchar. Comenzó a leer, encaminada por Juan Fulgencio, que le recomendaba libros. Descubrió otro mundo más allá de Ilhéus, donde la vida era bella, donde la mujer no era esclava. Las grandes ciudades donde podía trabajar, ganar su pan y su libertad. No miraba a los hombres de Ilhéus, e Iracema la llamaba "la virgen de bronce", el título de una novela, porque ella no tenía festejantes. Josué la rondaba, había venido de afuera, escribía sonetos, publicaba en periódicos. "Dedicado a la indiferente M..." Iracerna leía en voz alta en el patio del colegio. Un día en que un marido engañado mató a la esposa, Malvina conversó con él, pero sus amoríos duraron apenas unos días. ¿A lo mejor, quién sabe, fuese diferente a los otros? Pero era igual. Enseguida quiso prohibirle que se maquillara la cara, que tuviera amistad con Iracema –"todos hablan de ella, no es amiga para ti" –, que fuera a una fiesta en casa del "coronel" Misael, a la que él no fuera invitado. Y todo eso en menos de un mes.

De Ilhéus sólo le gustaba la casa nueva, cuyo modelo escogiera en una revista de Río. El padre accedió porque para él era un asunto que lo dejaba indiferente. Mundinho Falcáo había traído a ese arquitecto loco, sin trabajo en Río, y ella quedó encantada con la casa de Mundinho. También con él había soñado. Ese sí que era diferente, podía arrancarla de allí, llevarla para otras tierras, aquellas de que hablaban en las novelas francesas. Para Malvina no se trataba del amor, de explosiva pasión. Amaría a quienquiera que le ofreciese el derecho a vivir, a quien la libertase del miedo al destino de todas las mujeres de Ilhéus. Era preferible envejecer solterona, vestida de negro, a la puerta de las iglesias. Si no quería morir como Sinházinha, de un tiro de revólver.

Mundinho se alejó de ella no bien sintió su interés. Malvina sufrió, por su esperanza marchita. Josué estaba imposible, habíase puesto exigente y mandón. Fue cuando Rómulo llegó y atravesó la plaza con su malla de baño, para cortar luego las ondas en brazadas largas. Ese, sí, pensaba de otro modo. Había sido infeliz; la mujer estaba loca. Le hablaba de Río; ¿qué importaba el casamiento, simple convencionalismo? Ella podría trabajar, ayudarlo, ser amante y secretaria, estudiar en la facultad si así lo quería, independizarse, unida a él sólo por el amor […] (Amado, 1995:262-264).

 

 

12.2. Comentario:

 

En las ciudades pequeñas como en las áreas rurales prevalece una mentalidad “provinciana”, tradicionalista, menos abierta a los cambios socioculturales. Las ciudades capitales proporcionan más libertad, mayor igualdad de género, más oportunidades, en definitiva, más opciones de vida que el campo y las urbes de menor tamaño.

Las mujeres de Ilhéus solo poseían el breve tiempo de la adolescencia para disfrutar de ellas mismas y de sus compañías. Rápidamente, llegaba la adultez y con ella el casamiento (convenido por el padre) y la dependencia de por vida al hombre de la casa. Empero, Malvina por medio de la lectura (vedada para las mujeres) redimensiona su concepción espacio-temporal: descubre que puede acercarse a la felicidad fuera de Ilhéus (en Río de janeiro) y más allá de la corta adolescencia.

 

 

12.3. Propuesta didáctica:

 

- Buscar información y analizar las desigualdades de género en el mercado laboral de las grandes ciudades del mundo. Comparar la situación de los países periféricos con la de los países centrales.

 

 

12.1.1. Cita bibliográfica: Malva de Máximo Gorki.

 

- […] En la aldea, uno es dueño de sí mismo, igual a los demás; mientras que aquí es un siervo…

-Sí, pero aquí, al menos, se come lo que se tiene gana, y el trabajo no es tan fatigoso.

-Te equivocas. A veces tengo molido los huesos… Además, aquí se trabaja para otro, mientras que en casa trabaja uno para sí mismo.

-Pero se gana más –replicó tranquilamente Jacobo.

En su fuero interno, Vasily compartía la opinión de su hijo: en la aldea, el trabajo y la vida eran mucho más difíciles que allí; pero no quería que Jacobo supiese, y dijo con tono severo:

-¿Tú qué sabes de lo que se gana aquí? No, pequeño, no digas eso: la aldea…

-¡Es un agujero obscuro y estrecho! –interrumpió Malva riendo de un modo maligno-. En ella, las que más padecen son las mujeres… No hacen más que derramar lágrimas.

-La vida de las mujeres es en todas partes la misma –dijo Vasily frunciendo las cejas y mirándola-. Y el mundo es en todas partes el mismo, como el sol.

-¡Pero qué tonterías dices! –gritó ella animándose-. En la aldea, una mujer tiene que casarse aunque sea en contra de su voluntad. Y una vez casada, es una esclava eterna; labra, hila, cuida a las bestias, pare. Para ella misma, nada… solo los juramentos y los sopapos del marido.

-¡Como si no hiciera uno más que pegarle a la mujer! –saltó Vasily.

-Mientras que aquí –continuó Malva sin hacerle caso –no le pertenece una a nadie. ¡Es libre como una gaviota! Puede una volar a su antojo y nadie se lo impide, nadie se atreve a ponerle la mano encima.

-¿Y si alguien te la pone? –preguntó Vasily, sonriendo como si quisiera recordarle algo.

-¡Pues le pegaré! –dijo ella con dulzura; y el brillo de sus ojos se apagó de pronto.

Vasily se rió bondadoso.

-Tienes mucha labia –arguyó-. Pero eso son tonterías de mujeres. En la aldea, la mujer es una trabajadora, un ser útil, mientras que aquí… solo vive para el placer y… -se interrumpió un momento-: Y para el pecado […] (Gorki, 1993:30-31).

 

 

12.2.1. Comentario:

 

Es posible apreciar las diferencias culturales, sociales y económicas entre las áreas rurales y las zonas urbanas. Observamos que entre la aldea y la ciudad prevalecen distintas situaciones en cuanto a las cuestiones de género, los salarios, las oportunidades, las comodidades y la libertad. Estas circunstancias estaban mucho más marcadas durante finales del siglo XIX (tiempo en el cual fue escrito el libro) que en la actualidad. Hoy en día la forma de vida urbana (cultura) es propagada hacia todos los confines del territorio a través de los medios masivos de comunicación, las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, las mejoras de los medios del transporte y el crecimiento de la actividad industrial, comercial y turística. 

 

 

12.3.1. Propuesta didáctica:

 

- ¿Por qué la vida urbana es menos prejuiciosa y esquematizada que la vida rural?

 

 

13. Tema: La conquista del Desierto.

 

 

13.1. Cita bibliográfica: Milonga de un infiel (Los conjurados: Obras Completas III)  de Jorge Luis Borges.

 

Desde el desierto llegó
en su azulejo el infiel;
era un pampa de los toldos
de Pincén o de Catriel.

 

Él y el caballo eran uno,
eran uno y no eran dos.
Montado en pelo lo guiaba
con el silbido o la voz.

 

Había en su toldo una lanza
que afilaba con esmero;
de poco sirve una lanza
contra el fusil ventajero.

 

Sabía curar con palabras,
lo que no puede cualquiera.
Sabía los rumbos que llevan
a la secreta frontera.

De tierra adentro venía
y a tierra adentro volvió;
acaso no contó a nadie
las cosas raras que vio.

 

Nunca había visto una puerta,
esa cosa tan humana
y tan antigua, ni un patio
ni el aljibe y la roldana.

 

No sabía que detrás
de las paredes hay piezas
con su catre de tijera,
su banco y otras lindezas.

 

No lo asombró ver su cara
repetida en el espejo;
la vio por primera vez
en ese primer reflejo.

 

Los dos indios se miraron
no cambiaron ni una seña.
Uno -¿cuál?- miraba al otro
como el que sueña que sueña.

 

Tampoco lo asombraría
saberse vencido y muerto;
a su historia la llamamos
la Conquista del Desierto.

 

(Borges, 2004:491)

 

 

 

 

13.2. Comentario:

 

La denominada Conquista del Desierto está inserta dentro del proyecto romántico-liberal de la organización del Estado nacional. Hasta 1870 los territorios fuera de las provincias ya constituidas permanecían en poder de los pueblos aborígenes. Hacia esa fecha se inician las conquistas militares de los territorios del norte (el Chaco argentino) y los del sur (Conquista del Desierto). Son elocuentes las palabras de Feinmann (2011) (2012c) al diferenciar las matanzas progresistas de los blancos estadounidenses de las matanzas conservadoras de los blancos argentinos:

 

[…] El progreso yanqui era una empresa capitalista. Era una naciente burguesía productora la que se adueñaba de los territorios arrebatados a los indios para incorporarlos a la pujante, expansiva economía capitalista del país. No querían enriquecerse, querían trabajar. Esto se expresa en la célebre frase: Go west, Young man. El oeste era el territorio de la esperanza y –como tal- esperaba a los hombres jóvenes. Por el contrario, la matanza de gauchos que se realiza después de Pavón no se implementa con un criterio de colonización. Solo se desea exterminar a quienes se oponen a las ambiciones de hegemonía y dominio de las oligarquías porteñas. No quieren construir un país, quieren exterminar a un enemigo.

Lo mismo ocurre con los genocidios indígenas que implementan primero Juan Manuel de Rosas y luego Julio Argentino Roca: salieron a matar indios para conquistar y repartir tierras; no para colonizarlas, no para incorporarlas a una economía capitalista en desarrollo. Detrás de las matanzas de Rosas y de Roca no venían los laboriosos colonos, solo venían los ciegos y ambiciosos hombres que habrían de convertirse en terratenientes. En poderosos oligarcas a quienes poco les importaba crear un país porque preferían, antes, construir sus fortunas personales, desmesuradas e improductivas. Ociosas. En Estados Unidos mataron para construir una nación. Aquí mataron para poseer fortunas.

Ninguna de las dos matanzas tiene justificación histórica posible porque toda matanza es inaceptable. Pero la burguesía conquistadora norteamericana entendía el Progreso de muy distinto modo al de los parásitos y ociosos conquistadores de tierras argentinos. En esas dos maneras de entender el Progreso una como apropiación y producción y la otra como apropiación y goce- están las causas del destino diferenciado de ambos países […] (Feinmann; 2011:194).

[…] Mitre mató para Buenos Aires y luego Roca para diez familias que se repartieron la Patagonia. Estos son los motivos esenciales de las diferencias entre una potencia y un pequeño país hundido en un monocultivo que generó una clase ociosa. Lincoln hizo un gran país, Mitre una bella ciudad con palacetes franceses y un bello teatro de ópera […] (Feinmann, 2012c).

 

No hay ejemplo en la historia mundial moderna de un país con alto desarrollo socioeconómico, que no haya consolidado el mismo a través de la intervención estratégica del Estado (control, regulación, intervención directa) sobre las actividades productivas y financieras. En cambio, nuestra nación surgió apadrinada por el modelo económico agroexportador de extirpe netamente liberal. El modelo de país liberal no se caracterizó por la inclusión social, política y económica de la mayoría de la población. Pues, la matriz económica basada en la exportación de materias primas no necesitaba del fortalecimiento del mercado interno. Es más, mientras menos materias primas consumían los habitantes nacionales habría más productos para exportar. No fue casualidad, entonces, que Buenos Aires adquiriera belleza mirando al exterior y el resto del país permaneciera desconectado de los frutos del sistema económico-productivo. Si comparamos la estructuración de la red ferroviaria estadounidense hacia el año 1918 (Figura 3) y la de Argentina en la actualidad (Figura 4), nos daríamos cuenta de la disparidad de estrategias históricas de desarrollo entre la concepción industrial norteamericana (configuración reticular que integra el territorio en varios polos de desarrollo) y el criterio agroexportador argentino (diagrama radial concéntrico). Los ferrocarriles argentinos “apuntan todos al Puerto: salen de él y regresan a él. Los de Estados Unidos apuntan a la tierra, a lo nuevo, a la nada, a lo que hay que hacer, inventar: un mercado interno, un país” (Feinmann, 2009a:77). La distribución y densidad de la red ferroviaria testifica, en términos de Feinmann (2011:194), la Conquista del Oeste como “apropiación y producción” y la Conquista del Desierto como “apropiación y goce”.

 

 

Figura 3: Red ferroviaria en 1918 (Beard, Ch. and Beard, M., 2009).

 

Figura 4: Red ferroviaria nacional (Comisión Nacional de Regulación del Transporte)     (http://www.cnrt.gov.ar).

 

13.3. Propuesta didáctica:

 

- Comparar la configuración de las redes ferroviarias en Canadá y en Argentina durante el siglo XIX. ¿A qué modelo económico corresponde a cada una?

 

 

14. Tema: El mercantilismo español.

 

 

14.1. Cita bibliográfica: Poderoso caballero es don Dinero (Antología poética) de Francisco de Quevedo.

 

Madre, yo al oro me humillo;

él es mi amante y mi amado,

pues, de puro enamorado,

de continuo anda amarillo;

que pues, doblón o sencillo,

hace todo cuanto quiero,

poderoso caballero

es don Dinero.

 

Nace en las Indias honrado

donde el mundo le acompaña;

viene a morir en España,

y es en Génova enterrado.

Y pues quien le trae al lado

es hermoso aunque sea fiero,

poderoso caballero

es don Dinero.

 

Es galán y es como un oro,

tiene quebrado el color,

persona de gran valor,

tan cristiano como moro.

Pues que da y quita el decoro

y quebranta cualquier fuero,

poderoso caballero

es don Dinero.

 

Son sus padres principales,

y es de noble descendiente,

porque en las venas de Oriente

todas las sangres son reales;

y pues es quien hace iguales

al duque y al ganadero,

poderoso caballero

es don Dinero.

 

Mas ¿a quién no maravilla

ver en su gloria sin tasa

que es lo menos de su casa

doña Blanca de Castilla?

Pero pues da al bajo silla

y al cobarde hace guerrero,

poderoso caballero

es don Dinero.

 

Sus escudos de armas nobles

son siempre tan principales,

que sin sus escudos reales

no hay escudos de armas dobles;

y pues a los mismos robles

da codicia su minero,

poderoso caballero

es don Dinero.

 

Por importar en los tratos

y dar tan buenos consejos,

en las casas de los viejos

gatos le guardan de gatos;

y pues él rompe recatos

y ablanda al juez más severo,

poderoso caballero

es don Dinero.

 

Y es tanta su majestad,

(aunque son sus duelos hartos),

que con haberle hecho cuartos,

no pierde su autoridad;

pero, pues da calidad

al noble y al pordiosero,

poderoso caballero

es don Dinero.

 

Nunca vi damas ingratas

a su gusto y afición;

que a las caras de un doblón

hacen sus caras baratas;

y pues las hace bravatas

desde una bolsa de cuero,

poderoso caballero

es don Dinero.

 

Más valen en cualquier tierra

(¡mirad si es harto sagaz!)

sus escudos en la paz

que rodelas en la guerra

Y pues al pobre le entierra

y hace propio al forastero,

poderoso caballero

es don Dinero.

 

(de Quevedo, 1981:171-173)

 

 

14.2. Comentario:

 

El sistema económico mercantilista tenía por finalidad acumular metales preciosos (fuente de riquezas) a través del superávit comercial. Se buscaba elaborar y exportar productos de alto valor agregado, e importar materias primas para la producción nacional. El gobierno debía buscar la consecución de esos objetivos mediante una  política proteccionista  sobre la economía, favoreciendo la exportación de productos manufacturados y desfavoreciendo la importación de bienes que podían competir con la elaboración nacional, sobre todo mediante la imposición de aranceles.

El desarrollo del mercantilismo llevaría a la existencia de países industrializados y “dueños del comercio” (posición dominante), y países que producirían solo materias primas. A éstos era necesario tenerlos bajo dominación para mantener baratas sus producciones: habría, entonces, imperios y colonias mercantiles.

No obstante, el mercantilismo español no basó la acumulación de capitales en la búsqueda del superávit comercial sino en la actividad minera, la vida aristocrática, las cruzadas y en la defensa (por medio del sistema de flotas y galeones para evitar los constantes ataques de los corsarios y piratas, principalmente ingleses) de los metales preciosos que entraban a España procedentes de América, atesorándolos, básicamente, en forma de lingotes.

La base rentística de la economía española ocasionaba una enorme fuga de capitales (vía el déficit comercial) hacia los países europeos que fundamentaban su economía en la protección de la producción nacional de alto valor agregado. Feinmann (2013) expresa:

 

[…] Alguna vez, un monarca español dijo que en sus dominios nunca se ponía el sol, pero se quedó con eso, con la mera luz del sol y no con la creación del capitalismo que corrió por parte de la monarquía británica y sus piratas, fieros asaltantes de los galeones que transportaban el oro que España extraía de los territorios de ultramar (de nuestra rica y expoliada Suramérica) para llevar a los dominios del rey sol y los azarosos filibusteros desviaban hacia la isla del progreso capitalista incesante, del capital comercial, industrial y luego financiero […] (Feinmann, 2013:618b).

 

Por otro lado, la piratería no era el principal problema de la economía española. Pues, la causa primordial de la pérdida de riquezas estaba en la raíz feudal de su estructura productiva. Esta temática está muy bien explicada por Galeano (2005):

 

[…] Los metales arrebatados a los nuevos dominios coloniales estimularon el desarrollo económico europeo y hasta puede decirse que lo hicieron posible. Ni siquiera los efectos de la conquista de los tesoros persas que Alejandro Magno volcó sobre el mundo helénico podrían compararse con la magnitud de esta formidable contribución de América al progreso ajeno. No al de España, por cierto, aunque a España pertenecían las fuentes de plata americana. Como se decía en el siglo XVII, “España es como la boca que recibe los alimentos, los mastica, los tritura, para enviarlos enseguida a los demás órganos, y no retiene de ellos por su parte, más que un gusto fugitivo o las partículas que por casualidad se agarran a sus dientes” (Otero, 1958). Los españoles tenían la vaca, pero eran otros quienes bebían la leche. Los acreedores del reino, en su mayoría extranjeros, vaciaban sistemáticamente las arcas de la Casa de Contratación de Sevilla, destinadas a guardar bajo tres llaves, y en tres manos distintas los tesoros de América.

La Corona estaba hipotecada. Cedía por adelantado casi todos los cargamentos de plata a los banqueros alemanes, genoveses, flamencos y españoles (Elliott, 1965; Hamilton, 1934). También los impuestos recaudados dentro de España corrían, en gran medida, esta suerte: en 1543, un 65 por ciento del total de las rentas reales se destinaba al pago de las anualidades de los títulos de deuda. Solo en mínima medida la plata americana se incorporaba a la economía española; aunque quedara formalmente registrada en Sevilla, iba a parar a manos de los Függer, poderosos banqueros que habían adelantado al Papa los fondos necesarios para terminar la catedral de San Pedro, y de otros grandes prestamistas de la época, al estilo de los Welser, los Shetz o los Grimaldi. La plata se destinaba también al pago de exportaciones de mercaderías no españolas con destino al Nuevo Mundo.

Aquel imperio rico tenía una metrópoli pobre, aunque en ella la ilusión de la prosperidad levantara burbujas cada vez más hinchadas: la Corona abría por todas partes frentes de guerra mientras la aristocracia se consagraba al despilfarro y se multiplicaban, en suelo español, los curas y los guerreros, los nobles y los mendigos, al mismo ritmo frenético en que crecían los precios de las cosas y las tasas de interés del dinero. La industria moría al nacer en aquel reino de los vastos latifundios estériles, y la enferma economía española no podía resistir el brusco impacto del alza de la demanda de alimentos y mercancías que era la inevitable consecuencia de la expansión colonial. El gran aumento de los gastos públicos y la asfixiante presión de las necesidades de consumo en las posesiones de ultramar agudizaban el déficit comercial y desataban, al galope, la inflación. Colbert escribía: “Cuanto más comercio con los españoles tiene un estado, más plata tiene”. Había una aguda lucha europea por la conquista del mercado español que implicaba el mercado y la plata de América. Un memorial francés de fines del siglo XVII, nos permite saber que España sólo dominaba, por entonces, el cinco por ciento del comercio con “sus” posesiones coloniales de más allá del océano; pese al espejismo jurídico del monopolio: cerca de una tercera parte del total estaba en manos de holandeses y flamencos, una cuarta parte pertenecía a los franceses, los genoveses controlaban más del veinte por ciento, los ingleses el diez y los alemanes algo menos (Mousnier, 1967). América era un negocio europeo.

[…] Ardían también los herejes o los sospechosos de herejía, achicharrados por las llamas purificadoras de la Inquisición; Torquemada incendiaba los libros y el rabo del diablo asomaba por todos los rincones: la guerra contra el protestantismo era además la guerra contra el capitalismo ascendente en Europa. “La perpetuación de la cruzada -dice Elliott en su obra ya citada- entrañaba la perpetuación de la arcaica organización social de una nación de cruzados”. Los metales de América, delirio y ruina de España, proporcionaban medios para pelear contra las nacientes fuerzas de la economía moderna. Ya Carlos V había aplastado a la burguesía castellana en la guerra de los comuneros, que se había convertido en una revolución social contra la nobleza, sus propiedades y sus privilegios. El levantamiento fue derrotado a partir de la traición de la ciudad de Burgos, que sería la capital del general Francisco Franco cuatro siglos más tarde; extinguidos los últimos fuegos rebeldes, Carlos V regresó a España acompañado de cuatro mil soldados alemanes. Simultáneamente, fue también ahogada en sangre la muy radical insurrección de los tejedores, hilanderos y artesanos que habían tomado el poder en la ciudad de Valencia y lo habían extendido por toda la comarca […]

Como se ve, las distancias enormes y las comunicaciones difíciles no eran los principales obstáculos que se oponían al progreso industrial de España. Los capitalistas españoles se convertían en rentistas, a través de la compra de los títulos de deuda de la Corona, y no invertían sus capitales en el desarrollo industrial. El excedente económico deriva hacia cauces improductivos: los viejos ricos, señores de horca y cuchillo, dueños de la tierra y de los títulos de nobleza, levantaban palacios y acumulaban joyas; los nuevos ricos, especuladores y mercaderes, compraban tierras y títulos de nobleza. Ni unos ni otros pagaban prácticamente impuestos, ni podían ser encarcelados por deudas. Quien se dedicara a una actividad industrial perdía automáticamente su carta de hidalguía (Vicens Vives, 1957) […] (Galeano, 2005:41-44).

 

14.3. Propuesta didáctica:

 

- Seleccionar la estrofa del poema de Francisco de Quevedo que hace referencia al sistema mercantilista español. Justificar.

- ¿Por qué el mercantilismo favoreció el desarrollo de la Revolución Industrial en Inglaterra?

 

 

15. Tema: Modelo económico agroexportador.

 

 

15.1. Cita bibliográfica: A los ganados y las mieses (Odas seculares) de Leopoldo Lugones.

 

[…] Piérdese el tren por los desiertos campos,
al paso que en vedijas perezosas
se deshacen sus blancas balas de humo
por las cañadas húmedas de sombra.
En vasta dispersión pace el rebaño
que entre el profuso pastizal engorda,
asegurando al semental pujante
su plantel de lucientes vaquillonas.
Allá el torito que con duro gesto
su amenazante decisión entona,
clavado como un trompo cava tierra;
y el nudoso ternero se alborota,
mientras con un desgano de bostezo
le brama la lechera cavernosa.

Allá el buey de las sólidas tareas,
su enorme y dulce sencillez conforma
a la razón de su deber, que acata
un dominio ingenioso en la persona.
Allá la vaca fértil como el campo,
su substancia elabora
en el músculo, en la ubre y en la pella,
con una grave plenitud geórgica.
Si anda, parece que en su marcha pende
el talego del rico; si reposa,
su aspecto familiar de cofre tosco
es la seguridad del pobre. La honda,
paz de los campos en su ser vegeta;
dice su inmediación la casa próspera;
y cuando en formidable ansia de asalto
siembra el amor su entraña calurosa,
con resistente conmoción de yunque
cimenta la riqueza creadora.

Rugosos como frutos los carneros
que la suarda barniza en crasas motas,
o como carros de heno acolchonados,
las cabezas unánimes agobian.
Unos chorrean la pendiente lana
en rapacejos rústicos de colcha.
El vellón de esos de testuz cerrado
como un terrón, en las tajadas fofas
en que lo parten para verlo, enseña
cual tajado melón ternuras rosas.


Sobre sus tiernas patas de alfeñique
jadean las borregas dormilonas.
El morueco salaz que las encela,
les vibra al flanco su matraca ronca.
Perseverantes razas tipifican
las caras negras y las blancas colas;
y  las cándidas nubes del contorno
con su aglomeración deslumbradora,
que delinea en mundo de rebaños
el haz de la profunda Patagonia,
allá en lo azul parece que congelan
un cargamento de afanadas flotas.
Con un oro moreno de pan rústico
tuéstase al sol la parva previsora,
a la vera del pálido rastrojo
donde la luz, por paralelas zonas,
en los canutos que tajó la siega
finge un sesgo temblor de agua remota.
Yace esperando la agitada trilla,
junto al galpón la máquina ingeniosa,
en cuyo horno apagado suele a veces
poner un huevo la andariega polla.
Más distante verdea la cebada
donde el viento hace ya pálidas olas.
Y mediando un tablón de alegre alfalfa,
en que al son de seis tarros la colona,
con su nidada de útiles gringuitos
disputa un duraznero a la langosta,
la nueva tierra arada que ese año,
en un esfuerzo más el lote colma,
parece hinchar con su preñez morena,
aquel seno de madre valerosa […]

 

(Lugones, 2000:53-55)

 

 

15.2. Comentario:

 

[…] Si el liberalismo nace con la derogación de las corn laws, entonces el liberalismo es casi una creación tan argentina como el dulce de leche o el colectivo. ¿Qué decir? ¿Cómo el mundo nos pide modestia? Hicimos posible el liberalismo […] La tierra del trigo generoso, el país que posibilitó aniquilar las corn laws fue la Argentina de la abundancia fácil. Y nuestra oligarquía terrateniente, centrada en su economía de monocultivo, en su economía de productos primarios, les vendió cereales a bajo precio a los industriales británicos, quienes, para ello, derribaron las leyes proteccionistas y abrieron las puertas del liberalismo para que entraran triunfalmente por ellas los ganados y las mieses que cantó Lugones. Algo salió mal. Para nosotros, claro. Los ingleses se dedicaron a la industria. Alimentaron a su proletariado y fabricaron máquinas y máquinas herramientas. Y cierto día, a fines de la década del ’20 del siglo (también) veinte, los términos de intercambio aniquilaron el valor de las mieses y la tierra fértil, los campos generosos del país de la abundancia fácil no sirvieron para mucho. Y nosotros, que inventamos el liberalismo, fuimos sus víctimas.

¿Por qué? Porque nos dejamos envolver por “el carácter hipócrita común a todos los sermones liberales” (Marx). Porque no fuimos proteccionistas, lo que nos habría permitido ser industriales y no hundirnos no bien se hundieron los valores de las industrias primarias, ligadas a la tierra, al pasado, al feudalismo. Pero la oligarquía terrateniente era una clase ociosa, y hacer un país industrial requiere laboriosidad y coraje. “El sistema proteccionista es el medio para crear en un pueblo la gran industria […] por eso vemos que en aquellos países en que la burguesía empieza a imponerse como clase, en Alemania, por ejemplo, hace grandes esfuerzos por implantar aranceles proteccionistas” (Marx). Pero ese proyecto es el de la unidad alemana y se corona con Bismarck a su frente. Aquí solo estaba nuestra dispendiosa oligarquía agraria […] (Feinmann, 2009a:162-163).

 

 

El liberalismo económico le permitió a Gran Bretaña disminuir el poder de los terratenientes feudales (al desregular el mercado de granos) y así favorecer a su naciente burguesía industrial. En cambio, en Argentina, el liberalismo fue implantado por la oligarquía agraria para propiciar el modelo agroexportador. Es decir, un país condenado a sobrevivir de la renta del campo importando todo lo que el país no producía. Los principales favorecidos con este sistema librecambista fueron (y son) los sectores ligados al negocio de la exportación (terratenientes, frigoríficos, comerciantes) y la importación (comerciantes).

Feinmann (2009) da cuenta de lo poco productiva que fue para el país la oligarquía terrateniente basada en la abundancia del ganado y las mieses:

 

[…] “Pronto se gasta lo que poco cuesta” (Smith, 1958:546). Nada define mejor a nuestra oligarquía terrateniente: hija del liberalismo económico, diseñada para el ocio por la “abundancia fácil” de sus campos concentrados en pocas manos, se entregó al ocio, a la satisfacción de sus deseos más opulentos y al ejercicio constante de la dilapidación […] Nuestros oligarcas solo saben construir palacetes y planear viajes a Europa. En 1912 (en el cenit de su poder), la oligarquía argentina despilfarra el 10% de su economía de exportación en viajes a Europa […] (Feinmann, 2009a: 159-160).

 

Hoy en día los herederos del ganado y las mieses (sinónimo de soja) y acérrimos defensores del modelo liberal agroexportador, invierten sus extraordinarias ganancias en la construcción de torres de lujo y los viajes de placer y compras a Miami. Cambian las tipologías inmobiliarias y los destinos turísticos pero continúan los mismos gustos.

 

 

15.3. Propuesta didáctica:

 

- Comparar los textos Odas Seculares de Leopoldo Lugones con Tiempos difíciles de Charles Dickens en relación a los modelos económicos vigentes en Argentina e Inglaterra durante el siglo XIX.

 

 

15.1.1. Cita bibliográfica: Las oligarquía de Pablo Neruda. 

 

 

No, aún no secaban las banderas,
aún no dormían los soldados
cuando la libertad cambió de traje,
se transformó en hacienda:
de las tierras recién sembradas
salió una casta, una cuadrilla
de nuevos ricos con escudo,
con policía y con prisiones.

Hicieron una línea negra:
“Aquí nosotros, porfiristas,
de México, ‘caballeros’
de Chile, pitucos
del Jockey Club de Buenos Aires,
engomados filibusteros
del Uruguay, pisaverdes
ecuatorianos, clericales
señoritos de todas partes”.

“Allá vosotros, rotos, cholos,
pelados de México, gauchos,
amontonados en pocilgas,
desamparados, andrajosos,
piojentos, pililos, canalla,
desbaratados, miserables,
sucios, perezosos, pueblo”.

Todo se edificó sobre la línea.
El Arzobispo bautizó ese muro
y estableció anatemas incendiarios
sobre el rebelde que desconociera
la pared de la casta.
Quemaron por la mano del verdugo
los libros de Bilbao.
El policía
custodió la muralla, y al hambriento
que se acercó a los mármoles sagrados
le dieron con un palo en la cabeza
o lo enchufaron en un cepo agrícola
o a puntapiés lo nombraron soldado.

Se sintieron tranquilos y seguros.
El pueblo fue por calles y campiñas
a vivir hacinado, sin ventanas,
sin suelo, sin camisa,
sin escuela, sin pan.

Anda por nuestra América un fantasma
nutrido de detritus, iletrado,
errante, igual en nuestras latitudes,
saliendo de las cárceles fangosas,
arrabalero y prófugo, marcado
por el temible compatriota lleno
de trajes, órdenes y corbatines.

En México produjeron pulque
para él, en Chile
vino litriado de color violeta,
lo envenenaron, le rasparon
el alma pedacito a pedacito,
le negaron el libro y la luz,
hasta que fue cayendo en polvo,
hundido en el desván tuberculoso,
y entonces no tuvo entierro
litúrgico: su ceremonia
fue meterlo desnudo entre otras
carroñas que no tienen nombre.

 

          (Neruda, 1999:164-165)

 

 

15.2.1. Comentario:

 

Hacia el último tercio del siglo XIX, aproximadamente, la mayoría de los países latinoamericanos adoptaron un modelo económico agro-minero exportador de impronta liberal. Halperín Donghi (1993) se refiere a este paradigma de “desarrollo” económico como un nuevo “pacto colonial” entre los países latinoamericanos y las nuevas potencias mundiales (encabezadas por Gran Bretaña). En la etapa neocolonial, América Latina pasará a convertirse cada vez más decididamente en una zona reservada a la influencia del Reino Unido. A través de un intercambio comerciar subdesarrollado, los países latinoamericanos intercambiarán materias primas por productos manufacturados, capitales e inversiones de origen mayoritariamente británicas. El nuevo “pacto colonial” tuvo consecuencias externas e internas. En cuanto al ámbito externo, se consolidó la división internacional del trabajo. Los países subdesarrollados, especializados en la producción y exportación de materias primas, permanecieron bajo la dependencia de los países desarrollados dedicados a la elaboración y exportación de productos industriales. Y en el espacio local, la sociedad quedó dividida en dos grandes grupos: por un lado, la oligarquías dueña o administradora de las materias primas, y por el otro, el resto de la población marginada del bienestar socioeconómico que ostentaba la minoría privilegiada. 

15.3.1. Propuesta didáctica:

 

- ¿Por qué el modelo económico liberal engendra, al mismo tiempo, oligarquías y hambrientos?

 

 

16. Tema: El gaucho en la frontera.

 

 

16.1. Cita bibliográfica: Martín Fierro de José Hernández.

 

[…] Al principio nos dejaron

de haraganes criando sebo,

pero después... no me atrevo

a decir lo que pasaba.

Barajo… si nos trataban

como se trata a malevos.

 

Porque todo era jugarle

por los lomos con la espada,

y aunque usté no hiciera nada,

lo mesmito que en Palermo

le daban cada cepiada

que lo dejaban enfermo.

 

¡Y que Indios, ni qué servicio,

si allí no había ni cuartel!

Nos mandaba el Coronel

a trabajar en sus chacras,

y dejábamos las vacas

que las llevara el infiel.

 

Yo primero sembré trigo

y después hice un corral,

corté adobe pa un tapial,

hice un quincho, corté paja...

¡La pucha que se trabaja

sin que le larguen ni un rial!

 

Y es lo pior de aquel enriedo

que si uno anda hinchando el lomo

ya se le apean como un plomo...

¡Quién aguanta aquel infierno!

Si eso es servir al Gobierno,

a mí no me gusta el cómo […]

 

(Hernández, 2009:21)

 

 

16.2. Comentario:

 

 

[…] Brasil, las Antillas y África abrían [a principios del siglo XIX] sus mercados a la importación de tasajo, y a medida que la carne salada, cortada en lonjas secas, iba ganando consumidores extranjeros, los consumidores argentinos notaban el cambio. Se crearon impuestos al consumo interno de carne, a la par que se desgravaban las exportaciones; en pocos años, el precio de los novillos se multiplicó por tres y las estancias valorizaron sus suelos. Los gauchos estaban acostumbrados a cazar libremente novillos a cielo abierto, en la pampa sin alambrados, para comer el lomo y tirar el resto, con la sola obligación de entregar el cuero al dueño del campo. Las cosas cambiaron (Galeano, 2004:237-238). La reorganización de la producción implicaba el sometimiento del gaucho nómada a una nueva tendencia servil: un decreto de 1815 estableció que todo hombre de campo que no tuviera propiedades sería reputado sirviente, con la obligación de llevar papeleta visada por su patrón cada tres meses. O era sirviente, o era vago, y a los vagos se los enganchaba, por la fuerza, en los batallones de la frontera (Álvarez, 1912).

 

Justo en 1815, mientras en Buenos Aires se dictaba un decreto con el propósito de esclavizar a los gauchos, en la otra orilla del Río de la Plata, la Provincia Oriental (hoy Uruguay) Artigas proclamaba una reforma agraria que beneficiaba con la propiedad de tierras a gauchos e indios. Galeano (2004) amplía:

 

El código agrario de 1815 –tierra libre, hombres libres- fue “la más avanzada y gloriosa constitución” (de la Torres y otros, 1967) de cuantas llegaría a conocer los uruguayos […]

Las tierras se repartían de acuerdo con el principio de que “lo más infelices serán los más privilegiados” […] El sentido esencial de esta reforma agraria consistía en asentar sobre la tierra a los pobres del campo, convirtiendo en paisano al gaucho acostumbrado a la vida errante de la guerra y las faenas clandestinas y el contrabando en tiempos de paz. Los gobiernos posteriores de la cuenca del Plata reducirán a sangre y fuego al gaucho, incorporándolo por la fuerza a las peonadas de las grandes estancias, pero Artigas había querido hacerlo propietario. “Los gauchos alzados comenzaban a gustar del trabajo honrado, levantaban ranchos y corrales, plantaban sus primeras sementeras” (de la Torres y otros, 1967). La intervención extranjera terminó con todo. La oligarquía levantó cabeza y se vengó. La legislación desconoció, en lo sucesivo, la validez de las donaciones de tierras realizadas por Artigas. Desde 1820 hasta fines del siglo fueron desalojados, a tiros, los patriotas pobres que habían sido beneficiados por la reforma agraria. No conservarían otra tierra que la de sus tumbas […] (Galeano, 2004:154-155).

 

“Una reforma agraria de este tipo entrega al gaucho a la tierra y no a la errancia. A la producción y no a la guerra. Al trabajo y no a la frontera. Con Artigas, Hernández no escribía el Martín Fierro” (Feinmann, 2009a:198).

 

 

16.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Qué países latinoamericanos elaboraron, en algún momento de su historia, una reforma agraria? Fundamentar.

 

 

17. Tema: Librecambio.

 

 

17.1. Cita bibliográfica: El sueño del celta de Mario Vargas Llosa.

 

[…] Desde su llegada, había pedido autorización al Foreign Office para entrevistarse con Morel. Dio como pretexto querer cotejar con el periodista algunas de las informaciones que él traía. El 9 de diciembre obtuvo la autorización. Y, al día siguiente, Roger Casement y Edmund D. Morel se vieron las caras por primera vez. En lugar de estrecharse la mano, se abrazaron. Conversaron, cenaron juntos en el Comedy, fueron al departamento de Roger en Philbeach Gardens donde pasaron el resto de la noche bebiendo cognac, charlando, fumando y discutiendo hasta que descubrieron a través de las persianas que ya era el nuevo día. Llevaban doce horas de ininterrumpido diálogo. Ambos dirían, después, que aquel encuentro había sido el más importante de sus vidas.

No podían ser más distintos. Roger era muy alto y muy delgado y Morel más bien bajo, fortachón y con tendencia a engordar. Todas las veces que lo vio, a Casement le dio la impresión de que a su amigo los trajes le quedaban apretados. Roger había cumplido treinta y nueve años, pero, pese a su físico afectado por el clima africano y las fiebres palúdicas, parecía, acaso por lo cuidado de su atuendo, más joven que Morel, que tenía sólo treinta y dos y había sido apuesto de joven pero estaba ahora envejecido, con el cabello cortado al medio ya gris, al igual que sus mostachos de foca, y unos ojos ardientes y algo saltones. Les bastó verse para entenderse y -la palabra no les hubiera parecido exagerada- quererse.

¿De qué hablaron aquellas doce horas ininterrumpidas? Mucho del África, por supuesto, pero también de sus familias, de su infancia, de sus sueños, ideales y anhelos de adolescentes, y de cómo, sin proponérselo, el Congo se había instalado en el corazón de sus vidas y las había transformado de pies a cabeza. Roger se quedó maravillado de que alguien que nunca hubiera estado allá conociera tan bien ese país. Su geografía, su historia, su gente, sus problemas. Escuchó fascinado cómo, hacía ya de esto muchos años, ese oscuro empleado de la Eider Dempster Line (la misma empresa en la que había trabajado Roger de joven en Liverpool) que era Morel, encargado en el puerto de Amberes de registrar los barcos y hacer auditorías de su cargamento, entró en sospechas al advertir que el comercio libre que, se suponía, había abierto Su Majestad Leopoldo II entre Europa y el Estado Independiente del Congo, era no sólo asimétrico, sino una farsa. ¿Qué clase de comercio libre era aquel en el que los barcos que venían del Congo descargaban en el gran puerto flamenco toneladas de caucho y cantidades de marfil, aceite de palma, minerales y pieles, y cargaban para llevar allá sólo fusiles, chicotes y cajas de vidrios de colores? […] (Vargas Llosa, 2013:116-118)

 

 

17.2. Comentario:

 

No existe ejemplo en la historia en el cual se haya originado el librecambio entre una parte poderosa y otra débil sin el ejercicio del sometimiento y el terror. Más aún cuando se practica en condiciones de colonialismo y esclavitud como en el caso entre el rey Leopoldo II de Bélgica y el Estado Independiente del Congo. Empero, lo mismo ha sucedido cuando Estados poderosos con vocación imperialista, han introducido el libre comercio a través de la sangre y el fuego, a países que intentaban desarrollar sus economías de manera proteccionista y soberana. Son ejemplos: las Guerras del Opio[8] entre Inglaterra y China (1839 a 1842 y 1856 a 1860), la Guerra de la Triple Alianza que unió (por iniciativa geopolítica inglesa) a Brasil, Argentina y Uruguay contra Paraguay (1865 a 1870), las dictaduras militares (guerras internas impulsadas por intereses financieros foráneos con socios locales) implantadas en América Latina hacia finales del siglo XX. Ningún país, ninguna sociedad, en su sano juicio, tiene propensión suicida para implementar el librecambio en condiciones asimétricas, es decir, en desigualdad de oportunidades económicas. De allí, que el librecambio en tales condiciones solo se abre espacio por medio de los fusiles y cañones.

No debe observarse como una paradoja la concreción del librecambio y de las políticas liberales, por medios pacíficos y democráticos, en Argentina durante la década de 1990. Así lo explica Rozitchner (2003):

 

[…] La política liberal recurre a la paz o desata la represión de la dictadura en función de la debilidad o de la fuerza que tiene la población mayoritaria. Por eso la democracia, en términos de la teoría de la guerra, constituye un campo momentáneo de tregua (que puede ser más o menos prolongado). Un ámbito de tregua con la población derrotada, donde el vencedor, la dictadura, puede ya darse el lujo de abrir luego un espacio jurídico cuyas leyes y cuya política vuelven a resurgir en el campo de la democracia que le continúa. En el menemismo vendepatria se impuso, ahora por medios pacíficos y democráticos, la política económica que por medios cruentos implantó la dictadura: destruir la clase trabajadora, todas sus conquistas sociales y vender todos los bienes nacionales.

Menem mismo denominó al “ajuste” económico, en términos de torturador, “ajuste sin anestesia”, para que la gente sufra. Ajuste terrorista democrático en la economía. En la dictadura se destruyeron los lazos sociales, cada uno volvió a separarse de los otros, a sentir que tenía que defender su propia vida. Pero eso se ratifica, bajo otra modalidad, ahora en la economía neoliberalizada. Entonces se nos concede la gracia de darnos “libertad”: sucede que ya no representa ningún riesgo, aceptamos todo lo que nos imponen. Hasta llegamos a pedir que lo hagan. Lo que está siempre presente es el riesgo de que si queremos contrariarlos en serio vamos a tener que enfrentar necesariamente la represión: la amenaza de la dictadura en la democracia misma […]

Toda democracia se abre como campo político viniendo desde una guerra anterior que alcanzó una tregua, es decir que hubo vencedores y vencidos. La política es ese campo de tregua donde, al parecer, los conflictos que en ella se prolongan deben resolverse por otros medios, es decir por medios pacíficos. Pero somos tratados, en el campo de la paz política, como un enemigo vencido. Las “indemnizaciones” impuestas a los derrotados, o el pago de la deuda externa mediante el apoderamiento de nuestros bines nacionales, forman parte de una misma modalidad de dominio: el vencido debe pagar su tributo, su botín de guerra.

Entonces los que denuncian y se oponen a esa violencia y juntan fuerzas políticas civiles para hacerlo, aparecen como violentos: como si ellos ahora quisieran la violencia y la guerra. En la dictadura son claramente ellos lo violentos; en la democracia, donde está encubierta esa violencia, los violentos resultamos ser nosotros […] (Rozitchner, 2003:30 y 94).   

 

Asimismo, es interesante la cita de Fukuyama (1992:31) sobre la relación entre la práctica del libre comercio y el fin del imperialismo. “[…] En vísperas de la primera guerra mundial, el periodista Norman Angell publicó su libro La gran ilusión, en el cual argumentaba que el libre comercio había convertido en obsoleta la expansión territorial y que la guerra era económicamente irracional”. Todo está muy claro: si se impone el librecambio ya está ganada la guerra económica (principal objetivo de las mayorías de las contiendas bélicas) para los países industrializados. Por lo tanto, no hará falta conquistar territorios ajenos y recibir los reproches de la comunidad internacional.

 

 

17.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Por qué todos los países centrales no adoptaron el librecambio en su génesis del desarrollo?

 

 

18. Tema: Monoproducción.

 

 

18.1. Cita bibliográfica: El sueño del celta de Mario Vargas Llosa.

 

[…] Todo era simple y claro en el punto de partida. A cada aldea se le habían fijado unas obligaciones precisas: entregar unas cuotas semanales o quincenales de alimentos -mandioca, aves de corral, carne de antílope, cerdos salvajes, cabras o patos- para alimentar a la guarnición de la Force Publique y a los peones que abrían caminos, plantaban los postes de telégrafo y construían embarcaderos y depósitos. Además, la aldea debía entregar determinada cantidad de caucho recolectado en canastas tejidas con lianas vegetales por los mismos indígenas. Los castigos por incumplir estas obligaciones variaban. Por entregar menos de las cantidades establecidas de alimentos o de caucho, la pena eran los chicotazos, nunca menos de veinte y a veces hasta cincuenta o cien. Muchos de los castigados se desangraban y morían. Los indígenas que huían -muy pocos- sacrificaban a su familia porque, en ese caso, sus mujeres quedaban como rehenes en las maisons d’otages que la Force Publique tenía en todas sus guarniciones. Allí, las mujeres de prófugos eran azotadas, condenadas al suplicio del hambre y de la sed, y a veces sometidas a torturas retorcidas como hacerles tragar su propio excremento o el de sus guardianes.

Ni siquiera las disposiciones dictadas por el poder colonial -compañías privadas y propiedades del rey por igual- se respetaban. En todos los lugares el sistema era violado y empeorado por los soldados y oficiales encargados de hacerlo funcionar, porque en cada aldea los militares y agentes del Gobierno aumentaban las cuotas, a fin de quedarse ellos con parte de los alimentos y unas canastas de caucho, con los que hacían pequeños negocios revendiéndolos.

En todas las aldeas que Roger visitó, las quejas de los caciques eran idénticas: si todos los hombres se dedicaban a recoger caucho ¿cómo podían salir a cazar y cultivar mandioca y otros alimentos para dar de comer a las autoridades, jefes, guardianes y peones? Además, los árboles de caucho se iban agotando, lo que obligaba a los recolectores a internarse cada vez más lejos, en regiones desconocidas e inhóspitas donde muchos habían sido atacados por leopardos, leones y víboras. No era posible cumplir con todas esas exigencias, por más esfuerzos que hicieran […] (Vargas Llosa, 2013:94-95)

 

 

18.2. Comentario:

 

El texto plantea la histórica problemática de centralizar la producción de una nación hacia un determinado producto agrario, a partir de su condición de ser apetecible para el mercado exportador: en este caso el caucho, pero en la actualidad podría ser el avance de la soja en algunos países de América Latina. Si esto ocurre, el país pierde la soberanía alimentaria al descuidar el resto de la producción agropecuaria necesaria para su subsistencia. Es tan grande la tentación de generar importantes ganancias en el corto plazo, vía el ingreso de divisas, que no se toman en consideración los impactos negativos en el mediano y largo plazo: falta de alimentos, deterioro de los suelos, debilitamiento del mercado interno, suba de precios de los comestibles, etc.

 

 

18.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Cuáles son los las consecuencias ecológicas y económicas de la monoproducción agraria?

 

 

 

19. Tema: Empresas multinacionales.

 

 

19.1. Cita bibliográfica: La Anaconda Copper Mining Co. de Pablo Neruda.

 

 

Nombre enrollado de serpiente,
fauce insaciable, monstruo verde,
en las alturas agrupadas,
en la montaña enrarecida
de mi país, bajo la luna
de la dureza, excavadora,
abres los cráteres luminarias
del mineral, las galerías
del cobre virgen, enfundado
en sus arenas de granito.

Yo he visto arder en la noche eternal
de Chuquicamata, en la altura,
el fuego de los sacrificios,
la crepitación desbordante
del cíclope que devoraba
la mano, el peso, la cintura
de los chilenos, enrollándolos
bajo sus vértebras de cobre,
vaciándoles la sangre tibia,
triturando los esqueletos
y escupiéndolos en los montes
de los desiertos desolados.

El aire suena en las alturas
de Chuquicamata estrellada.
Los socavones aniquilan
con manos pequeñitas de hombre
la resistencia del planeta,
trepida el ave sulfurosa
de las gargantas, se amotina
el férreo frío del metal
con sus hurañas cicatrices,
y cuando aturden las bocinas
la tierra se traga un desfile
de hombres minúsculos que bajan
a las mandíbulas del cráter.

Son pequeñitos capitanes,
sobrinos míos, hijos míos,
y cuando vierten los lingotes
hacia los mares, y se limpian
la frente y vuelven trepidando
en el último escalofrío,
la gran serpiente se los come,
los disminuye, los tritura,
los cubre de baba maligna,
los arroja por los caminos,
los mata con la policía,
los hace pudrir en Pisagua,
los encarcela, los escupe,
compra un Presidente traidor
que los insulta y los persigue,
los mata de hambre en las llanuras
de la inmensidad arenosa.

Y hay una y otra cruz torcida
en las laderas infernales
como única leña dispersa
del árbol de la minería.

 

(Neruda, 1999:179-181)

 

 

19.2. Comentario:

 

Galeano (2005) describe con detalle e indignación, el accionar de las empresas multinacionales norteamericanas dedicadas a la producción de cobre sobre el territorio chileno, antes de la nacionalización de la explotación del mineral:

 

El cobre no demoró mucho en ocupar el lugar del salitre como viga maestra de la economía chilena, al tiempo que la hegemonía británica cedía paso al dominio de los Estados Unidos. En vísperas de la crisis del ’29, las inversiones norteamericanas en Chile ascendían ya a más de cuatrocientos millones de dólares, casi todos destinados a la explotación y el transporte del cobre. Hasta la victoria electoral de las fuerzas de la Unidad Popular en 1970, los mayores yacimientos del metal rojo continuaban en manos de la Anaconda Copper Minig Co. Y la Kennecott Copper Co., dos empresas íntimamente vinculadas entre sí como partes de un mismo consorcio mundial. En medio siglo, ambas habían remitido cuatro mil millones de dólares desde Chile a sus casas matrices, caudalosa sangre evadida por diversos conceptos, y habían realizado como contrapartida, según sus propias cifras infladas, una inversión total que no pasaba los ochocientos millones, casi todos provenientes de las ganancias arrancadas al país[9]. La hemorragia había ido aumentando a medida que la producción crecía, hasta superar los cien millones de dólares por año en los últimos tiempos. Los dueños del cobre eran los dueños de Chile […] (Galeano, 2005:187-188).

 

Las compañías transnacionales estadounidenses impusieron en Chile una clásica explotación de enclave, donde los principales beneficios económicos (incorporación de valor agregado a través del trabajo industrial) no permanecían en Chile sino que emigraban a los Estados Unidos. La serpiente (Anaconda) retratada por Pablo Neruda oprimía y asfixiaba a los trabajadores y a la vitalidad de la economía chilena. La metáfora es totalmente oportuna. Recordemos que la constricción es una propiedad estrangulatoria, propia de las serpientes no venenosas como la anaconda.

 

 

19.3. Propuesta didáctica:

 

- Analizar las implicancias políticas, sociales y económicas del discurso del presidente Salvador Allende del 11 de Julio de 1971, en el cual anuncia la nacionalización de la Gran Minería del Cobre. (Disponible en: http://www.abacq.net/imagineria/discur3.htm).

- ¿El Estado chileno ha logrado, en la actualidad, otorgar valor a la producción del cobre? Fundamentar.

-  ¿Por qué la renta del cobre es más productiva para la nación chilena que la renta de la soja para el Estado argentino?

 

 

19.1.1. Cita bibliográfica: La Standard Oil Co. de Pablo Neruda.

 

 

Cuando el barreno se abrió paso

hacia las simas pedregales

y hundió su intestino implacable

en las haciendas subterráneas,

y los años muertos, los ojos

de las edades, las raíces

de las plantas encarceladas

y los sistemas escamosos

se hicieron estratas del agua,

subió por los tubos el fuego

convertido en líquido frío,

en la aduana de las alturas

a la salida de su mundo

de profundidad tenebrosa,

encontró un pálido ingeniero

y un título de propietario.

 

Aunque se enreden los caminos

del petróleo, aunque las napas

cambien su sitio silencioso

y muevan su soberanía

entre los vientres de la tierra,

cuando sacude el surtidor

su ramaje de parafina,

antes llegó la Standard Oil

con sus letrados y sus botas,

con sus cheques y sus fusiles,

con sus gobiernos y sus presos.

 

Sus obesos emperadores

viven en New York, son suaves

y sonrientes asesinos,

que compran seda, nylon, puros,

tiranuelos y dictadores.

 

Compran países, pueblos, mares,

policías, diputaciones,

lejanas comarcas en donde

los pobres guardan su maíz

como los avaros el oro:

la Standard Oil los despierta,

los uniforma, les designa

cuál es el hermano enemigo,

y el paraguayo hace su guerra

y el boliviano se deshace

con su ametralladora en la selva.

 

Un presidente asesinado

por una gota de petróleo,

una hipoteca de millones

de hectáreas, un fusilamiento

rápido en una mañana

mortal de luz, petrificada,

un nuevo campo de presos

subversivos, en Patagonia,

una traición, un tiroteo

bajo la luna petrolada,

un cambio sutil de ministros

en la capital, un rumor

como una marea de aceite,

y luego el zarpazo, y verás

cómo brillan, sobre las nubes,

sobre los mares, en tu casa,

las letras de la Standard Oil

iluminando sus dominios.

 

          (Neruda, 1999:178)

 

19.2.1. Comentario:

 

Galeano (2005) da cuenta del poder que ostenta la empresa petrolera multinacional Standard Oil:

 

 

[…] el negocio del petróleo en el mundo capitalista está […] en manos de un cártel todopoderoso. El cartel nació en 1928, es un castillo del norte de Escocia rodeado por la bruma, cuando la Standard Oil de Nueva Jersey, la Shell y la Anglo – Iranian, hoy llamada British Petroleum, se pusieron de acuerdo para dividirse el planeta. La Standard de Nueva York y la de California, la Gulf y la Texaco se incorporaron posteriormente al núcleo dirigente del cártel (Harvey O’Connor, 1961). La Standard Oil, fundada por Rockefeller en 1870, se había partido en treinta y cinco diferentes empresas en 1911, por la aplicación de la ley Sherman contra los trust; la hermana mayor de la numerosa familia Standard es en nuestros días, la empresa de Nueva Jersey. Sus ventas de petróleo sumadas a las ventas de la Standard de Nueva York y de California, abarcan la mitad de las ventas totales del cartel en nuestros días. Las empresas petroleras del grupo Rockefeller son de tal magnitud que suman nada menos que la tercera parte del total de beneficios que las empresas norteamericanas de todo tipo, en su conjunto, arrancan al mundo entero. La Jersey, típica corporación multinacional, obtiene sus mayores ganancias fuera de fronteras; América Latina le brinda más ganancias que los Estados Unidos y Canadá sumados: al sur del río Bravo, su tasa de ganancias resulta cuatro veces más alta (Baran y Sweezy, 1970). Las filiales de Venezuela produjeron, en 1957, más de la mitad de los beneficios recogidos por la Standard Oil de Nueva Jersey en todas partes; en ese mismo año, las filiales venezolanas proporcionan a la Shell la mitad de sus ganancias en el mundo entero (Mieres, 1969). 

Estas corporaciones multinacionales no pertenecen a las múltiples naciones donde operan: son multinacionales, más simplemente, en la medida en que desde los cuatro puntos cardinales arrastran grandes caudales de petróleo y dólares a los centros de poder del sistema capitalista. No necesitan exportar capitales, por cierto, para financiar la expansión de sus negocios; las ganancias usurpadas a los países pobres no solo derivan en línea recta a las pocas ciudades donde habitan sus mayores cortadores de cupones, sino que además se reinvierten parcialmente para robustecer y extender la red internacional de operaciones. La estructura del cártel implica el dominio de numerosos países y la penetración en sus numerosos gobiernos; el petróleo empapa presidentes y dictadores, y acentúa las deformaciones estructurales de las sociedades que pone a su servicio. Son las empresas quienes deciden, con lápiz sobre el mapa del mundo, cuáles han de ser zonas de explotación y cuáles las de reservas, y son ellas quienes fijan los precios que han de cobrar los productores y pagar los consumidores. La riqueza natural de Venezuela y otros países latinoamericanos con petróleo en el subsuelo, objetos del asalto y el saqueo organizados, se ha convertido en el principal instrumento de su servidumbre política y su degradación social. Ésta es un larga historia de hazañas y de maldiciones, infamias y desafíos […] (Galeano, 2005:204-206).

 

En el último párrafo de Galeano (2005) hacía referencia a la expoliación de la riqueza petrolera venezolana por parte de las corporaciones transnacionales. Recordemos, que el maravilloso libro Las venas abiertas de América Latina fue publicado en el año 1971. Hacia 1999, el presidente Hugo Chávez determinó que la totalidad de las acciones de PDVSA (ente autárquico) pasaran a manos del Estado Venezolano. Esta política de soberanía energética fue acompañada (mediante la iniciativa de Venezuela) por la reestructuración de la OPEP, a fin de restringir la oferta de petróleo y presionar el alza de los precios. La Revolución Bolivariana, en pos de la independencia política y económica, ha sufrido un golpe de Estado, huelgas destituyentes del sector petrolero, manifestaciones opositoras, operaciones mediáticas, desabastecimientos, etc. La burguesía venezolana aliada a los intereses de las empresas multinacionales intenta volver a la triste e infame historia narrada en el ya clásico libro de Galeano.

 

 

 

 

 

19.3.1. Propuesta didáctica:

 

- ¿Qué otros países latinoamericanos han recuperado la renta petrolera? Fundamentar causas y consecuencias.

 

 

20. Tema: Antecedentes de la globalización.

 

 

20.1. Cita bibliográfica: La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne.

 

[…] –Sostengo –dijo Andrés Stuart- que el ladrón goza de mayores posibilidades favorables, dado que no puede dejar de ser un hombre perspicaz.

-¡Por favor! –respondió Walter Ralph-. Solo hay un país donde puede ocultarse.

-¡Tendrá que verse!

-¿Y adonde quiere que se dirija?

-Lo ignoro –respondió Andrés Stuart-, pero me parece que la Tierra es enorme.

-Eso era antes… -dijo con voz queda Phileas Fogg; después, ofreció las cartas a Tomás Flanagan-. A usted le toca cortar.

La discusión se detuvo durante una mano. Pero no tardó en reanudarla Andrés Stuart:

-¡Cómo que antes! ¿Acaso la Tierra se ha reducido?

-Sin duda que sí –respondió Walter Ralph-. Opino como mister Fogg. La Tierra se ha reducido, ya hoy se recorre con una velocidad diez veces mayor que hace cien años. Y esto es lo que, en el caso al que nos referimos, hará que las indagaciones sean más rápidas.

-Y que el ladrón pueda huir con más facilidad.

-Le toca jugar a usted –dijo Phileas Fogg. Pero el desconfiado Stuart no estaba conforme, y dijo al concluirse la partida:

-Hay que admitir que han encontrado una graciosa forma de decir que la Tierra se ha empequeñecido. De modo que ahora se le da vuelta en tres meses…

-Apenas en ochenta días –dijo Phileas Fogg.

-De hecho, señores –agregó John Sullivan-, ochenta días, desde que la sección entre Rothal y Allahabad ha sido inaugurada en el Great Indian Península Railway, y he aquí el cálculo realizado por el Morning Chronicle:

De Londres a Suez por el Monte Cenis y Brindisi, ferrocarril y vapores: 7 días.

De Bombay a Calcuta, ferrocarril: 8 días.

De Calcuta a Hong Kong (China), vapores: 3 días. De Hong Kong a Yokohama (Japón), vapor: 6 días. De Yokohama a San Francisco, vapor: 22 días. De San Francisco a Nueva York, ferrocarril: 7 días. De Nueva York a Londres, vapor y ferrocarril: 9 días. Total: 80 días.

-¡Sí, ochenta días! –exclamó Andrés Stuart, que por falta de atención cortó una carta mayor-. Pero eso sin considerar el mal tiempo, los vientos desfavorables, los naufragios, los descarrilamientos, etcétera.

-Considerando todo eso –respondió Phileas Fogg, mientras continuaba su juego, porque ya no respetaba la conversación el whist.

-¡Pero  si  los  indios o los indostaníes arruinan las vías! –prorrumpió Andrés Stuart-. ¡Si interrumpen los trenes, asaltan los furgones y hacen rebanadas de los viajeros!

-Considerando toso eso –respondió Phileas Fogg, que desplegaba su juego-: dos triunfos mayores […] (Verne, 2005:20-22).

 

 

 20.2. Comentario:

 

La vuelta al mundo en 80 días fue publicada por primera vez en 1873. Luego de, aproximadamente, un siglo de la Primera Revolución Industrial acaecida en el Reino Unido. El desarrollo de la industria textil, el surgimiento de la industria del ferrocarril, sumado a la eliminación del patrón oro en 1834 (por el cual el Banco de Inglaterra no tuvo más la obligación de cambiar sus billetes por oro. Esto posibilitó el monopolio de la emisión de moneda y liberó fondos para las necesidades crediticias de la naciente industria), permitió que Inglaterra liderada la primera etapa del capitalismo mundial. No es casual, entonces, que el “viaje de novela” se origine en la Londres industrial y recorra países donde el capitalismo ha llegado con los ferrocarriles y los barcos a vapor.

Hoy en día, consolidada la Tercera Revolución Industrial, el progreso de los medios de transporte y de comunicación ha logrado que la Tierra se haya “empequeñecido” de manera extraordinaria. Mucho más todavía que el Planeta relatado en la novela. El mundo actual se ha transformado en una “aldea global” (término acuñado por el sociólogo canadiense Marshall Macluhan). La expansión de las telecomunicaciones permite que cualquier persona ubicada en cualquier lugar esté en contacto “virtual” con lo que está pasando (al instante) en el mundo entero. Es decir, las distancias no han disminuido en kilómetros, pues, lo que ha empequeñecido fue el tiempo de ser recorridas de forma “virtual” o real.

 

 

 

20.3. Propuesta didáctica:

 

- Calcular el tiempo que llevaría dar la vuelta al mundo en la actualidad, realizando el mismo recorrido y utilizando los idénticos medios de transporte que imaginó Phileas Fogg? Comparar y analizar las diferencias.

- ¿Por qué en la travesía solo se utilizaron vapores y ferrocarriles?

 

 

21. Tema: Latifundios en Ecuador.

 

 

21.1. Cita bibliográfica: Huasipungo de Jorge Icaza.

 

[…] Una tarde, a la sombra de las enredaderas que tejían una cortina deshilvanando entre los pilares del corredor del cuarto, el párraco y el latifundista planearon el negocio de Guamaní y los indios.

-Este viejo Isidro tiene que ser un ladrón. La pinta lo dice… -aseguró el terrateniente.

-Es un hombre que sabe lo que vale la tierra… Lo que valen los bosques y los indios –disculpó el cura.

-Eso no le produce nada. Nada…

-¿Quién sabe?

- Monte. Ciénagos…

-E indios, mi querido amigo.

-Indios.

-Además. Si usted no quiere…

El religioso echó su cabeza sobre el respaldo del asiento donde descansaba para hundirse en una pausa un poco teatral. Debía asegurar los sucres de su comisión en el negocio. El dinero estaba muy cerca de sus manos. Hasta Dios dice: “Agárrate que yo te agarraré… Defiéndete que yo te defenderé…” ¡Ah! Con tal de no agarrarse de los espinos y de las alimañas de los chaparros del viejo Isidro, estaba salvado.

-Bueno… Querer… Como querer… -murmuró don Alfonso a media voz, tratando de abrir el silencio del sotanudo, el cual, con melosidad de burla, insistió:

-¿Con los indios?

-Claro. Usted comprende que sin los runas[10] no vale nada.

-¡Y qué runas! Propios, conciertos, de una humildad extraordinaria. Se puede hacer con esa gente lo que a uno le dé la gana.

-Me han dicho que casi todos son solteros. Un indio soletero vale la mitad. Sin hijos, sin mujer, sin familiares.

-¿Y eso?

-Parece que no sabe usted. ¿Y el pastoreo, y el servicio doméstico, y el desmonte, y las mingas[11]?

-Bueno, Son más de quinientos. Más de quinientos a los cuales, gracias a mi paciencia, a mi fe, a mis consejos y a mis amenazas, he logrado hacerles entrar por el camino del Señor. Ahora se hallan listos a… –iba a decir: “a la venta”, pero le pareció muy duro el término y, luego de una pequeña vacilación, continuó- …al trabajo. Ve usted. Los longos[12] le salen baratísimos, casi regalados.

-Sí, parece…

-Con lo único que tiene que contentarles es con el huasipungo[13].

-Eso mismo es molestoso.                                                 

-En alguna parte tienen que vivir.

-El huasipungo, los socorros[14], el aguardiente, la raya

-Cuentos. Ya verá, ya verá, don Alfonsito […] (Icaza, 2004:34-36).

 

 

21.2. Comentario:

 

El texto describe el poder de los terratenientes acompañados por la tarea “pedagógica” de la iglesia y la necesaria complicidad del Estado. Los indígenas y las tierras eran vendidos en el mismo paquete u operación económica. No había diferencia entre ambos. Formaban parte de los bienes e insumos (cosas) a negociar. Lo único que le interesaba al latifundista era la producción que podía llegar a lograr. Por lo tanto, no era lo mismo un aborigen que vivía solo que el que tenía familia. Si tenía parentela habría más mano de obra para esclavizar. La novela relata la penosa realidad que vivía el indio ecuatoriano, explotado sin misericordia, durante siglos, por los grandes latifundistas.

 

 

 

21.3. Propuesta didáctica:

 

- Investigar sobre la situación indígena actual en Ecuador.

 

 

 

NIVEL III

SUBDISCIPLINA: GEOGRAFÍA CULTURAL

 

 

1. Tema: La realidad mediatizada.

 

 

1.1. Cita bibliográfica: Esperando a los bárbaros de Konstantino Kavafis.

 

¿Qué esperamos reunidos en el foro?

Es a los bárbaros que hoy llegan.

 

¿Por qué esta inacción en el Senado?

¿Por qué están ahí sentados sin legislar los senadores?

Porque hoy llegan los bárbaros.

¿Qué leyes van a hacer los senadores?

Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.

 

¿Por qué nuestro emperador madrugó tanto

y en su trono, a la puerta mayor de la ciudad,

está sentado, solemne y ciñendo su corona?

Porque hoy llegan los bárbaros.

Y el emperador espera para dar

a su jefe la acogida. Incluso preparó,

para entregárselo, un pergamino. En él

muchos títulos y dignidad hay escritos.

¿Por qué nuestros dos cónsules y pretores salieron

hoy con rojas togas bordadas;

por qué llevan brazaletes con tantas amatistas

y anillos engastados y esmeraldas rutilantes;

por qué empuñan hoy preciosos báculos

en plata y oro magníficamente cincelados?

Porque hoy llegan los bárbaros;

y espectáculos así deslumbran a los bárbaros.

 

¿Por qué no acuden, como siempre, los ilustres oradores

a echar sus discursos y decir sus cosas?

Porque hoy llegan los bárbaros y

les fastidian la elocuencia y los discursos.

 

¿Por qué empieza de pronto este desconcierto

y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)

¿Por qué las calles y las plazas a prisa se vacían

y todos vuelven a casa compungidos?

Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.

Algunos han venido de la frontera

y contado que los bárbaros no existen.

 

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin los bárbaros?

Esta gente, al fin y al cabo, era una solución

 

(Kavafis, 1906)

 

 

1.2. Comentario:

 

Si los bárbaros no existen habrá que inventarlos de alguna manera. En la actualidad vemos perfeccionadas las operaciones de prensa que crean a los enemigos de acuerdo con la imagen y la semejanza de los grupos estigmatizados por el poder: latinos[15], musulmanes, inmigrantes ilegales, luchadores sociales, adolescentes de clases sociales subordinadas, etc. De esta forma, los verdaderos bárbaros del Nuevo Orden Mundial (corporaciones del capitalismo concentrado y sus operadores políticos) seguirán siendo invisibles para la luz mediatizada del ciudadano común. Serres (1995) revela la fascinación y el extraordinario poder que ostentan las corporaciones mediáticas:

 

[…] Así encontramos su capacidad de destruir o de sustituir […] a la política, la religión, el derecho, la cultura y el saber; las relaciones de violencia y de fuerza; el comercio y el dinero […] El que controla esta red [de multimedios], que va de lo local a lo global, porque acapara todos los poderes, sustituye a la política; porque tiene todos los derechos sustituye a lo judicial; porque lo sabe todo, sustituye a la sabiduría; porque hace funcionar su máquina de fabricar dioses posee lo sagrado; elige los lugares de la violencia; hace crecer o no el comercio y el intercambio […] (Serres, 1995:190-191).

 

Asimismo, Serres (1995) relata la miseria del mundo actual a través de la metáfora de la desaparición de los dioses de la mitología romana:

 

Júpiter dirige a los reyes y a los sacerdotes; Marte gobierna a los ejércitos; Quirino preside los trabajos de los productores, con las semillas, cosechas y vendimias; pero organiza también el comercio y sus circulaciones. Estos tres dioses con nombres latinos, pero equivalentes precisos en las vertientes hindú, iraní, celta, irlandesa, gala… de las culturas indoeuropeas representan las tres funciones sociales de lo sagrado, de la guerra y de la fortuna, según Georges Dumézil. Esta trilogía, ficticia, ilustra y describe, sin pretender explicarlo, el funcionamiento ordinario de nuestras sociedades […] La experiencia de la miseria muestra que, sin fortuna –sin el dios Quirino-, el individuo o el grupo ven desaparecer también el derecho, la cognición y toda soberanía: ya están sin Júpiter; así como toda policía o gestión de las situaciones conflictivas: ya están sin Marte, entregados a la violencia pura sin reglas. La ausencia de uno de los tres dioses, Quirino, implica también una falta total de los otros dos […] Individual o colectiva, la miseria hunde a los hombres a los que abruma en un estado límite en el que la violencia no conoce reglas ni leyes, ninguna barrera para su propagación universal. Esta exclusión fuera de la ley se acerca al riesgo máximo de eliminación o de erradicación: supera al homicidio, ya que este último se define de acuerdo con leyes penales… y roza al genocidio, ya que está en juego la práctica totalidad del género humano […] (Serres, 1995:209, 226-227)

 

Empero, los medios masivos de comunicación social crean nuevas divinidades adaptadas a las necesidades de sus financistas. En el trono principal se ubica el dios  Mercado rentístico-especulativo. Por lo tanto, la miseria proclamada por Serres (1995) es consecuencia del capitalismo tardío que ha mutado la fuente de creación de riquezas, privilegiando las operaciones financieras-especulativas sobre las actividades productivas. Esta decisión tuvo un drástico impacto socioeconómico al incrementar el desempleo y convertirlo en estructural (congénito), y generar una pirámide salarial totalmente regresiva. Gelman (2013) ilustra con datos estadísticos la injusta distribución de la riqueza mundial:

 

[…] El importante aumento de los ingresos de la parte superior de la pirámide [salarial] en las últimas décadas se debe en buena medida a que el jefe de familia es un ejecutivo o un agente en el sector financiero. Un informe del Economic Policy Institute señala que “los ejecutivos y los ocupados en el sector financiero del 1 por ciento percibieron un 58 por ciento de la expansión del ingreso y el 0,1, un 67 por ciento en el período 1979/2005” (www.epi.org, 23-1-13). Es decir, el sistema global de hoy, dominado por las finanzas, se viene alejando hace tiempo del capitalismo clásico basado en la producción. Como confesara un ex corredor de Lehman Brothers, la compañía financiera que declaró una bancarrota escandalosa en el 2008: “No hay otra industria en la que se paga tanto por hacer tan poco” (//thinkprogress.org, 6-2-13).

Es un proceso con alzas y bajas de veloz desarrollo. En los últimos 30 años el promedio de la fortuna de los 500 de Forbes aumentó a una velocidad 127 veces superior a la media del salario obrero. Como se ha indicado ya, el ingreso promedio de los 500 es 354 veces superior al del trabajador. En 1980 la proporción era de 42 (www.epl.org, 23-1-13).

Tendría, finalmente, razón el magnate Warren E. Buffet, la persona más poderosa del mundo según Times, quien declaraba hace años: “Hay guerra de clases, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que está haciendo la guerra y estamos ganando” (www.nytimes.com, 26-11-06). La remembranza marxista de esta afirmación le suma claridad (Gelman, 2013).

 

 

1.3. Propuesta didáctica:

 

 - Relacionar el texto Esperando a los bárbaros con el aumento de la xenofobia europea a partir de la situación de crisis económica.

 

 

2. Tema: Mapas mentales.

 

 

2.1. Cita bibliográfica: Moby Dick de Herman Melville.

 

“Queequeg procedía de Kokovoko, una isla remota, situada en el sudoeste, y que no figura en ningún mapa, porque los lugares que de verdad existen nunca aparecen en ellos” (Melville, 2008:62).

 

 

 

 

 

2.2. Comentario:

 

La geografía de la percepción es una corriente de pensamiento geográfico que estudia el espacio subjetivo, imaginado, interior y vivencial de los individuos. Es importante tener en consideración la forma en que las personas viven y perciben el espacio geográfico a partir de las diferentes mediaciones que los interpelan: medios masivos de comunicación social, la situación familiar, la condición social, el ambiente cultural, el estado psicológico, etc. Tales circunstancias constituyen los diferentes “mapas mentales” que los individuos van trazando sobre el espacio vivido e imaginado. Por lo tanto, los prejuicios, los miedos, los deseos, las fantasías, entrecruzan la percepción y el comportamiento de los seres humanos en el espacio geográfico.

 

 

2.3. Propuesta didáctica:

 

- Realizar un mapa mental del barrio y luego compararlo con el mapa mental realizado por un compañero del mismo vecindario. Analizar y fundamentar, en la medida de lo posible, las diferencias y las similitudes.

 

 

3. Tema: Celebraciones globalizadas.

 

 

3.1. Cita bibliográfica: Las viudas de los jueves de Claudia Piñeiro.

 

- […] Hasta que llegó Halloween. Mariana había comprado caramelos para darles a los chicos que golpearan la puerta esta noche. A Romina le había comprado un disfraz de bruja para que saliera a decir “Sweet or trick” por las puertas vecinas, pero desde que había llegado del colegio se había encerrado en su cuarto y Mariana no estaba dispuesta a rogarle. Pedro todavía era muy chico para salir a pedir y lloraba cuando veía gente disfrazada. A la puerta de los Andrade golpearon varias veces. Hijos de amigos, compañeros de colegio de Romina, “chicos con ganas de divertirse sanamente”, le dijo Mariana a su hija a modo de reproche. Los caramelos los compraban en el súper unos días antes, y los guardaba en el mueble del living, donde se escondía todo lo que Mariana no quería que se consumiera. Para las nueve de la noche ya habían pasado tres grupos de chicos. A las nueve y cuarto habían tocado el timbre otra vez. Antonia fue a atender con la orden de repartir los caramelos que quedaban y despacharlos. A Mariana no le gustaba que interrumpieran a la hora de la cena. Del otro lado se encontró con un grupo de nenas que bajaban del baúl de una cuatro por cuatro que manejaba Nane Pérez Ayerra. Ella también se bajó y le dijo a Antonia que llamara a la señora. Se lo tuvo que decir dos veces porque Antonia, inmóvil, no podía hacer otra cosa que mirar a su hija, una nena de ocho años, disfrazada de bruja, con uñas plateadas y colmillos filosos, un hilo de pintura roja corriendo desde su boca, que llevaba puesta una pollera negra larga hasta el piso, y la remera de las piedritas brillantes que había sido de su patrona […] (Piñeiro, 2005:71-72).

 

 

3.2. Comentario:

 

La globalización de la cultura (también podría ser llamada norteamericanización cultural) ofrece, entre uno de sus aspectos, la celebración de Halloween en los ambientes mundializados: countries, colegios privados concurridos por alumnos de clase media-alta y alta, programas de televisión, bares y restaurantes de moda, etc. La fiesta de Halloween, como la celebración del día de San Patricio y San Valentín, forman parte del circuito de consumo y de moda globalmente programado. Al respecto, Grimson (2005) aclara:

 

Una cosa es vivir la diversidad y otra consumirla. En ese marco, creo que hay que distinguir las fiestas, los protagonistas y los públicos. No es lo mismo ir al Año Nuevo Chino o a las fiestas bolivianas de Villa Soldati, que a tomar cerveza a un pub por San Patricio o a comprar chocolates por San Valentín. Sencillamente, porque el Año Nuevo lo festeja la comunidad china y la comida que se vende en Soldati la preparan bolivianas. 

Son escenarios de interacción entre culturas. Tanto los migrantes chinos como bolivianos son parte de la sociedad en la que vivimos. 

Una fiesta de San Patricio sin irlandeses pertenece a un universo más ligado al consumo, en el que se compran escenografías y se viven, por unas horas, mundos fabricados. Es la distancia entre acercarse a mundos humanos desconocidos y el gesto esnob (Grimson, 2005).

 

 

 

 

3.3. Propuesta didáctica:

 

- Proporcionar ejemplos de globalización cultural.

 

 

4. Tema: Civilización y barbarie.

 

 

4.1. Cita bibliográfica: Poema conjetural (El otro, el mismo: Obras Completas II) de Jorge Luis Borges.

 

El doctor Francisco Laprida, asesinado el
día   22   de   setiembre  de  1829,  por  los

montoneros de Aldao, piensa antes de morir:



Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me acecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes,
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.

Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí...Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.


1943

        

          (Borges, 2004:245-246)

 

 

4.2. Comentario:

 

[…] Quizá muchos piensan que Borges no está comprometido en su literatura, pero de ningún modo es así. Borges es uno de los escritores políticos más profundos del país y uno de los que mejor maneja la contradicción esencial de civilización y barbarie, marcada desde el Facundo. Hay textos como “La espera”, “El sur” y sobre todo el “Poema conjetural”, que es donde se produce una unión entre civilización y barbarie. Cuando (Francisco) Laprida sabe que los montoneros de Aldao lo están por matar, se refiere al “íntimo cuchillo”. Y dice: “Al fin me encuentro con mi destino sudamericano”. “El hombre de leyes” sintió que recién en el momento en que la montonera bárbara lo asesinaba se completaba su destino sudamericano, que no era solamente el de ser un hombre culto, sino también de participar de la “democracia bárbara”, como la llama Alberdi […]

La unión de los conceptos de civilización y barbarie en una síntesis totalizadora que es lo sudamericano –lo bárbaro y lo civilizado juntos– es una de las contribuciones de Borges […] El problema de la democracia culta en la Argentina es que no puede integrar la democracia bárbara y se obstina en destruirla, cuando la gran tarea de una nación es la integración de las dos democracias, cosa que todavía no se ha hecho […] (Feinmann, 2012b).

 

En la nota a pie de página nº 1 de la introducción, citando a Piglia (2013), dijimos que Borges fue un extraordinario escritor porque había podido amalgamar, con bastante éxito, los libros (la civilización) con el arrabal (la barbarie).

Feinmann (2012b) propone, junto a Borges, el dilema entre la democracia liberal/burguesa y la democracia social/popular. El Estado de Bienestar, armonizando el ascenso social (ideología liberal) con la justicia social (ideología socialista), logró en gran medida unir los dos tipos de democracia. Esta disyuntiva, pocas veces termina con éxito en la historia y sigue siendo el gran tema de las sociedades actuales.

Resulta elocuente, reconocer el derrotero de la “civilización” y la “barbarie” en la historia argentina. La “civilización” integró entre sus filas a los socios naturales: las elites y la clase media con ideas políticas “moderadas”, por no decir conservadoras. Y a los “evangelizados” y “reconvertidos a fe liberal”: tribus de pueblos originarios que combatieron en las filas del ejército nacional de Julio A. Roca y miembros de los sectores populares que ya no resultaban una amenaza para el sistema democrático burgués: gauchos[16] -“el  gaucho ‘cantor’ que nos retratara Sarmiento, que [nada tiene que ver] con las hordas salvajes que secundaban a Facundo[17]” (Svampa, 2010:140) [18] -, caudillos federales asimilados a la causa unitaria/liberal y trabajadores que bregan por los intereses de sus patrones[19].

La “barbarie” comenzó siendo identificada con los pueblos originarios (no asimilados por la “civilización”), siguió con los gauchos (antes de ser “derrotados”), continuó con los inmigrantes de ultramar (anarquistas y socialistas), luego fueron los inmigrantes internos (los “cabecitas negras”), le siguieron los subversivos, y por último, los “piqueteros” y los beneficiarios de planes sociales.

El capitalismo que ha hecho históricamente de la “barbarie” un producto de  explotación, en la actualidad, en la fase tardía, la ha convertido en un producto de  consumo. Como el turismo de aventura en África destinado a observar a los animales salvajes en su hábitat natural, los “civilizados” realizan turismo de aventura urbano en los barrios pobres de los países centrales y periféricos (el Bronx, villas miserias, favelas, etc.) para espiar a los “bárbaros” en su entorno natural. Para estos turistas en busca de adrenalina, lo único que cambia es la especie (humana o animal), empero, lo “salvaje”, lo “bárbaro”, subyace en el “ser” de ambas.

 

 

4.3. Propuesta didáctica:

 

- De acuerdo con el tradicional dilema conceptual civilización/barbarie, ¿quiénes serían, en la actualidad, los países civilizados y cuáles los bárbaros? ¿Y quiénes serían los grupos sociales civilizados y cuáles los bárbaros? Fundamentar.

 

 

 

 

 

 

 

 

NIVEL IV

SUBDISCIPLINA: GEOGRAFÍA POLÍTICA

 

 

1. Tema: Imperialismo.

 

 

1.1. Cita bibliográfica: Moby Dick de Herman Melville.

 

[…] Quizá sea el holandés el único código ballenero oficial sancionado por un decreto legislativo. Fue aprobado por los Estados Generales en el año 1695. Aunque ninguna otra nación ha dispuesto nunca de una ley escrita sobre la caza de ballenas, los pescadores norteamericanos han sido sus propios legisladores y abogados en dicho terreno. Han dado con un sistema que supera en claridad y concisión a las Pandectas de Justiniano y a los Estatutos de la Sociedad China para evitar injerencias en negocios ajenos. Cabrían en un cuarto de penique de los de la reina Ana o en la punta de su arpón; tal es su brevedad que podrían llevarse colgados del cuello.

Un pez amarrado pertenece a la parte que lo amarra.

Un pez suelto es buena presa para el que primero que lo atrape.

La trampa de este magistral código reside precisamente en su admirable brevedad, que requiere todo un volumen de comentarios para interpretarlo […]  

Hará unos cincuenta años, tuvo lugar en Inglaterra un curioso litigio a propósito de una ballena. Los demandantes afirmaban que, después de una ardua caza en los mares del norte y cuando ya habían arponeado al animal, el peligro que corrían sus vidas les había obligado a abandonar no solo las maromas, sino el bote también. A continuación, los demandados (la tripulación de la otra nave) se habían precipitado sobre la ballena para herirla, matarla, atraparla y, por fin, quedarse con ella ante la mirada atónita de los demandantes. Cuando los demandantes fueron a exigir las reclamaciones pertinentes a los demandados, el capitán les hizo una cuchufleta, asegurándoles que, para celebrar su hazaña, se quedaría también con la maroma, los arpones y el bote, que seguían amarrados a la ballena en el momento de la captura. En consecuencia, los demandantes exigían una indemnización por el valor de la ballena, la maroma, los arpones y el bote.

El señor Erskine era el abogado de los demandados; presidía como juez, lord Ellenborough. En su alegato, el taimado Erskine trató de ilustrar su posición, citando un reciente caso de adulterio en que un caballero, tras tratar de refrenar en vano la depravación de su esposa, la había dejado en el arroyo; pero con el paso de los años, arrepentido, había entablado una demanda para recuperar la posesión de aquella mujer. Erskine, que representaba a la otra parte, se había defendido alegando que, si bien el caballero había sido el primero en arponear a la dama y arponearla, y la había abandonado por su excesiva depravación, con todo la había abandonado. En consecuencia, cuando un caballero que apareció más tarde la había arponeado nuevamente, la dama había pasado a ser propiedad del segundo caballero, juntamente con cualquier arpón que se le hubiese encontrado en su cuerpo.

En el caso que nos ocupa, Erskine sostenía que los ejemplos de la ballena y la dama eran recíprocamente ilustrativos.

Oídos estos argumentos y los de la otra parte, el prudente juez dictó sentencia en términos muy precisos: en cuanto al bote, lo entregaba a los demandantes, que lo habían abandonado por salvar la vida; pero la ballena, los arpones, la maroma en litigio pertenecía a los demandados. La ballena, como el pez suelto que era en el momento de la captura definitiva; los arpones y la maroma, porque, cuando el pez había huido con ellos, había entrado en posesión de dichos elementos y, en consecuencia, cualquiera que después atrapase al pez tenía derecho a ellos. Dado que los demandados habían atrapado al pez, los mencionados artilugios les pertenecían.

Un hombre de a pie podría cuestionar la decisión del muy docto juez. Pero si profundizamos hasta los cimientos de este asunto, los dos principios generales expuestos en las dos leyes balleneras antes citadas y aplicadas por lord Ellenborough en el caso que nos ocupa, es decir, las leyes referidas al pez amarrado y la pez suelto, a poco que reflexionemos, descubriremos que son los fundamentos de toda jurisprudencia humana, pues a pesar de lo complicado que son sus esculturas, el santuario del derecho es como el templo de los filisteo: solo se apoya en dos puntales […] 

¿Qué es el último céntimo de una viuda para el rapaz propietario, sino pez amarrado? […]  ¿Qué es el usurero interés que Mordecai el prestamista cobra al pobre infeliz que está en bancarrota, por un préstamo que pidió para que su familia no se muriera de hambre? ¿Qué es ese interés con usura, sino pez amarrado? ¿Qué es la renta de cien mil libras que el arzobispo de Diosnoslibre detrae del escaso pan y quesos que miles de obreros con el espinazo partido (seguro como están todos de alcanzar el cielo sin necesidad de Diosnoslibre), qué son esas cien mil libras, sino pez amarrado? ¿Qué son las ciudades y aldeas heredadas por el duque de Nosécuantitos, sino pez amarrado? ¿Qué es la pobre Irlanda para ese temible arponero que es John Bull sino pez amarrado? ¿Qué es Texas para ese apostólico lancero, el Hermano Jonathan, sino pez amarrado? [20] […] 

Pero si la doctrina de pez amarrado es aplicable en casi todos los casos, aún más lo es la doctrina paralela de pez suelto, que se aplica internacional y universalmente.

¿Qué era América en 1492 sino un pez suelto en el que Colón clavó la bandera española como marca de sus regios señores? ¿Qué era Polonia para el zar? ¿Y Grecia para los turcos? ¿O la India para los ingleses? ¿Qué será un día México para los Estados Unidos? Son todos peces sueltos […] 

¿Y qué eres tú, lector, sino un pez suelto y, a la vez, también un pez amarrado? (Melville, 2008:324-326).

 

 

 

 

1.2. Comentario:

 

De acuerdo con la interpelación que Melville (2008) les realiza a los lectores, preguntándoles sino son peces sueltos y amarrados a la vez, respondemos que en tal sentido, todos lo son en gran medida. El hombre actual “globalizado”, en un elevado porcentaje, es víctima del señoreaje militar, social, cultural, político y económico ejercido por los poderes fácticos (corporaciones multinacionales, organismos económicos internacionales, grupos mediáticos hegemónicos, potencias imperialistas) que actúan de manera sistemática y coordinada en prejuicio de la soberanía popular. Feinmann (2009) nos ilumina sobre este imperialismo del siglo XXI:

 

[…] La “globalización” miente. No hay “globalización”. Se globaliza una particularidad que quiere imponerse como totalidad. Esa particularidad –al no poder ser nunca una totalidad, ya que no puede totalizar desde sí a un resto que es diverso, distinto, diferenciado- se constituye, no en un Todo, sino en un Falso-Todo. La “globalización” quiere ser lo Uno y negar al Otro. Una democracia, sin embargo (y digo algo elemental), solo existe cuando, desde mí, reconozco la Otredad del Otro. Esa Otredad es su diferencia. Si yo reconozco la autonomía y la soberanía de esa diferencia reconozco la Otredad del Otro. Para la “globalización” (para el Falso-Todo) no hay Otredad. Busca imponer el dominio de lo Uno. Esto busca Estado Unidos (y sus aliados) en el ancho y –les guste o no- ajeno mundo. El imperialismo colonialista, que es un invento de Estados Unidos en el siglo XXI, es impracticable. Los ingleses podían colonizar la India y quedarse en ella. Les llevaban la Modernidad y eso era progresivo (al menos durante un tiempo). Estados Unidos no lleva nada a Irak. Lo invade para saquearlo […] (Feinmann, 2009a:116).

 

Por otra parte, cuando la oposición de la particularidad (la Otredad) a la “globalización” (Falso-Todo) no amerita una intervención militar directa, el sistema global coloniza a través de la “revolución comunicacional”. Feinmann (2009) explica:

 

[…] A partir de 1989 lo que se consolida es una “revolución”. Una “revolución capitalista”. Otra más, tan trascendente como la francesa. Es la “revolución comunicacional”. Con ella, el capitalismo enterrará al proletariado […] y enterrará, tal vez, al mundo entero […] [La cual tiene por objetivo] eliminar de la Tierra la capacidad de negación, de diferenciación. En consolidar el Todo imperial. La globalización del tercer milenio. En encadenar, no ya los cuerpos, sino los sujetos. Sujetar los sujetos. Sus principales armas no son tanques, ni misiles, ni neutrones. Es la televisión. Es el cine. Es el periodismo. Los magazines. Las radios. Los canales de cable. Y, formidablemente, internet, donde algunos creyeron, muy ingenuamente o con decidida mala fe, que iba a instalarse la “sociedad transparente” que pregonaba Gianni Vattimo a fines de los ochenta, comienzos de los noventa. Internet es, hoy, el reino de la mercancía basura, de la mercancía idiotizante, de la compra-venta compulsiva y del sexo-mercancía, del sexo pornográfico […] (Feinmann, 2009a:127).

 

 

1.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿En el tiempo en que las islas Malvinas fueron ocupadas por Inglaterra en 1833, se trataba de un “pez suelto”? Fundamentar.

 

 

1.1.1. Cita bibliográfica: Moby Dick de Herman Melville.

 

[…] -¡Oh, capitán, mi capitán! ¡Alma noble! ¡Corazón viejo y excelso después de todo! ¿Qué necesidad tenemos de perseguir a ese maldito animal? ¡Ven conmigo! ¡Huyamos de estas aguas mortales! ¡Volvamos al hogar! También Starbuck tiene mujer y un hijo, una mujer y un hijo de su fraternal y alegre juventud, como tuyos, señor, son la mujer y el hijo de tu amorosa, apasionada y paternal vejez. ¡Ven, huyamos! ¡Cambiemos ahora mismo el rumbo! ¡Con qué dicha, con qué regocijo, capitán, no emprenderíamos el camino de vuelta a la vieja Nantucket! Señor, también allí hay días tan dulces y azules como éste.

-Los hay, los hay. Los he visto…, algunos días, en verano, por la mañana. En este momento (sí, allí es la hora de la siesta), el niño se despierta vivaz, se sienta en la cama y su madre le habla de mí, de este viejo caníbal; le dice que estoy lejos, en el océano, pero que regresaré para bailar con él.

-¡Como mi Mary, mi propia Mary, que ha prometido que todas las mañanas llevará mi hijo a lo alto de la colina para que sea el primero en avistar las velas del barco de su padre! ¡Sí, sí! ¡Basta! ¡Está decidido! ¡Pongamos proa hacia Nantucket! ¡Ven, capitán, estudia el rumbo y larguémonos de aquí! ¡Mira, mira! La cara del niño en la ventana, la mano del otro niño en la colina…

Pero Ahab apartó la mirada; como un árbol seco, como un árbol alcanzado por el rayo, se sacudió y arrojó al suelo el último fruto marchito.

-¿Qué es esto? ¿Qué es esta cosa inefable, inescrutable, sobrenatural? ¿Qué amo y señor taimado y engañoso, qué tirano despiadado y cruel se atreve a darme órdenes si, contra todos los deseos y afectos humanos, me siento una vez más impulsado y forzado, y me atrevo a emprender temerariamente lo que ni mi corazón se atrevió siquiera a concebir? ¿Se trata de Ahab? ¿Es Ahab? ¿Soy yo, Dios mío, quien levanta el brazo? Pero si el inconmensurable sol no se mueve por sí solo y no es sino un mensajero en el firmamento; si ni siquiera puede girar una estrella sin que la mueva una fuerza invisible, ¿cómo puede latir este pequeño corazón, cómo puede pensar este minúsculo cerebro, si Dios, que no yo, no le diese sus latidos, pensase sus pensamientos y viviese su vida? Por todos los cielos, hombre, damos vueltas sin parar en este mundo como ese cabestrante, y el Destino es la palanca […] (Melville, 2008:427).

 

 

 

1.2.1. Comentario:

 

Si en el siglo XIX Moby Dick (la ballena blanca) se come una pierna del capitán Ahab, en los inicios del tercer milenio –exactamente durante el año 2001, el día once del mes de septiembre– le devora la otra. Abundan las lecturas sociopolíticas de la inabarcable novela que Hermann Melville publicó en 1851 a la edad de treinta y dos años, cuando ya tenía gran experiencia en la técnica y el arte de la pesca de ballenas y el genio y el coraje suficientes como para atreverse a una empresa casi sobrehumana: escribir una novela genial, que ninguna lectura podría agotar jamás, que soportaría el asedio de los críticos, de los intérpretes de toda condición y aun habría de conservar sus misterios más hondos, impenetrables, por la profundidad con que expresó los vericuetos de la existencia humana. Todos saben que las lecturas sociopolíticas no agotan la densidad metafísica y religiosa del texto de Melville, pero han conseguido predominar en ciertas coyunturas y aun los intérpretes más serios han cedido a ellas, de tentadoras que son. Así, Ahab pasa a representar la ambición obsesiva del imperio norteamericano de ir tras una meta que siempre renace, bajo una y mil formas, porque es el perseguidor el que crea y agiganta a su perseguido, por una causa simple y poderosa: en la persecución está el fundamento de su existencia y la consolidación de su poder territorial. Queda, así, claro que el loco Ahab es la locura imperialista, el expansionismo fanático, indetenible, desde que cada territorio por el que su delirio de persecución lo lleva a atravesar, se lo queda, es suyo; el objeto de su paranoia termina por ser el entero mundo y sólo su dominación aplacará o, al menos, mermará su sed, y le será entonces posible vivir menos angustiosamente, dejar a un lado su desesperación. Pero algo así nunca sucede. Para su desdicha y para la de los otros, Ahab no puede detenerse. Su furia vengativa es el sentido de su vida. No le importa Dios y está enamorado del Mal. El Mal es Moby Dick, la ballena que se atrevió a injuriarlo, a hundirlo en el deshonor de la invalidez. ¿Cómo no habrá de seguir persiguiéndola luego del 11-S? ¿Qué es ahora Ahab? Si antes era un mutilado, un tullido que debía caminar con una pierna de marfil, ahora es un inválido, alguien que despertará en los demás una repugnante piedad –que no desea, que odia–, ya que tendrá que apelar a la indignidad de dos muletas para desplazarse –siempre torpemente– por la cubierta de su barco. Así es como anda por Irak, así planea arrojarse sobre Irán. 

[…] Moby Dick es más pura que Ahab. Es Ahab el que la persigue, el que desea destruirla. En la gran escena titánica del final Moby Dick lucha para defenderse. Ahab es el que ataca, el que provoca la lucha. A nosotros, los que estamos en la periferia de esa lucha pero podemos ser incluidos en ella pues se trata de una lucha global, universal, nos da más miedo Ahab que Moby Dick. O aun peor: sabemos que para el imperio todo lo que no es Ahab es Moby Dick.

En el parágrafo Ahab y el imperio de la historia que ha tramado sobre los Estados Unidos, Thomas Bender escribe: “Fueron pocos los norteamericanos […] que comprendieron mejor la dimensiones globales de la empresa estadounidense que Hermann Melville […] Después de haber perdido una pierna a causa de la ballena, Ahab tenía una razón muy directa para continuar buscándola: el imperio estadounidense muchas veces ha obrado por una irrefutable preocupación por la seguridad” (Thomas Bender, 2001:1999-200). También Bender no sólo se disculpa, sino que se lanza a desentrañar los otros motivos que laten en la obra de Melville. Pero nos ha entregado uno poderoso: el imperio siente que el mundo está contra él. Este es su síndrome Ahab. Tiene que perseguirlo y dominarlo. Seguir expandiéndose hasta cubrirlo por completo. Ahab persigue a Moby Dick por toda la agobiante superficie de la Tierra. Agredimos, dicen, para que no nos agredan. Solo así estaremos seguros. Todo se ha agravado desde que Ahab se desplaza sin sus dos piernas. La pérdida de la segunda, ese feroz y demoníaco ataque de Moby Dick, autoriza a Ahab a odiar más que nunca, a seguir persiguiéndola hasta morir. Y eso es lo que sucede en la novela de Melville […] (Feinmann, 2012a:40). 

 

Al extraordinario análisis de Feinmann (2012a), agregaríamos que la historia de los Estados Unidos estuvo, la mayoría de las veces, asociada a la teoría del Destino Manifiesto. El historiador Weeks (1996) ha puesto en evidencia la existencia de tres temas utilizados por los defensores del Destino Manifiesto: 1) la supremacía ética de las instituciones y los ciudadanos de los Estados Unidos; 2) la misión de extender estas instituciones, civilizando al resto de la humanidad y 3) la elección divina de los Estados Unidad para llevar el progreso y la libertad a todos los hombres del mundo. Para reforzar la idea de este último punto, habría que recordar que la predestinación es un asunto central en la corriente protestante calvinista.

Por otra parte, es interesante la visión sobre el imperialismo que esgrime Fukuyama (1992):

 

[…] La lucha por el reconocimiento [motor de la historia en la dialéctica hegeliana] nos permite hacernos una idea de la naturaleza de la política internacional. El deseo de reconocimiento que condujo al sangriento combate original por el prestigio entre dos individuos lleva lógicamente al imperialismo y al imperio mundial. La relación de señor y siervo a nivel doméstico se duplica de modo natural a nivel de los Estados, en el cual las naciones buscan el reconocimiento y se liberan sangrientos combates por la supremacía […]

Pero si la motivación de la guerra es fundamentalmente el deseo de reconocimiento, parece lógico que la revolución liberal que abolió la relación de señor y siervo al hacer de los siervos sus propios señores hubiera debido tener efectos similares en las relaciones entre los Estados. La democracia liberal sustituye el deseo irracional de ser reconocido como más que otros por el deseo racional de ser reconocido como igual. Un mundo compuesto de democracias liberales, pues, debería ofrecer muchos menos incentivos para la guerra, puesto que todas las naciones se reconocerían recíprocamente su legitimidad. Y hay, en efecto, abundantes pruebas empíricas, en los dos últimos siglos, de que las democracias liberales no se comportan de manera imperialista las unas con las otras, aunque sean perfectamente capaces de ir a la guerra con Estados que no son democracias y que no comparten sus valores fundamentales […] (Fukuyama, 1992:21-22).

 

Fkuyama justifica el imperialismo de las democracias liberales, culpando a los sistemas políticos autoritarios de los países invadidos por aquellas potencias. En este sentido, Estados Unidos ocupó Irak o Afganistán “solo” para llevar los valores de las sociedades liberales a los países no democráticos. Las guerras por los valores o virtudes de la ideología liberal (libertad, tolerancia, defensa de la propiedad privada) implementadas por los norteamericanos tratan de “ocultar” los varaderos intereses materiales y geoestratégicos de las contiendas.

 

 

1.3.1. Propuesta didáctica:

 

- ¿Qué relaciones pueden establecer entre la colonización interna de los Estados Unidos y su posterior imperialismo?

 

 

1.1.2. Cita bibliográfica: A cierta isla (La cifra: Obras Completas III) de Jorge Luis Borges.

 

¿Cómo invocarte, delicada Inglaterra?
Es evidente que no debo ensayar
la pompa y el estrépito de la oda,
ajena a tu pudor.
No hablaré de tus mares, que son el Mar,
ni del imperio que te impuso, isla íntima,
el desafío de los otros.
Mencionaré en voz baja unos símbolos:
Alicia, que fue un sueño del Rey Rojo,
que fue un sueño de Carroll, hoy un sueño,
el sabor del té y de los dulces,
un laberinto en el jardín,
un reloj de sol,
un hombre que extraña (y que a nadie dice que extraña)
el Oriente y las soledades glaciales
que Coleridge no vio
y que cifró en palabras precisas,
el ruido de la lluvia, que no cambia,
la nieve en la mejilla,
la sombra de la estatua de Samuel Johnson,
el eco de un laúd que perdura
aunque ya nadie pueda oírlo,
el cristal de un espejo que ha reflejado
la mirada ciega de Milton,
la constante vigilia de una brújula,
el Libro de los Mártires,
la crónica de oscuras generaciones
en las últimas páginas de una Biblia,
el polvo bajo el mármol,
el sigilo del alba.
Aquí estamos los dos, isla secreta.
Nadie nos oye.
Entre los dos crepúsculos
compartiremos en silencio cosas queridas.

 

          (Borges, 2004:329)

 

 

1.2.2. Comentario:

 

El poema reconoce la actitud imperialista de Inglaterra. Durante el siglo XIX (la era victoriana), el Reino Unido de Gran Bretaña fue el imperio colonial más grande del mudo. En la cúspide de la Revolución Industrial, Inglaterra desarrolló la flota naval más significativa del planeta. La flota naviera no solo le sirvió para una eficiente defensa, vital para una isla, sino que también le permitió expandir sus negocios y sus dominios de ultramar. De acuerdo con Borges, el desafío de los adversarios “obligó” al Reino Unido a convertirse en un Imperio. Es decir, el determinismo geográfico (la condición insular) de Inglaterra, impuso al país un carácter defensivo que dio como resultado una expansión (imperialismo) no buscada directamente. Existe, por lo tanto, una sobrevaloración de la geografía física (insularidad) y un ocultamiento de la geografía económica (expansión del capitalismo) para tratar de justificar el imperialismo británico.

1.3.2. Propuesta didáctica:

 

- Señalar los dominios de ultramar de Gran Bretaña durante la era victoriana.

- ¿Por qué se señala al Reino Unido como el amo y señor de los mares?

 

 

1.1.3. Cita bibliográfica: Juan López y John Ward (Los conjurados: Obras Completas III) de Jorge Luis Borges.

 

 

Les tocó en suerte una época extraña.

El planeta había sido parcelado en diversos países,

cada uno provisto de lealtades, de queridas

memorias, de un pasado sin duda heroico,

de derechos, de agravios, de una mitología peculiar,

de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos

y de símbolos. Esa arbitraria división era favorable

a las guerras. López había nacido en la ciudad

junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la

ciudad por la que caminó Father Brown.

Había estudiado castellano para leer el Quijote.

El otro profesaba el amor de Conrad, que le

había sido revelado en un aula de la calle Viamonte.

Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez

cara a cara, en unas islas demasiado famosas,

y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno Abel.

Los enterraron juntos. La Nieve y la corrupción

los conocen. El Hecho que refiero pasó

en un tiempo que no podemos entender.

 

(Borges, 2004:496)

 

 

1.2.3. Comentario:

 

El clásico poema auxilia, frecuentemente, la conmemoración del Día del Veterano y Caídos en la Guerra de Malvinas en los actos escolares de la escuela secundaria.

La contienda bélica representó dos formas de “imperialismo”: el externo, que auspició el Reino Unido de Gran Bretaña al perseguir la posesión de unas islas situadas a 11.000 kilómetros de la metrópoli. Y el interno, que pretendió la dictadura militar argentina, al tratar de perpetuarse en el poder a través de una causa justa.

 

 

1.3.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Qué argumentos tiene Argentina para reclamar la soberanía sobre las islas Malvinas?

 

1.1.4. Cita bibliográfica: La carga del hombre blanco de Rudyard Kipling.

 

 

Llevad la carga del Hombre Blanco.

Enviad adelante a los mejores de entre vosotros;

vamos, atad a vuestros hijos al exilio

para servir a las necesidades de vuestros cautivos;

para servir, con equipo de combate,

a naciones tumultuosas y salvajes;

vuestros recién conquistados y descontentos pueblos,

mitad demonios y mitad niños.

 

Llevad la carga del Hombre Blanco,

con paciencia para sufrir,

para ocultar la amenaza del terror

y poner a prueba el orgullo que se ostenta;

por medio de un discurso abierto y simple,

cien veces purificado,

buscar la ganancia de otros

y trabajar en provecho de otros.

 

Llevad la carga del Hombre Blanco,

las salvajes guerras por la paz,

llenad la boca del Hambre,

y ordenad el cese de la enfermedad;

y cuando vuestro objetivo esté más cerca

en pro de los demás,

contemplad a la pereza e ignorancia salvaje

llevar toda vuestra esperanza hacia la nada.

 

Llevad la carga del Hombre Blanco.

No el gobierno de hierro de los reyes,

sino el trabajo del siervo y el barrendero,

el relato de cosas comunes.

Las puertas por las que vosotros no entrareis,

los caminos por los que vosotros no transitareis,

vamos, hacedlos con vuestra vida

y marcadlos con vuestra muerte.

 

Llevad la carga del Hombre Blanco,

y cosechad su vieja recompensa,

la reprobación de vuestros superiores,

el odio de aquellos que custodiáis,

el llanto de las huestes que conducís

(¡tan laboriosamente!) hacia la luz:

“¿por qué nos librasteis de la esclavitud,

nuestra amada noche egipcia?”

 

Llevad la carga del Hombre Blanco,

nuestra audacia no va a menos,

ni llama ruidosamente a la Libertad,

para encubrir vuestro cansancio.

Por todo lo que deseéis o susurréis, 

por todo lo que hagáis o dejéis de hacer,

los silenciosos y descontentos pueblos,

os estimarán a vuestro Dios y a vosotros.

 

¡Llevad la carga del Hombre Blanco!

Habéis hecho en días de infancia,

el laurel ligeramente concedido,

la fama fácil y sin fundamento;

venid ahora, a buscar vuestra hombría,

a través de todos los años no agradecidos,

fríos, aguzados con la costosa sabiduría,

el juicio de vuestros pares.

 

          (Kipling, 1899)

 

 

1.2.4. Comentario:

 

Feinmann (2013) relata la paradoja o hipocresía de la “pesada” carga del hombre blanco:

 

[…] Sin embargo, algún placer o magnífico beneficio habrá de encontrar el hombre blanco en su pesada carga porque la ha llevado y aún la lleva. Aún penetra en tierras que no le pertenecen. Aún dice que asume su cruzada civilizadora. Aún mata en nombre del progreso o de la democracia (palabra que ha reemplazado a “progreso”). Aún su voluntad, incesantemente, le dice: “¡Avanza!”.

Ésta es la palabra-mandato: “¡Avanza!”. Ahab, en medio de su demencial persecución de Moby Dick, se dice: ¡Avanza! Los ingleses en la India, en China, en Irlanda se dicen: ¡Avanza! Los franceses en Argelia: ¡Avanza! Los norteamericanos en Corea y en Vietnam: ¡Avanza! El Complejo Militar-Industrial, hoy, escucha la voz de sus ideólogos. Sus ideólogos le hablan en secreto o desde los grandes medios. De donde sea, le dicen: ¡Avanza! La voluntad de poder nietzcheana le decía a Hitler: ¡Avanza! Y Hitler reclamaba el espacio vital […] Estados Unidos busca también hoy –como lo buscaba Hitler- su espacio vital. No cesará de aumentar lo que tiene […] Pensémoslo así: el que está contra nosotros está contra nuestra expansión. El que está contra nuestra expansión está contra nuestra vida. Por ejemplo: si le hemos pedido a Rafael Correa poner una base en Ecuador y nos la ha negado, Rafael Correa es un enemigo mortal de Estado Unidos. Al impedir nuestra expansión se pone de lado de los que desean nuestra muerte. El que está contra nosotros no está en mera disensión. Ni siquiera está en actitud de beligerancia. Ni siquiera es nuestro enemigo. Es nuestro asesino. Quiere matarnos. Impedir nuestra expansión es desear nuestra muerte […] (Feinmann, 2013:600-601b).

 

La “pesada” carga del hombre blanco justificó y justifica la dominación por parte de la “civilización” hacia la “barbarie”. ¿Pero quiénes son los “civilizados y quiénes son los “bárbaros” en el pasado y en la actualidad? Siguiendo la línea de pensamiento de Rudyard Kipling, es decir, la ideología del Poder, eran y son todos quienes estén en su contra. En el pasado: movimientos anticolonialistas, economías sin libre comercio, comunistas, disidentes religiosos, etc. Y en la actualidad: los gobiernos soberanos y/o populares, los ambientalistas, los trabajadores organizados, los musulmanes, etc.

 

 

1.3.4. Propuesta didáctica:

 

- Relacionar la doctrina del Destino Manifiesto con La carga del hombre blanco de Rudyard Kipling

 

 

1.1.5. Cita bibliográfica: Carter en Vietnam de José Pablo Feinmann.

 

[…] “Esta guerra contra el terrorismo internacional es por fin la guerra que América quería. Es una guerra global, como bien dicen. Si eliminas la cuestión del terrorismo, que es solo una excusa, todo queda claro. Es un aguerra de América contra todas las restantes naciones del planeta. Cuando las elimine, cuando ni una sola quede en pie, empezará la última etapa, la que América quiere, la que necesita”. Me puso una mano en el hombro. Me clavó sus ojos pequeños, grises. “¿Crees que podrás tolerar esta verdad, Carter? Destrozará tus ideas sobre los valores de la democracia americana y el modo de vida, el sistema que defiendes”. Le dije que podía tolerar cualquier verdad […] (Feinmann, 2009b:28).

 

 

1.2.5. Comentario:

 

¿Por qué la guerra contra el terrorismo es una guerra que Estados Unidos emprende contra todas las naciones? Puesto que, la naturaleza misma del “terrorismo”: escurridiza, camuflada, recóndita, ubicua, habilita a las fuerzas del orden estadounidense al despliegue de su arsenal bélico contra todos los rincones de la Tierra. La guerra es global. Y se utilizan todos los medios globales para su cometido: armas de destrucción masivas, espionaje cibernético, películas y series del tema de alcance mundial, corporaciones mediáticas multinacionales, empresas transnacionales, etc. La lógica sería la siguiente: si el “terrorismo” no reconoce las fronteras de los países, Estados Unidos (gendarme del mundo) tiene la necesidad de salir en su búsqueda sin respetas las leyes y las políticas internas de las naciones en pos de la “libertad” global.  

 

 

1.3.5. Propuesta didáctica:

 

- Investigar los contenidos de los principales documentos difundidos por WikiLeaks sobre la actividad exterior de los Estados Unidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

2. Tema: Las organizaciones supranacionales.

 

 

2.1. Cita bibliográfica: Aquí nos vemos de John Berger.

 

[…] La ciudad de Ginebra es contradictoria y enigmática como un ser humano. Me resultaría fácil rellenar los datos de su carnet de identidad. Nacionalidad: Neutral. Género: Femenino. Estado civil: Separada. Ocupación: Observadora. Rasgo físico característico: Ligeramente cargada de hombros debido a la miopía. Observaciones generales: Sexy y reservada […] (Berger, 2006:57). 

 

 

2.2. Comentario:

 

Para analizar el tema de las organizaciones supranacionales en relación con la geografía política de las ciudades, nos interesa destacar, del “carnet de identidad” de Ginebra, el casillero referido a su Nacionalidad. Éste invoca: Neutral. Debido a la política histórica de neutralidad ejercida por la Confederación Suiza, dicho Estado alberga varias sedes de organismos internacionales. Por ejemplo, la ciudad de Ginebra es asiento la Cruz Roja Internacional. No es casual que coincida, entonces, la elección de la localización geográfica de la sede mundial de la Cruz Roja con la función de la misma. El carácter simbólico de la geografía política de las ciudades, en muchas ocasiones, coincide con el espíritu de las organizaciones internacionales instaladas en ellas. 

 

 

2.3. Propuesta didáctica:

 

- Establecer vinculaciones simbólicas (espaciales, políticas, históricas, culturales, económicas, etc.)  entre los objetivo de las siguientes organizaciones supranacionales y su localización territorial: ONU, FMI, UNESCO y FAO.

 

 

 

3. Tema: Estado y nación.

 

 

3.1. Cita bibliográfica: La rebelión de los tártaros de Thomas De Quincey.

 

[…] Zebek Dorchi se presentó ante la asamblea y, sin perder tiempo en giros retóricos, desenvolvió una inmensa hoja de pergamino, visible para toda la vasta multitud; eran unos 80.000 hombres; todos podían verlo, muchos escucharlo. Habló de las opresiones de Rusia; de su orgullo, del altivo desdén del que les diera mil pruebas; de su desprecio por la religión de los calmucos y su empeño por reducirlos a una esclavitud total, de las medidas que ya había adoptado para conseguirlo, levantando fuertes junto a varios de los grandes ríos de la región, sin duda para circunscribir sus tierras de pastoreo, hasta obligarlos a renunciar a sus rebaños y a reunirse en ciudades como Sarepta, donde serían zapateros, sastres y tejedores, oficios bajos y serviles que siempre ha menospreciado el tártaro, que nace libre. “Además”, añadió el príncipe sutil, “cada año aumentan los tributos militares impuestos a nuestro pueblo; cuando jóvenes derramamos nuestra sangre en defensa de Rusia o, más a menudo, en apoyo de sus agresiones insolentes; cuando viejos nada cosechamos de nuestros sufrimientos, ni nos aprovecha haber sobrevivido donde tantos fueron sacrificados”  […] (De Quincey, 1993:33).

 

 

3.2. Comentario:

 

Un Estado-nación para ser considerado como tal, deber poseer cuatro componentes básicos: gobierno, población (nación), territorio y constitución. Pero como la mayoría de los Estados-nacionales están constituidos por varias naciones y, a menudo, una de ellas ejerce la hegemonía estatal, suelen ocurrir conflictos entre los Estados y algunas de sus naciones que lo conforman. Para continuar con el ejemplo conflictivo de Rusia, ya en el siglo XXI, es apropiado mencionar los sangrientos intentos separatistas de la República de Chechenia (Nación), miembro de la Federación Rusa (Estado). Otero (2004), explica el origen de la guerra:

 

[…] La verdadera razón de la guerra [de Rusia] contra Chechenia es el petróleo del Mar Caspio. En esa región se albergan veinticinco mil millones de barriles del hidrocarburo. Las reservas de Kazajstan, Turkmenistan y Uzbekistan igualan a las de Kuwait y sobrepasan las de Alaska y el Mar del Norte juntas. El control de esos yacimientos es uno de los puntos claves de la Posguerra Fría.

Rusia necesita a Chechenia para controlar el oleoducto que va desde Bakú, vía Grozni, hasta la ciudad rusa de Tikhoretsk y termina en el puerto de Novorossiysk, en el Mar Negro. Por añadidura Grozni cuenta con una refinería que procesa doce millones de toneladas de petróleo anuales. Esa es la verdadera razón del presente conflicto (Otero, 2004).

 

 

3.3. Propuesta didáctica:

 

- Mencionar ejemplos de naciones que luchan por poseer un Estado propio.

- Suministrar las fechas y un breve comentario aclaratorio sobre la conformación del Estado-nación argentino (primer gobierno, constitución nacional, conformación del territorio).

 

 

4. Tema: La patria.

 

 

4.1. Cita bibliográfica: Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

 

[…] –No nos iremos –dijo-. Aquí nos quedamos, porque aquí hemos tenido un hijo.

-Todavía no tenemos un muerto- dijo él-.

Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo tierra.

Úrsula replicó, con una suave firmeza:

-Si es necesario que yo muera para que se queden aquí, me muero […] (García Márquez, 2012:24).

 

 

4.2. Comentario:

 

José Arcadio Buendía, patriarca y creador de Macondo, le dice a su esposa Úrsula que “uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo tierra”. Es decir, uno no tiene patria (territorio) mientras no tenga muertos (antepasados inhumados) en ella. El concepto de patria deriva etimológicamente “del latín patrĭa, familia o clan; patris, tierra paterna;  pater, padre)” (http://es.wikipedia.org, 2013f). Ergo, cuando hablamos de la patria, estamos haciendo referencia al territorio, o más precisamente, a la tierra de nuestros ancestros. La patria (territorio), junto a la nación (pueblo), el gobierno y la organización jurídica independiente (constitución), son los cuatro elementos constitutivos de un Estado. No obstante, coloquialmente el concepto de patria de utiliza como sinónimo de pueblo o de Estado. De ahí que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner haya dicho en un acto público que “la patria es el otro”. Analizaremos esta expresión a través de Feinmann (2013):

 

[…] “La patria es el otro” es una frase utópica y hermosa. Lo dijimos: es la única posibilidad de fundar una ética de la alteridad, de la vida, del respeto a los demás. Pero las que triunfan en la historia no son las utopías, sino las distopías. No sé si la Presidenta cree que el Otro es el que le grita libremente en las calles de su Gobierno –al que acusan de autoritario y protonazi– “yegua, puta y montonera”. Pero ese otro no busca completar a nadie ni hacer una patria para todos. Busca una patria para pocos y ni siquiera piensa en la palabra patria. Piensa en sus intereses particulares: que no le toquen los dólares, por ejemplo. Además, en un mundo globalizado en que las estrategias de las derechas nacionales se diseñan en el imperio y se comunican por medio de las embajadas, ¿dónde está la patria? La patria sería nuestra Suramérica, agredida por el poder mediático extraterritorial, que apela a la mentira, al escarnio. ¿Qué puede un neogandhismo contra un poder globalizado, colonialista y bélico? El otro, el otro que quiere la patria para él y para sus socios, ni siquiera decide y actúa desde la patria. Para ellos, la patria ha muerto. Es un concepto arcaico. Pertenece al cajón de trastos usados de los populismos nacionalistas. Ya no hay patria. Hay intereses globalizados […]

La sorpresa y el odio de los poderes fácticos de la Argentina ante el gobierno de CFK es que no se le someta. Esto se inicia cuando Néstor Kirchner rechazó el pliego de condiciones de José Claudio Escribano. Ese no sometimiento despertó el odio del establishment. Ese odio fue creciendo con todo lo que vino después. Insuficiente para la izquierda, como siempre. Excesivo e insultante para la derecha, como siempre. Habrá, pese a todo, que insistir con la frase: “La patria es el otro”. Porque es nueva. Porque nunca se propuso en este país. Pero no será aconsejable olvidar que ellos, el poder, el establishment, los monopolios, jamás pensarán que la patria son los otros. Sino que pensarán lo que siempre pensaron: que son ellos, solamente y nadie más que ellos (Feinmann, 2013a).

 

 

 

 

 

4.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Qué sinónimo de patria se utiliza como equivalente de Estado?

 

 

5. Tema: Guerras fratricidas.

 

 

5.1. Cita bibliográfica: La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa.

 

[…] -¿Qué tiempo hay para ocupar el objetivo? -preguntó Morte.

-Una hora - dijo Gamboa-. Pero eso es asunto mío. Los suboficiales y brigadieres deben preocuparse de que los hombres no se abran ni se peguen demasiado, de que nadie se quede atrás y deben estar siempre en contacto conmigo, por si los necesito.

-¿Vamos adelante o en la retaguardia, mi teniente? -preguntó Arróspide.

-Ustedes con la primera línea, los suboficiales atrás. ¿Alguna pregunta? Bueno, vayan a explicar la operación a los jefes de grupo. Comenzamos dentro de quince minutos.

Los suboficiales y brigadieres se alejaron al paso ligero. Gamboa vio venir al capitán Garrido y se iba a incorporar, pero el Piraña le indicó con la mano que permaneciera como estaba, en cuclillas. Ambos quedaron mirando a las secciones que se desmenuzaban en grupos de doce hombres. Los cadetes se apretujaban los cinturones, anudaban los cordones de sus botines, se encasquetaban las cristinas, limpiaban el polvo de los fusiles, comprobaban la soltura de la corredera.

-Esto sí les gusta - dijo el capitán-. Ah, pendejos. Mírelos, parece que fueran a un baile.

-Sí - dijo Gamboa-. Se creen en la guerra.

-Si algún día tuvieran que pelear de veras - dijo el capitán, éstos serían desertores o cobardes. Pero, por suerte para ellos, acá los militares sólo disparamos en las maniobras. No creo que el Perú tenga nunca una verdadera guerra.

-Pero, mi capitán -repuso Gamboa-. Estamos rodeados de enemigos. Usted sabe que el Ecuador y Colombia esperan el momento oportuno para quitarnos un pedazo de selva. A Chile todavía no le hemos cobrado lo de Arica y Tarapacá.

-Puro cuento - dijo el capitán, con un gesto escéptico. Ahora todo lo arreglan los grandes. El 41 yo estuve en la campaña contra el Ecuador. Hubiéramos llegado hasta Quito. Pero se metieron los grandes y encontraron una solución diplomática, qué tales riñones. Los civiles terminan resolviendo todo. En el Perú, uno es militar por las puras huevas del diablo […] (Vargas Llosa, 2012: 217-218)

 

 

 

5.2. Comentario:

 

El texto nos conduce a repasar los conflictos bélicos de Perú con los países vecinos. La disputa con Chile sucedió durante la Guerra del Pacífico en 1879.

Chile tenía fuertes inversiones en la región salitrera de Atacama (Bolivia) y mostraba intereses expansionistas en la zona. En 1873, Bolivia y Perú suscribieron un pacto de alianza defensivo. En 1878, el presidente boliviano Hilarión Daza amenazó con expropiar las salitreras si la anglo-chilena "Compañía de Salitres de Antofagasta· no pagaba el ·impuesto de los 10 centavos". Chile respondió invadiendo el litoral boliviano el 14 de febrero de 1879. Perú intentó mediar en el conflicto, pero Bolivia le declaró la guerra a Chile, y este país se la declaró al Perú por no declararse neutral. Como consecuencia del conflicto Perú pierde los territorios de Arica y Tarapacá.

Los conflictos limítrofes de Perú con Ecuador tienen el máximo estrés en tres etapas: 1941, 1981 y 1995.

 

Desde su nacimiento como repúblicas independientes a principios del siglo XIX, y hasta el año de 1998, ambos países mostraron discrepancias sobre sus límites fronterizos en regiones comprendidas entre la cuenca del Amazonas y la cordillera de los Andes. Los problemas en la delimitación de fronteras con el PerúEcuador los recibió en herencia de la época en que pertenecía a la Gran Colombia, llegando a agudizarse en tres ocasiones (19411981 y 1995) y desembocando en guerras generalmente cortas. El conflicto se convirtió durante siglo y medio en el principal factor que dificultó el fortalecimiento de las relaciones comerciales peruano-ecuatorianas.

[…] Más allá de las posiciones nacionales, también existieron en esta guerra intereses internacionales y un "fuerte olor a petróleo". Jaime Galarza Zavala, escritor ecuatoriano, publicó a principio de los años 70 un libro titulado "El festín del petróleo", en el que trata diversos aspectos relacionados con los intereses petroleros que, según él, estuvieron en juego en el conflicto entre Ecuador y Perú. Galarza Zavala propone claramente en su obra, que la guerra de 1941 entre Ecuador y Perú fue un conflicto ligado a los intereses petroleros de dos compañías, de las que una era inglesa y la otra norteamericana. De acuerdo al texto, los ecuatorianos representaban los intereses de la compañía inglesa y los peruanos los de la norteamericana. Perú salió victorioso de esa guerra y, por ende, la compañía petrolera estadounidense que estaba con el gobierno de esa nación.

Un aspecto que concuerda con esta teoría ha sido notado por el geógrafo francés Jean Paul Deler (que ha trabajado en toda la región andina) en su obra Ecuador, del espacio al estado nacional, Quito, 1987, en donde advierte lo siguiente:

Existe una notable concordancia entre el trazado de la frontera de 1942 y los límites orientales de una inmensa concesión otorgada en 1937 a una filial de la Royal Dutch Shell por el gobierno ecuatoriano, en detrimento de una filial de la Standard Oil of New Jersey […] (http://es.wikipedia.org, 2013e).

 

La venta de armas de Argentina a Ecuador tuvo lugar en medio del último conflicto armado en 1995. El escándalo radicó en que nuestro país era uno de los cuatro garantes oficiales de la paz del Tratado de Río de Janeiro, con lo cual incumplió su compromiso internacional y faltó con sus obligaciones de acuerdo al derecho internacional.

La desavenencia con Colombia tuvo lugar en 1932. El conflicto se llevó a cabo en la cuenca del  Río Putumayo  y la ciudad de  Leticia, ubicada en la entonces Comisaría colombiana del Amazonas. La guerra terminó con la ratificación del Tratado Salomón-Lozano de 1922. Los verdaderos motivos de la contienda estaban relacionados con la presencia de caucho y petróleo en la zona de disputa.

En la mayoría de las desavenencias señaladas existen patrones que se repiten: enfrentamiento fratricidas, luchas por recursos naturales estratégicos (salitre, guano, petróleo, caucho), intereses de potencias extranjeras e intento de afirmación de soberanía política y económica. La Guerra de la Triple Alianza, nos proporciona un claro ejemplo del modelo de conflicto analizado. De acuerdo con Feinmann (2012c):

 

Nueve de abril de 1865. El general Lee rinde las tropas de la Confederación luego de la batalla de Appomattox. El Sur algodonero y esclavista queda devastado. Hacía tiempo –pero sobre todo luego de la derrota de Gettysburg– que sus tropas pedían a gritos la paz. El Norte de Lincoln, el país industrialista ligado a la creación de un mercado interno y de un país poderosamente capitalista, había triunfado. Gran Bretaña, sus banqueros, sus productores que requerían materias primas de los mercados de ultramar –ya preocupados por el rumbo que la guerra venía tomando para el Sur– se quedan sin su poderoso proveedor de algodón. Echan su mirada hacia el ancho mundo y se preguntan: “¿Dónde hay algodón barato?”. Lo hay. Pero está en una pequeña República dominada por un “tirano”[21] que ha desarrollado una economía proteccionista, que tiene altos hornos, astilleros, que fabrica sus armas, que ha importado técnicos europeos y los ha incorporado a su proyecto de desarrollo autónomo, nacional […]

Es un dato fascinante de la historia que la derrota del Sur algodonero se produzca en 1865 y la Guerra contra el Paraguay empiece en ese mismo año […] (Feinmann, 2012c).

 

En la Guerra de la Triple Alianza estuvieron presentes todos los condimentos mencionados: enfrentamiento entre países hermanos (Argentina, Brasil y Uruguay frente a Paraguay), recurso natural estratégico involucrado (algodón), intereses de potencia extracontinental (Inglaterra), afirmación de soberanía política y económica (el mariscal Francisco Solano López, presidente de Paraguay, estaba a favor de un desarrollo económico autónomo y en contra de la apertura comercial indiscriminada).

 

 

5.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Por qué la UNASUR abre una nueva etapa de esperanza y cooperación para las naciones Suramericanas?

 

 

5.1.1. Cita bibliográfica: Hijo de hombre de Augusto Roa Bastos.

 

-Recuerdo... -dijo José del Carmen, casi hablando para sí-. Después del repliegue de Saavedra, la división de León Caré se trancó cerca de Gondra. Nos parapetamos como pudimos en nuestras posiciones. Yo estaba en la compañía de Jocó. Durante la retirada recibió un balazo en la cara. La herida ya se le estaba agusanando, pero él seguía firme en su puesto. La lucha era a muerte. No había tropa suficiente. Los bolivianos también se fortificaron frente a nuestras líneas y hostigaban por los flancos. Por un pelo nos salvamos de caer nosotros en el corralito, que usábamos contra ellos a cada momento. Pero los bolis también ya lo estaban aprendiendo. A un pelo estuvimos del desbande. Entonces León Caré mandó desplegar la bandera sobre el árbol más alto del monte y nos habló mano a mano recorriendo la línea... -se interrumpió porque le alcanzaban la guampa del tereré con la verdosa espuma de la yerba hasta el borde. Dio una chupada a la bombilla y agregó a través de una burbuja que se le rompió en la boca-: ¡Eso guapeó por nosotros!... Hicimos pata ancha en la posición... Veíamos el ¡Vencer o morir! del mariscal López brillando en nuestras bayonetas...

José del Carmen miraba a lo lejos el desierto vacío. Ahora sólo brillaba la bombilla de lata del tereré clavada en la guampa, que andaba de mano en mano. Nosotros también veíamos la bandera de combate enredada en los árboles..., al jefe de ojos acerados y tranquilos, llamado el León Rengo y querido hasta el fanatismo por sus soldados, azuzándolos con el viejo lema de la Guerra Grande, ese lema que resumía el destino de un pueblo cuya fatalidad ancestral parecía residir en la guerra […] (Roa Bastos, 2011:402-403).

 

5.2.1. Comentario:

 

El fragmento relata un episodio bélico que enfrentó a Bolivia y Paraguay en la Guerra del Chaco durante el año 1932. Entre las cusas del conflicto armado, Ramírez (2010) expresa:

 

[…] El Chaco era una región hasta entonces abandonada, de muy poca población, excepto por algunos grupos indígenas y unas cuantas colonias menonitas. Pero después de que Bolivia perdiera su salida al mar como consecuencia de la Guerra del Pacífico contra Chile, finalizada en 1883, su única posibilidad de navegación, ahora hacia el Atlántico, era el río Paraguay. Y había otra razón aún más poderosa para encender la disputa, y es que en los años veinte llegó a creerse con ciega certeza que debajo de aquellas tierras pobres yacía un lago de petróleo […] (Ramírez, 2010:14).

 

Galeano (2005) completa una de las causas de la disputa:

 

[…] El petróleo no ha provocado solamente golpes de Estado en América Latina. También desencadenó una guerra, la del Chaco (1932-35), entre los dos pueblos más pobres de América del Sur: “Guerra de los soldados desnudos”, llamó René Zavaleta a la feroz matanza recíproca de Bolivia y Paraguay[22]. El 30 de mayo de 1934 el senador por Louisiana, Huey Long, sacudió a los Estados Unidos con un violento discurso en el que denunciaba que la Standard Oil de Nueva jersey había provocado el conflicto y que financiaba al ejército boliviano para apoderarse, por su intermedio, del Chaco paraguayo, necesario para tender un oleoducto desde Bolivia hacia el río y, además, presumiblemente rico en petróleo: “Estos criminales han ido allá y han alquilado sus asesinos” -afirmó[23]. Los paraguayos marchaban al matadero, por su parte, empujados por la Shell: a medida que avanzaban hacia el norte, los soldados descubrían las perforaciones de la Standard en el escenario de la discordia. Era una disputa entre dos empresas, enemigas y a la vez socias dentro del cártel, pero no eran ellas quienes derramaban la sangre. Finalmente, Paraguay ganó la guerra pero perdió la paz. Spruille Braden, notorio personero de la Standard Oil, presidió la comisión de negociaciones que preservó para Bolivia, y para Rockefeller, varios miles de kilómetros cuadrados que los paraguayos reivindicaban […] (Galeano, 2005: 211-212).

 

 

5.3.1. Propuesta didáctica:

 

- ¿Cuáles fueron los intereses de las potencias extranjeras en la Guerra Grande (también denominada Guerra de la Triple Alianza o Guerra del Paraguay) y la Guerra del Chaco?

 

 

6. Tema: Guerra Fría.

 

 

6.1. Cita bibliográfica: Carter en Vietnam de José Pablo Feinmann.

 

[…] Tú dices que eres America. Tú y el ejército al que perteneces. No lo negaré. Pero Jane Hanoi o la señorita Jane Fonda también es America. Vives en un país muy complejo. Brilla por sus contradicciones. A veces lo odio, a veces lo amo. La derecha es muy poderosa y tanto lo es que, probablemente, sea lo que tú dices: sea America. Pero hay otra America. Hoy mismo la hay. Hoy mismo miles de personas manifiestan en contra de  esta guerra. Y lo hacen ahí, en tu país, en esa America que tanto amas.

-¡No podrían hacerlo en la Unión Soviética ni en la cara de Ho Chi Minh!-rugí.

-Por eso, America, aunque pierda esta guerra, ganará la principal. La que llamamos fría. Lo original de la Guerra Fría, sabes, es que sus zonas calientes no están nunca en algunos de los dos bloques. Se guerrea en Vietnam. Los soviéticos ponen misiles en Cuba. America invade Bahía de Cochinos. Organiza golpes de Estado en América latina. Pero no hay calor, no hay bombas en New York ni en Washington ni en Moscú. Y America, por conservar aún algo del espíritu de la libertad que alienta en su Constitución, por permitirle a Jane Hanoi regresar y no encarcelarla ni menos todavía matarla, por permitir estas manifestaciones de jóvenes universitarios, de liberales, ganará esta guerra. Quedará sola entonces. Y ahí, ¿quién la frenará, niño? Y si a un Imperio no hay quien lo frene, ¿qué hará con tanto poder? Solo dos cosas: o destruir al mundo o destruirse a sí mismo. Posiblemente las dos […] (Feinmann, 2009b:146-147).

 

 

6.2. Comentario:

 

El fragmento citado hace referencia al mundo bipolar acaecido luego de la Segunda Guerra Mundial. El planeta fue dividido a parir de los antagonismos de las dos grandes potencias mundiales: Estados Unidos y la Unión Soviética. La disputa no directa entre ambas ideologías (capitalista y socialista) fue denomina “Guerra Fría”. Como todos sabemos, luego de la caída del Muro Berlín y la posterior disolución de la Unión Soviética, dio lugar a la creación de un Nuevo Orden Mundial en base a la globalización de la democracia liberal. Es decir, el paradigma capitalista en su versión neoliberal se adueñó del mundo. Una de las principales causas del derrumbe de la ideología socialista fue, como bien se dice en el relato, la falta de libertad. No obstante, si a la libertad no se la acompaña con la búsqueda de la igualdad, tampoco tiene mucho futuro por sí sola. ¿O tendrá el futuro proyectado en la novela para los Estados Unidos y el mundo: la globalización de la destrucción?

 

 

6.3. Propuesta didáctica:

 

- Mirar la comedia dramática Good Bye, Lenin! y analizar el mundo bipolar (Berlín oriental y occidental).

 

 

 

NIVEL V

SUBDISCIPLINA: GEOGRAFÍA ECONÓMICA

 

 

1. Tema: El ferrocarril.

 

 

1.1. Cita bibliográfica: Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

 

[…] Desde que el ferrocarril fue inaugurado oficialmente y empezó a llegar con regularidad los miércoles a las once, y se construyó la primitiva estación de madera con un escritorio, el teléfono y una ventanilla para vender los pasajes, se vieron por las calles de Macondo hombres y mujeres que fingían actitudes comunes y corrientes, pero que en realidad parecían gente de circo. En un pueblo escaldado por el escarmiento de los gitanos no había un buen porvenir para aquellos equilibristas del comercio ambulante que con igual desparpajo ofrecían una olla pitadora que un régimen de vida para la salvación del alma al séptimo día; pero entre los que se dejaban convencer por cansancio y los incautos de siempre, obtenían estupendos beneficios […] (García Márquez, 2012:272).

 

 

1.2. Comentario:

 

La importancia del ferrocarril para la vida de los pueblos es fundamental. Por ejemplo, es el único medio de transporte que puede circular ante cualquier circunstancia meteorológica. Los días de fuertes lluvias los pequeños poblados, que con frecuencia poseen calles de tierras, estarían incomunicados ante la ausencia del ferrocarril. Asimismo, el comercio ambulante (sobre el ferrocarril y en las inmediaciones de las estaciones pueblerinas) no solo es un medio de vida sino también un importante dinamizador de las economías regionales. La venta de productos locales y artesanías ayudan a dar vida a los pobladores de pequeños vecindarios. En Argentina, durante el neoliberalismo de los años noventa, el desguace del ferrocarril ocasionó la muerte de varias pequeñas localidades. La apertura económica indiscriminada sumada al achicamiento del Estado (auge de las importaciones y cierre de ramales del ferrocarril) destruyeron a las economías regionales convirtiendo en fantasmas a muchos pueblos del interior. Cuando el Estado no ocupa el “lugar” de promotor del bienestar común de la población, este espacio vacante lo conquista la “mano invisible” del mercado, que tal vez no se vea pero se sienten sus consecuencias gravosas en los sectores populares.

 

 

1.3. Propuesta didáctica:

 

- Mirar la película La próxima estación de Fernando Pino Solanas y analizar la situación del ferrocarril, destacando los cambios y las continuidades desde la década de 1990 hasta la actualidad.

 

 

 

 

1.1.1. Cita bibliográfica: La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne.

 

[…] En esta primordial ciudad de Nebraska es donde llega el ferrocarril, con el nombre de Chicago Rocksland, que va directamente al este, sirviendo cincuenta estaciones.

Estaba a punto de marcharse un tren directo, de tal modo que Phileas Fogg y sus compañeros solo tuvieron tiempo de lanzarse dentro de un algún vagón. No había visto nada de Omaha; pero Passapartout reconocía que no era algo para lamentar, puesto que no era visitar ciudades lo que importaba.

Con asombrosa rapidez, el tren cruzó el estado de Iowa, por el Councial Bluffs, Moines, Iowa City. Durante la noche, atravesaba el Mississippi, en Davenport, e ingresaba por Rock Island en Illinois. Al otro día, el 10, a las cuatro de la tarde, arribaba a Chicago, resurgida ya de sus ruinas, y más que nunca orgullosamente asentada a orillas de su magnífico lago Michigan. Chicago está a 900 millas de Nueva York, y allí no escaseaban los trenes, por lo cual pudo mister Fogg pasar prestamente de uno a otro. La distinguida locomotora del Pittsburg Fort Waine Chicago, partió inmediatamente, como si hubiese comprendido que el insigne caballero no tenía tiempo que perder. Traspasó como un relámpago los estados de Indiana, Ohio, Pennsylvania y Nueva Jersey, franqueando ciudades de nombres históricos, muchas de las cuales tenían calles y tranvías, pero no casas todavía. Por fin, se vislumbró el Hudson, y el 11 de diciembre, a las once y cuarto de la noche, el tren llegaba a la estación, sobre el costado derecho del río, ante el mismo muelle de los vapores de la línea Cunard, conocida también como British and North American Royal Mail Steam Packet Co.

El China, con destino a Liverpool, se había marchado cuarenta y cinco minutos antes (Verne, 2005:220).

 

 

1.2.1. Comentario:

 

El viaje emprendido por los protagonistas, en este tramo de la novela, forma parte del gran viaje ferroviario transcontinental entre los estados de California y Nueva York. Es importante hacer un poco de historia:

 

El ferrocarril transcontinental había sido un largo sueño para los ingenieros, emprendedores y políticos, pero no fue hasta 1860 que el ingeniero Theodore Judah desarrolló un plan factible para un ferrocarril desde California por Sierra Nevada y los desiertos occidentales hasta el Río Missouri, donde se uniría a líneas ferroviarias ya existentes. 

El Acta del Pacific Railroad de 1862 dio al Central Pacific de Judah y al recién formado Unión Pacific la tierra y dinero necesarios para construir el ferrocarril. Durante los siete años siguientes, ambas compañías – Central Pacific del oeste y Unión Pacific del Este – hicieron una carrera para construir vías y unirse en el medio. 

Para 1869, ambas compañías se estaban acercando a un punto de encuentro; en abril, acordaron encontrarse en Promontory Summit, Utah. En mayo, el presidente de Central Pacific Leland Stanford viajó al este en el Júpiter, mientras que el vice-presidente de Unión Pacific Thomas Durant viajó hacia el oeste en el 119, con destino a Promontory Summit con reporteros y otros dignatarios. Ambos trenes llegaron el 10 de mayo y hubo una ceremonia para conmemorar la compleción del ferrocarril transcontinental. 

El ferrocarril acortó el viaje de la Costa Este a la Cosa Oeste de meses a días. Inmediatamente transformó el Oeste Americano, a medida que las personas se mudaron al oeste y miles de pueblos fueron creados a lo largo de las vías […] (http://www.encontrandodulcinea.com, 2013).

 

La red ferroviaria transcontinental estadounidense permitió unir el territorio Este (más desarrollado) con el Oeste (territorio de pioneros). El ideólogo político del proyecto fue el presidente Abraham Lincoln. Su idea era fundar un país moderno, desarrollado, industrial. Para lograrlo tenía que integrar el país, desde lo territorial y lo social. Desde lo espacial a través de ferrocarriles, canales, calles y tranvías. Y desde lo social, por medio del desarrollo industrial, para generar empleo y mercado interno.

 

 

1.3.1. Propuesta didáctica:

 

- ¿Qué otro Estado americano construyó un ferrocarril transcontinental durante el siglo XIX, con el mismo propósito de desarrollo que los Estados Unidos? Fundamentar.

- ¿Por qué el transporte es un factor importante de poblamiento?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2. Tema: Deuda externa.

 

 

2.1. Cita bibliográfica: La increíble y triste historia de la cándida Eréndida y de su abuela desalmada de Gabriel García Márquez.

 

[…] Su cuarto era lujoso, aunque no tanto como el de la abuela, y estaba atiborrado de muñecas de trapo y los animales de cuerda de su infancia reciente. Vencida por los oficios bárbaros de la jornada, Eréndida no tuvo ánimos para desvestirse, sino que puso el candelero en la mesa de noche y se tumbó en la cama. Poco después, el viento de su desgracia se metió en el dormitorio como una manada de perros y volcó el candelabro contra las cortinas.

Al amanecer, cuando por fin se acabó el viento, empezaron a caer algunas gotas de lluvia gruesas y separadas que apagaron las últimas brasas y endurecieron las cenizas humeantes de la mansión. La gente del pueblo, indios en su mayoría, trataba de rescatar los restos del desastre: el cadáver carbonizado del avestruz, el bastidor del piano dorado, el torso de una estatua. La abuela contemplaba con un abatimiento impenetrable los residuos de su fortuna. Eréndida, sentada entre las dos tumbas de los Amadises, había terminado de llorar. Cuando la abuela se convenció de que quedaban muy pocas cosas intactas entre los escombros, miró a la nieta con una lástima sincera.

– Mi pobre niña –suspiró–. No te alcanzará la vida para pagarme este percance […] (García Márquez, 2011:101).

 

 

2.2. Comentario:

 

[…] Se ha considerado el caso de la cándida Eréndida y su abuela desalmada para que, por la vía de lo inicuo y lo extravagante, pueda valorarse la ignominia del hecho esencial: obligar a trabajar en la peores condiciones, con pérdida de la facultad de decisión en aspectos fundamentales y cesión del patrimonio y recursos naturales –la única riqueza de Eréndida era su cuerpo- para pagar deudas inexistentes. Además, la joya literaria de García Márquez [ofrece] la posibilidad de un contrapunto que si por el lado económico es aburrido, se ilumina y llena de color con el relato del [famoso escritor]. Por otra parte, la trasposición no es abusiva: se trata de caso de dominación –personal o social- que cuando se plantean sin abstracciones muestran mejor su naturaleza  […] (Calcagno, 1985:189).

 

El relato es una metáfora de la deuda externa personificada en la relación de sometimiento entre Eréndida (deudora: por ser “responsable” del incendio de la casa de su abuela) y su abuela (acreedora: por ser demandante de la “deuda” de su nieta). Calcagno (1985), presenta a los personajes:

 

[…] La abuela era enorme (cuando se bañaba “parecía una hermosa ballena blanca en la alberca de mármol”). Su marido había sido “un contrabandista legendario que se llamaba Amadis, con quien ella tuvo un hijo que también se llamaba Amadis, y que fue el padre de Eréndida. Nadie conoció los orígenes ni los motivos de esa familia. La versión más conocida en lengua de indios era que Amadis, el padre, había rescatado a su hermosa mujer de un prostíbulo de las Antillas, donde mató a un hombre a cuchilladas, y la traspuso para siempre en la impunidad del desierto. Cuando los Amadises murieron, el uno de fiebres melancólicas, y el otro acribillado en un pleito de rivales, la mujer enterró los cadáveres en el patio, despachó a los catorce sirvientes descalzos, y siguió apacentando sus sueños de grandeza en la penumbra de la caza furtiva, gracias al sacrificio de la nieta bastarda que había criado desde su nacimiento”. 

Eréndida “había cumplido apenas los catorce años, y era lánguida y de huesos tiernos, y demasiado mansa para su edad”. Dedicaba su vida a servir a la abuela y mantener la mansión, a tal punto que hasta trabajaba dormida […] (Calcagno, 1985:15-16).

 

 

La fisonomía de los personajes principales de la obra de García Márquez son por más elocuentes. La abuela era enorme, fuerte, poderosa (simbolizaba a los acreedores: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, etc.). “Parecía una hermosa ballena blanca”. No debemos olvidar que en la famosa novela de Herman Melville Moby Dick (la ballena blanca) representaba el Mal. En cambio, la nieta (Eréndida) era delgada, débil, cándida (encarnaba a los deudores: al conjunto de países periféricos, subdesarrollados).

 

 

2.3. Propuesta didáctica:

 

- Observar el documental de Alejandro Olmos La mayor estafa al pueblo argentino y analizar el origen de la deuda externa en nuestro país.

 

 

 

2.1.1. Cita bibliográfica: La increíble y triste historia de la cándida Eréndida y de su abuela desalmada de Gabriel García Márquez.

 

[…] La abuela acabó de acostarse con el mismo ritual que era de rigor en la mansión antigua, y mientras la nieta la abanicaba se sobrepuso al rencor y volvió a respirar sus aires estériles.

– Tienes que madrugar –dijo entonces–, para que me hiervas la infusión del baño antes de que llegue la gente.

– Sí, abuela.

– Con el tiempo que te sobre, lava la muda sucia de los indios, y así tendremos algo más que descontarles la semana entrante.

– Sí, abuela –dijo Eréndida.

– Y duerme despacio para que no te canses, que mañana es jueves, el día más largo de la semana.

– Sí, abuela.

– Y le pones su alimento al avestruz.

– Sí, abuela –dijo Eréndida.

Dejó el abanico en la cabecera de la cama y encendió dos velas de altar frente al arcón de sus muertos. La abuela, ya dormida, le dio la orden atrasada.

– No se te olvide prender las velas de los Amadises.

–Sí, abuela […] (García Márquez, 2011:136-137).

 

 

2.2.1. Comentario:

 

[…] las letanías de las instrucciones de la abuela a Eréndida para poner en orden la carpa: hervir la infusión de agua, lavar la muda sucia de los indios para tener algo más que descontarles, […] dormir despacio para no cansarse, poner su alimento al avestruz, prender las velas, […] son muy parecidas –en circunstancias diferentes- a la retahíla del Fondo Monetario Internacional para poner en orden la economía: suprimir el déficit fiscal, rebajar los salarios reales y disminuir las importaciones, para tener algo más que descontar; aumentar las exportaciones para poder pagar más a los bancos acreedores, crecer despacio para no cansarse y, sobre todo, pagar toda la deuda para dormir con la conciencia tranquila […] (Calcagno, 1985:9).

 

La receta del FMI ante la falta de divisas es la misma del establishment económico local. La “sugerencia” del “ajuste económico” siempre va acompañada de una importante devaluación de la moneda nacional. La sobrevaluación del dólar permite aumentar las ganancias de los sectores exportadores de materias primas y disminuir las importaciones de bienes de equipo para insumos del sector industrial. Por lo tanto, no se cambia la matriz económica causante de los problemas de restricción externa. El modelo agroexportador (librecambista) sigue siendo la propuesta de los organismos internacionales de crédito para todos los países periféricos. Por otra parte, una economía basada principalmente en la producción y exportación de materias primas agropecuarias es mucho más vulnerable que una economía fundada en la elaboración y exportación de bienes industriales. Pues, la producción proveniente de la agricultura y de la ganadería depende, además de las condiciones económicas externas (precios internacionales), de la situación ambiental (temperaturas, lluvias, heladas, granizo, humedad, malezas, plagas, enfermedades virales como la fiebre aftosa, etc.). En cambio, una economía industrializada, moderna, tecnológica, es más fruto de los recursos humanos que de los naturales. En este caso, las situaciones aleatorias y poco controlables (como el caso del clima en el modelo agroexportador) se reducen notablemente.

 

 

2.3.1. Propuesta didáctica:

 

- ¿Por qué el modelo agroexportador no necesita fortalecer el mercado interno para subsistir?

 

 

2.1.2. Cita bibliográfica: La increíble y triste historia de la cándida Eréndida y de su abuela desalmada de Gabriel García Márquez.

 

[…] Eréndida, que caminaba al paso del burro agobiada por el calor y el polvo, no hizo ningún reproche a las cuentas de la abuela, pero tuvo que reprimirse para no llorar.

– Tengo vidrio molido en los huesos –dijo […] (García Márquez, 2011:110).

 

 

2.2.2. Comentario:

 

Una reciente investigación antropológica […] ha mostrado cómo, a lo largo de la historia, para mantener una dominación, tanto o más importante que la violencia ejercida por los dominadores ha sido el consentimiento de los dominados. Profundizando el análisis, habría que desentrañar las causas de ese consentimiento. En la práctica, dos de ellas han sido, primero la campaña realizada por los dominadores externos y sus socios locales, para que todos acepten la dominación como un hecho consumado, inevitable e inmodificable; como una fatalidad, que se convierte en menor frente de ferocidad de las represalias violentas que podría desencadenar la rebeldía. En segundo lugar, la ignorancia de los dominados, que sin un análisis concreto y realista de las causas y fuentes de la dominación y de la verdadera relación de fuerzas, aceptan la inevitabilidad de la dominación sin siquiera discutirla […]  (Calcagno, 1985:197).

 

 

Respecto a los comentarios de Calcagno queremos decir algunas cosas. No todos aceptaron o creyeron el discurso hegemónico. Los “rebeldes” (sindicalistas, obreros, intelectuales, políticos, estudiantes, artistas, deportistas, etc.) sufrieron graves consecuencias, muchos de ellos fueron brutalmente asesinados. Con respecto a la relación de fuerzas, quedó muy clara la enorme superioridad operativa del terrorismo de estado. Solo vasta remitirse a la cantidad de muertos sufridos por los “rebeldes” y las fuerzas del “orden”. De ahí, que gran parte del pueblo optó por el hecho “menor” (como bien afirma Calcagno) de aceptar con resignación la situación de opresión.

Eréndida, que en este caso bien podría representar a la mayoría del pueblo argentino, no hizo reproche alguno a las cuentas de los acreedores externos porque fue silenciada por la represión, la desaparición, la tortura y la muerte. El escarmiento de los “desaparecidos” cumplió la misión de propagar el silencio, el miedo y el horror por todos los rincones de la sociedad. En cambio, el resto de los personajes:

 

[…] el gobierno, ejercido por la Junta Militar; las fuerzas armadas y sus mecanismos represivos; las empresas transnacionales y, en especial, los bancos extranjeros; la oligarquía local, agropecuaria, industrial y financiera, particularmente ligada a las empresas transnacionales, que realizó una descomunal transferencia de ingresos a favor de ella misma; los propios interesados y los tecnócratas de credo monetarista, que manejaron la economía; una [parte de la] clase media que accedía a la “plata dulce” y disfrutó de ella, a la escala de sus magros recursos y módicas aspiraciones […] (Calcagno, 1985:20);

 

no realizaron ningún reparo a las cuentas de la abuela (Fondo Monetario Internacional), ya que se beneficiaron con los negociados de la deuda. La dictadura miliar no utilizó los capitales de la deuda externa para modernizar el país. No se fomentó el desarrollo industrial sino todo lo contrario. La plata fue utilizada para financiar la fuga de capitales (vía importaciones, compra de dólares para atesoramiento y viajes al exterior), la compra de armamento (conflictos con Chile y Gran Bretaña), la construcción de autopistas y la edificación y remodelación de estadios de fútbol para la realización del mundial de 1978, y así “lavar” la imagen del desprestigiado gobierno. Calcagno (1985) agrega:

 

[…] los actos del gobierno de facto [1976-1983] que constituyeron la deuda pública y estatizaron gran parte de la privada, carecen de legitimidad moral y política […] En el caso de la Argentina, la mayor parte de la deuda consistió en el financiamiento de la evasión de capitales y en la compra de armas (según cálculos del Banco Mundial, 19.000 millones de dólares corresponden a fugas de capitales y 10.000 millones a compras de armas y otros rubros no registrados), a lo que se le suman las nuevas deudas contraídas para pagar los intereses. La contrapartida real en bienes y servicios fue ínfima y, además, la renegociación de los pagos obliga a someter la política económica a la vigilancia del Fondo Monetario Internacional […]  (Calcagno, 1985:50-51, 192).

 

Es interesante repasar las soluciones que Calcagno exponía para el tema de la deuda externa en el año 1985:

 

[…] Las soluciones posibles pueden clasificarse en dos grandes grupos: las negociadas y las unilaterales. Entre las primeras están la renovación de la deuda, el otorgamiento de nuevos créditos para pagar, el pago con bonos externos, la fijación de topes a los pagos anuales, la transferencia de activos de empresas nacionales y la absorción de una parte de la deuda por los bancos u otras entidades financieras de países desarrollados o internacionales. Las soluciones unilaterales incluyen el repudio total, el repudio parcial o encubierto y el incumplimiento; además, existe una forma suspensiva del pago que no implica repudio, que es la moratoria.

Cada una de las posibilidades mencionadas está ligada a un modelo global de crecimiento; el problema de la deuda externa no tiene sentido si se lo considera aisladamente. Las consecuencias de soluciones negociadas se reflejan en los Lineamientos de una estrategia de crecimiento, 1985-1989, trabajo elaborado en la Secretaría de Planificación; en él se supone un modelo exportador con una política de ajuste “positivo”, que implica un crecimiento moderado si se cumpliera el plan, o estancamiento (ajuste “neutro”) si así no fuera. En cambio, la estrategia de no pago o pago parcial formaría parte de un modelo industrializador con énfasis en el crecimiento “hacia adentro” […]

Este libro [La perversa deuda argentina] tiende a crear conciencia acerca de la necesidad de proceder con la mayor racionalidad posible dentro de las pautas elementales para la acción, que consisten primero en saber qué se quiere y después en instrumentarlo; con este enfoque, se ha procurado aportar elementos de juicio para demostrar que tan irracional es provocar una ruptura sin prever las consecuencias, como consentir la dominación sin evaluar las propias fuerzas y las del enemigo. Las acciones a adoptar deben programarse con el máximo detalle y cuidado. Algunos de los requisitos necesarios para actuar son la toma de conciencia colectiva y el apoyo masivo de la población, la valoración de los poderes en juego, el análisis minucioso de cada una de las posibles medidas y contra-medidas, el encuadre de las acciones dentro de un plan global y la elección de la táctica y el momento adecuados […]

En el caso de acatamiento al sistema financiero internacional, no habrá conflictos externos, pero tampoco habrá esperanzas; si se ensayara alguna de las formas de rebeldía, las relaciones exteriores y las internas con el “conglomerado expoliador” [son los personajes que se beneficiaron con los negociados de la deuda externa] serán gravemente conflictivas, pero habrá esperanzas. Corresponderá al poder político, por acción o por omisión, asumir el riesgo calculado de una opción de tanta trascendencia (Calcagno, 1985:196-198).

 

 

Haciendo un poco de historia reciente para analizar lo que ocurrió con el tema de la deuda externa en la argentina, encontramos los siguientes hitos: 1) En 1895 el mandato alfonsinista renegoció la deuda, pero en 1988 entró en una moratoria. 2) Durante la década de 1990 hubo un fuerte endeudamiento externo para financiar el déficit comercial. Asimismo, el gobierno menemista permitió que gran parte de la compra de activos del Estado (ENTEL y Aerolíneas Argentinas) sea pagada con títulos de deuda a su valor nominal. Mientras que el valor real (de mercado) de los bonos era menor al 20% del valor nominal. 3) El gobierno de Fernando la Rúa produjo un blindaje financiero (por una suma cercana a 38.000 millones de dólares, con aportes del FMI, otros organismos financieros, el gobierno español y los bancos locales) y un megacanje para postergar los vencimientos por tres años pero con el costo de una suba de intereses. 4) En el año 2001, el presidente Rodríguez Saá anunció el default financiero. 5) El presidente Duhalde confirma la moratoria del pago de la deuda. 6). En el año 2005 el presidente Néstor Kirchner canceló la deuda con el FMI. En ese mismo año ofreció un canje de deuda (con una importante quita) a los bonistas particulares. Luego, en el año 2010, la presidenta Cristina Kirchner realizó una reapertura del canje de deuda efectuado en el 2005. Entre las dos acciones hubo una alta aceptación a la propuesta del gobierno nacional. Solo el 8% de los bonistas no aceptaron el canje. Ante el fracaso mundial de los consejos del FMI y la crisis local del 2001 (siguiendo los lecciones de los organismos internacionales de crédito), las medidas implementadas por la administración kichnerista fueron apoyadas por la mayoría del pueblo. Requisito indispensable, como afirmaba Calcagno (2005), para llevar a buen puerto decisiones de semejante envergadura.

De acuerdo con la clasificación de las soluciones posibles realizadas por Calcagno (1985), observamos que las medidas tomadas por los gobiernos de Alfonsín (salvo la moratoria hacia el final del mandato), Menem y de la Rúa, estuvieron vinculadas con las salidas “negociadas”. En cambio, durante el corto mandato de Rodríguez Saá, la administración de Duhalde y los gobiernos del matrimonio Kirchner, las decisiones dieron un giro hacia las soluciones “unilaterales”. De todas las “soluciones” intentadas, la única que solucionó verdaderamente, es decir, estructuralmente el tema de la deuda externa, es la implementa por la administración kichnerista. Como bien afirma Calcagno (1985), las estrategias llevadas a cabo por los diferentes gobiernos implican un determinado modelo de desarrollo económico. Las “soluciones” negociadas siempre desembocaron en un modelo económico agroexportador con ajuste del mercado interno. En oposición, la solución unilateral (repudio parcial de la deuda y las políticas de desendeudamiento) iniciadas en el año 2005, proponen un modelo de desarrollo productivo (industrial) enfocado en la expansión del mercado endógeno. Cufré (2012) ofrece en detalle cómo mejoró la problemática de la deuda externa (en cantidad y en calidad) durante la administración kichnerista:

 

[…] La deuda pública bruta representaba [en el año 2002] el 166,4 por ciento del PIB, la deuda con acreedores privados era el 124 por ciento del PIB y la deuda con esos mismos acreedores en moneda extranjera equivalía el 92 por ciento del Producto […] Una década más tarde, al 31 de diciembre de 2011, los números oficiales muestran un panorama desahogado. La deuda pública bruta a esa fecha era el 42 por ciento del PIB (contra el 166), la deuda con acreedores privados tocaba el 13,5 por ciento del PIB (contra el 124) y la deuda con esos mismos acreedores en moneda extranjera representaba el 9,6 por ciento del Producto (contra el 92). Luego del pago del Boden 2012 que se hará hoy, los compromisos en moneda extranjera con privados alcanzan solo al 8,4 por ciento del PIB. La diferencia entre el 92 por ciento de 2002 y el 8,4 actual puede medirse, también, en los grados de autonomía que recuperó el Estado nacional para desarrollar su política económica. De la imposibilidad de dar un paso sin consultar –o cumplir sus exigencias– a los mercados y a los organismos internacionales, a la chance de que la Presidenta anuncie un aumento de jubilaciones en la Bolsa de Comercio. Los datos sobre el estado de la deuda se detallan en un informe del Ministerio de Economía, algunos de los cuales presentó ayer [2 de agosto de 2012] Cristina Kirchner. De allí surge que en 2012 la cuenta de capital e intereses llegaba a 15.700 millones de dólares, sin computar los bonos que no entraron en los canjes de 2005 y 2010. De ese número global, 7400 millones eran vencimientos con el sector privado, 2300 millones con organismos financieros internacionales y los 6000 millones restantes, con agencias públicas como el Banco Central o la Anses. A eso se suman 3500 millones de dólares del cupón PIB, que se gatillan por el crecimiento de 9,2 por ciento de la economía el año pasado y que habrá que pagar a principios de diciembre […] (Cufré, 2012).

 

La información precedente nos evidencia que la deuda externa mejoró sustancialmente en cantidad: los valores relativos muestran que pasó del 92% del PIB en el año 2002 al 8,4 % del PIB al 2 de agosto de 2012) y en calidad: una importante parte de la deuda cambió su composición, ahora los acreedores no son los bancos privados si no los organismos del Estado como el Banco Central o la Anses.

Sin embargo, la decisión del canje de deuda en default, como bien anunció Calcagno (1985), trajo algunas consecuencias negativas por la oposición del “conglomerado expoliador” interno y externo. Por ejemplo, Argentina fue excluida del  mercado de capitales. Solo el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, asistió económicamente al país, aunque a un alto costo financiero. Por otra parte, ha pedido de un fondo buitre (que no aceptó el canje de deuda), fue embargado el buque escuela de la Armada Argentina (la Fragata Libertad) en el puerto de Ghana. Posteriormente, a raíz de las gestiones gubernamentales pudo ser liberado. Ante probables situaciones similares con otros bienes del Estado (aviones, depósitos bancarios, buques) que puedan estar circunstancialmente en el exterior, el gobierno nacional está tomando las medidas precautorias para cada caso. Este tema ya lo había anticipado Calcagno (1985) cuando expresaba la necesidad de un “análisis minucioso de cada una de las posibles medidas y contra-medidas” que puedan tomar los acreedores.

De acuerdo con Asiain y Putero (2013) la vuelta a los mercados financieros (para conseguir préstamos a largo plazo como los otorgados a México y Brasil a un costo financiero a poco más del 4%) implicaría una serie de problemas:

 

[…] el principal inconveniente de la estrategia de retorno a los mercados no es solo la necesidad de realizar cuantiosos desembolsos en dólares que mermaran nuestras reservas y pondrán en riesgo la estabilidad económica, con la promesa incierta de un futuro acceso a dólares a bajo costo, sino que no resuelve el problema de fondo de la dependencia de insumos y maquinarias importadas, de la necesidad de ganar mercados a través de acuerdos regionales o de la pérdida de competitividad generada por la presión sobre costos y salarios del encarecimiento en dólares de los alquileres. El endeudamiento posterga la resolución de los problemas en el tiempo, empeorando el faltante de dólares a futuro al ritmo que le impone la fórmula del interés compuesto. El final es conocido: la insolvencia y la entrega del manejo de la política económica a los organismos financieros a cambio de la refinanciación de las deudas acumuladas (Asiain y Putero, 2013).

 

Por lo tanto, volver a los mercados implicaría como reza el dicho popular: “pan para hoy y hambre para mañana”. Volver a los mercados de capitales para utilizar los recursos para financiar el crónico déficit comercial, y no para profundizar un modelo económico industrial, generaría repetitivamente la necesidad de divisas (dólares) para pagar los bienes y servicios que no produce la nación.

 

 

2.3.2. Propuesta didáctica:

 

- ¿Por qué es importante solucionar el default con el Club de Paris?

 

 

 

NIVEL VI

SUBDISCIPLINA: GEOGRAFÍA SOCIAL

 

1. Tema: Aislamiento.

 

 

1.1. Cita bibliográfica: Las viudas de los jueves de Claudia Piñeiro.

 

El ingreso a La Cascada produce cierto mágico olvido del pasado. El pasado que queda es la semana pasada, el mes pasado, el año pasado “cuando jugamos el intercountry y lo ganamos”. Se van borrando los amigos de toda la vida, los lugares que antes parecían imprescindibles, algunos parientes, los recuerdos, los errores. Como si fuera posible, a cierta edad, arrancar hojas de un diario y empezar a escribir uno nuevo (Piñeiro, 2005:30)

 

 

 

 

1.2. Comentario:

 

Asistimos al debilitamiento de las memorias compartidas, al socavamiento de las identidades barriales y locales, a la erosión de la ciudad como sitio de interacciones políticas y culturales o como lugar de reunión y de socialización. La creciente “peligrosidad” del espacio público nos invita a replegarnos sobre el reconfortante, seguro y custodiado espacio hogareño o barrio cerrado. La vida en los countries produce cierto olvido del tiempo y del espacio pretérito. La nueva experiencia socioespacial idealizada no permite volver hacia atrás: los viejos amigos y la ciudad del pasado representan un obstáculo al progreso alcanzado.

 

 

1.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Cuáles son los problemas que provoca el aislamiento espacial y temporal?

 

 

1.1.1. Cita bibliográfica: Las viudas de los jueves de Claudia Piñeiro.

 

[…] Acá se puede dejar a los chicos más solos sin preocuparse por los peligros que inquietan a madres puertas afuera. No hay posibilidades de que alguien te secuestre dentro del barrio; ni que nadie se te meta en tu casa a robarte; un chico de la edad de Juani puede ir y venir del club house a cualquier hora en bicicleta, solo; si se quedan en el salón juvenil siempre hay un profe cuidándolos y los guardias haciendo su ronda; están acostumbrados a entrar a la casa de cualquier vecino, aunque apenas lo conozcan, o a subirse a cualquier auto. Es un ambiente de mucha confianza. La frase “no hables con extraños” acá no funciona. Si alguien vive en Altos de la Cascada no es un extraño, o no lo será en el corto plazo. Y si vino de visita fue chequeado en la barrera de acceso y eso da cierta seguridad. O ilusión de seguridad. A medida que avanzaba la última década del siglo nosotros nos protegíamos con más vehemencia rejas adentro. Cada vez más requisitos para autorizar que alguien ingrese, cada vez más personal de seguridad en la puerta, cada vez armas más grandes exhibidas a quien quisiera verlas. Desde hacía un par de meses se pedía, confidencialmente, el prontuario de todo jardinero, albañil, pintor y demás trabajadores que entraran con regularidad al country, a partir de que se descubrió que un electricista contratado en mantenimiento había purgado una condena por una violación diez años atrás y nosotros ni enterados. Incluso estaba previsto cambiar el alambrado perimetral por un sólido paredón de tres metros de altura. Primero se había evaluado la posibilidad de doble alambrado, uno de púa en el exterior y otro más coqueto en la parte interna, pero a la mayoría de los socios no les pareció suficiente. Una pared, para que nadie pudiera no solo pasar sino tampoco vernos, ni ver nuestras casas, ni nuestros autos, eso era lo que todos queríamos. Y que nosotros tampoco viéramos hacia afuera. Aunque el paredón todavía no estaba aprobado, por una cuestión estética. Discutían si ladrillo o bloques de concreto hacía más de cinco meses […] (Piñeiro, 2005:96-97).

 

 

1.2.1. Comentario:

 

El aislamiento comunitario puede interpretarse como una estrategia de “pureza comunitaria” a partir de lo que Sennett (1976) llamó el “mito de purificación comunitaria”. La huida de la ciudad abierta es funcional a la puesta en práctica de aquel mito: un espacio homogéneo[24] social y estético que propicia un nicho de certeza, al menos mientras se está adentro[25], a partir de rituales de pureza comunitaria que afianzan el intimismo y la emergencia de un urbanismo de afinidad (Donzelot, 1999).  

En este sentido, en los barrios cerrados los límites entre lo público y lo privado son bastantes difusos. Por ejemplo, de acuerdo con Rojas (2007):

 

A los chicos del country les cuesta respetar ciertas normas básicas en clase. Muchas veces hay que pedirles que se pongan los zapatos, que no coman o que se sienten bien. No tiene ninguna cultura escolar. Hablan mucho entre ellos y cuando se les llama la atención, no reconocen que están haciendo algo inapropiado. Confunden el colegio con una prolongación del country o del club (Rojas, 2007).

 

Asimismo, los barrios privados ofrecen la ilusión de seguridad inexpugnable. Sebreli (2003) expresa:

 

Los peligros de los que se huye vuelven a estar presentes en el círculo cerrado y falsamente seguro del country, donde no faltan los conflictos vecinales, el robo, el vandalismo adolescente, el alcoholismo, la drogadicción, la contaminación sonora de los altoparlantes, las motos y desde el 2003 -con el caso María Marta García Belsunce- también el asesinato.

El acecho de los marginales, uno de los motivos de la huida de la ciudad, reaparece fuera del alambrado o paredón protector del country. Salir o entrar es un pasaje peligroso y atemorizante porque una gran parte de ellos están rodeados de villas miseria habitadas, en parte, por su personal de servicio. No pueden confiar ni siquiera en los custodios, ya que ellos viven en la periferia o tienen conexiones ahí y pueden ser el enemigo desde adentro. También el vecino termina convirtiéndose, con frecuencia, en el adversario, pues, el encierro y la falta de distancia fomentan roces frecuentes como en todo espacio aislado (Sebreli, 2003:284).

Muxi (2004) agrega:

 

[…] Sin embargo, los habitantes apenas denuncian hechos delictivos, porque, […]  conllevaría una pérdida del valor de sus inmuebles […] Cuando somos consumidores o clientes, nuestra felicidad es proporcional al precio que hemos pagado […] ¿Quién criticaría por aquello que ha pagado tanto? ¿Quién pondría en peligro su inversión? El negocio de la globalización sobre la ciudad y sobre la vida esclaviza a sus propios adeptos (Muxí, 2004:80).

 

La discusión que hace referencia la novela sobre la realización (por cuestiones de seguridad) de un doble alambrado, “uno de púa en el exterior y otro más coqueto en la parte interna”, o la construcción de un muro de concreto, es sumamente representativa. En primer término, existe un gran desdeño hacia la estética del espacio público: lo bello está confinado al disfrute privado. En segundo lugar, el muro busca (además de seguridad) no ser visto desde el exterior y tampoco poder ver desde el interior. La premisa gira sobre el ocultamiento y el olvido de las diferencias (sociales, culturales, ambientales). En tercer término, la discusión sobre la edificación de un paredón de ladrillos o de bloques concreto, está basada en la estética y no en la ética, que delata la visión egoísta de la urbanidad. Finalmente, expresa la contigüidad entre los barrios privados y las villas miseria. En este sentido, Kozak (2013) comenta:  

 

[…] La separación por distancia espacial de la “ciudad industrial” es a menudo reemplazada en la “ciudad post-industrial” contemporánea por un tipo de separación impuesto por la contundencia de los límites, el despliegue de dispositivos de seguridad y distintas formas de fragmentación urbana. En este contexto, la relación entre proximidad y accesibilidad ha cambiado. Vivir próximo no implica compartir espacios comunes. Los lugares de encuentro universal son cada vez menos frecuentes, y el principio de exclusividad es el que con mayor potencia rige la producción de nuevas tipologías urbanas […] (Kozak, 2013).

 

En la ciudad abierta, el “‘no hables con extraños’-que antes era una advertencia de los padres a sus hijos indefensos- se ha convertido ahora en un precepto estratégico de la normalidad adulta” (Bauman, 2002:118). La ciudad se “aniña” al compás de la regresión ciudadana. ¿Será que los barrios cerrados y los circuitos de garitas de vigilancia en los vecindarios abiertos forman parte de los dispositivos que hacen retornar a los ciudadanos a la protección arcaica del vientre materno? Al fin y al cabo, la ciudad y la civilidad (que son inseparables) están en franco retroceso. Sennett (2011), nos aclara dichos conceptos hermanados:

 

“Ciudad” y “civilidad” tienen una raíz etimológica común. Civilidad significa tratar a los demás como si fueran extraños y forjar un vínculo social sobre dicha distancia social […] Es la actividad que protege a la gente entre sí y sin embargo le permite disfrutar de la compañía de los demás. Llevar una máscara constituye la esencia de la civilidad. Las máscaras permiten la sociabilidad pura, separadas de las circunstancias del poder, la enfermedad y el sentimiento privado de aquellos que las usan […] La ciudad es aquel establecimiento humano en el cual es más probable el encuentro entre extraños. La geografía pública de una ciudad es la civilidad institucionalizada (Sennett, 2011:325).

 

La prudente distancia social (máscaras) permite concretar una sociabilidad más democrática e igualitaria. Pues, la búsqueda de una relación intimista, más cercana, más segura, más confiable, conlleva inevitablemente a la pérdida de contactos con personas desconocidas, y por lo tanto, se elimina la civilidad de las ciudades. La incivilidad “es la perversión de la fraternidad en la experiencia comunal moderna (contemporánea)” (Sennett, 2011:327). Continúa (Sennett, 2011):

 

La fraternidad se ha transformado en empatía para un grupo selecto de personas aliado con el rechazo de aquellos que no se hallan dentro del círculo local. Este rechazo crea exigencias de autonomía con respecto al mundo exterior [...] La celebración de la comunidad territorial contra los males del urbanismo impersonal y capitalista se adapta con suma comodidad dentro del vasto sistema porque conduce a una lógica de defensa local contra el mundo exterior más que a un desafío de los manejos de dicho mundo. Cuando una comunidad “se enfrenta” al Ayuntamiento en esos términos, lucha para que se la deje sola, para verse liberada o protegida del proceso político, más que para cambiar el proceso político mismo, Y ésta es la razón por lo que la lógica emocional de la comunidad, comenzando como una forma de resistencia frente a los males del capitalismo moderno, termina en una especie extravagante de retirada despolitizada: el sistema permanece intacto, pero tal vez consigamos que deje sin tocar nuestro trozo de césped (Sennett, 2011:327 y 363).

 

En conclusión, el aislamiento urbano no ofrece una solución política (pública) a los problemas de la ciudad contemporánea. Solo propone una respuesta individual y privada que no conduce a encarar las verdaderas causas (sociales, políticas, económicas y culturales) de los conflictos urbanos.

 

 

1.3.1. Propuesta didáctica:

 

-  ¿Por qué el aislamiento urbano es políticamente conservador?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NIVEL VII

SUBDISCIPLINA: CIBERGEOGRAFÍA

 

1. Tema: Internet.

 

 

1.1. Cita bibliográfica: La biblioteca de Babel (Ficciones: Obras completas I) de Jorge Luis Borges.

 

[...] Letizia Álvarez Toledo ha observado que la vasta Biblioteca es inútil; en rigor, bastaría un solo volumen, de formato común, impreso en cuerpo nueve o cuerpo diez, que constara de un número infinito de hojas infinitamente delgadas. (Cavalieri, a principios del siglo xvii, dijo que todo cuerpo sólido es la superposición de un número infinito de planos.) El manejo de ese vademecun sedoso no sería cómodo: cada hoja aparentemente se desdoblaría en otras análogas; la inconcebible hoja central no tendría revés (Borges, 2004:471).

 

 

1.2. Comentario:

 

Muchos autores opinan que en este texto Borges predice la posibilidad del hipertexto producido por la red de redes. Un solo libro (Internet) con infinitas páginas (hipertexto) reemplazaría a la más extensa biblioteca. Empero, con respecto a la incomodidad para el manejo del “vademecun sedoso”, Internet ha logrado en muy poco tiempo ser de fácil uso y acceso. Por otra parte, cuando se expresa que “la inconcebible hoja central no tendría revés”, podríamos hacer una analogía con la posición central que posee Estados Unidos en cuanto a la gestión y al control de la red de redes.

 

 

1.3. Propuesta didáctica:

 

-  Estudiar el impacto del ciberespacio en la vida cotidiana.

 

 

1.1.1. Cita bibliográfica: El libro de Arena (El libro de Arena: Obras completas III) de Jorge Luis Borges.

 

[...] Luego bajó la voz como para confiarme un secreto:

-Lo adquirí en un pueblo de la llanura, a cambio de unas rupias y de la Biblia. Su poseedor no sabía leer. Sospecho que en el Libro de los Libros vio un amuleto. Era de la casta más baja; la gente no podía pisar su sombra, sin contaminación. Me dijo que su libro se llamaba El Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin.

Me pidió que buscara la primera hoja.

Apoyé la mano izquierda sobre la portada y abrí con el dedo pulgar casi pegado al índice. Todo fue inútil: siempre se interponían varias hojas entre la portada y la mano.

Era como si brotaran del libro.

-Ahora busque el final.

También fracasé; apenas logré balbucear con una voz que no era la mía:

-Esto no puede ser.

Siempre en voz baja el vendedor de biblias me dijo:

-No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito.

Ninguna es la primera; ninguna, la última. No sé por qué están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número.

Después, como si pensara en voz alta:

-Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo [...] (Borges, 2004:69).

 

 

1.2.1. Comentario:

 

El Libro de Arena de carácter infinito hoy sería el libro virtual creado por la red de redes (Internet). El hipervolumen (hipertexto) permite acceder a una gran cantidad de información desde cualquier punto del espacio y desde cualquier instante del tiempo. En este sentido, Internet hace evidente el carácter de “infinito” tanto del tiempo como del espacio.

 

 

1.3.1. Propuesta didáctica:

 

-  ¿Cuáles son las ventajas y las desventajas del uso del hipertexto?

1.1.2. Cita bibliográfica: El Aleph (El Aleph: Obras completas I) de Jorge Luis Borges.

 

[...] El nombre de Zunni me impresionó; su bufete, en Caseros y Tacuarí, es de una seriedad proverbial. Interrogué si éste se había encargado ya del asunto. Daneri dijo que le hablaría esa misma tarde. Vaciló y con esa voz llana, impersonal, a que solemos recurrir para confiar algo muy íntimo, dijo que para terminar el poema le era indispensable la casa, pues en un ángulo del sótano había un Aleph. Aclaró que un Aleph es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.

-Está en el sótano del comedor - explicó, aligerada su dicción por la angustia -. Es mío, es mío; yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar. La escalera del sótano es empinada, mis tíos me tenían prohibido el descenso, pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Se refería, lo supe después, a un baúl, pero yo entendí que había un mundo. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph.

-¡El Aleph! - repetí.

-Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos. A nadie revelé mi descubrimiento, pero volví. ¡El niño no podía comprender que le fuera deparado ese privilegio para que el hombre burilara el poema! No me despojarán Zunino y Zungri, no y mil veces no. Código en mano, el doctor Zunni probará que es inajenable mi Aleph.

Traté de razonar.

-Pero, ¿no es muy oscuro el sótano?

-La verdad no penetra un entendimiento rebelde. Si todos los lugares de la Tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.

-Iré a verlo inmediatamente [...] (Borges, 2004:622-623).

 

 

1.2.2. Comentario:

 

El Aleph del cuento de Jorge Luis Borges localizado en el sótano del comedor hoy está ubicado en las pantallas de las computadoras y se denomina Google Earth. Desde allí  también es posible observar a todos los lugares del planeta del mundo. El Google Earth permite a quien lo opera poseer el don de la ubicuidad, anteriormente solo reservado para los dioses.

 

 

 

 

1.3.2. Propuesta didáctica:

 

-  ¿Qué conocimientos geográficos pueden ser extraídos del Google Earth?

 

 

 

NIVEL VIII

SUBDISCIPLINA: GEOGRAFÍA RURAL

 

 

1. Tema: Pastoreo nómada.

 

 

1.1. Cita bibliográfica: Esperando a los bárbaros de John M. Coetzee.

 

[…] –El rumor que circula en el cuartel general de la brigada –dice- habla de una ofensiva general contra los bárbaros en la primavera para expulsarlos de la frontera y hacerlos retroceder a las montañas.

Siento tener que romper esta cadena de reminiscencias. No quiero acabar la velada con una discusión. A pesar de todo, contesto.

-Estoy seguro de que solo se trata de un rumor: no pueden pensar seriamente en hacerlo. Los que llamamos bárbaros son nómadas, emigran de las tierras altas a las bajas todos los años, esta es su forma de vida. Nunca permitirán que se les recluya a las montañas.

Me mira con extrañeza. Por primera vez esta noche. Siento que se forma una barrera, la barrera entre el militar y el civil.

-Pero evidentemente- dice-, si somos francos, eso es la guerra: obligar a escoger a alguien que si no, no lo haría […] (Coetzee, 2013:77).

 

 

1.2. Comentario:

 

El pastoreo nómada es una actividad ganadera que se realiza en ambientes marginales y degradados. El ganado menor (ovejas y cabras), menos exigente en cantidades de pasturas y agua, es el que mejor se adapta a las condiciones  agroecológicas extremas.

La novela que nos ocupa hace referencia al ganado de subsistencia (cabra) de las tribus nómadas que transitan por zonas áridas y semiáridas. La cabra es un animal “rústico” que puede producir leche y carne aún en ecosistemas de muy baja calidad: escasez de agua, alta montaña, pasturas de baja calidad. El pastoreo necesita del ritmo estacional para poder sobrevivir. Es decir, durante el invierno desciende a los valles para poder encontrar el alimento que falta en las montañas. Por lo tanto, si se hace retroceder a los “bárbaros” a las montañas, sin poder descender a los valles durante la época de frío y nieve, se los está condenando, lisa y llanamente, a una muerte por inanición.

 

 

1.3 Propuesta didáctica:

 

- ¿En qué región del territorio argentino se practica el pastoreo de ritmo estacional? Fundamentar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PARTE II

DISCIPLINA: GEOGRAFÍA FÍSICA

 

 

 

NIVEL I

SUBDISCIPLINA: CLIMATOLOGÍA

 

 

1. Tema: Los factores del clima: la latitud.

 

 

1.1. Cita bibliográfica: Moby Dick de Herman Melville.

 

[…] Como habíamos zarpado en Navidad, durante algún tiempo soportamos temperaturas polares; pero, a medida que nos alejábamos de ellas rumbo sur, dejábamos atrás el despiadado invierno y sus intolerables rigores a cada grado y minuto de latitud que avanzábamos […] (Melville, 2008:114).

 

 

1.2. Comentario:

 

A medida que nos alejamos del Ecuador hacia el norte o hacia el sur, la temperatura baja a razón de 1ºC cada 180 kilómetros debido a la variación del ángulo de incidencia de los rayos solares sobre la superficie terrestre. De todas formas, la variación de la temperatura también depende de otros factores como la altitud, la distancia al mar, la vegetación y la circulación de los vientos y corrientes marinas.

 

 

1.3. Propuesta didáctica:

 

- Explicar los elementos y factores del clima.

- Diferenciar el clima del tiempo

-¿Cuáles son los paralelos que poseen nombre propio? Fundamentar.

 

 

2. Tema: Los vientos alisios.

 

 

2.1. Cita bibliográfica: Moby Dick de Herman Melville.

 

[…] En la serena quietud de los trópicos, el oficio de vigía resulta de lo más placentero, y constituye un verdadero deleite para cualquier hombre dado a la meditación. Uno se encuentra a cien pies por encima de las silenciosas cubiertas, mientras se avanza a gran velocidad sobre el abismo, como si los mástiles no fueran sino zancos gigantescos, mientras que allá abajo, entre las piernas, nadan los monstruos más desmesurados del mar, al igual que las naves de la Antigüedad se deslizaban entre las sandalias del gran Coloso de Rodas. Allí permanece el vigía, perdido en la infinita extensión del mar, sin que nada, salvo las olas, parezca moverse, indolente y torpe, la nave se desliza por el magua, soplan los soñolientos alisios y uno se deja llevar por la languidez […] (Melville, 2008:139).

 

2.2. Comentario:

 

 

[…] Los  vientos  alisios  soplan de manera relativamente constante en verano (hemisferio norte) y menos en invierno. Circulan entre los trópicos, desde los 30-35º de  latitud  hacia el  ecuador. Se dirigen desde las altas presiones subtropicales, hacia las bajas presiones ecuatoriales. El movimiento de rotación de la Tierra desvía a los alisios hacia el oeste, y por ello soplan del nordeste al sudoeste en el hemisferio norte  y del sudeste hacia el noroeste en el hemisferio sur […] (http://es.wikipedia.org, 2013a) […] Son esenciales para la navegación de altura y permiten cruzar el Atlántico y el Pacífico a vela, soplando tanto en el mar como en la tierra […] (www.fondear.org, 2013).

 

 

2.3. Propuesta didáctica:

 

- Describir la circulación general de los vientos.

 

 

3. Tema: El ciclón tropical.

 

 

3.1. Cita bibliográfica: Moby Dick de Herman Melville.

 

Los climas más cálidos solo alimentan los más crueles colmillos; el tigre de Bengala se agazapa en los bosquecillos perfumados, eternamente verdes. Los cielos más refulgentes guardan en su seno los truenos más mortíferos; la exuberante Cuba sabe de ciclones que jamás barrieron las tierras del norte. Es frecuente, en consecuencia, que en los luminosos mares japoneses, el marinero se encuentre con la más terrible tempestad, el tifón que, en ocasiones, estalla en un cielo despejado, como la explosión de una bomba que se abalanza sobre una ciudad dormida […] (Melville, 2008:395).

 

 

3.2. Comentario:

 

Ciclón tropical es un término meteorológico usado para referirse a un sistema de tormentas caracterizado por una circulación cerrada alrededor de un centro de baja presión y que produce fuertes vientos y abundante lluvia. Los ciclones tropicales extraen su energía de la condensación de aire húmedo, produciendo fuertes vientos […] Dependiendo de su fuerza y localización, un ciclón tropical puede llamarse depresión tropical, tormenta tropical, huracán, tifón o simplemente ciclón.

Su nombre se deriva de los trópicos y su naturaleza ciclónica. El término "tropical" se refiere tanto al origen geográfico de estos sistemas, que se forman casi exclusivamente en las regiones tropicales del planeta, como a su formación en masas de aire tropical de origen marino. El término "ciclón" se refiere a la naturaleza ciclónica de las tormentas, con una rotación en el sentido contrario al de las agujas del reloj en el hemisferio norte y en el sentido de las agujas del reloj en el hemisferio sur […] (http://es.wikipedia.org, 2013b).

 

Este fenómeno meteorológico suele ocurrir en espacios marítimos bastante cerrados de latitudes tropicales y/o templadas. Ya que, el menor movimiento del agua permite que la temperatura (en la época estival) pueda elevarse con mayor facilidad y dar lugar a la formación de importantes centros de baja presión. Los ciclones de más intensidad se producen finalizando los meses de mayor temperatura. Hacia la finalización del verano, al estar el agua más cálida, aumenta la frecuencia y la magnitud de estos fenómenos.

 

3.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Cuáles son la similitudes entre el mar Caribe y el mar del Japón?

 

 

4. Tema: Las estaciones climáticas.

 

 

4.1. Cita bibliográfica: No se culpe a nadie (Final de juego: Cuentos completos I) de Julio Cortázar.

 

El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando […]  (Cortázar, 2011:393).

 

 

4.2. Comentario:

 

Sin caer en determinismos geográficos, sería bueno contemplar cómo interfiere la variable climática en la vida social de las ciudades. Si comparamos el origen de las ciudades mediterráneas con el de las urbes anglosajonas, obtendríamos algunas hipótesis sobre la temática.

La civitas latina o la polis griega tenían su razón de ser en la plaza. El ágora era el sitio donde se desarrollaban las conversaciones, en el cual se originaban las disputas, y en el que se hacía política. La urbe anglosajona, en cambio, es una ciudad más intimista, de puertas adentro. Su intensa vida doméstica busca reemplazar, de alguna manera, la vida civil presente en las calles y en las plazas de la ciudad latina. Para su denominación se utiliza la palabra town, que proviene del antiguo inglés tun “que significa un recinto cerrado, parte del campo que corresponde a una casa o a una granja. No se trata, pues, de un concepto político, sino de un concepto agrario”. Por lo tanto, la condición climática (temperaturas templadas) podría ser una de las tantas variables vinculadas a la “vida exteriorizada y civil” de las ciudades mediterráneas (Chueca Goitia, 1968:11).

 

 

4.3. Propuesta didáctica:

 

- Proporcionar otras variables que puedan llegar a estar involucradas en la vida social de las ciudades. Fundamentar.

 

 

 

NIVEL II

SUBDISCIPLINA: HIDROLOGÍA

 

 

1. Tema: Cuencas hidrográficas.

 

 

1.1. Cita bibliográfica: Moby Dick de Herman Melville.

 

[…] No ocurre eso con la ballena, entre cuyas particularidades se cuenta la de carecer de dicha estructura valvular en los vasos sanguíneos, de manera que cuando la hiere tan solo la minúscula punta de un arpón, todo su sistema arterial sufre una pérdida mortal. Y cuando la efusión se acelera, debido a la gran presión que ejerce el aguatan lejos de la superficie, puede decirse que la vida se escapa de su cuerpo como un flujo incesante. No obstante, es tal la cantidad de sangre que tiene una ballena, y son tan distantes y numerosas las fuentes internas de las que mana, que no parará de sangrar durante mucho rato, al igual que, durante un período de sequía, puede aún discurrir un río, cuyo manantial se encuentra en lejanas y remotas colinas […] (Melville, 2008:296).

 

 

 

 

 

1.2. Comentario:

 

Es imprescindible la conservación de los manantiales para garantizar la vida de los ríos durante los momentos de sequía. No obstante, desde hace siglos el ser humano no ha respetado los principios básicos de su preservación. Por ejemplo, con la llegada de los conquistadores a América, se ha producido un proceso de desertificación de extensas regiones explotadas por los incas. Brailovsky (2006a) manifiesta:

 

[…] Se abandonó la estrategia de manejo de cuencas hídricas y en áreas de escasez de leña se cortaron los árboles que protegían las nacientes de los arroyos. De este modo, los arroyos se secaron y disminuyeron las posibilidades de sustentar población en esas tierras […] (Brailovsky, 2006a:140).

 

 

Brailovsky (2006a) en este sentido explica:

 

(Los) ríos se secan como consecuencia de la deforestación de sus nacientes. Para ver por qué se secan, tenemos que preguntarnos antes por qué un río tiene agua en todo momento, cuando el origen de ese agua son las lluvias, que no son continuas sino más o menos espaciadas. Esto se debe a que el agua de lluvia que cae en las nacientes de ríos y arroyos queda retenida en el suelo, que la absorbe como si fuera una esponja y la va soltando de a poco, lo que hace que el río siempre tenga agua. La tierra, a su vez, está fijada por las raíces de los árboles y protegida por sus ramas de la erosión del viento y de la lluvia. Al cortarse los árboles, las raíces muertas sostienen un tiempo más el suelo, pero la tierra ya no está protegida por las ramas. El sol calcina la parte superficial del suelo y las lluvias y los vientos se llevan la capa fértil. Lo que era una esponja se transforma en un ladrillo incapaz de retener el agua. La lluvia escurre muy rápidamente en superficie y escapa. En vez de un río lento y continuo, tenemos un torrente que lleva toda el agua apenas llueve y se seca durante el resto del tiempo. Al secarse el río, también morirán los árboles que formaban su bosque de ribera, y cuyas raíces regaba el río […] (Brailovsky, 2004).

 

Podríamos agregar que con la deforestación de las nacientes también se pierde el proceso de evapotranspiración (partícipe del ciclo del agua y por ende de las precipitaciones) y de condensación de la humedad ambiente (en las hojas y plantas que luego cae en forma de gotas sobre la superficie), que son claves para la alimentación de ríos y arroyos durante el año.

1.3. Propuesta didáctica:

 

- Proporcionar ejemplos de desastres naturales en relación con la deforestación de las nacientes de ríos y arroyos.

 

 

1.1.1. Cita bibliográfica: El diluvio en el “Ghilgamesh” (tablilla XI del Poema de Ghilgamesh)

 

Um-napishtim dijo a Ghilgamesh:

 

"Quiero revelarte algo que no se ha explicado, un secreto de los dioses. En la antigua ciudad de Shuruppak, que tú conoces y que está situada en la ribera del Éufrates, los grandes dioses decidieron desatar el diluvio. El dios Ea juró con ellos, pero contó la decisión a una choza de caña: ‘¡Choza, choza! ¡Pared, pared! ¡Choza, escucha! ¡Muro, atiende! ¡Morador de Shuruppak, hijo de Ubara-Tutu, destruye tu casa, construye una nave, abandona la riqueza y busca la vida! ¡Desprecia los bienes materiales y conserva la vida! Reúne en la nave todas las semillas de la vida’ [...] La cargué (la nave) con todo aquello que poseía, con toda la plata y el oro que tenía. La cargué con todas las semillas de la vida que tenía. Subieron a bordo toda mi familia y parientes. También ordené cargar los animales del campo, las bestias salvajes del campo, y que subieran todos los artesanos. El dios Sol ha fijado una hora. Por la mañana hará llover pan y por la tarde habrá una lluvia de grano. ¡Entra en la nave y cierra la puerta! Llegado el momento, por la mañana llovió pan, por la tarde grano. Miré el aspecto del cielo y tuve miedo [...] Con las primeras luces de la mañana, una negra nube apareció por la base del cielo. El dios Adad tronaba en su interior continuamente. Los dioses Shullat y Khan le precedían, corriendo como heraldos por montes y pueblos. El dios Errakal destruye los palos de (¿amarre?) y el dios Ninurta abate los diques. Los dioses Annunaki llevan antorchas y con su fuego incendian el país. El mortal silencio del dios Adad avanzó por el cielo, sumiendo en tinieblas todo lo resplandeciente. [...] Durante un día la tempestad sopló velozmente y avanzó como una batalla [...]. El hermano no vio a su propio hermano, y no fueron reconocibles las personas. En el cielo los dioses sintieron miedo del diluvio, se acobardaron, subieron hasta el cielo de Anu. Los dioses se arremolinaron como perros, acurrucados afuera. La diosa Ishtar gritaba como una parturienta [...] durante seis días y seis noches continuó soplando el viento [...] Cuando llegó el séptimo día se aplacaron la tormenta y el diluvio, que había combatido en la batalla como una mujer en el parto. Se calmó el mar, el viento maligno cesó, el diluvió terminó. Observé el día. Reinaba la calma, toda la humanidad se había convertido en barro. El paisaje aparecía liso como un techo. Abrí la escotilla. La luz cayó sobre mi nariz. Bajé, me senté, lloré. Corrían por mis mejillas las lágrimas. Miré las regiones más allá del mar. A una distancia de doce vueltas aparecía un lugar aislado. La nave se detuvo en el monte Nisir. El monte Nisir aferró la nave y no le permitió moverse. Pasaron seis días. Cuando llegó el séptimo día hice salir una paloma, la liberé. La paloma marchó y volvió. Volvió porque no le era visible un lugar en el que posarse. Liberé entonces a una golondrina. La golondrina marchó y volvió. Volvió porque no le era visible un lugar en el que posarse. Saqué a un cuervo, lo liberé. El cuerpo marchó, vio la bajada de las aguas, comió y no regresó. Entonces hice salir a todos a los cuatro vientos, y realicé un sacrificio. Dispuse la ofrenda sobre la cima del monte. Coloqué siete recipientes en los que vertí caña, cedro y mirto. Los dioses olieron el perfume. Los dioses se reunieron como moscas en torno al sacrificio [...] Los dioses tomaron una decisión junto a él. Enlil subió a la nave, tomó mi mano, me hizo subir, e hizo arrodillar a mi mujer junto a mí. Tocó nuestra frente y nos bendijo: ‘Antes Um-napishtim era un hombre, ahora que él y su mujer sean como nosotros los dioses. Viva Um-napishtim lejos, en la desembocadura de los ríos’. Así me tomaron y me hicieron vivir lejos, en la desembocadura de los ríos" (Saporetti, 2013).

 

 

 

1.2.1. Comentario:

 

El mito del diluvio ocurrió en la Mesopotamia asiática, constituida por los ríos Tigris y Éufrates.

 

[...] El Tigris y el Éufrates no son como el Nilo. Sus crecientes son caprichosas e imprevisibles, pueden romper diques construidos por el hombre y arrasar sus cosechas. Soplan vientos [...] que arrastran un polvo asfixiante y sofocan al hombre con lluvias torrenciales, que convierten el suelo firme en un mar de lodo e impiden al hombre moverse en libertad, bajo pena de hundirse en el fango. Así, en Mesopotamia, la naturaleza no se impuso límites, en la plenitud de su poderío infiere y contrarresta la voluntad del hombre, haciéndole sentir claramente su escasa importancia (Frankfort, 1954).

 

Dadas las imprevisibles crecidas de la cuenca mesopotámica asiática, los habitantes de las antiguas ciudades-Estado sumerias construyeron complejas presas y sistemas de riego para combatir las inundaciones y aprovechar los canales de regadío para el desarrollo de la actividad agrícola. En cambio, el río Nilo presenta crecidas periódicas y más benévolas. Luego de la época de lluvias, la llanura aluvial es fertilizada por una capa de limo rico en nutrientes que facilita los cultivos y la cría de animales.

 

 

 

1.3.1. Propuesta didáctica:

 

- ¿Qué diferencias existen entre los fenómenos y los desastres naturales?

 

 

 

NIVEL III

SUBDISCIPLINA: HIDROGRAFÍA

 

 

1. Tema: Región marítima del Sudeste Asiático.

 

 

1.1. Cita bibliográfica: Moby Dick de Herman Melville.

 

La estrecha y alargada península de Malaca, que se extiende al este del territorio de Birmania, constituye la punta más meridional de Asia. A partir de este brazo de tierra, se prolongan en línea recta las islas de Sumatra, Javi, Bali y Timor que, junto a muchas otras, forman una especie de mole o baluarte que une longitudinalmente Asia con Australia y separa la vasta extensión del Océano Índico de los archipiélagos orientales, densamente poblados. Dicha ciudadela está atravesada por varias salidas que utilizan tanto los barcos como las ballenas. Las principales son los estrechos de la Sonda y Malaca, sobre todo el primero, por el que llegan al Mar de China las naves que, desde Occidente, se dirigen a ese país.

El angosto estrecho de la Sonda es el que separa Sumatra de Java y, por estar a mitad de camino de ese enorme bastión de islas cuyo contrafuerte es el audaz promontorio verde conocido entre los marítimos como Cabeza de Java, es como la puerta central que da acceso a un vasto recinto amurallado. Si pensamos en la inagotable riqueza de especias, sedas, alhajas, oro y marfil de que disponen las mil islas de ese mar oriental, no podemos por menos de pensar en la cautela con que la naturaleza los guarda para que tales tesoros, por la configuración misma de la tierra firme que los custodia, tengan al menos la apariencia por ilusoria que sea, de estar protegidos contra la rapiña del mundo occidental […] (Melville, 2008:312).

 

 

 

 

1.2. Comentario:

 

La estratégica localización del Sudeste Asiático (muy propicia para el comercio marítimo) sumada a la inteligente intervención de los Estados (protección de los mercados internos, inversiones públicas, otorgamiento de créditos y subsidios a la producción industrial, oportunidades para la inversión privada, aumento de los presupuestos educativos, etc.), ha permitido que la región se transformara, en las últimas décadas del siglo XX, en una de las principales zonas industriales y tecnológicas del mundo. Por lo tanto, si antes las riquezas naturales estaban “protegidas” por la geografía física, en estos momentos, los patrimonios industriales están mucho mejor custodiados y distribuidos por parte de la geografía política.

 

 

1.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Por qué la geografía física del Sudeste Asiático marítimo es propicia para la formación de tifones?

- ¿Qué potencia mundial posee una gran influencia en la región? Justificar.

- A partir de la simple observación de la región, a través de un planisferio físico-político,  establecer conclusiones geográficas teniendo en cuenta los saberes previos.

 

 

2. Tema: Océano Pacífico.

 

 

2.1. Cita bibliográfica: Moby Dick de Herman Melville.

 

[…] Una vez contemplado el Pacífico, todo trotamundos dado a la meditación  lo adoptará como su mar para siempre. En su seno se mecen las aguas del mundo, puesto que los océanos Índico y Atlántico no son más que sus brazos. Las mismas olas bañan las moles de las ciudades californianas de reciente construcción, fundadas apenas ayer por lo más reciente de la estirpe humana, y lamen las orillas desvaídas, pero siempre maravillosas, de tierras asiáticas anteriores a Abraham, mientras en el medio flotan constelaciones de islas de coral, archipiélagos australes, infinitos, desconocidos, y el impenetrable Japón. El divino y misterioso Pacífico circunda el mundo entero, hace de todas las costas una bahía y da la sensación de que el corazón de la tierra late con sus mareas. Henchido con su eterno oleaje, es imposible no reconocer en él al dios seductor e inclinarse en su presencia como ante el altar de Pan […] (Melville, 2008:386).

 

 

2.2. Comentario:

 

 

El océano Pacífico es el mayor océano de la Tierra, ocupa la tercera parte de su superficie. Se extiende aproximadamente 15.000 km desde el mar de Bering y en el Ártico por el norte, hasta los márgenes congelados del  mar de Ross en la Antártida por el sur. Alcanza su mayor ancho (del orden de 19.800 km) aproximadamente a 5 grados de latitud norte, extendiéndose desde Indonesia hasta la costa de Colombia. El límite occidental del océano es puesto a menudo en el estrecho de Malaca.

El Pacífico contiene aproximadamente 25.000 islas (más que todos los demás océanos del mundo juntos), casi todas las cuales están ubicadas al sur de la línea del Ecuador […] [y cubren] un área de 165.700.000 km. El punto más bajo de la superficie de la corteza terrestre, la fosa de las Marianas, [también] se encuentra en [este océano] […] (http://es.wikipedia.org, 2013c).

 

 

2.3. Propuesta didáctica:

 

- Buscar una descripción en lenguaje académico del océano Atlántico, y en base a ella y a los saberes previos realizar otra descripción en lenguaje literario.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NIVEL IV

SUBDISCIPLINA: GEOGRAFÍA MATEMÁTICA

 

 

1. Tema: Escala cartográfica.

 

 

1.1. Cita bibliográfica: Del rigor en la ciencia (El hacedor: Obras completas II) de Jorge Luis Borges.

 

…En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas (Borges, 2004:225).

 

 

 

Suárez Miranda: Viajes de varones prudentes
                                                            Libro Cuarto, cap. XLV, Lérida, 1658

 

 

1.2. Comentario:

 

En este breve cuento Jorge Luis Borges expresa la cuestión de la escala cartográfica. Todo mapa es una representación parcial o total, a escala, de la superficie terrestre. Las escalas grandes poseen información mucho más detalladas que las escalas pequeñas. Empero, cuando la escala es tan grande como la realidad misma, es decir 1:1, el mapa: la representación de la realidad, desaparece, no tiene ningún sentido técnico o práctico.

 

 

 

1.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Cuáles son las diferencias entre los mapas y los planos?

 

 

2. Tema: Meridianos.

 

 

2.1. Cita bibliográfica: La isla del día de antes de Umberto Eco.

 

[…] -Debería creerse –siguió Colbert- que igualmente puédase determinar también cuánto está a levante o a poniente del mismo punto, es decir, en qué longitud, o sea, en qué meridiano. Como dice Sacrobosco, el meridiano es un círculo que pasa por los polos de nuestro mundo, y en el Zenit de nuestra cabeza. Y se llama meridiano porque, por doquiera que esté el hombre y en cualquier tiempo del año, cuando el sol alcanza su meridiano, allí será para ese hombre medio día […] (Eco, 1995:159-160).

 

 

2.2. Comentario:

 

 De acuerdo con el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el vocablo meridiano deriva del latín meridiānus, y su etimología significa "relativo al mediodía". En el habla coloquial se lo utiliza como adjetivo que refiere a algo muy claro y luminoso. Desde el punto de vista geográfico, cuando el sol está en línea perpendicular a nuestro meridiano, indica que nos encontramos hacia la mitad del día.

Como todo sabemos, el meridiano de origen (cero) es el meridiano de Greenwich. Su función en dividir al planea Tierra en dos hemisferios: oriental y occidental. Y también, ser referencia de la hora mundial (husos horarios). El tiempo medio de Greenwich o GMT (Greenwich Mean Time) es el punto de partida (hora cero) para poder comparar la hora de los distintos lugares del mundo. El mudo está dividido en 24 zonas de cada 15º de longitud. Hay 12 zonas hacia el hemisferio oriental y 12 áreas hacia el hemisferio occidental. Dado que la Tierra gira 360º cada 24 horas, cada 15º de longitud representa una hora de diferencia. Hacia el este del GMT, cada 15º tenemos una hora más. Y hacia el oeste, una hora menos.

 

 

2.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Cómo se llama y dónde se localiza el meridiano de cambio de fecha? Investigar sobre su determinación.

 

 

2.1.1. Cita bibliográfica: La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne.

 

[…] –Voy a llevarlo a un bazar donde hallará todo lo que les hace falta.

-Es muy amable –respondió Passepartout. Y ambos echaron a andar. Passepartout estaba muy entusiasmado de poder conversar tan afablemente.

-Ante todo, es indispensable que esté de vuelta para la hora de salida del buque.

-Aún tiene tiempo –respondió Fix-; no son más que las doce.

Passepartout sacó un gran reloj.

-¿Las doce? ¡Vaya! ¡Si recién son las nueve y cincuenta y dos minutos!

-Su reloj está atrasado –respondió Fix.

-¡Mi reloj! ¡Un reloj de familia que procede de mi bisabuelo! No desacierta ni cinco minutos al año. ¡Es un verdadero cronómetro!

-Y yo veo lo que es –respondió Fix-. Ha mantenido la hora de Londres, que va atrasada unas dos horas con la de Suez. Es preciso que tenga la precaución de poner su reloj con el mediodía de cada país.

-¡Yo, alterar mi reloj! –exclamó Passepartout-. ¡Nunca!

-Entonces, no irá a la par del sol.

-¡Peor para el sol, caballero! Será él quien se equivoque.

Y el buen joven guardó el reloj en el bolsillo con un gesto altanero […] (Verne, 2005:44).

 

 

2.2.1. Comentario:

 

 La graciosa situación planteada por el criado Passepartout (acompañante de viaje de Phileas Fogg en su propósito de dar la vuelta al mundo en 80 días) demuestra que la hora está definida por el sol, es decir, por el movimiento de rotación de la Tierra, y no por los relojes, por más exactos que estos sean. Si lo relojes no son ajustados al mediodía (meridiano) de cada país, como bien le aconseja Fix al obstinado de Passepartout, a medida que se viaja atravesando meridianos la hora de los relojes nunca coincidirá con la hora solar.

 

 

2.3.1. Propuesta didáctica:

 

- ¿Qué huso horario utilizar Argentina para su hora oficial?

- ¿Qué países poseen más de un huso horario? Fundamentar.

 

 

2.1.2. Cita bibliográfica: La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne.

 

[…] Nueve días después de haber partido de Yokohama, Phileas Fogg había atravesado exactamente la mitad del globo terrestre.

En efecto, el General Grant franqueaba el 23 de noviembre el meridiano 180, bajo el cual se ubican […] las antípodas de Londres. De ochenta días preestablecidos, mister Fogg había utilizado ya ciertamente cincuenta y dos, y solo le restaban veintiocho; pero si bien el caballero se encontraba a mitad de camino en base a los meridianos, había efectuado en realidad más de los dos tercios del recorrido total, a causa de los rodeos de Londres a Adén, de Adén a Bombay, de Calcuta a Singapur y de Singapur a Yokohama. Siguiendo circularmente el paralelo 50, que es el de Londres, la distancia se hubiera extendido tan solo a unas doce mil millas, mientras que a causa de los inconstantes medios de locomoción, era forzoso efectuar veintiséis mil, de las cuales se habían andado ya diecisiete mil quinientas el 23 de noviembre. A partir de ahora, el camino era directo, y Fix ya no estaba allí para provocar complicaciones.

Ocurrió también que, en esa misma fecha, 23 de noviembre, Passepartout experimentó profunda alegría. Recuérdese que se había empecinado en mantener la hora de Londres, en su glorioso reloj de familia, considerando disparatadas todas las horas de los países por los que pasaban. Pues bien, aquel día, sin haber tocado a su reloj, encontró que coincidía con los cronómetros de a bordo. No cuesta mucho imaginarse la satisfacción de Passepartout, que hubiera querido tener cerca a Fix para saber lo que diría.

-¡Ese  truhán,  que  exponía  tantas historias sobre los meridianos, el sol y la luna!    –repetía Passepartout-. ¡Vaya gente! ¡Si le prestaran atención, buena relojería habría! Ya estaba convencido yo de que algún día se decidiría el sol a acomodarse a mi reloj.

Passepartout desconocía que, si el ejemplar de su reloj hubiera estado dividido en veinticuatro horas, en lugar de doce, como los relojes italianos, no hubiera tenido ningún motivo de victoria, porque las agujas de su instrumento, cuando fuesen las nueve de la mañana, anunciarían las de la noche; es decir, la hora vigésima primera pasada medianoche, diferencia exactamente igual a la que hay entre Londres y el meridiano, que está a 180°.

Pero si Fix hubiera sido capaz de exponer los motivos de ese efecto, meramente físico, Passepartout no lo habría comprendido ni aceptado; además de que si en aquel momento, el detective de la policía se hubiese aparecido a bordo, es probable que Passepartout ajustara cuentas, y en una forma muy diferente […] (Verne, 2005:163-164).

 

 

2.2.2. Comentario:

 

Como la indicación de la hora del reloj de Passepartou no señala si es AM (antes de meridiano) o PM (pasado el meridiano), no tiene manera de darse cuenta (dentro de su “lógica” irracional) que su reloj no marca la misma hora que los cronómetros de la embarcación.

 

 

2.3.2. Propuesta didáctica:

 

- ¿Qué territorios están localizados en las antípodas de Argentina? ¿Qué medios de transporte los puede unir con mayor eficacia a través del Polo Sur? Justificar.

 

 

2.1.3. Cita bibliográfica: La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne.

 

¡Sí! Phileas Fogg en persona.

Recuérdese que, a las ocho y cinco minutos de la tarde, unas veinticuatro horas más tarde del arribo de los viajeros a Londres, Passepartout había sido mandado a comunicarle al reverendo Samuel Wilson sobre cierto casamiento que debía celebrarse al día siguiente.

Passepartout se había marchado muy contento, con acelerado paso al domicilio del reverendo Samuel Wilson, que no había regresado aún a casa. Naturalmente, Passepartout tuvo que estar esperando unos veinte minutos.

En suma, eran las ocho y treinta y cinco cuando se retiró de la casa del reverendo. ¡Pero en qué estado! El pelo desarreglado, sin sombrero, y corrió como nunca había corrido hombre alguno, desbaratando a los transeúntes y precipitándose como un torbellino en las aceras.

En tres minutos llegó a la casa de Saville Row, y se desplomaba sin aliento en el cuarto de mister Fogg.

-Señor… -balbució Passepartout-, casamiento… imposible.

-¡Imposible!

- Imposible… para mañana.

-¿Por qué?

-¡Porque mañana… es domingo!

-Lunes –repuso mister Fogg.

-No… hoy… sábado.

-¿Sábado? ¡Imposible!

-¡Sí, sí, sí! –exclamó Passepartout-. ¡Se ha equivocado en un día!

¡Hemos llegado con veinticuatro horas de adelanto… pero ahora, solo contamos con diez minutos!

Passepartout había arrebatado a su amo por el cuello, y los arrastraba con fuerza irresistible.

Phileas Fogg, así llevado, sin tener tiempo de recapacitar, salió de su casa, saltó en un cab, prometió cien libras al cochero, y luego de haber atropellado a dos perros y estrellado a cinco coches, llegó al Reform Club.

El reloj indicaba las ocho y cuarenta y cinco minutos cuando irrumpió en el gran salón.

¡Phileas Fogg había consumado la vuelta al mundo en ochenta días!

¿Y cómo, él, tan exacto y meticuloso, había podido cometer el error de un día? ¿Cómo creía que era sábado 21 de diciembre cuando, en verdad, había llegado a Londres en viernes 20, setenta y nueve días después de haber partido?

He aquí el motivo de esta confusión. Es muy sencillo.

Phileas Fogg, sin suponerlo, había ganado un día a su favor; y esto porque había dado la vuelta al mundo yendo hacia oriente, puesto lo hubiera perdido yendo en sentido contrario, es decir, hacia occidente.

En efecto, andando hacia oriente, Phileas Fogg iba al encuentro del sol, y por lo tanto, los días disminuían para él en cuatro minutos por cada grado que recorría. Hay 360° en la circunferencia, los cuales multiplicados por cuatro minutos, dan justamente veinticuatro horas, es decir, el día inadvertidamente ganado. En otras palabras: mientras que Phileas Fogg, avanzando hacia oriente, vio desfilar el sol ochenta veces por el meridiano, sus compañeros de Londres no lo habían visto más que setenta y nueve. Esa es la causa por la que en ese mismo día, sábado, y no domingo, como lo creía mister Fogg, los de la apuesta aguardaban su llegada en el salón del Reform Club. Y esto es lo que el célebre reloj de Passepartout, que siempre había mantenido la hora de Londres, hubiera señalado, si al mismo tiempo que las horas y minutos hubiese indicado los días […] (Verne, 2005:249-250).

 

 

 

 

 

2.2.3. Comentario:

 

[…] El problema de cambio de día es clave en el desenlace de La vuelta al mundo en 80 días, la novela de Julio Verne publicada en 1873. El protagonista, Phileas Fogg, cree llegar a Londres un día más tarde de lo previsto, en el día ochenta y uno. Pero luego se da cuenta de que cruzó la línea de cambio de fecha [Figura 4] al navegar de Yokohama a San Francisco, por lo que se encuentra realmente en el día número ochenta, todavía a tiempo para ganar su apuesta […]

La línea internacional de cambio de fecha se estableció definitivamente en 1884, algunos años después de […] la publicación de La vuelta al mundo en ochenta días. Sin embargo, el problema era conocido, por lo menos, desde 1522, cuando Sebastián Elcano completó el primer viaje alrededor del mundo. Al llegar al archipiélago de Cabo Verde, casi al final de la travesía, los navegantes preguntan en tierra qué día es. Les contestan que jueves, aunque según el diario de a bordo era miércoles. Luego de revisar sus notas y buscar la fuente del error, todos se convencen de que, por navegar hacia el oeste, ganaron (o perdieron) veinticuatro horas.

Si toda esta cuestión de cómo se altera el paso de los días al dar la vuelta al mundo es demasiado difícil de entender, basta pensar en lo que le pasaba al Principito, que vivía “en un planeta apenas más grande que él”. Al Principito le gustaban mucho las puestas de sol. Sin embargo, podía ver todas las que quisiera sin tener que esperar cada vez a la tarde siguiente. Simplemente corría su silla unos metros más allá, donde todavía no se había puesto el sol, para verlo ponerse de nuevo. Si el Principito contara los días según los atardeceres que presenciaba, cometería errores mucho más grandes que los de Phileas Fogg (Sánchez, 2013).

 

 

 

 

 

Figura 5: Línea internacional de cambio de

                                                     fecha (http://es.wikipedia.org, 2013h).

 

El meridiano 180° (ubicado en las antípodas del meridiano de Greenwich),  también llamado antemeridiano, es utilizado como referencia para el cambio de día. Empero, no siempre coincide con la Línea Internacional del Cambio de Fecha. Algunos países que se localizan próximos o justos sobre el meridiano 180° han elegido mover la Línea Internacional del Cambio de Fecha al occidente u oriente de sus fronteras para que sus territorios no estén ubicados en dos días diferentes al mismo tiempo.

 

2.3.3. Propuesta didáctica:

 

- ¿Cuál es el primer país y el último en celebrar el Año Nuevo? Ubicarlos en un planisferio. Justificar.

- ¿Cuáles son los meridianos que poseen nombres propios? Fundamentar.

 

 

 

NIVEL V

SUBDISCIPLINA: BIOGEOGRAFÍA

 

 

1. Tema: Bosques transgénicos.

 

 

1.1. Cita bibliográfica: Mudos (Bocas del tiempo) de Eduardo Galeano



Muchos son los anillos que sus cumpleaños les han dibujado en el tronco. Estos árboles, estos gigantes añosos, llevan siglos clavados en lo hondo de la tierra, y no pueden huir.

Indefensos ante las sierras eléctricas, crujen y caen. En cada derrumbamiento se viene abajo el mundo; y el pajarerío queda sin casa.

Mueren asesinados los viejos incómodos. En su lugar, crecen los jóvenes rentables. Los bosques nativos abren paso a los bosques artificiales. El orden, orden militar, orden industrial, triunfa sobre el caos natural. Parecen soldados en fila los pinos y los eucaliptos de exportación, que marchan rumbo al mercado internacional.

Fast food, fast wood: los bosques artificiales crecen en un ratito y se venden en un santiamén. Fuentes de divisas, ejemplos de desarrollo, símbolos del progreso, estos criaderos de madera resecan la tierra y arruinan los suelos.

En ellos, no cantan los pájaros.

La gente los llama bosques del silencio (Galeano, 2004:41).

 

 

 

 

 

1.2. Comentario:

 

En una visita por el Uruguay y recorriendo las carreteras de los departamentos de Rivera, Tacuarembó y Paysandú vemos con gran preocupación la gran deforestación indiscriminada y la implantación de los monocultivos de árboles de eucaliptos y pinos, que está llevando a un aumento de la concentración y la extranjerización de los campos del Uruguay, al tiempo que los pequeños productores que buscan subsistir, ven cómo los árboles secan sus pozos de agua. La introducción de los árboles transgénicos da  una vuelta de tuerca más a este modelo agroexportador […]

El hecho de que no se coman, no significa que los árboles transgénicos sean menos peligrosos. Por el contrario, los peligros que plantean los árboles transgénicos son en cierto modo más graves que los presentados por los cultivos de otro tipo, ya que los árboles viven más tiempo que los cultivos agrícolas, y esto significa que puede haber cambios no previstos en su metabolismo muchos años después de ha